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Canción 3." Empieza:

Sutiles hebras de oro

Donde amor me enlazó con nudo estrecho... Acaba:

Acude á ellas, que ellas le reparen. (10estancias, ele), f. 60-1.

Canción 4.a Empieza:

De tu belleza ausente En tanta desventura... Acaba:

Que dejes a este triste que la adore, f. 61-3.

Canción 5.a Empieza:

De miedo y de amor huyo el duro daño

Que la presencia mia... Acaba:

No vuelvas, que no pienso recebirtc. f. 63-1.

Canción 6.a

Empieza:

No entienda que hay engallo... Acaba:

Donde con tanta Tuerza

Remite la que falta a mi concepto, f. 61-6.

Canción 7." Empieza:

Mostró el benigno ciclo su clemencia

Al pueblo i dura muerte condenado... Acaba:

Puerto que está en el alma lo descubro, f. 66-9.

Canción 8.' Á Diana.

Empieza:

Virgen, que, tu pureza conservando,
En los fragosos montes te avecinas...

Acaba:

No me podra ofender mortal ofensa.

(10 estancias), f. 60-70.

Elegía 1.a, f. 72.

Empieza:

Robó mi alma un corazón altivo... Acaba:

Este cuerpo moría] en amar solo. (17 tercetos).

Elegia 2.a, f. 72. Empieza:

No pudo amor gran tiempo sujetarme... Acaba:

Y i otros diversos fines le conviertes. (35 tercetos.)

Elegía 3.a, f. 74-6.
Empieza:

Cuando podrí miraros, ojos mios?...
Acaba:

Que asi pagáis i quien me estorba el veros. (27 tercetos.)

Elegía 4.a, f. 76-7.
Empieza:

De la congoja mia acompañado...

Acaba:

Teniendo en vida tan contraria suerte. (21 tercetos.)

Elegía 8.a, f. 77.

Empieza:

Ojos, cuando esperastes tanta gloria... Acaba:

Del que llora al que alegre so bien canta. (15 tercetos.)

Elegía 6.a, f. 77-9.

Empieza:

Oh dulce voz de soberano aliento!...

Acaba:

En tanto mal tal gloria recebida.

(22 tercetos.)

Elegía 7.a, f. 79 80.
Empieza:

En qué te ofendo, amor, que asi me ofendes? Acaba:

Que tengo en contemplar tanta belleza. (29 tercetos.)

Elegía 8.a, f. 80-2.

Empieza:

Amor, de tu crueza querelloso... Acaba:

A hacer de las almas su trofeo.

(35 tercetos.)

Elegia 9.a Empieza:

Llegó la hora de mi suerte dura... Acaba:

Pues sabéis que en la muerte no hay vcoganza. (28 tercetos.)

Elegía 10, f. 83-4.
Empieza:

De un mal en otro el duro amor me lleva...
Acaba:

Que asi de vida y alma me suspende. (21 tercetos.)

Elegia 11, f. 85-6.
Empieza:

Ya la oscura liniebla había huido...
Acaba:

Busque otro medio al fuego en que te ardes. (39 tercetos.)

Elegía 12, f. 87. Empieza:

Apremíame el amor tan gravemente... Acaba:

Aunque más me persiga la fortuna.

(29 tercetos.)

Elegia 13, f. 88-9.
Empieza:

Porque se alegre el mundo con mi historia... Acaba:

En la desierta dura y fria cama. (14 tercetos.)

Égloga.—Interlocutores : Alción, Caustino f. 89-98. Empieza:

Mi masa ejercitada en las montañas... Acaba:

Nos llama con la cena aderezada.

Égloga.—Uranio, f. 98-101.
Empieía:

Al último occidente declinaba...
Acaba:

Ten, muerte; y tú, detente allá, Himeneo.

De Luis Barahona de Soto.—Canción.
Empieza: •

Qué entrañas de piedad y amor ajenas... Es la elegía a la muerte del rey D. Sebastian, va antes estampada al f. 3 (f. 102-4).

Sátira del divino Soto contra los malos poetas afeelados y escuros en sus poesías. Al duque de Sesa. Empieza:

¿No es, señor, graciosísimo donaire... Acaba:

Y sea hi de rain quien se enojare. (68 tercetos.)

Del divino Luis Barahona de Soto.—Sátira.
Empieza:

A loa acentos roncos de mi canto...
Acaba:

Ch'io san yii rauco, e tipttami alquimia. (116 tercetos), f. 110-17.

Soneto de incierto autor.

Querer que virtud haga un mal nacido... f. 101.

