Imágenes de página
PDF
ePub

a parandol bien, ca 'era muy bien menester. E estando en « Palencia falló y muchos querellosos, enderezólos bien « ante que ende salió, é mató y muchos malfechores."

Acaso los autores á vista de este suceso creyeron que los bullicios palentinos fuesen dimanados de los estudiantes, y trabaron de ahí la especie de haber extinguido San Fernando los estudios en Palencia y trasladádolos a Salamanca ; pero si semejante principio ha sido sú fundamento, se convence su engaño de que posteriormente en 1243 existian allí por testimonio del arzobispo D. Rodrigo.

Lo que no tiene duda es que estos disturbios palentinos que habian ya empezado por los años 1190 (1), se tiraron á oprimir en diferentes ocasiones por medio de algunas concordias, en que intervinieron los mismos Reyes, yéndoles tanto en la tranquilidad de una ciudad de los primeros respelos en Castilla. Pero con la misma facilidad las volvian á romper los ciudadanos y el clero siempre mal avenidos, hasta que por fin despues de haber tentado en vano el último medio el Rey D. Alonso el Sabio, por instrumento en Segovia de 19 de junio de 1256 (que tengo presente), se consiguió en tiempo de su hijo D. Sancho el Bravo y del obispo D. Juan Alonso su tio (que así le llama el) por virtud de una sentencia arbitraria , que dieron en el mismo Palencia á 20 de marzo de 1283 D. Juan, obispo de Calahorra, D. Juan Alvarez, mayordomo mayor de la Casa de este Rey, entónces Infante y Gobernador del reino en sublevacion á su padre, D. Fernan Perez, dean de Sevilla y de Palencia,

(1) Véanse los documentos que alega Pulgar, lib. y lom. 2, página 244 y 317, col. 2.

y Gomez García, canónigo de Toledo; la cual confirmó D. Sancho por carta de dos dias despues allí en el 22, en la cual expidió inserta la que he citado de su padre Don Alonso, y en esta se hallan vertidos de latin en romance los fueros que dió al pueblo y ciudad de Palencia su obispo D. Raymundo el 2.o, en 21 de agosto de 1181. De todos los cuales documentos de mi propia adquisicion, ninguna noticia tuvo el doctor Pulgar, y deben agregarse á los que él cita.

Ahora, pues, eslo supuesto, digo de este modo: si en estas discusiones los estudiantes de Palencia se pusieron de parte de la iglesia, como es muy verosímil, por ser los estudios procedidos de ella y de su cargo, gobierno y regencia, he aquí un motivo mas para que hubiesen incurrido en la indignacion del senado y pueblo Palentino, y tirado este á extirparlos, mirando en e otros tantos enemigos, y no los menos temibles por su número, su intrepidez y su mas fácil inquietud.

Aun cuando la gente estudiantina se mantuviese indiferente, sin adherir á partido, era preciso se derramase, porque Marte y Minerva nunca han hecho buena union, nunca podido habitar bajo de unos mismos techos, siendo consiguiente que en los pueblos que reina la inquieiud, se destierren las musas, amantes del sosiego y enemigas del estruendo y furor militar del duro Marte, que tanto las incomoda. Pudieron , pues, fallar desde entónces; nadie dirá que esta no sea una conjetura muy racional, y que no pocas veces ha comprobado la expericncia.

Accedió en este intermedio otro tercer motivo, á que alguno podria atribuir la ruina de las escuelas palentinas. Este fué aun de mas negro aspecto. La herejía de los albigenses que habia picado en Leon, tocó tambien en Palencia y hizo allí sus incomodidades: Testigo de vista D. Lúcas de Tuy, entonces diácono de Leon, y presenle en aquella ciudad, en sus libros contra ellos, publicados por el P. Mariana , donde habla de lo que en esta ocasion padecieron ambas ciudades (1); como tambien una carta del papa Gregorio X que cita Raynaldo dirigida al obispo de Palencia, D. Tello, para que absuelva y admita á la reconcilacion á los que han abjurado (2). Pero este suceso á buena fe (á no ser que hubiesen quedado algunas reliquias posteriores fué con anterioridad en tiempo de San Fernando y del obispo D. Tello por los años 1236 y 37, y ya hemos visto que lejos de haber trastornado, no interrumpió el curso de los estudios de Palencia; ántes bien entonces seria cuando ellos se mostrasen en su mayor explendor, manifestando la potencia y saber de sus doctores, como arguye el hecho de que extirpada ya aquella plaga , permanecian en 1243 dignos de la memoria del arzobispo de Toledo, metropolitano de Palencia y primado de España.

