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CARTAS DB eiwalco*; y cómo estaban en una provincia, treinta leguas del dicho puerto, que se dice Tuchitebeque, y de todas las cosas que yo en la tierra habia hecho en servicio de vuestra alteza, y las ciudades y villas que yo tenia conquistadas y pacificas, y de aquella gran ciudad de Temixtitan, y del oro y joyas que en la tierra se habian habido; é se habia informado dellos de todas las otras cosas que me habian sucedido; é que á ellos les I i.il ía enviado el dicho Narvaez á la dicha villa de lu Vera-! cruz , á que si pudiesen, hablasen de su parte á los que cu cílu estaban, y los atrajesen á su propósito, y se le- jvantasen contra mi; y con ellos me trajeron mas de cien cartas que el dicho Narvaez y los que con él estaban enviaban á los de la dicha villa, diciendo que diesen crédito á lo que aquel clérigo y los otros que iban con él,de su parte les dijesen; y prometiéndoles que si asi lo hiciesen, que por parte del dicho Diego Velazquez, y dél en su nombre, les serian hechas muchas mercedes; y los que lo contrario hiciesen, habian de ser muy mal tratados; y otras muchas cosas que en las dichas cartas se contenian, y el dicho clérigo y los que con él venian dijeron. E casi junto con estos vino un español de los que iban á Quaca cuico concartas del capitan,que era un Juan Velazquez de Leon; el cual me facia saber como la gente que habia llegado al puerto era Panfilo de Narvaez-, que venia en nombre de Diego Velazquez, con la gente que traian, y me envió una carta que el dicho Narvaez le habia enviado con un indio, cuno á pariente del dícuo Diego Velazquez y cuñado del dicho Narvaez, en que por ella le decía cómo de aquellos mensajeros mios habia sabido que estaba alli con aquella gente, y luego se fuese con ella á él, porque en ello haria lo que cumplia y lo que era obligado á sus dendos, y que bien creia que yo le tenia por fuerza; y otras cosas que el dicho Narvaez le escribia; el cual dicho capitan, cómo,mar obligado al servicio de vuestra majestad, no solo dejó de aceptar lo que el dicho Narvaez por su letra le decia, mas aun luego se partió, después de me haber enviado la carta, para se venir á juntar con toda la gente que tenia conmigo, li despuésde me haber informado de aquel clérigo, y de los otros dos que con él venian, de muchas cosas, y de la intencion de los del dicho Diego Velazquez y Narvaez, y de cómo se habian movido con aquella armada y gente contra mi, porque yo habia enviado la relacion y cosas desta tierra á vuestra majestad, y no al dicho Diego Velazquez, y como venian con dañada voluntad para me matar á mi y á muchos de los de mi compañia, que ya desde allá traian señalados. Esupe asimismo cómo el licenciado Figueroa, juez de residencia en la isla Española, y los jueces y oficiales de vuestra alteza que en ella residen, sabido por ellos cómo el dicho Diego Velazquez hacia la dicha armada, y la voluntad conque la hacia, «instándolesel daño y deservicio que de su venida á vuestra majestad podia redundar, enviaron al licenciado Lúeas Vazquez de Ayllon, uno de los dichos jueces, con su poder, a requerir y

'Rio de Guasacualco y Tuchitepec, de que arriba se hizo mentiaa.

'Par» que fuese mas maravillosa la conquista permitio Dios 'i".- rt mayor riesgo le viniese i Cortes de otro español enemigo Mjy- .. ..

