Imágenes de página
PDF
ePub

Santa María (como antes dije, hoy la Antigua) le hizo formal renuncia, y que el Reino en acto continuo le proclamase y elevase al trono, como así se ejecutó con grandes funciones (1), reservándose ella únicamente el señorío de Valladolid, y sonar en los privilegios del hijo de cierto modo respetuoso, á que parece se arregló el formulario, y es indefectible en todos los de su tiempo mientras vivió. Cum assensu et beneplacilo genitricis meæ Reginæ Domina Berengariæ, etc.

Exaltado, pues, nuestro San Fernando al trono por cesion de su noble madre, ya haya sido en el dia 1.o de julio, si es segura esta memoria, é ya en todo caso no muchos dias despues de la muerte de su tio D. Enrique, y no haciendo mientras ella vivió cosa que no fuese de su agrado ó con su acuerdo, para empezar con buena mano, lo primero que hizo fué recibir un buen ministro. Recibió, digo, por su Canciller, que era el oficio entónces de mas peso y gravedad, y que requeria el hombre mas sabio y despejado que hubiese en toda la nacion, equivalente á lo que es hoy un secretario que despacha á la mano con el Rey, al sapientísimo (que así le llama su coetáneo el Tudense) D. Juan de Medina, natural de Búr

(1) El arzobispo D. Rodrigo, testigo de vista , en su historia de Reb. Hisp., lib. IX, cap. V, lo explica con las siguientes palabras: “ Sed extra portam Vallis Oleti educta multitudine extremorum Do« rii et Castellæ, ubi forum agitur, convenerunt, eo quod tantam « multitudinem domorum angustia non ferebat, et ibidem filio regnum « tradens, Infans Fernandus, de quo diximus, omnibus approbantia bus, ad Ecclesiam Sanctæ Mariæ ducitur, et ibidem ad Regni so«lium sublimatur , anno ætatis suæ decimo octavo, Clero et populo « decantantibus: Te deum laudamus, te Dominum confitemur. Et « ibidem omnes ei fecerunt homivium (homenaje) et fidelitatem « Regi debilam juraverunt. Et sic honore regio ad Regale Palatium « est reduclus."

gos, abad á la sazon de Santander. Tal se ve por los privilegios del Rey que autoriza ya con estos títulos el año inmediato 18, y aun en el siguiente 19. En el 20 le trasladaron á la abadía de Valladolid por tenerle mas cerca, y porque era esta la mayor pieza; eclesiástica que habia que dar en el reino despues de los obispados; y desde ese año suena en los privilegios Reales con dos títulos de abad de Valladolid y canciller del Rey hasta el de 1231, en que le promovieron a la silla de Osma, que rigió hasta el de 1241 en que le levantaron a la de Burgos, y de allí å la de Toledo por no haber ya mas en junio de 1247, por muerte del célebre arzobispo D. Rodrigo, y ahí murió muy grande de dias como un año solo de prelacía, en jolio del siguiente 1248, aunque siempre con retencion del cancelarato que hasta su muerte unió con todas estas dignidades.

Por todos estos ascensos y promociones, y principalmente por el empleo de canciller del Rey, que por entónces no se daba sino á hombres de mucha autoridad, muchas letras y sabiduría como que cargaba sobre él el mayor peso del despacho y era al lado del Rey como un ministro de Estado, un consejero nato, el mas próximo, el mas confidente, el mas metido en los arcanos, el de mas mano y disposicion, no se podrá negar que el abad D. Juan no fuese un hombre de mucho mérito, uno de los primeros talentos de la nacion y el que tuvo en su mano todas estas proporciones. Es menester considerar que la justicia la administraban y los empleos los proveian entonces un Rey santo y una Reina poco menos, cuyo grande elogio en el Tudense, testigo de vista, es que siempre procedian con consejo de varones sabios y cristianos. Habeal secum prudentissimus catholicos viros, quibus tam ipse quam maler totum suum consilium commiltebant (1).

Siendo, pues, entre estos consejeros el abad el mas íntimo por razon de su empleo, y á mas de esto el de mayor mérito y confianza, como parece por los grandes premios que le dieron, no se puede dudar que cuanto él propusiese, como conveniente, no lo adoptasen unos Reyes justos y que le merecian lal concepto. El sapientisimo D. Juan, abad de Valladolid, canciller del Rey, dice el Tudense, fundó nueva iglesia en su abadía, y gloriosamente la dotó con grandes posesiones, el cual promovido á Osma hizo allí lo mismo, edificando un templo majestuoso: Et sapientissimus Joanes Regis Fernandi Cancellarius ecclesiam Vallis olili fundavit, et mullis

possesionibus gloriosè dotavit. Hic tempore procedente · factus Episcopus Oxomensis ecclesiam Oxomensem opere magno construxit (2). No dijo mas cosas de él, porque cuando escribia esto en 1236 todavía quedaba en Osma.

