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estudio disuelto en Palencia, sin haber salido de alli: por señas que dice haber sido, no sin mucho detrimento de la misma ciudad y lugares abastecedores de su contorno. Y sin duda lo fué grande, pues debió aflojar mucho la poblacion y perder los ciudadanos un ingreso de mucha entidad en posadas, ropas, consumos y otros ramos (1); el cual por lo tanto pretendian restablecer ahora con tanta eficacia, bien que no les valió á mi entender por algunas causas propuestas. Y porque importaba poco que el Papa concediese los privilegios de París y todo el tesoro de indulgencias del arca de San Pedro, con cuantas mas gracias quisiese, mientras no alargase la bolsa , ó buscase algun otro medio de dotarlos tan lucidamente, que los salarios de los maestros de Palencia preponderasen á los de Salamanca y Valladolid. Pero esta que era la obra grande , si alguna grande obra se habia de hacer por la resurreccion de unos estudios arruinados, se quedó en el tintero, y solo se anduvo por las orillas. No nos capsemos: mientras los premios reales sean la magia de los corazones, en vano es el prometerse un grande avance en esta línea. El hombre, sí, se dejará seducir de los encantos del honor, pero despues de tener asegu

(1) Podrá formarse idea por lo que dice D. Fr. Angel Manrique, célebre autor de los Anales cistercienses, despues obispo de Badajoz, en un papel que imprimió por la universidad de Salamanca hacia la mitad del siglo pasado sobre no ser obligada á dar los grados en la Santa Iglesia. Computa que un año con otro concurririan á Salamanca, cuando menos, cuatro mil estudiantes, que á solo cincuenta ducados cada uno dejarian un ingreso de doscientos mil ducados, bastanle , dice, á enriquecer olra cualquier ciudad, y que no tiene pobre á Salamanca, la cual asi tiene esta contribucion sobre toda Europa y ambos Mundos. ¿Qué seria en tiempo de los siete mil estudiantes forasteros de Diego Perez de Mesa, por los años 1389? rada su subsistencia. Quien le mancje de olro modo, confiese que no sabe los resortes por donde se mueve esta máquina. Por fin obstaban las demás causas alegadas de un pueblo sedicioso y de poca quietud , y que entre tanto se habia dejado crecer demasiado á Valladolid y Salamanca para poderlos superar ahora por una competencia que no ofreciese ventajas mayores.

Entre tanto creo se extirpan las opiniones de Traslacion , ya á esta ciudad, ya á aquella, y mas cuando se dicen actuadas de orden de nuestros Soberanos y con su autoridad. Si los estudios hubiesen sido extinguidos en Palencia por traslacion á otro lugar, el daño del público no fuera tan grande y tan acerbo como se pondera, porque lo que este no tuviese en un lugar, lo tenia en otro, y solo habia la novedad accidental de que el bien habia mudado de domicilio. Pero con respecto al Estado siempre quedaba en casa : Quod petis, intus habes, les hubiera dicho el Papa.

Mas si la traslacion, ya á Salamanca, ya á Valladolid, ó ya á ambas por repartimiento, como alguno ha dicho, hubiera sido auténtica , esto es, por deliberacion y autoridad de alguno de nuestros Reyes, con causa exaniinada, segun que en tal caso correspondia, esta traslacion se hubiera resuelto, con extincion formal de los estudios en Palencia para siempre. Pero es así que los palentinos piden ahora al Papa su restablecimiento allí: luego no hubo tal traslacion determinada, porque en tal caso no pudieran sin exponerse á ver frustradas sus esperanzas, como aun de ese otro modo les sucedió.

No nos cansemos: el estudio se disolvió en Palencia, y por eso en Palencia se pretende restablecer: Quod est. non sine mullo ejusdem Provincia dispendio dissolulum.

