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escuelas. Zúñiga se la añade de gracia , y con tales gracias harémos decir á los pasados lo que no pensaron. Pero no son buenas gracias estas para hallar la verdad, sino desgracia de ella para no ser ballada. El escritor ha de ser sincero, y sino deje de ser sincero y escritor á un mismo tiempo. Por lo demás no me parece que es buena señal de certidumbre mandar San Fernando sentar escuelas en Salamanca año 1243, mantener en ese mismo año Palencia las suyas por testimonio del arzobispo D. Rodrigo, y haber sido estas trasladadas allá en 1239. Estas consecuencias hilan mal, por ir hiladas al torno de unos escritores que hilaban sin lógica. Sin embargo la lógica de ellos era esta ; y segun eso mucho hemos mejorado en la lógica nosotros.

Hasta el clarísimo D. Nicolás Antonio, principe indubitablemente de todos nuestros escritores, á quienes ellos deben la gloria de ser llevados por Europa en hombros de su inmortal Biblioteca, donde vivirán eternamente muchos de ellos, mas que por el mérito de sus propias obras, cayó en las insidias de esta engañosa traslacion escolástica, bien que por confiarse con demasiado buena fe à la del P. Mariana; lo que no debiera haber hecho un hombre de tanta sabiduría , porque no era menor su autoridad que la de Mariana, para establecer diferente opinion, con esperanza de hacerla mas acepta. No sé lo que diera por verle fuera de este catálogo; mas en fin contra todos mis deseos, él en lib. 8.°, cap. 2, núm. 21, de su Bibliothec. Vet. Scriptorum Hispan., que escribia en Roma año 1679, como de ella misma consta (1) citando á este autor escribe la fundacion de la universidad de Palencia

(0) En el lom. ?, pag. 203, núm. 686 de la 1." edicion.
Tomo XX.

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por D. Alonso VIII en el año 1210, y despues su traslacion á Salamanca post aliquos annos.

Aquí entraria el historiador propio de Palencia D. Pedro Fernandez del Pulgar, que daba fin á su historia en este mismo año y el siguiente 1680, si no hubiera tenido la debilidad de abatirse por congraciar con ambas opiniones á la pueril condescendencia de que el estudio de su patria se dividiese en dos pedazos, uno para aquietar á Valladolid, y otro para contentar á Salamanca: determinacion nada propia de un hombre de su carácter grave y austero. Pero en esta ocasion le falló aquel vigor, aquella constancia, aquella presencia de ánimo, que manifestó en todos los demás empeños de su asunto: tanto puede aun con las almas mayores el imperio tirano del error, cuando ha llegado á ensancharse demasiado y á encadenar muchos prisioneros. Entonces, aunque un pecho de estos perciba dentro de sí ciertas sensaciones enérgicas de la verdad, se acobarda, las scpulta en su seno, teme pasar por singular, teme ser víctima de una inmensa turba de ilusos. De otro modo un hombre como Pulgar no pudiera haberse encogido así. .

· Salgamos ya del siglo pasado y vengamos al presente, en el cual tendrémos menos que correr, porque ya el error parece que se va cansando y aflojando; bien que para mudar de domicilio y pasarse á otra parte transformado en otro. Dejamos hecho ver que en este siglo se puso en mayor valimiento la opinion de la traslacion del estudio de Palencia á Valladolid, y que á proporcion que esta fué tomando cuerpo, sué decayendo de autoridad la que le trasportaba á Salamanca. Sin embargo, no fué tan absolutamente que todavía no quedasen algunos seclarios del antiguo error, como no suele ser regular, que

las viejas preocupaciones que por mucho tiempo tuvieron arrebatado el imperio de los entendimientos, levanten campaña de una vez, y les dejen desembarazados del todo y el pais libre.

Así en este siglo el anónimo que reimprimió con sus adiciones en Madrid año de 1733 la Plaza universal de todas ciencias y artes del Dr. Cristóbal Suarez de Figueroa, citada en otra parte, en la pág. 277, da noticia de las universidades de España. “Siendo (dice) de las principa« les Salamanca, que fundada primero en Palencia por el « Rey D. Alonso por el año 1209, fué despues transferia da á Salamanca, donde existe, por el Santo Rey D. Fer« nando en el año 1239, donde ántes se habia principiado « su establecimiento por el Rey D. Alonso de Leon, para « que sus vasallos no tuviesen necesidad de acudir á Casti. «lla á aprender las ciencias. Ne subditis necesse foret eru«ditionis causa in Castellam abire. Con que se convence « que en Castilla habia escuelas anteriores.” Así este autor, citando por todo al P. Mariana , lib. XI, cap. 22, y lib. XIII, cap. I, de quien son las palabras latinas.