RELACION. 37-.mandar al dicho Diego Velazquez no enviase ta dlcha armada; el cual vino, y halló al dicho Diego Velazquez con toda la gente armada en la punta de la dicha isla Fernandina, ya que queria pasar, y que alli le requirió á él y á todos los que en la dicha armada venian, que no viniesen, porque dello vuestra alteza era muy deservido , y sobre ello les impuso muchas penas, las cuales no obstante, ni todolo por el dicho licenciado requerido ni mandado, todavia habia enviado la dicha armada; é que el dicho licenciado Ayllon estaba en el dicho puerto, que habia venido juntamente con ella, pensando de evitar el daño que de la venida de la dicha armada se seguia; porque á él y á lodos era notorio el mal propósito y voluntad conque la dicha armada venia; envié al dicho clérigo con una carta mia, para el dicho Narvaez, por la cual le decia cómo yo habia sabido del dicho clérigo y de los que con él habian venido, cómo él era capitan de la gente que aquella armada traia, y que holgaba que fuese él, porque tenia otro pensamiento, viendo que los mensajeros que yo habia enviado no venian; pero que pues él sabia que yo estaba en esta tierra en servicio de vuestru ulteza, me maravillaba no me escribiese ó enviase mensajero, haciéndome saber de su venida, pues sabia que yo habia de holgar con ella, asi por él ser mi amigo mucho tiempo habia, como porque creia que él venia á servirá vuestra alteza, que era lo que yo mas deseaba; y enviar, como habia enviado, sobornadores y carta de inducimiento á las personas que yo tenia en mi compañia, en servicio de vuestra majestad, para queso levantasen contra mi y se pasasen á él, como si fueramos los unos infieles y los otros cristianos, ó los unos vasallos de vuestra alteza y los otros sus deservidores; é que le pedia por merced que de alli adelante no tuviese aquellas formas; antes me hiciese saber la causa de su venida; y que me habian dicho que se intitulaba capitan general y teniente de gobernador por Diego Yelazquez, y que portal se habia hecho pregonar y publicar en la tierra; é que habia hecho alcaldes y regidores y ejecutado justicia; lo cual era en mucho deservicio de vuestra alteza y contra todas sus leyes; porque siendo esta tierra de vuestra majestad, y estando poblada desus vasallos, y habiendo en ella justicia y cabildo, que no se debia intitular de los dichos oficios, ni usar dellos sin ser primero á ellos recibido, puesto que para losejercer trujese provisiones de vuestra majestad. Las cuales sitraía, le pedia por merced y le requeria las presentase antemi y ante el cabildo de la Veracruz, y quo del. y de mi serian obedecidas como cartas y provisiones de nuestro rey y señor natural, y cumplidas en cuanto al real servicio de vuestra majestad conviniese; porque yo estaba en aquella ciudad, y en ella tenia preso á aquel señor, y tenia mucha suma de oro y joyas, asi de lo de vuestra alteza, como de los de mi compañia y mio; lo cual yo no osaba dejar, con temor que salido yo de la dicha ciudad, la gente se rebelase, y perdiese tanta cantidad de oro y joyas y tal ciudad, mayormente que perdida aquella, era perdida toda la tierra. E asimismo di al dicho clérigo una carta para el dicho licenciado Ayllon; al cual, segun después yo supe, al tiempo que el dicho clérigo llegó, habia prendido el dicho Narvaez y enviado preso cou des nuvios,.

El dio que el dicho clérigo se partió, me llegó un mensajero de los que estaban en la villa de la Veracruz, por el cual me hacian saber que toda la gente de los naturales do la tierra estaban levantados y hechos con el dicho Narvaez, en especial los de la ciudad de Cempoal y su partido; y que ninguno dellos queria venir á servir á la dicha villa, asi en la fortaleza como en las otras cosas en que solian servir; porque decian que Narvaez les habia dicho que yoeramalo,y queme venja á prender á mi y á todos los de compañia, y llevarnos presos y dejar la tierra; y que la gente que el dicho Narvaez traia ora mucha, y la que yo tenia poca. K que él traia muchos caballos y muchos tiros, y que yo tenia pocos, y que querian ser á viva quien vence. E que tambien me rucian saber que eran informados de las dichos indios, que el dicho Narvaez se venia á aposentará la dicha ciudad de Ccmpoal, y que ya sabia rtián cerca estaba de aquella villa; y que creian, segun eran informados del mal propósito que el dicho Narvaez contra todos traia, que desde alli venia sobre ellos, y teniendo de su parte los indios de la dicha ciudad, y por tanto me h::cian saber que ellos dejaban la villa sola por no pelear con ellos; y por evitar escándalo se subian 4 la sierra á causa de un señor, vasallo de vuestra alteza y amigo nuestro; y que alli pensaban estar hasta que yo les enviase á decir lo que ficiesen. E como yo vi el gran duño que se comenzaba á revolver, y cómo la tierra se levantaba á causa del dicho Narvaez, parecióme que con ir yo donde él estaba se apaciguaria mucho, porque viéndome los indios presente, no se osarian á lovantar. Y tambien porque pensaba dar órden con el diclio Narvaez cómo tan gran mal como se comenzaba cesase. E asi, me parti aquel mismo dia, dejando la fortaleza muy bien bastecida de maiz y de agua, y quinientos hombres dentro dolia y algunos tiros de pólvora. E con la otra gonte que alli tenia, que serian hasta setenta hombres, segui mi camino con algunas personas principales de los del dicho Muteczuma. AI cual yo, antes que me partiese, hice muchos razonamientos, diciéndole que mirase que él era vasallo de vuestra alteza, y que agora habia de recibir mercedes de vuestra majestad por los serviciosque le habia hecho; y que aquellos españoles le dejaba encomendados con todo aquel oro y joyas que él me habia dado y mandado dar para vuestra alteza; porque yo iba & aquella gente que alli habia venido, á saber qué gente era, porque hasta entonces no lo habia sabido, y creia que debia ser alguna mala gente, y no vasallos de vuestra alteza. Y él me prometió de los hacer proveer de todo lo necesario, y guardar mucho todo loque alli le dejaba puesto para vuestra majestad, y quo aquellos suyos, que iban conmigo, me llevarian por camino que no saliese de su tierra, y me harian proveer en él de todo lo que hobicsen menester, y que me rogaba, si aquella fuese gente mala, que se lo ficiese sabor,-porque luego proveeria mucha gente de guerra, para que fuesen á pelear con ellos y echarlos fuera de la tierra. Lo cual lodo yo le agradeci, y certiüqué que por ello vuestra alteza lo mandaria hacer muchas mercedes, y le di muchas joyas y ropas á él y á un hijo suyo, y á muchos señores que estaban con él ú la sazou. Y en una ciudad que se