Al secretario Martin de Morales. — Paradoja á la pobreza.

Empieza:

Oh! cuan i su contento, secretario... (77 tercetos), f. 118-22.

Sátira contra algunas necedades, f. 123-6.
Empieza:

Cuan propio le es al quebrantado viejo?...
Acaba:

Mas, cómo no lo be visto yo primero? (51 tercetos.)

Soneto.

Á quién me quejaré de mi enemiga?... f. 127.

Contra un poeta que usaba mucho de estas voces en sus poesías.—Soneto.

Esplendores, celaje, rigoroso... f. 128.

Á Córdoba.—Soneto, 1.128.

Gran plaza, angostas calles, anchos callos...

Texto.

Al vivo de mi vista quedé ciego.

Glosa.

Son estos lazos de oro los cabellos... f. 129. (2 octavas.)

Á Toledo.—Soneto.

Poca justicia, muchos alguaciles... f, 129.

De la muerte de Policena, por Luis de Solo Barahona, f. 130-3.

Empieza:

En las manos de Pirro descompuesto... Acaba:

Que entienda lo que qneda en lo que llevas. (9 estancias de i 11 versos.)

Del divino Soto.—Octavas.

Empieza:

Escudo orlado con recamos de oro,

Al que es mortal cuan poco le aprovecha! f. 135.

Libertades del amor, por el divino Soto.
Empieza:

Ya cansa tanto llorar...
Acaba:

Pues que hace burla dellas. f. 135-8. (28 coplas décimas.)

Á los regidores de un cabildo, que repartieron el pan del pósito de su lugar entre si, sin dar á los pobres parle.—De Soto.

Pues sois cabezas, señores... f.138.

Soneto de la Sra. D.a Mariana, mujer del L.Luis Barahona de Soto, el dia de su partida , f. 138. Ay caro amigo! A y mi agradable esposo!...

Del divino Solo.—Madrigal.

Un panal lleno de sutil roclo... í. 140.

Madrigal —De Soto.

Los ojos puso en mi mis que solía... f. 140.

Del divino Soto.—Elegía 14.
Empieza:

Quién fuera cielo, imagen mis que él clara...
Acaba:

Y lo que es más, taviérate contenta, f. 141. (12 tercetos.)

Octavas nuevas. Empieza:

Salid en sangre lágrimas revueltas... Acaba:

Que i un gran dolor le es toda habla estrecha, f. 142. (4 octavas.)

Á la muerte del marqués de Santa Cruz. — Soneto.

Este ya que el fanal, claro Fiiipo... f. 142.

Soneto.

Aquestos vientos ásperos y helados... f. 143.

Soneto, en una enfermedad.

Vuelve, Señor mió, en mi tus ojos... f. 143.

Del Excmo. duque de Osuna á Soto.—Soneto.
Si el rostro de mi Ctóris soberano...

Carla del autor Soto, al duque.

Narvacz de Godoy, señor, entiendo... (8 tercetos.)

Soneto.
No es tiempo ya, cruel, que más te escondas... f. 144.

A la muerte del autor (Soto), de Tejada.— Soneto.
Desata, noble espíritu, desata...

Fábula de Vertuno y Pomona.

La extraña fuer» de amor...

De un alma que fué vestida...

Acaba:

Que la delicada lengua Jamas embotó la lanza. (59 coplas), r. 1-15-58.

Kabula de Acteon, compuesta por el L. Luis Barahona de Soto. Empieza:

Acaba:

Cual al hijo de Arísteo. f. 162-70.

Esta fábula se repite en seguida de la misma letra (í. 170-7), pero se le aOade al Dn esta copla:

Aunque si tú estas contenta
De mi martirio, señora,
Tal gloria me representa.
Que conozco desde agora
Que me alcanzas en la cuenta.

Pues si por haber mirado
Acteon fué asi tratado,
Yo que miré y deseé,
A cuenta desto, no sé
En qué debo ser mudado.

De este códice copió Gallardo las composiciones siguientes:

CAHCIOX.

No es tiempo de callar quien tanto siente;
Oigan los amadores lo que pudo
Del tiempo un blando guipe d de la ausencia,

Y el que estuviese ausente
Enlácese las armas y el escudo

De que yo me he vestido, que es paciencia.

Y no por eso aquel que esta en presencia
Debe hacer de amor mas conOanza,
Que degüella sin causa la esperanza

Y cumplida publica la sentencia;
Mas si discreto fuere.

Presente tema, ausente desespere.