Otro motivo se presenta, y para mí mas verosímil, en la introduccion de las dos grandes religiones de Santo Domingo y San Francisco en Palencia, que se verificó en este intermedio, con la fundacion de sus conventos. El de San Francisco se fundó el año 1246 el mismo dia de - la muerte del obispo D. Tello, y á pasos lentos fué creciendo cada dia mas. El de Santo Domingo habia tenido principio por este Santo Patriarca el año 1249 en esta

(1) Lib. 3, cap. 9, extractado en esta parte por Pulgar cit. libro y tom. 2, pág. 304 á 307, y por el M. Risco en el tom. 35 de la Esp. Sagr., pág. 295, 296, 301, 302 y 304 á 307.

(2) Ap. Pulgar alli cit. pág. 304, col. 1.

ciudad de sus antiguos estudios. Pero tardó en avenirse con el Obispo y Cabildo, grandemente discordes con los religiosos, por la admision de entierros de feligreses en su iglesia y derogacion de derechos parroquiales, sobre que tuvieron por largo tiempo terribles encuentros, hasta llegar el obispo á fulminar excomuniones. De modo que uno de los encargos que trajo á España el Cardenal Legado, obispo de Sabina, Juan de Abbeville, de órden del papa Gregorio IX, el año 1228, cuando presidió el cuarto concilio de Valladolid , fué ver como podia concordar estas disensiones palentinas demasiadamente enardecidas, y no poco funestas a la salud espiritual de las almas, y al ejemplo y edificacion de los fieles. No obstante, duraron hasta 17 de agosto de 1237, en que el papa Alejandro IV dió la última resolucion, permitiendo al convento los entierros, salva la canónica porcion de las parroquias (1). Y desde entonces vivieron en paz los religiosos y quedaron bien aceplos en Palencia; sus cosas crecieron y fueron cada dia en mayor prosperidad. Bien que aun ántes de esto ellos pudieron serlo, viendo lo mucho que habian trabajado en Leon con su predicacion y letras, no menos que los franciscos (2), para reprimir aquella pestífera heregia de que hablamos, lo que tambien harian en Palencia, habiendo tocado en esta ciudad los amagos de una infeccion tan incómoda.

Hé aquí como de este modo el mayor fervor de las

(1) Consta todo de los documentos del convento que exhiben Monopoli y Pulgar, aquel en su 3.° Parte de la Hist. de la Orden, cap. 33, y este en la de Palenc., lib. y tom. 2. pág. 320 á 326.

(2) Véase el elogio que hace por ello á las dos religiones D. Lúcas de Tuy, testigo presencial, extractado por Risco, tom. 35, página 305, col, 2.

(los religiones en Palencia viene al justo con el tiempo preciso, en que faltan allí los estudios públicos. Con cuyo motivo, si ellos por ventura á esta ocasion se hallaban ya extinguidos, ó lan decadentes como puede muy bien creerse, despues que faltó su sostenedor el celoso obispo D. Tello, que se considerase difícil su restauracion, pudieron tenerse por excusados, habiendo ya dos nuevas escuelas de letras en estos conventos, con que pudiesen suplirse de algun modo, y á menos costa, á mas de lo difícil que se representaria balancear hacia los gimnasios de Palencia la concurrencia que entre tanto fué ladeando hacia los de Valladolid, y Salamanca, ciudades donde no habia, ó á lo menos no se sabe que hubiese, las sempiternas inquietudes que en aquella.

En efecto, una parte del instituto de estas religiones, en especial de la dominica, fué para tener escuelas y enseñar las artes á la juventud, como no falta quien lo asegure, y el efecto mismo lo dice en las mas de sus casas. Y así entre muchos ejemplos que pudiéramos citar, Francisco Cascales en su Historia de Murcia, pág. 335, col. 2, de la nueva edic., cuando nos da las principales funciones del convento de Santo Domingo de aquella ciudad, restablecido en 1272, asegura que “recien fundada esla « casa hubo (en ella) estudio general de artes y theologia, « y de lenguas arábiga y hebrea, porque comodamente « pudiesen predicar a los moros y judíos.”

Judios y nioros en todas nuestras ciudades los teniamos, bien que de paz. Y aunque allí cargaba mas el motivo, por ser pueblo de frontera , con los moros rebeldes y cnemigos, á los cuales pasarian á predicar los religiosos, todavía los que vivian tierra adentro en lo interior del reino, no dejarian de prevenirse con igual instruc

Dro

« AnteriorContinuar »