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Marcio. Pues Lebrija

Valdés. No haya más Lebrija por vuestra vida.

Marcio. ¿Picaste? pues más de dos veces os haré picar de la mesma manera.

Valdés. Buen tiempo teneis, pues algun dia me vernéis á la melena.

Coriolano. ¿Cómo es eso? ¿Qué quiere decir á la melena?

Valdés. No me he obligado á daros cuenta de los vocablos que hablo, sino de lo que escribo.

Marcio. Tiene razon; dejadme decir: ¿por qué escribís salivé por saldré, que escriben otros? (1).

Valdés. Porque viene de salir.

Marcio. Agora os quiero meter en un labirinto, de donde habeis menester para descabulliros otro que palabras. Tres maneras de íes teneis en la lengua castellana; una pequeña, y otra larga, y otra griega; de las cuales, si no me engaño, usais indiferentemente; lo cual tengo por gran falta de vuestra lengua, si no me dais alguna razon para ello.

Valdés. No habeis dicho mal en llamarlo labirinto; pero estad atentos, que pienso quedaréis satisfechos, porque os mostraré cómo cada i destas tiene su lugar propio, adonde ninguna de las otras está bien; y porque la i pequeña es más general, quiero hacer desta manera que os diré destotras primero; y visto lo que parece ó se puede saber destas, teneis por dicho lo de la pequeña.

(1) El autor, segun se ve, es partidario de la regularidad, y contrario á la irregularidad de los verbos. Las »e y las u, tanto en nuestra lengua como en todas las demas neo-latinas, sobre todo combinadas con la líquida r, ban hecho sufrir á las formas primitivas cambios considerables, primero en la pronunciacion y despues en la escritura. De salir fié, forma primera del futuro imperfecto de indicativo, se formó despues saliré, y suprimiendo despues la i y sustituyéndola con una d, el futuro actual saldré, tendré, vendré, etc.

Torres. Decís muy bien.

Valdés. Cuanto á la,; larga, ya al principio os dije como suena al castellano lo que al toscano gi; de manera que estará bien en todos los lugares que hobiere de sonar como Tuestra gi, y mal en los que hubiere de sonar de otra manera. Está bien en mejor, trabajo, jugar, jamás, naranja, y así en todos los vocablos que tienen estaja ,jo,ju.

Torres. ¿Y en los que tienen e?

Valdés. En ésos no.

Torres. ¿Cómo no? ¿Quereis que escribamos gente de la manera que escribimos guerra?

Valdés. No digo yo tal; porque guerra le habeis de escribir con u, y gente no.

Torres. ¿De manera que quereis pronunciemos la g con la e siempre como en gente?

Valdés. que lo quiero, porque así es el deber.

Torres. Hágase así; pero ¿por qué poneis vos algunas veces g en lugar dej larga?

Valdés. Porque esas veces será escribiendo á algun italiano por acomodarme á su lengua, por ser mejor entendido.

Marcio. No me parece bien, que por acomodaros á la lengua ajena saqueis la vuestra de sus quicios ó quiciales.

Valdés. Vos teneis razon cuando de tal manera la sacase de sus quicios ó quiciales que el natural de mi lengua no me entendiese; pero si me entiende tanto escribiendo megior, como mejor, no me parece que es sacar de quicios mi lengua, antes adornalla con el ajena, mostrando que es tan general, que no solamente es entendida de los naturales, pero áun de los extraños (1).

(1) Chirles Nodier, en Rus Estudios sobre lingüistica, aduce tambien una razon análoga á la empleada aquí por el autor, para opinar que ni el frances ni el inglés deben variar en nada su actual ortografía, por opuesta que sea a la pronunciacion. La ortografía, dice este

Marcio. Decís muy bien : pasemos adelante. Ya nos habeis dicho de la,; larga : decidnos ahora de la griega.

Valdés. En ésta hay mayor dificultad; pero habeis de saber que la y griega tiene dos lugares adonde necesariamente se pone, y donde ninguna de las otras estará bien, y uno donde se pone impropiamente. El uno de los dos es cuando la y es consonante, y el otro cuando es conjuncion; el impropio es cuando se pone en fin de la parte. En todos los otros lugares, creedme que no está bien.

Marcio. Mostrándonos eso con ejemplos, habréis cumplido enteramente vuestra promesa.