Tema, si tuvo que perder, y pueda
Desesperar de lo que en vano espera;
Que no se tarda mas el desengaño
De cuanto el tiempo rueda
Hasta que venga qnien de nuevo quiera
Obligarse a sufrir el mismo daño:
Sirviendo gaste un año y otro año,
Suelte á los vientos la engañosa vida,
A cada paso tras amor perdida,
Llevándole su fe de engaño i engaño;
Que no se habrá partida,
Cuando le pongan como i mi en olvido.

Ya yo de yedra y de laurel ceñida
Vi mi indiscreta frente, pues no supo
Fiarse poco en vanas alegrías,

Y ya vi yo mí vida

Tan llena de ocasiones cuantas cupo,

Y mil y mil dejó pasar baldías.
Mudóse mi ventura con los dias,
Perdi la yedra, y fué el laurel mi fruto,

Y de un ciprés, que figuró mi luto,
Sentí ceñir las tristes sienes mias,

Y asidos vi en mi frente

El bien pasado y el dolor presente.
En tanto que en la horrible competencia

Y en el combate, por mi mal secreto,
Pudo hacer la triste suerte mia
Reparo con presencia,

Quedó el dolor al falso bien sujeto,
Aunque murió temblando mi alegría;
Paso con esto un día y otro dia,
Que pasan como sombra en un momento

Y dejan sólo el arrepentimiento;
Mas vi que mi dolor ya descubría,

Con un socorro nuevo,
Aun siendo viejo, fuerzas de mancebo.
Alzó la frente, y vio mi mal pasado.
Que sólo era temido en la memoria ,

Y en fuerza de quien antes hubo sido;

Y asi determinado.

Mi bien me derribó de tanta gloría

Y ausencia levantó por él i olvido;

El mal presente vi, y mi bien perdido;
La rienda vuelvo, y sigo mi camino;
No sé ya adonde lleva mi destino;
Mas quedo por ejemplo conocido
De lo que puede ausente
Quien puede lo que pude yo presente.

Seguro va el que parte, si recibe
De blanca mano, de la dulce boca,
De alegre revolver de claros ojos,
Favores con que vive,

Y va su fé, más ñrme que una roca,
Dejando allá del alma los despojos.
Mas ¡ay ligeras vueltas, ay antojos,
Ay ocasiones, ay presencias nuevas,
Ay promesas, ay dádivas, ay pruebas,
Ay celos, ay sospechas, ay enojos,
Ay desventuras tristes,

Cuan ciertas sois, y cuan secretas fuistes!

Luego al servicio pagan con olvido,
Sucede la mudanza á lo alcanzado,

Y el claro desengaño á la esperanza
Falta á lo prometido,

Al contento suavísimo el cuidado,

Y el odio desdeñoso á la privanza.
Veréis la desvergüenza y la mudanza
Tan clara y descubierta ante los ojos,
Que la que se afligió con mis enojos
Me hinca basta el recatón la lanza,
Teniendo por disculpa

Reírse de mi pena y de su culpa.

Mas yo me huelgo que se satisfaga

En mi como en un cuerpo de enemigo;

Que por más que en mi daño piense y haga,

No puede usar más mal que yo conmigo,

Pues quise asi entregarme

A quien supe que había de acabarme.

■UDIICAL.

Alegres ojos, dulce, grave, honesto
Semblante señoril, altiva frente

Y rostro, que en colores ha vencido
La luz del rojo Oriente,

Do amor su imperio y nuestra gloria ha puesto;

Si no pusierdes presto

Socorro presuroso á las entrañas

Que amor con vuestros fuegos ha encendido,

Según las llamas salen ya tamañas,

Que vuestro claro tielo han escondido

Al pensamiento mío,

Veréis en un momento

Quemarse en vuestro amor, cual yo le siento,

Y al fln cercarse de un esmalte frió.

No es tiempo ya, cruel, que más te escondas Ni pongas á mi bien más embarazos; Haz esta carta como á mi pedazos, Que ya no espero más que me respondas.

Ya estoy como el que en esas aguas hondas, Cansado de medir el mar á brazos, Soltó los flojos y cansados lazos, La boca abriendo á las saladas ondas.

Vencido me lia, cruel, tu duro pecho; Mas pues mi firma, amor, no conociste. No es mucho que me prives de esperanza.

Con esto sólo parto satisfecho; Que cuando entiendas lo que en mf perdiste, Tú misma me darás de ti venganza.

SONETO.

Horas breves, contadas por el hado, Que poco .i poco consumis mi vida, Porque no sea yo de mi homicida. Dad Un a mi vivir desventurado.