dice Chururtecol , topé á Juan Velazquez, capitan que, como he dicho, enviaba Quacucallo, que con toda la gente se venia, y sacados algunos que venian mal dispuestos, que envié ú la ciudad, con él y con los demás segui mi camino, y quince leguas adelante de Chururtecal topé aquel padre religiosó de mi compañias, que yo habia enviado al puerto á saber qué gente era la del armada que alli habia venido. El cual me trujo una carta del dicho Narvaez, en que me decia que el traia ciertas provisiones para tener esta tierra por Diego Velazquez ; quo luego fuese donde él estaba á las obedecer y cumplir, y que él tenia hecha una villa y alcaldes y regidores. E del dicho religioso supe cómo habian prendido al dicho licenciado Ayllon, y á su escribano y alguacil, y los habian enviado en dos naviós, y cómo allá le habian acometido con partidos, para qué él atrajese algunos de los de mi compañia que se pasasen al dicho Narvaez; y cómo habian hecho alarde delante dél y de ciertos indios que con él iban, de toda la gente, asi de pié como de caballo, y soltar el artillería que estaba en los navios y la que tenian en tierra, á fin de los atemorizar; porque le dijeron al dicho religioso: u Mirad cómo os podeis defender de nosotros, si no haceis lo que quisiéremos.» E tambien me dijo cómo habia hallado con el dicho Narvaez á un señor natural desta tierra, vasallo del dicho Muleczuma, y que le tenia por gobernador suyo cu toda su tierra de los puertos hacia la costa de la mar; y que supo quo al dicho Narvaez le habia hablado de parte del dicho Muteczuma, y dádolé ciertas joyas de oro; y el dicho Narvaez le habia dado tambien á él ciertas cosillas; y qué supo que habia despachado de alli ciertos mensajeros para el dicho Muteczuma , y enviado á le decir que el le soltaria, y que ve-1' tría á prenderme á mi y á todos los de mi compañia, ó irse luego y dejar la tierra3; y que él no queria oro, sino, presoyb y los que conmigo estaban, volverse y dejar la tierra y sus naturales dolia en plena libertad. Finalmente , que supe que su intencion era de se aposesionar en la tierra por su autoridad, sin pedir que fuese reci Ludo de ninguna persona; y no queriendo yo ni los de mi' compañia tenerle por capitan y justicia en nombre del dicho Diego Velazquez, venir contra nosotros y tomarnos por guerra; y que para ello estaba confederado con los naturales de la tierra, en especial con el dicho Muleczuma, por sus mensajeros; y como yo viese tan ma-. inliesto el daño ydeservicio que á vuestra majestad de lo susodicho se podia seguir, puesto que me dijeron el gran poder que traia; y aunque traia mandado de Diego Velazquez que á mi y ciertos de los de mi compañia que venian señalados, que luego que nos pudiese haber nos ahorcase, no dejé de me acercar mas á el, creyendo por bien liacclle conocer el gran deservicio que á vuestra alteza hacia, y poderle apartar del mal propósito y dañada voluntad que traia; é asi segui mi camino; y quince leguas antes de llegará la ciudad de Cempoal,

• Cholula.