Valdés. Largamente os lo mostraré. Siempre que la y es consonante, yo pongo la griega, como será en mayor, reyes, leyes, ayuno, yunque, yerro. Algunas veces parece que esta y griega afea la escritura, como es en respondyó, proveyó y otros desta calidad; pero yo no me curo de la fealdad, teniendo intento de ayudar á la buena pronunciacion, y con el que querrá hacer de otra manera no contenderé. Desta misma y griega uso cuando la y es verbo y cuando es interjecion, y no cuando es adverbio, porque entonces escribimos ahí, y cuando es adverbio hoy, y no cuando es verbo, porque entonces escribimos oí; tambien escribimos ya y yo, porque la y es consonante. Cuando es conjuncion ponemos tambien y griega, diciendo César y Pompeyo. Impropiamente se pone en fin de algunos vocablos, adonde es vocal, como en asy, casy, ally; en todas las otras partes yo pongo la i pequeña, sin faltar ninguna.

sensato escritor, es el signo de filiacion de las palabras oriundas de otro idioma, y al mismo tiempo nn medio fácil de comunicacion entre todos los pueblos que hablan idiomas derivados de una misma lengua madre, puesto que conservando, en general, las mismas letras radicales, es mucho mas sencillo el conocimiento de la signiticacion de las palabras, cualquiera que sea, por otra parte, su pronunciacion.

Marcio. Y en los vocablos que tomais del latin y del griego, que tienen la y griega, como son mysterio y syllabaí ¿usais la y griega?

Valdés. No.

Marcio. ¿Por qué?

Valdés. Por no obligar al que no sabe latin ni griego ¡i que lo escriba como el que lo sabe, pues todos podemos escribir de una manera, poniendo misterio y sílaba, y áun de aquí quito una de las /, porque el que no es latino no pronuncie las dos eles juntas, y tambien porque no quiero poner y griega sino cuando es consonante; y cuando es consonante, no quiero poner la pequeña. Y si quereis ver lo que importa, considerad que ley con y griega es muy diferente significacion de leí con i pequeña; lo mismo en rey ó reí.

Marcio. ¿ Qué os parece desta observacion por vuestra fe?

Torres. Paréceme tan bien, que la tengo por la mejor que aquí se ha dicho, puesto caso que las otras son buenas; yo, por mi tanto os confieso que no habia mirado en tanto primor.

Marcio. De aquí adelante ¿pensais guardar estas reglas?

Torres. , miéntras me acordáre dellas; á lo ménos guardarlas he cuando escribiere cosa que haya de andar por manos de algunos; y áun querría corregir por ella todo lo que hasta aquí he escrito.

Marcio. No vi hombre de vuestra tierra en mi vida que fuese dócile sino á vos.

Torres. ¿Qué quiere decir dócile?

Marcio. Dócile llaman los latinos el que es aparejado para tomar la doctrina que le dan y es corregible.

Torres. No son todos los porfiados los que salen de mi tierra, porque hay de unos y de otros.

Marcio. Bien lo creo; pero dejando esto, que es perder tiempo, nos decid: ¿por qué en lugar del et latino unas veces poneis y, y otras é?

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Valdés. Solamente pongo e cuando el vocablo que se sigue comienza en i, como en lo que vos acabais de decir ahora, latino é italiano.

Torres. Es muy bien dicho y muy bien mirado, aunque es en la verdad recia cosa obligaros á tantas sutilezas.

Valdés. que es recia sin necesidad, pero con necesidad no es recia; y de necesidad tiene de observar todo esto el que quiere escribir bien y propiamente, y ninguna cosa voluntaria es dificultosa.

Marcio. Digo que teneis razon en esto; pero decidnos: ¿cuál teneis por mejor, hospital ó hespital?

Valdés. Ni el uno ni el otro tengo por buenos, porque veo que aunque la pobreza es de todos muy alabada, de todos es muy aborrecida y menospreciada.

Marcio. Dejaos de decir donaires; no os pregunto sino cuanto á lo que pertenece al vocablo.

Valdés. Por mejor vocablo tengo hospital que hespital, y veréis que muchos así dicen y escriben.

Marcio. Pues Lebrija

Valdés. Tornaos ahí con vuestro Lebrija; ¿no os digo que lo dejeis estar?

Marcio. Ya habeis picado otra vez.

Valdés. Andaos á decir donaires; y ántes que pase adelante, diré esto en disculpa de Lebrija, que por ventura dice hespital, porque en su tierra quedó entero este vocablo del griego vulgar, porque ellos dicen SuttáXT) (1).

(1) Hespital por hospital, trujo por fra/o, a»entarse por »entarse, ranaquajo por renacuajo, escrebir por escribir son voces que lo mismo en la época del autor que en la nuestra, se usan por el vulgo en todos los lugares en que se hable castellano, sobre todo en aldeas y campos. Y llama seguramente la atencion que, al cabo de tantos años, despues de tantos trastornos en instituciones é ideas, todavía el pueblo, ó más bien dicho, el vulgo, aferrado á sus antiguas maneras de hablar, ofrezca tan tenaz resistencia á todo linaje de innovaciones en

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