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Valdés. Pienso yo que jornal, jornalero y jornada han tomado principio del giorno que decís acá en Italia; es verdad que tambien se lo puede así atribuir Cataluña.

Torres. Verdaderamente creo sea así como decís; nunca había mirado en ello.

Valdés. Bien creo que haya tambien algunos otros vocablos tan propios castellano», que sin tener origen de ninguna otra lengua, con el tiempo han nacido en la provincia.

Marcio. Cuanto al origen de la lengua, basta harto saber lo que nos habeis dicho; agora querríamos saber de vos, en lo que pertenece á la gramática, qué conformidad tiene la lengua castellana con las otras lenguas de que ha tomado vocablos con que ataviarse y componerse.

Valdés. Muy larga me la levantais, si quereis meterme en reglas gramaticales; pero porque no digais que no os obedezco, diré lo que así de presto se me ofrecerá.

Marcio. Nosotros nos contentamos con eso.

Valdés. Cuanto á la conformidad, digo que se conforma la lengua castellana con la griega en esto que tiene como ella sus artículos (1).

Torres. ¿A qué llamais artículos?

Valdés. El, la, y lo, y los, y las.

Torres. Ya lo entiendo.

(1) La existencia del artículo se ha considerado hasta ahora por los lingüistas como signo de adelantamiento, ó mas bien dicho, de decadencia de un idioma. Decimos de adelantamiento, porque con el artículo ganan los idiomas en exactitud, rigor lógico y precision lo que pierden en libertad, armonía y exhuberancia de formas; y decimos de decadencia, porque los idiomas, considerados en sí mismos y como resultado de la actividad humana, son tanto más perfectos cuanto mas antiguos, y en éstos, por regla general, no existe el articulo. Tan cierto es lo que indicamos, que algunos lingüistas modernos alemanes consideran al latin como más antiguo que al griego, por carecer el primero de artículos, y tenerlos el segundo.

Marcio. ¿ De qué manera usais destos artículos?

Valdés. El ponemos con los nombres masculinos, diciendo el hombre; lacon los femeninos, diciendo lamujer; y lo juntamos á los nombres neutros, diciendo ¿o bueno; pero deste solamente tenemos singular, y no plural, como de los otros, que tenemos los para masculino, diciendo loa hombres , y las para femenino, diciendo las mujeres.

Coriolano. Y para los otros casos ¿teneis artículos?

Valdbs. Para el genitivo masculino tenemos del, diciendo del hombre; y para el femenino de la, diciendo de la mujer; aunque yo creo así en el un género como en el otro. Sobre el artículo del nominativo se añade un de, sino que en el masculino se pierde la e, por no decir de el hombre, decimos del hombre.

Torres. Siu duda creo que es así.

Valdés. Estos mesmos artículos sirven para el ablativo; porque cuando decimos Del lobo un pelo, y ése de la frente; aquel del lobo está en ablativo. De la misma manera en el dativo y acusativo ponemos sobre el artículo del acusativo una a; sino que en el masculino perdemos la e, diciendo : Dijo el asno al burro: ¡arre acá, orejudo/ adonde aquel al está por A el. En el femenino no se pierde nada, porque decimos : Dijo la sarten á la caldera; tira allá,culnegra. De la misma manera hacemos en el género neutro que en el femenino; porque así poniendo un de sobre el artículo del nominativo, formamos el del genitivo y ablativo: y poniendo una a, formamos el del dativo y acusativo; porque decimos de lo para genitivo y ablativo, y á lo para dativo y acusativo : De la contado come el lobo; y así como en el singular decimos el, del, y al en el género masculino, y la, de la, y á la en el femenino; así en el plural, en el masculino decimos los, de los, y á los; y en el femenino, las, de las, y á las. El artículo neutro ya he dicho que no tiene plural.

Marcio. Harto basta lo dicho cuanto á la conformidad de los artículos (1) : proseguid adelante.

Valdés. Con la lengua hebrea se conformó la castellana en no variar los casos, porque en el singular tienen todos ellos una terminacion, y en el plural otra, así como bueno y buenos, hombre y hombres. Con la mesma lengua se conforma en poner en muchos vocablos los acentos en la última, y en usar muchas veces el número singular por el plural; y así dice: mucha naranja, pasa ó higo, por muchas naranjas, pasas ó higos. Confórmase tambien con ayuntar el pronombre con el verbo: Dadle y tomaráse, como parece

(1) Admitidos el artículo y la preposicion como medio de significar las relaciones expresadas en otros idiomas por las distintas terminaciones del nombre, se seguía naturalmente la supresion de estas desinencias, conservándolas sólo para expresar los números. £1 griego tiene artículos y desinencias para expresar los casos; el aleman tambien , aunque en menor escala; el inglés solo un rudimento de ellas en el genitivo de posesion. Las lenguas neo-latinas carecen todas de desinencias de declinacion. El origen de esta mudanza se encuentra en la lengua matriz, en la cual se expresaban muchas relaciones, que no podían expresarse por los casos, sólo por medio de preposiciones.