* El padre Olmeda.

'< De estas expresiones <li- Narvaez se infierc evidentemente que el haberse movido los indios conira Cortes y apañado de la obediencia á nuestro soberano, la principal causa fuú Narvaez, y et origen de la perdicion de tantas almas.

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* ta ludo *c i'uriú Cortes coma leal vasallo jcon licuor y valor.

RELACION. 39tanto no se nombrase capitan ni justicia, ni se entrometiese en cosa alguna de los dichos oficios, so cierta pena que para ello le impuse. E asimismo mandaba, y mandé por el dicho mandamiento á todas las personas que con el dicho Narvaez estaban, que no tuviesen ni obedeciesen al dicho Narvaez por tal capitan ni justicia; antes dentro de cierto término, que en el dicho mandamiento señalé, pareciesen ante mi, para que yo les dijese loque debian hacer en servicio de vuestra alteza, con protestacion que, lo contrario haciendo, procederia contra ellos como contra traidores y aleves y malos vasallos, que se rebelaban contra surey, y quieren usurpar sus reinos y señorios, y darlas y aposesionar dellas á quien no pertenecian, ni dellas ha accion, ni derecho compete. E que para la ejecucion desto, no pareciendo ante mi ni haciendo lo contenido en el dicho mi mandamiento, iria contra ellos á los prender y cautivar, conforme ájusticia. E la respuesta que desto hube del dicho Narvaez, fué prender al escribano y á la persona que con mi poder les fueron á notificar el dicho mandamiento, y tomarles ciertos indios que llevaban, los cuales estuvieron detenidos hasta que llegó otro mensajero que yo envié á saber dellos, ante los cuales tornaron á hacer alarde de toda la gente, y amenazar á ellos y á mi, si la tierra no les entregásemos- E visto que por ninguna via yo podia excusar tan gran daño y mal, y que la gente de naturales de la tierra se alborotaban y levantaban á mas andar, encomendándome á Dios, y pospuesto todo el temor del daño que se podia seguir, considerando que morir en servicio de mi rey, y por defender y amparar sus tierras, y no las dejar usurpar, á mi y á los de mi compañia se nosseguia farta gloria, di mi mandamiento á Gonzalo de Sando- val, alguacil mayor, para prender al dicho Narvaez y álos que se llamaban alcaldes y regidores; al cual di ochenta hombres, y les mandé que fuesen con él á los prender, y yo con otros ciento y setenta, que por todos eramos docientos y cincuenta hombres, sin tiro de pólvora ni caballo, sino á pié, segui al dicho alguacil mayor, para le ayudar si el dicho Narvaez y los otros quisiesen resistir su prision.

