Poesias de veinte i dos autores españoles del siglo decimo sexto, Volumen 1

Portada
L. P. Salvioni, 1786
 

Comentarios de usuarios - Escribir una reseña

No hemos encontrado ninguna reseña en los sitios habituales.

Páginas seleccionadas

Otras ediciones - Ver todo

Términos y frases comunes

Pasajes populares

Página 156 - ... de los rayos las fraguas, do los tesoros tiene de nieve Dios, y el trueno dónde viene. ¿No ves cuando acontece turbarse el aire todo en el verano? El día se ennegrece, sopla el gallego insano, y sube hasta el cielo el polvo vano; y entre las nubes mueve su carro Dios, ligero y reluciente; horrible son conmueve, relumbra fuego ardiente, treme...
Página 98 - Filis un tiempo mi dolor lloraba ; quísome un tiempo ; mas agora temo, temo sus iras. Así los dioses con amor paterno, así los cielos con amor benigno, nieguen al tiempo que feliz volares nieve a la tierra.
Página 150 - Oye, que al cielo toca con temeroso son la trompa fiera, que en Africa convoca el moro a la bandera, que al aire desplegada va ligera. La lanza ya blandea el árabe cruel, y hiere el viento llamando a la pelea; innumerable cuento de escuadras juntas veo en un momento.
Página 138 - Aquí nació aquel rayo de la guerra, gran padre de la patria, honor de España, pío, felice, triunfador Trajano, ante quien muda se postró la tierra que ve del sol la cuna y la que baña el mar, también vencido, gaditano.
Página 154 - Que huye mas del suelo. Contemplar la verdad pura sin velo? Allí en mi vida junto, En luz resplandeciente convertido Veré distinto y junto Lo que es y lo que ha sido, Y su principio propio y escondido. Entónces veré como La soberana mano echó el cimiento Tan á nivel y plomo, Do estable y firme asiento Posee el pesadísimo elemento.
Página 152 - Acude, acorre, vuela, Traspasa el alta sierra, ocupa el llano, No perdones la espuela, No des paz á la mano, Menea fulminando el hierro insano.
Página 214 - ... mis enojos. Pero de tal cautela harto mayor ha sido el bien que el daño; que el resplandor extraño del sol se puede ver mientras se cela. Así que, aunque pensastes cubrir vuestra beldad, única, inmensa, yo os perdono la ofensa; pues, cubiertos, mejor verlos dejaste.
Página 98 - Iba cogiendo flores Y guardando en la falda Mi ninfa para hacer una guirnalda; Mas primero las toca A los rosados labios de su boca, Y les da de su aliento los olores. Y estaba (por su bien) entre una rosa Una abeja escondida, Su dulce humor hurtando; Y como en la hermosa Flor de los labios se halló, atrevida La picó, sacó miel, fuese volando.
Página 130 - Yo soy (les dijo) la verdad, y luego Como dormida en celestial sosiego Quedó la tierra en paz , que alegre tuvo Mientras con ella la verdad estuvo: Que...
Página 158 - ... enciende con hermosas Y eficaces centellas; Por qué están las dos osas De bañarse en el mar siempre medrosas. Veré este fuego eterno, Fuente de vida y luz, do se mantiene; Y por qué en el invierno Tan presuroso viene: Quién en las noches largas le detiene.

Información bibliográfica