Diez años despues el P. M. Fr. Enrique Florez, nombre fausto y feliz en España por la multitud y la importancia de sus trabajos literarios, en su mayor parte indagatorios y de preciosos descubrimientos, con que no menos se han enriquecido que ilustrado las antigüedades de la nacion en puntos obscurísimos, escribiendo su Clave Historial el año 1743, como por ella se ve, insiste en la antigua vulgaridad de que en el de 1240 el Santo Rey D. Fernando trasladó la universidad de Palencia á Salamanca (1). Como este autor tuvo justamente la fama que

(1) Siglo XIII al fin, pág. 260-12.. edic. de 1786.

se ha visto por el ramo de antigüedades, y habiendo sobrevivido a la primera publicacion de su libro unos treinta años, repitiendo en este intermedio diferentes ediciones de él, no enmendó la expresada noticia, pudiera alguno persuadirse á que en sus muchas indagaciones encontró algun legítimo apoyo para mantenerla. Para que nadie se deslumbre á pretexto de una razon tan aparenle, advierto que cuando el M. Florez escribió este libro en 1743 aun no era un hombre tan grande y consumado en nuestra historia, como se formó despues con el continuo manejo y el estudio, el trato y correspondencia con hombres sabios, el recogimiento de libros raros y piezas curiosas de antigüedad, y la precision de desempeñar la vasta y grande obra que se impuso de la España Sagrada. Y así se aplicó como por ensayo para ver como le salia, á una costa tan fácil como es la formacion de un compendio cronológico para socorro de la memoria nada mas. De modo que si viviera hoy confesaria á buena fe que no esta pequeña obra, sino la grande y principal de la España eclesiástica, fué la que le sacó á él docto, mas bien que docta él á la obra. Y por lo demás, aunque despues hubiese notado poca seguridad en la noticia traslática de los estudios de Palencia á Salamanca, no me hace fuerza que la dejase correr y mantuviese en las ediciones sucesivas de la Clave, porque me consta, y aun por sus mismos escritos y el suceso de algunos se puede bien colegir, que no fué de los mas adictos á enmendarse la plana. Finalmente verémos adelante otro error grande, palpable y manifiesto, que en esta misma materia cometió en dicho libro, y no por eso le enmendó, y por ventura ni observó en medio de tantas vistas y revistas como pudo hacer de él en el discurso de treinta años, y mas para imprimirle y reimprimirle en tan repetidas ocasiones.

Ya despues de esto, como honestus est error magnos duces secuentibus (1), nada será extraño se vean entrar por las mismas veredas otros menos detenidos, porque tendrán la disculpa de haberles debido parecer segura una senda que transitaron predecesores bien mirados. Así suelen engañar en sus esperanzas los genios rastreros y sendipetas.

Abandonada la sonda que debiera llevar cada cual á la mano para tentar el vado y ver si hay seguridad, es arrebatado de las furias del impetuoso torrente. Son como el clavo grueso que ino sabe entrar, sino por donde le guia la barrena, como decia el gracioso Juan de Figueroa allá en aquellos salados diálogos de Pero Mexia (2). Pero i qué error! jamás se formó ningun caballo generoso á la recua y llevado de reata. Ahí solo se forman caballerías de lomo y trasporte, buenas para levantar cargas, malas para tomar destreza, y sacar un paso original y de arte.

Mucho pedir fuera que el autor del Arle histórica y legal , D. Tomás Manuel Fernandez de Mesa, impresa en Valencia, cuatro años despues en el de 1747, hubiese evitado un escollo donde vararon los mejores pilotos. Porque á lo que podemos entender por la carta que publicó contra él el año inmediato su sabio pariente, y en otro tiempo mi amigo y coresponsal literario D. Gregorio Mayans, bajo del nombre de D. Miguel Sanchez (3), el tal Mesa no fué mesa

asa

(1) Quintilian. Institution. Oralor., lib. 1, cap. VI in princip.

(2) El II del Convilc, fol. 32 vuelto, impresos en Zaragcza año 1547-8.°

(3) Impresa en la Coleccion de las del señor Mayans, Valenc. 1773, tom, 3.", desde la pág. 309 hasta la 373, sin la cual no debe leerse este libro sino inútilmente.

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