Y el dia que el dicho alguacil mayor y yo con la gente llegamos á la ciudad de Cempoal, donde el dicho Narvaez y gente estaba aposentada, supo de nuestra ida, salió al campo con ochenta de caballo y quinientos peones, sin los demás que dejó en su aposento, que era la mezquita mayor de aquella ciudad, asaz fuerte, y llegó casi una legua de donde yo estaba; y como lo que de mi ida sabia era por lengua de los indios, y no me halló , creyó que le burlaban, y volvióseá su aposento, teniendo apercebida toda su gente, y puso dos espias casi á una legua de la dicha ciudad. E como yo deseaba evitar todo escándalo, parecióme que seria el menos, yo ir de noche, sin ser sentido, si fuese posible, y ir derecho al aposento del dicho Narvaez, quejo y todos los de mi compañia sabiamos muy bien, y prenderlo; porque preso él, crei que no hubiera escándalo, porque los demás querian obedecer á la justicia, en especial que los demás dellos venian por fuerza, que el dicho Diego Velazquez les hizo, y por temor que no les quitase los indios que en la isla Feruaudina lenian. E asi fué que el din do pascua de Espiritu Santo, poco mas de media noche, yo di en el dicho aposento, y antes topé las diclías espias, que el dicho Narvaez tenia puestas, y la» que yo delante llevaba prendieron la una dolias, y la otra se escapó, de quien me informé do la manera que estaban ; y porque la espia que se habia escapado no llegase antes que yo, y diese mandado de mi venida, me di la mayor priesa que pude, aunque no pude tanta, que la dicha espia no llegase primero casi inedia hora. E cuando llegué al dicho Narvaez, ya todos los de su compañia estaban armados y ensillados sus caballos y muy á punto, y velaban cada cuarto docientos hombres; é llegamos tan sin ruido, que cuando fuimos sentidos y ellos tocaron al arma, entraba yo por el patio de su apostato, en el cual estaba toda la gente aposentada y junta , y tenian tomadas tres ó cuatro torres que en 61 habia , y todos los demás aposentos fuertes. Y en la una de las dichas torres, donde el dicho Narvaez estaba aposentado, tenia á la escalera della basta diuz y nueve tiros de fusileria. E dimos tanta priesa á subir la dicha torre, que no tuvieron lugar de poner fuego mas de un tiro, el cual quiso Dios que no salió ni hizo daño ninguno. E asi se subió la torre hasta donde el dicho Narvaez tenia su cania, donde él y hasta cincuenta hombres que con él estaban, pelearon con el dicho alguacil mayor y con los que con él subieron, puesto que muchas veces le requirieron que so diese á prision por vuestra alteza, nunca quisieron, hasta que se les puso fuego, y con él se dieron. Y en tanto que el dicho alguacil mayor prendia al dicho Narvaez, yo con los que conmigo quedaron defendia la subida de la torre á la demás gente que en su socorro venia, y fice tomar toda la artilleria, y mt fortaleci con ella; por manera que sin muertes de hombres, mas de dos que un tiro mató, en una hora eran presos todos los que se habian de prender, y tomadas las armas á todos los demás i, y ellos prometido ser obedientesá la justicia de vuestra majestad; diciendo que fasta alli habian sido engañados, porque les habian dicho que traian provisiones de vuestra alteza, y que yo estaba alzado con la tierra y que era traidor á vuestra majestad, é los habian hecho entender otras muchas cosas. E.eomo todos conocieron la verdad, y mala intencion y dañada voluntad del dicho Diego Velazquez y del dicho Narvaez, y como se babian movido con mal propósito, todos fueron muy alegres, porque asi Dios lo habia hecho y proveido. Porque certifico á vuestra majestad que si Dios misteriosamente esto no proveyera, y la victoria fuera del dicho Narvaez, fuera el mayor daño que de mucho tiempo acá en españoles tantos por tantos se ha hecho. Porque él ejecutara el propósito que traia y lo que por Diego Velazquez le era mandado, que era ahorcarme á mi y á muchos de los de mi compañia, porque no hubiese quien del fecho diese razon. E segun de los indios yo me informé , tenian acordado que si á mi el dicho Narvaez prendiese, como él les habia dicho, que no podria ser tan sin daño suyo y de su gente, que muchos dellos y de los de mi compañia no muriesen. E que entre tanto ellos matarian á los que jo en la ciudad dejaba, como lo

»lin esta accion de Cortos se maninesta sn valor y pericia militar, pues vena» unas dificultades insuperables.

acometieron. E después se juntarian, y darian sobre los que acá quedasen, en manera que ellos y su tierra quedasen libres, y de los españoles no quedase memoria. E puede vuestra alteza ser muy cierto que si asi lo ficieran y salieran con su propósito, de hoy en veinte afios no se tornara á ganar ni á pacificar la tierra, que estaba ganada y pacifica.