La acentuacion en la última sílaba de ciertas palabras, que se observa en castellano, marca una notable diferencia entre este idioma y el latín, en el cual predomina el acento baritónico, ó la constante tendencia á no acentuar nunca la última sílaba. En casi todas las palabras agudas castellanas es, sin embargo, una compensacion prosódica, en virtud de la cual el agudo sobre la última sílaba indica la supresion de otra ú otras, que existían primitivamente en la raíz.

La j con pronunciacion aspirada y gutural, y la - aspirada dental, parecen originarias del árabe, en cuyo idioma hay una verdadera profusion de letras aspiradas. Créese que los latinos no conocieron la primera, y que la segunda les era tambien desconocida, pronunciándose las sílabas ce, ci como que, qui ó ke, ki. Ambas, en efecto, se conservan todavía en Andalucía al pronunciar ciertas voces, como hacha, haba, que no se pronuncian ya en el más puro castellano.

por este refran Al ruin dadle un palmo, y tomarse cuatro. Con la lengua latina se conforma principalmente en algunas maneras de decir; y en otras, como habeis oido, se conforma con la griega. Confórmase con el latin en el a, b, e, aunque difieren en esto, que la lengua castellana tiene una,; larga que vale por gi, y tiene una, que nosotros llamamos cedula, la cual hace que la g valga por z. Tiene más una tilde, que en muchas partes puesta sobre la n vale tanto como g.

Torres. De manera que, segun eso, podemos decir que el a, 6, c de la lengua castellana tiene tres letras más que el de la latina.

Coriolano. Aun hasta en esto quereis ganar honra. Sea mucho en buen hora.

Yaldés. Cuanto á la gramática, con deciros tres reglas generales que yo guardo, pensaré haber concluido con vosotros ; las cuales, á mi ver, son de alguna importancia para saber hablar y escribir bien y propiamente la lengua castellana.

Torres. Conmigo tanto, y áun sin decir ninguna, cumpliríades.

Marcio. ¿Por qué?

Torres. Porque nunca fui amigo desas gramatiquerías.

Marcio. Y áun por eso es regla cierta que tanto aprueba uno cuanto alcanza á entender. Vos no sois amigo de gramatiquerías porque no sabeis nada dellas; y si supiésedes algo, deeeariades saber mucho; y así por ventura seríades amigo dellas.

Torres. Puede ser que sería así; no lo contradigo; decid vos vuestras tres reglas; quizá sabidas aprobaré la gramática.

Valdés. La primera regla es que mireis muy atentamente si el vocablo que quereis hablar ó escribir es arábigo ó latino, porque conocido esto, luégo atinaréis cómo lo habeis de pronunciar ó escribir.

Marcio. Está bien; pero eso más pertenece á la ortografía y pronunciacion que á la gramática.

Valdés. Así es la verdad; yo os digo lo que se me ofrece ; ponedlo vosotros en el lugar que quisiéredes.

Marcio. Bien decís; pero sería menester que nos diésedes alguna regla, la cual nos enseñase á hacer diferencia entre esos vocablos.

Valdés. Cuanto yo, no os sabría dar más que una noticia confusa, la cual os servirá más para atinar que para acertar.

Marcio. Con ésa nos contentarémos; decídnosla.

Valdés. Cuanto á lo primero, presuponed que la mayor parte de todos los vocablos que viéredes que no tienen alguna conformidad con los latinos ó griegos, son arábigos, en los cuales cuasi ordinariamente veréis h, x, ó z, porque estas tres letras son muy anejas á ellos; y de aquí procede que los vocablos que tienen y en el latín, convertidos en el castellano, la./se torna en h; y así defava decimos haba; y así por la misma causa en muchas partes de Castilla convierten la s en x, y por sastre, dicen xastre (1). Lo mesmo hacen comunmente convertiendo la c latina en z, y así, por faciunt dicen hacen; las cuales todas son pronunciaciones que tienen del arábigo; pero son tau recibidas en el castellano, que si no es en el sastre, y otros como él, en lo demás se tiene por mejor la pronunciacion y escritura arábiga que la latina. Esto os he dicho, porque si viéredes un vocablo con una destas tres letras, no penseis luégo que es arábigo, hasta haber examinado si tienen esta mudanza de

(1) La s latina, en muchas palabras castellanas, se convirtió primero en x, como de sapo, xabon; sueco, xugo, etc.; pero esta x no se pronunciaba como la j de hoy, sino con un sonido dental. Véanse los Opúsculos gramático-satíricos (Prólogo) y las Observaciones sobre el origen y genio de la lengua castellana, de D. Antonio Puigblanc.

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