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que tenemos de los célebres estudios palentinos. Despues de esta época, alto silencio de ellos en todos los autores, en todos los archivos que hemos visto, en todas las memorias consultadas con cuidado. Solo sabemos por el do. cumento que despues se alegará, que en 1263 se hallaban ya extinguidos, pretendiéndose entonces restaurarlos en aquella ciudad, bien que tampoco se logró. Y ellos sin duda tienen aquí su última memoria, porque pujantes ya los de Valladolid y Salamanca, que en el intermedio fueron tomando mas incremento, por ventura no se consideraron necesarios mas estudios que estos en Castilla y Leon.

Pero señalar á punto fijo el año y motivo de su extincion, es muy difícil en tanto silencio y obscuridad de las memorias de aquel tiempo conjuradas todas en callar un suceso tan memorable. La época de su exterminio se ha de fijar en los veinte años que van desde el de 1213 al de 1263; mas este espacio es de demasiados ensanches para atinar con el de la efectiva fatalidad de estas escuelas.

Lo verosímil es que á lo menos en dias del obispo D. Tello, su fundador y patrono, no acabarian; porque quien puso tantos esfuerzos para su elevacion y mayor incremento bajo de Alonso VIII, y despues para el de su restauracion y exenciones en el IV concilio de Valladolid de 1228, no se hace creible que por su propio pundonor faltase á sostenerlos en el resto de sus años.

Murió este prelado en 1246, tres años despues del testimonio que hemos visto de su existencia. Con que hasta

(1) Consta de los privilegios que alega Pulgar en el cap. 16 del lib. y tomo 2.', pág. 316, col. 1."

ese liempo no debió ser el término faial de estas escuclas, que por ventura á falta de otros medios, él habia sostenido con sus propias rentas; porque en sus dias no se verificase la deficiencia de sus propias hechuras.

La corta vida de sus sucesores D. Rodrigo, D. Pedro y D. Fernando parece no ofrece proporcion para que hubiesen hecho lo mismo, porque no tuvieran tiempo suficiente. Nuestro D. Tello aun era vivo en 4 de enero de dicho año 46; pero en 15 de mayo siguiente, ya tenia sucesor al obispo D. Rodrigo Rodriguez, que duró en la cátedra por espacio de ocho años hasta fin del de 1254, en cuyo dia penúltimo 30 de dicienībre, se cuenta ya vacante en los privilegios Reales la iglesia de Palencia, y lo continuó hasta 28 de febrero del año inmediato 55, en que confirma ya el obispo D. Pedro (1): pero este prelado duró poco en la silla, volviendo á contarse vacante en 14 de abril del siguiente 56, bien que luego en 30 del mayo próximo, ya firmaba obispo electo de Palencia D. Fernando, notario del Rey (2), que conlinuaba en 1263, al tiempo de la pretension para el restablecimiento de los estudios, que no tuvo efecto, como se ha ofrecido decir, y se dirá de aquí á poco. Por lo mismo, no me persuado que su extincion hubiese sido en dias de este último prelado, pues quien hacia esfuerzos para restablecer los arruinados, seguramente no hubiera permitido dejarlos arruinar en sus dias. Y así queda ya mas circunscrita y limitada la época de su fatalidad al decenio corriente entre 1246 y 1256.

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Mas ahora, dejando incierto en ese espacio el año puntual por falta de memorias , pasemos á discurrir sobre las causas que pudieron concurrir para una pérdida tan lamentable.

CAUSAS A QUE PUDIERA ATRIBUIRSE LA RUINA DE ESTOS ESTUDIOS.

Ninguno de nuestros escritores señala alguna determinadamente, porque las que dicen de traslacion á Salamanca y Valladolid, esas van á falsificarse, y en parte lo quedan ya. En esta calma yo encuentro muchas, á cada una de las cuales pudiera muy bien atribuirse un suceso tan adverso. Cierto las escuelas de Palencia, segun los frangentes de continuas alteraciones que padecieron, ya existentes hoy, ya inexistentes mañana, ya ahora en elevacion, ya luego en decadencia, parece fueron inventadas por ludibrio y juguete de la fortuna. El doctor Pulgar, historiador propio de Palencia, en los manuscritos del doctor Alvar Gomez de Castro, toledano doce tísimo, halló este motivo : Algunos cuentan que los recinos, por cierto adulterio de un estudiante , malaron muchos de ellos una noche cada uno en su casa 1). Si esto fuese cierto es verosímil que los demás echasen á buir, y que de este modo aquellas escuelas quedasen despobladas. Y mas si acaso los ciudadanos del infimo pueblo, afrentados de esta accion, se conjuraron entre sí para no permitirlo; cosa muy análoga á las costum bres de aquel tiempo. Regularmente en los pueblos es

(1) Lib. y tom. 2.", pág. 283, col. 2.