Dos dias después de preso el dicho Narvaez , porque en aquella ciudad no se podia sostener tanta gente junta , mayormente quo ya estaba casi destruida, porqu« los que con el dicho Narvaez cu ella estaban la habian robado, y los vecinos della estaban ausentes y sus casas solas, despaché dos capitanes con cada docientos hombres, el uno para que fuese á hacer el pueblo en el puerto de Cucicacalco*, que, como á vuestra alteza he dicho, antes enviaba á hacer; y el otro á aquel rio que los navios de Francisco de Caray dijeron que ha— Lian visto, porque ya yo le tenia seguro. E asimismo envié otros docientos hombres á la villa de la Veracruz, donde fice que los navio* que el dicho Narvaez traia viniesen. E con la gente demás me quedé en la dicha ciudad para proveer lo que al servicio de vuestra majestad convenia. E despaché un mensajero ó la ciudad de Temixtilan, y con él hice saber á los españoles que alli habia dejado, lo que me habia sucedido. El cual dicho mensajero volvió de ahi ó doce dias, y me trujo cartas del alcalde que alli habia quedado, en que me hacia saber cómo los indios les habian combatido la fortaleza por todas las parles della, y puéstoles fuego por muchas partes y hecho ciertas minas, y que se habian visto en mucho trabajo y peligro, y todavia los mataran, si el dicho Aluteczuma no mandara cesar la guerra; y que aun los tenian cercados, puesto qno no los combatian, sin dejar salir ninguno dellos dos pasos fuera de la fortaleza. Y que les habian tomado en el combate mucha parte del bastimento que yo les habia dejado, y que les habian quemado los cuatro bergantines que yo alli tenia, y que estaban en muy extrema necesidad, y que por amor de Dios los socorriese á mucha priesa. E vista la necesidad en que estos españoles estaban, y que si no los socorria, demás de los matar los indios, y: perderse lodo el oro3 y plato y joyas que en la tierra se habian habido, asi de vuestra alteza como de españoles y mios, se perdia la mejor y mas noble ciudad de todo lo nuevamente descubierto del mundo; y ella perdida, SO. perdia todo lo que estaba ganado, por ser la cabeza do todo y á quien todos obedecian. Y luego despache mensajeros á los capitanes que habia enviado con la gente, haciéndoles saber lo que me babian escrito do la gran ciudad, para que luego, dondequieraquelosalcanzasen, volviesen, y por el camino mas cercano se fuesen á la provincia de Tlascaltecal, donde yo con la gente estaba en compañia, y con toda la artilleria que pude y con setenta de caballo me fui á juntar con ellos, y alli juntos y hecho alarde, se hallaron los dichos setenta deca

* Cuasacunlco, . •' » Casi todo el oro y joyas que tenia Cortes y los espaitoles se perdieron , y cuando se gano a Mújico por tuerra, los indios todo lo arrojaron al agua, porque casi nada parecio; porque liios mostro en esto qnc la conquista mas babia sido por ganar las atmas que los metales..

CARTAS DE hallo y quinientos peones. E con ellos á la mayor priesa que pude me parti para la dicha ciudad, y en todo el camino nunca me salió á recibir ninguna persona del dicho Muteczuma, como antes lo solian facer, y toda la tierra estaba alborotada y casi despoblada; de que concebi mala sospecha, creyendo que los españoles que en la dicha ciudad habian quedado, eran muertos, y que toda la gente de la tierra estaba junta esperándome en algun paso ó parte donde ellos se pudiesen aprovechar mejor de mi. E con este temor fui al mejor recaudo que pude, fasta que llegue & la ciudad de Tesnacan i, que como ya he hecho relacion á vuestra majestad, está en la costa de aquella gran laguna. E alli pregunté á algunos de los naturales della por los españoles que en la gran ciudad habian quedado. Los cuales me dijeron que eran Vitos, y yo les dije que me trujesen una canoa, porque queria enviar un español á lo saber; y que en tanto que él iba, habia de quedar conmigo un natural de aquella ciudad, que parecia algo principal, porque los señores y principales della de quien yo tenia noticia, no parecia ninguno. Y él mandó traer la canoa, y envió ciertos indios con el español que yo enviaba, y se quedó conmigo. Y estándose embarcando este español para ír ú la dicha ciudad de Temixtitan, vió venir por la mar * otra canoa, y esperó á que llegase al puerto, y en ella venia uno de los españoles que habian quedado en la dicha ciudad, de quien supe que eran vivos todos, excepto cinco ó seis que los indios habian muerto, y que los demás estaban todavia cercados, y que no los dejaban salir de la fortaleza, ni los proveian de cosas que habian menester, sino por mucha copia de rescate; aunque después que de mi ida habian sabido, lo hacian algo mejor con ellos; y que el dicho Muteczuma decia que no esperaba, sino yo que fuese, para que luego tornasen á andar por la ciudad, como antes solian. Y con el dicho español me envió el dicho Muteczuma un mensajero suyo, en que me decia que ya creia que debia saber lo que en aquella ciudad habia acaecido, y que él tenia pensamiento que por ello yo venia enojado y traía voluntad dele hacer algun daño; que me rogaba perdiese el enojo, porque á él le habia pesado tanto cuanto á mi, y que ninguna cosa se habia hecho por su voluntad y consentimiento, y me envió á decir otras muchas cosas para me aplacar la ira que él creia que yo traia por lo acaecido; y que me fuese á la ciudad á aposentar, como antes estaba, porque no menos se haria en ella lo que yo mandase, que antes se solia facer. Yo le envié á decir que no traia enojo ninguno dél, porque bien sabia su buena voluntad, y que asi como él lo decia, lo hariayo.