Aun le debe mas la iglesia de Valladolid. Esta iglesia le debe que, aprovechando la ocasion de su gran valimiento y de unos Reyes propicios, la hubiese enriquecido con muchas Reales mercedes y privilegios. A él debe el de los portazgos; á él el haberla desembarazado del empeñado pleito de los de Tudela sobre el término de Tovilla , afianzándosele hasta con segunda ejecutoria del Rey; a él, en fin, otras muchas buenas resultas y todos los respetos que se mereció en sus dias.

(1) Hispan. illustrat. tomo 6.°, pág. 112, núm. 50.
(2) Ibidem. pág. 113, núm. 20.

SIGUE LA CONJETURA.

[ocr errors]

Ahora, pues, presupuestas todas estas noticias, reflexiono así. Si los estudios de Valladolid no empezaron desde el principio de esta iglesia , en ningun tiempo tuvo mejor proporcion de haberse hecho con ellos. Avivemos todas las razones de congruencia para persuadir la racionalidad de esta conjetura (que no pretendemos tampoco venderla por mas). Nosotros los hallamos corrientes cono á la mitad del reinado siguiente del hijo D. Alonso el Sabio, y con un origen que se conoce no empezaba entónces. ¿Qué cosa, pues, mas racional que ó suponerlos introducidos desde el principio ó admitirlos ahora? En esta época, todas las cosas tenemos favorables. Una Reina sabia, de quien dice el Tudense, pág. 109, haber sido adeo sapientissima, quod patris sapientia ad cam defluaisse videretur. Una Reina , Señora de Valladolid, y Señora que estima tanto serlo de una ciudad tan ilustre, que dejándose llevar al Conde regente del hermano todas las demás posesiones de villas y señoríos con que se halla, solo de Valladolid no quiere despojarse, por mas que aquel la incomoda. Un Rey que debe acordarse haber sido Valladolid y su iglesia el teatro donde vió la vez primera ceñida sobre sus sienes la corona, y una corona anticipada que no tenia por donde esperar tan pronto: que siente á cada momento repetirse en su corazon las aclamaciones patéticas de un pueblo obsequioso y feslejador que precede y allana con su ejemplo otros muchos en tantas seducciones como van esparciendo por el reino los Condes de Lara descontentos. Un Rey y una Reina que cuanto el uno quiere, quiere el otro, no pudier.do menos la Reina de querer el ornamento y mayor exalta

Tony XS.

го

cion de su ciudad propia , ni el hijo, que la ciudad propia de la madre y que ha de ser despues suya, no se eleve y caracterice: porque si Felipe II, como antes dije, por haberle dado cuna, y Alonso XI por haberle dado crianza , la exaltan al rango, aquel de ciudad y catedral, y este de universidad de estudios, no habia por donde fuese de menos memoria ni de menor correspondencia el Santo Fernando el Tercero, que se inicia aquí en la corona, que fecha aquí el origen de sus glorias, de todas sus felicidades. Pues aumentemos ahora la fortuna de un ministro tambien sabio. Jefe de la misma iglesia, y que en cuanto se ha ofrecido, ba hecho por ella sus deberes, nueva fábrica , nuevas dotaciones, adquisiciones, privilegios, defensas , etc.

Y digamos į si es posible que en un caso tal, con semejantes proporciones, un hombre de este carácter literato, y por lo mismo amante precisamente de las letras, habia de olvidar la enseñanza de ellas en Valladolid ? ¿Habia de olvidar, digo, un recurso que á mas de ser por naturaleza y disciplina de instituto eclesiástico, el mismo se recuerda nacido con la propia humanidad ? Cum certa sit regula , como decia muy bien el cardenal Palavicini, in omni Republica lales haberi cives quales educantur (1). Ya veremos que ideas despertaron los PP. del IV concilio de Valladolid de 1228, siendo uno de ellos D. Juan, acerca de la promocion de los estudios públicos de nuestra Castilla.

Pues ya por esto mismo ¿qué no darémos algun papel en esta escena á los mismos ciudadanos? Tantos ciudadanos nobles, tanta gente ilustre, tanto número de

(1) Hist, Concil. Trident., lib. 21, cap. 8, núm. 3.

« AnteriorContinuar »