La maravilla del siglo, cartas á Maria Enriqueta,: ó sea una visita à Paris y Londres durante la famosa exhibición de la industria universal de 1851, Volumen 1

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Imp. de D.W. Ayguals de Izco, 1852
 

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Página 338 - Tacna de la junta directiva y funcionarán durante cuarenta días consecutivos, desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde.
Página 373 - Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando...
Página 374 - ... la cual no puede ser una, ni ser estable ni queda en una cosa. Pero digo que acompañen y lleguen hasta la huesa con su dueño; por eso no nos engañen, pues se va la vida apriesa como sueño: y los deleites de acá son en que nos deleitamos temporales, y los tormentos de allá que por ellos esperamos, eternales.
Página 373 - No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, pues que todo ha de pasar por tal manera.
Página 373 - Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir: allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros, medianos y más chicos: allegados son iguales los que viven por sus manos y los ricos...
Página 374 - Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, con casos tristes, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas; así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la Muerte como a los pobres pastores de ganados.
Página 373 - Y aún el Hijo de Dios, para subirnos al cielo, descendió a nacer acá entre nos y vivir en este suelo do murió.
Página 373 - Ved de cuan poco valor son las cosas tras que andamos y corremos; que en este mundo traidor aun primero que muramos las perdemos.
Página 374 - Las justas y los torneos, paramentos, bordaduras y cimeras, ¿fueron sino devaneos? ¿Qué fueron, sino verduras de las eras? ¿Qué se fizieron las damas, sus tocados, sus vestidos, sus olores? ¿Qué se fizieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se fizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se fizo aquel danzar, aquellas ropas chapadas que traían?
Página 374 - De esta vida trabajada Que tenemos, ¿Qué son sino corredores? Y la muerte es la celada En que caemos.

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