En 1263 ya nada quedaba allí que trasladar. Antes no se habia trasladado, porque permanecia en Palencia. Con que . . . . . Los de Valladolid y Salamanca habian nacido, crecido y vegetado con anterioridad, sin origen ni descendencia del palentino, si ya al tiempo de sus interrupciones y fracturas, los maestros que enseñaban allí y los estudiantes que cursaban en aquellas aulas, no se pasaron voluntariamente á estos, como en tales casos es natural que suceda, y ha sucedido no pocas veces entre Valladolid , Salamanca y Alcalá por motivos de persccucion, temor, ó menos buen tratamiento que han experimentado los cursantes. De modo que para arruinar cualquiera de estas poblaciones, trasportar a la otra un gran renglon de su riqueza y prosperidad, no es menester nas que un poco de imprudencia , ó un exceso de pimio celo en la justicia criminal: tan al aire tienen los pueblos escolásticos su felicidad, y el comercio y Rey la utilidad de los consumos. Y tanto importa que los que libran en sus manos la vara de la justicia primitiva, la conduzcan á pulso, sin declinar ni á la nimia remision, ni á la excesiva rigidez. De lo contrario pronto se verán con un pueblo reducido á paredes. Por eso los invasores de fuel'os escolásticos, muchos de los cuales suelen tenerlo por gala, son tan peligrosos á buen título. Y lo mismo digo por los malos maestros, el mal gusto de estudios, cuando el método de ellos no es uniforme, é igualmente bueno en todas las escuelas del Estado, cuando varía la constitucion, cuando los privilegios son mas en una parte que en olra, cuando en fin los abastos y demás comodidades no están á igual proporcion. Pero de esto juzgarán otros, mientras yo diria que conviene mucho mirar en quien se depositan estos resortes de la mole pública, de mucha mas trascendencia de lo que parece, y de la que acaso se habrá considerado hasta ahora.

Entre tanto, tenemos tambien que el estudio de Valladolid no es el de Palencia, porque si lo fuera , hubiera ya venido de allí con el fuero de universidad, y no habria sido necesario alcanzarsele despues del papa Clemente VI el año 1346, por mediacion del Rey D. Alonso XI. Pero que no son uno mismo se convence de que este Papa dice, que el nuestro habia sido hasta ese tiempo un estudio particular sin exaltacion auténtica á universidad. Y el de Palencia nos asegura ochenta y tres años antes Urbano IV era ya general, y con el goce de esa exaltacion', haciéndole él igual en privilegios al de París, ó á otro cualquiera que hubiese tan bien ó mejor establecido. De modo que á cualquiera parte donde hubiera pasado despues, pasaria con esta preeminencia, porque lo trasladado se traslada con toda su condicion. Baste esto poco de argumento, y creo que para los prudentes sobre mucho.

A tierra, pues, escritores que han llevado la traslacion á Salamanca, porque los que la han traido á Valladolid, á mas de lo que aquí acaba de decirse, quedan ya refutados, y aun atildados en lista particular, para que sean conocidos. Pero por lo mismo convendria levantar otra de los salmanticenses con el propio objeto; y en caso de hacerlo, no puede ofrecerse lugar mas proporcionado que el presente. No dejo de conocer lo mucho que esta incidencia ha de dilatar mi obra. Pero como una razon de este género se deba considerar una indispensable parte de ella, que algunos echarian de menos, y yo por otra sea bastante amante de que en las mias no falte cosa de las que puedan conducir á la mayor instruccion del público,

Tono XI.

me he determinado á presentarla en este lugar. Fungar indicis partibus , atque etiam quo ordine sint scripti, notum tibi faciam. Est enim hæc quoque non injucunda cognitio, aprendia yo en las cartas del elegante Plinio (1). Siguiendo, pues, su dictámen, colocaré aquí por órden cronológico una serie de estos autores.

AUTORES DE LA TRASLACION Á SALAMANCA QUE, POR LOS PRINCIPIOS HASTA AQUÍ ESTABLE

CIDOS, RESULTAN IMPUGNADOS.

La universidad de Salamanca presenta en sus claustros dos inscripciones latinas, la una en prosa , la otra en verso; la primera para anunciarnos el origen de aquellos célebres estudios por el Rey D. Alonso IX de Leon á emulacion de los que fundó en Palencia D. Alonso VIII de Castilla, su primo, el año 1200 (que tal es el año que señala); y la segunda para decirnos la union é incorporacion de los palentinos, ó á lo menos de sus rentas, con los salmanticenses, actuada posteriormente por San Fernando en un tiempo que no señala, pero celebra la accion, corriendo á manera de elogio por la testera de una pintura suya.

Esta no me acuerdo la haya estampado ningun autor; la otra se halla repetidísima en los mas que de doscienlos años á esta parte han tratado del principio de aquellas escuelas. Copiáronla Francisco de Pisa, Gil Gonzalez en una y otra obra de la Historia municipal, y Teatro

(4) Epist. V, lib. 3.

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