E otro dia siguiente, que fué vispera de San Juan Bautista, me parti, y dormi en el camino, á tres leguas de la dicha gran ciudad; y dia de San Juan, después de haber oido misa, me parti y entré en ella casi á mediodia, y vi poca gente por la ciudad, y algunas puertas de las encrucijadas y traviesas de las calles quitadas, que no me pareció bien, aunque pensé que lo hacian de temor de lo que habian hecho, y que entrando yo, los

< Tezcaco.

< Por la laguna que llamaban mar, como en la Sagrada Escribira se llama mar la laguna de Tibcrias.

RELACION. 4Íaseguraria. E con esto me fui á la fortaleza, en la cual y en aquella mezquita mayor que estaba junto á ella 3, se aposentó toda la gente que conmigo venia; é los que estaban en la fortaleza nos recibieron con tanta alegria como si nuevamente les diéramos las vidas, que ya ellos estimaban perdidas; y con mucho placer estuvimos aquel dia y noche, creyendo que ya todo estaba pacifico. E otro dia después de misa enviaba un mensajero á la villa de la Veracruz, por les dar buenas nuevas de cómo los cristianos eran vivos, y yo habia entrado en la ciudad, y estaba segura. El cual mensajero volvió dende á media hora todo descalabrado y herido, dando voces que todos los indios de la ciudad venian de guerra, y que tenian todas las puentes alzadas; é junto tras él da sobre nosotros tanta multitud de gente por todas partes, que ni las calles ni azoteas se parecian con gente; la cual venia con los mayores alaridos y grita mas espantable que en el mundo se puede pensar; y eran tantas las piedras que nos echaban con hondas dentro en la fortaleza, que no parecia sino que el cielo las llovia, é las flechas y tiraderas eran tantas, que todas las paredes y patios estaban llenos, que casi no podiamos andar con ellas. E yo sali fuera á ellos por dos ó tres partes, y pelearon con nosotros muy reciamente, aunque por la una parte un capitan salió con docientos hombres, y antes que se pudiese recoger le mataron cuatro, y hirieron á él y á muchos de los otros; é por la parte'que yo andaba me hirieron á mi y á muchos de los españoles. E nosotros matamos pocos dellos, porque se nos acogian de la otra parte de las puentes, y desde las azoteas y terrados nos hacian daño con piedras, de las cuales ganamos algunas y quemamos. Pero eran tantas y tan fuertes, y de tanta gente pobladas , y tan bastecidas de piedras y otros géneros de armas, que no bastábamos para ge las tomar todos, ni defender, que ellos no nos ofendiesen á su placer. En la fortaleza daban tan recio combate, que por muchas partes nos pusieron fuego, y por la una se quemó mucha parte della, sin la poder remediar, hasta que la atajamos cortando las paredes y derrocando un pedazo, que mató el fuego. E si no fuera por la mucha guarda que alli puse de escopeteros y ballesteros y otros tiros de pólvora, nos entraraná escala vista sin los poder resistir. Asi estuvimos peleando todo aquel dia, hasla que fué la noche bien cerrada, é aun en ella no nos dejaron sin grita y rebato hasta el dia. E aquella noche hice reparar los portillos de aquello quemado, y todo lo demás que me pareció que en la fortaleza habia flaco; é concerté las estancias y gente que en ellas habia de estar, y la que otro dia habiamos de salir á pelear fuera, é hice curarlos heridos, que eran mas de ochenta.

Eluego que fué de dia, ya la gente de los enemigos nos comenzaba á combatir muy mas reciamente que el dia pasado, porque estaba tanta cantidad dellos, que losartillcros no tenian necesidad de punteria, sino asestar en los escuadrones de los indios. Y puesto que el artilleria hacia mucho daño, porque jugaban trece ar'Este es el sitio que hoy ocupan la sania iglesia mctrmpolilana, el palacio delos excelent'simos seüoresvircyes, y casas del estado del scQor marques del Valle. .• -.- , .'

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