Yo voy de mi esperanza despojado

Y veo mi desdicha conoscida;

Pues por quien yo me ofendo es ofendida
De la ofensa que hace á mi cuidado.

Yo no puedo volver airas un paso
De la llrmeza que en mi pecho arde,
Aunque el amor y la razón contienden.

Amor me pone en el dolor que paso; Razón me dice que de amor me guarde,

Y al Un razón y amor mi fuego encienden.

SONETO CONTRI UN POETA 0UE USAB.l MOCHO DE ESTAS VOCES
EN SIS POESÍAS.

Esplendores, celajes, rigoroso,
Selvaje, llama, liquido, candores,
Vaguen, faz, purpúrea, chilia, ardores,
Otra vez esplendores, caloroso.

Vfania, apacible, numeroso,
Luengo, osadía, afán, verdor, errores;
Otra y quinientas veces esplendores:
Más esplendores, crespo, glorioso.

Cercos, ásperos, alóos, encrespado,
Esparcir, espirar, lustre, fatales,
Cambiar, y de esplendor otro poquito,

Luces, ebúrneo, nítido, asombrado,
Orna, colora, jócen, celestiales;—
Esto quitado, cierto que es bonito.

Ya yo tengo más aliento, Ya del favor celestial Refocilado me siento; Y pues no temo cual mal. Va de cuento, va de cuento.

Comienza la obra:

RELACIÓN DEL REGOCIJO QUE A LA BUENA SALOD DEL RET DON FELIPE (Q. D. C.) CELEBRÓ EL L. D.JUAN DE ESPI.N1, CLÉRIGO DE MENORES ÓRDENES, PANDORGUERO DE S0 MAJESTAD; COMPUESTO A SU INSTANCIA POR CN SU AFICIONADO V StRVIDOR SOTO OUE StIS MANOS BESA , NATURAL DE LA TILLA DE NAVALMORAL DEL CONDE.

INVOCACIÓN.

Dadme, Señor, vuestra aynda,
Porque sea cantador
De una Oesta que, sin duda,
Jamas la hicieron mejor
Los hijos déla Barbuda.

Si del patrón de Madrid
El alto favor me ampara,
Haré de cuenta, advertid.
Que tomo la pluma para
Contar los hechos del Cid.

Sin vos, Virgen soberana,
No podré, yayo lo sé,
Acabar aquesta plana,
Pues sois de esperanza y fe
Y caridad aduana.

Favoreced mi humildad;
Y, dando efeto á mis ruegos,
Hacedme aquesta amistad;
Que me pregonen los ciegos
Por París esi ciudad.

En la curte del monarca
Que tiene el mundo á sns pies,
Donde nace el patriarca,
Á donde estuvo el inglés

Y el gran rey de Dinamarca,
Ésta, que es real corona

De nuestro español distrito,
Desde la tórrida zona,
Que tantos hombres ba frito,
Hasta el mar de Ratisbona;

En cuya plaza excelente
Se juegan toros y calías,

Y en cuya pródiga puente
Del rio, cuentos, pairarías.
Aunque él duerma y no lo siente;

En cuya calle Mayor
No hay dama sin interés,
Ni galanes con amor;
I.odo si, donde los pies
Jamas entran en calor,

Aquí el licenciado Espina, Más sabio aún que licenciado, Que un dolor de medicina , Sin más ni más ha trazado Una tiesta peregrina.

En gracias de la salud Que el rey don Felipe tuvo, Pues para nuestra inquietud Por el mes de Agosto estuvo Dos dedos del ataúd,

Por lograr sus intenciones
Aparatos hizo grandes;

Y para armar gigantones
Diz que trujo desde Flándes
Palanquines y peones.

Dispuso su prevención
Para la gente bajuna,
k quien dio gran colación,
Cortejo de alcaparrón

Y Kazajo de aceituna.
De oloroso vino añejo

Sobre una tabla tenia
Cinco cueros y un pellejo,
A cuyos sorbos crecia
El agazajo y cortejo.
Trujo tanta de la pera

Y queso de Albarracin,

Y á ser menester trujera
Caballeros de Modín,
Peones de Colomcra.

Almireces de metal
Trujo canoras y recias;

Y en verdad que no hizo mal
Para majarlas especias

De liesla tan principal.
Trujo cencerros jaénes,

Y ocupó dos mil estacas
Con sonajas de Rorrcnes;
Hubo siete mil carracas

Y cuarenta mil sartenes.

Qué diré yo de instrumentos?
Pero fuera un maremailo
Contar tan varios acentos,

Y para acabar ogaño.
Quiero quitarme de cuentos.