Tomo XS.

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colásticos sucedian hasta nuestros dias semejantes desÓrdenes, por la demasiada libertad y desenfreno de la gente estudiantina, que a veces se extendió hasta impedir la administracion de justicia, alborotar los pueblos y ponerlos en facciones: motivo de que se les bayan ido cercenando sus fueros, hasta reducirlos á cierto órden de moderacion en que hoy los vemos. Cod cuya experiencia ya D. Alonso el Sabio en sus Partidas habia decretado algunas providencias convenientes para atajar tales bullicios. Véase la ley VI al fin, tít. 31, Partida 2.", y de paso se volverá otra vez á hacer concepto de que los salmaticenses no eran los únicos grandes estudios que á la sazon habia en el reino, y convenia moderar por las leyes, dándoles regla general en ciertos puntos. Y como al tiempo que ellas se escribieron , entre los años 1256 y 1263, suponemos ya extinguidos los de Palencia, es de necesidad entender en la mente de las leyes las de Valladolid, y acaso otros que se nos ocullan y aparecerán cuando menos se piense, así como ha aparecido la mayor antigüedad de los nuestros, que antes no se sabia, é iba jugada entre la borrasca de opiniones altercadas. De modo que por lo que toca á los de nuestra ciudad, aun cuando no tuvieran los testimonios é inducciones de existencia, que ya he puesto, seria necesario suponerlos por las citadas leyes de Partidas. Vuelvo á rogar á los lectores de entendimiento, que las combinen y mediten, y que reflexionen bien este punto, de que hasta ahora tampoco se habia hecho misterio, ni aun siquiera ofrecidose á los nuestros á la imaginacion, para que se vea cuales han andado nuestras cosas, y a que manos hemos confiado las primeras y mas gloriosas importancias de la nacion.

Otra causa hubo en Palencia por este tiempo que pudiera muy bien haber desterrado de allí los estudios por sí sola, cuando no hubiera otra. Esta fué las sempiternas turbaciones que reinaron en aquella ciudad y duraron casi por espacio de un siglo, cuando mas, cuando menos encendidas entre la gente del pueblo v su gobierno, y la iglesia y sus obispos, en razon del señorío de la ciudad, ejercicio de la jurisdiccion, nombramiento de justicias, legislacion de fueros, cobranzas de pechos y tributos, excusados del cabildo y otras muchas relaciones que tocaba en lo íntimo de la libertad pública y constitucion política de tan antigua, tan noble y tan principal ciudad. Y sin embargo el obispo y clero de la iglesia mayor pretendian tocarles todo este globo por virtud de los antiguos privilegios de restauracion y sucesivas mercedes de los Reyes, extendiéndolos sin duda mas allá del renglon eclesiástico á que los de bieran haber reducido sanamente entendidos. Todo lo cual ocasionó en Palencia por muchas ocasiones grandes y funestos alborotos, parcialidades y bandos, basta llegar á armarse el un partido contra el otro y venir á las manos, dándose batallas escandalosas y sangrientas.

Que en Palencia se hubiesen verificado por este tiempo algunas alteraciones tumultuarias, á cuya pacificacion necesitó concurrir la persona misma del Santo Rey Don Fernando, consta del informe que nos hace la Crónica general escrita de órden de su hijo ; la cual en la IV Part. , fol 413, col. 3, entre los sucesos del año 1239 ó 40, nos anuncia el siguiente.

“El Rey D. Fernando fincando en Burgos doliente, « pues que se sintió guarido, salió de Burgos é comenzó ann an lar por la tierra faciendo justicia, é castigandol é

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