Mas un prodigio me oiil.
De que yo estoy dado á perros;
Cera quemó como un Cid
En tiempo que los entierros
Van i escuras en Madrid.

Cera es, no asi como quiera,
Sino mis de cien arrobas;
Cera ardia por defuera,
Cera alumbró las alcobas,

Y en las salas hubo cera.
Alabarderos leales

Trujo, no uno ni dos,
Sino doce, con los cuales
Gastó el pobre mil reales
Por las mil horas de Dios.

Con aquestos aparatos,
Después que hizo a la gente
Esperar alganos ratos,
Que estaba tan impaciente
Como seis con tres zapatos,

Viéndose en tan duro trance
Traspillado y amarillo
El autor... Mas este lance,
Que es digno de referlllo,
Se dirá en otro romance.

Otro Romance.

Á arrobas pido tu abrigo,

Y doy al mundo de mano,
Virgen, que como contigo
Es inmenso lo que gano,
Pierdo infinito sin tigo.

Como digo de mi historia,
Nuestro don Juan se ausentaba
Dcsta vida transitoria,

Y el alma desamparaba
Aquella mortal escoria.

Con figura compasiva,
En fe que lo desgobiernan
Cuidados de abajo arriba,
Olia á réquiem rlernam
Por donde quiera que iba.

Con la candela en la mano
En un paso tan urgente.
Lastimara á un luterano;
Que, aunque mozo, es buen cristiano,
Siervo del Omnipotente.

Visitó con grande tiento
Muchos que, derrenegando,
Mil á mil y ciento á ciento
Estaban desesperando
De su santo advenimiento.

Sacd con cuenta y razón
Á todos del Purgatorio;

Y aqueste dicho varón,
Cual si Cuera en consistorio,
Les hizo aquesta razón.

Parad mientes que mi honor
En vuestras manos está;
Quien no me fuere traidor
En mi persona tendrá
l'n perpetuo servidor.

Ved que consiste en un yerro
Dejar la fiesta imperfeta;
Sed leales como el perro,

Y el que es sartén no se meta
En el que fuere cencerro.

Cada cual su jerarquía
Guarde, que en eso consiste
La honra vuestra y la mía,

Y ai caéis en el chiste

Holgaréme en demasía.

Mucho en la fiesta adelanto
Las presentes y futuras;
Mas el rumor era tanto,
Que morían las criaturas

Y los barberos de espanto.
Yo asignroque es tan mucha

La barabúnda y cbacota,

Que la trápala le escucha

En la región más remota,

Que no estáá los hombres ducha.

De monstruos tengo jocundo
Número, y sobre jaoba
Por más firmeza lo fundo;

Y los llamo en una troba
Dulces estruendos del mundo.

Cuarenta, digo gigantes,
Á manera de obeliscos,
Tan grandes, tan arrogantes.
Que á cuatro frailes franciscos
Espantaron endenantes.

Con su espada y su rodela
Hay otro descomunal
Que les mea la pajuela,
Á quien no da Fregenal
Recaudo de pieza suela.

Esto y otras cosas mil
Que en mi ingenio le trazaron,

Y no á moco de candil,

Que estudios me le escotaron,

Y por eso es tan sutil.

Si vosotros no lo echades
A perder de cierta ciencia,
Sé que en las posteridades
Me alabarán en Valencia

Y en otras muchas ciudades.
Media noche era por filo

Cuando aquesto razonaba
Don Juan , con tan alto estilo,
Qne elocuente embelesaba
Las cataratas delNilo.

Bazucócele la gente,
Gente que estaba muy harta
De echar coplas de repente,
Gente que si no la ensarta
Muy presto no hallará miente.

Volvió á estar descolorido,
Vacilante y deleznable,

Y muy cari-acontecido;

Ya no hay remedio que hable.
Ya va perdiendo el sentido.

Mas el gran Bidaurrl un pisto
Dio á sus esperanzas muertas,

Y luego, un poco más listo,
Abriendo á lodos las puertas,
Se encomendó á Jesucristo-
Cuarenta carros su jarro

Trajo, aunque por los cabellos,

Y ninguno le dio marro:

Mas ¡ ay de mi! y cuantos dellos Entonces les cogió el carro.

De todos cuantos tenia
Pobló sólo veinte y dos
De gente apacible y pía;
Que hay quien por amor de Dios
Haga hasta una boberla.

Cargó la fiesta, llevóla
Á la plaza de palacio
Con gran tabara y tramóla;
Muchos la vieron de espacio ,
Pero yo escurrí la bola.

Dime, Musa soberana,

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