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ó no, y que todavia me rogaba que no curase de ir á su tierra, porque era estéril,y padeceriamos necesidad, y que de donde quiera que yo estuviese le enviase á pedir lo que yo quisiese, y que lo enviaria muy complidamen- te. Yole respondi que la idaá su tierrano se podia excusar; porque habia de enviar dél y della relacion á vuestra majestad, y que yo creia lo que él me enviaba á decir; por tanto, que pues yo no habia de dejar de llegar á verle, que él lo hobiese por bien, y quenose pusiese en otra cosa, porque seria mucho daño suyo, é á mi me pesaria de cualquiera que le viniese. Y desde que ya vido que mi determinada voluntad era de vello a él y á su tierra, me envió á decir que fuese enhorabuena, que él me esperaria en aquella gran ciudad donde estaba, y envióme muchos de los suyos para que fuesen conmigo, porque ya entraba por su tierra; los cuales me querian encaminar por cierto camino' donde ellos debian de tener algun concierto para nos ofender, segun después pareció; porquelo vieron muchos españoles que yo enviaba después por la tierra. E habia en aquel camino tantas puentes y pasos malos, que yendo por él, muy á su salvo pudieran ejecutar su propósito. Mas como Dios haya tenido siempre cuidado de encaminar las reales cosas de vuestra sacra majestad desde su niñez, é como yo y los de mi compañia ibamosen su real servicio, nos mostró otro camino, aunque algo agrio *, no tan peligroso como aquel por donde nos querian llevar, y fué desta manera.

Que á ocho leguas desta ciudad de Churullecal estén dos sierras muy altas y muy maravillosas, porque en lui de agosto tienen tanta nieve,que otra cosa de lo alto dellas sino la nieve se parece; y de la una, que es la mas alta3, sale muchas veces, asi de dia como de noche, tan grande bulto de humo como una gran casa1, y sube encima de la sierra hasta las nubes, tan derecho como una vira, que, segun parece, es tanta la fuerza con que sale, que aunque arriba en la sierra anda siempre muy recio viento, no lo puede torcer; y porque yo siempre he deseado de todas las cosas desta tierra poder hacer á vuestra alteza muy particular relacion, quise desta, que me pareció algo maravillosa, saber el secreto, y envié diez de mis compañeros, tales cuales para semejante negocio eran necesarios, y con algunos naturales de la tierra que los guiasen, y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra, y saber el secreto de aquol humo de dónde y cómo salia. Los cuales fueron, y trabajaron loque fué posible por la subir, y jamás pudieron, á causa de la mucha nieve que en la sierra hay, y de muchos torbellinos que de la ceniza que de alli sale andan por la sierra, y tambien porque no pudieron sofrir la gran frialdad que arriba hacia 5; pero llegaron muy cerca de lo alto; y tanto, que estando arriba co

* Este camino era por Calpulalpa, y no quiso Cortés ir por él.

* El de Riofrio por el lado de la Sierra-Nevada.

* Este es el volcan de Méjico, y en la otra carta se dará mas noticia de los volcanes.

* El volcan es de fuego, y le ha vomitado algunas veces abrasando el monte y arrojando cenizas a muclia distancia. Los indios llamahan a este volcan Popocatepec o sierra que bornea.

ti A lo alto del volcan ninguno ha llegado, porque la nieve esta como espuma, y no sirve para llevar a Mejico, sino la de la otra sierra inmediata, que los gentiles creian era la mujer del Volcan, y por esto la llamaban Zihuallepce.

menzó á salir aquel humo, y dicen que salia con tanto impetu y ruido, que parecia que toda la sierra se caia abajo, y asi se bajaron, y trujeron mucha nieve y carámbanos para que los viésemos, porque nos parecia cosa muy nueva en estas partes, á causa de estaren parte tan cálida, segun hasta agora ha sido opinion de los pilotos. Especialmente que dicen que esta tierra está en veinte grados7, que es en el paralelo de la isla Española, donde continuamente hace muy gran calor. E yendo á ver esta sierra toparon un camino, y preguntaron á los naturales de la tierra que iban con ellos, que para dó iban, y dijeron que á Culúa7, y aquel era buen camino , y que el otro por donde nos querian llevar los de Culúa no era bueno. Y los españoles fueron por él hasta encumbrar las sierras, por medio de las cuales entre la una y la otra va el camino; y descubrieron los llanos de Culúa, y la gran ciudad de Temixtitan, y las lagunas que hay en la dicha provincia, de que adelante haré relacion á vuestra alteza, y vinieron muy alegres por haber descubierto tan buen camino, y Dios sabe cuánto holgué yo dello. Después de venidos estos españoles, que fueron á ver la sierra, y me haber informado bien, asi dellos como de los naturales, de aquel camino que hollaron, habló á aquellos mensajeros de Muteczuma que conmigo estaban para me guiar á su tierra, y les dije que queria ir por aquel camino, y no por el que ellos decian, porque era mas cerca. Y ellos respondieron que yo decia verdad, que era mas cerca y mas llano, y que la causa por que por alli no me encaminaban era porque habiamosde pasar una jornada portierra deGuasucingoS, que eran sus enemigos, porque por alli no teniamos las cosas necesarias, como por la tierra del dicho Muteczuma, y pues yo queria ir por alli, procurarian como por la otra parte saliesen bastimentos al camino. Easi, nos partimos con harto temor de que aquellos quisiesen perseveraren nos haceralguna burla; pero como ya habiamos publicado ser allá nuestro camino, no me pareció fuera bien dejarlo ni volveratrás, porque no creyesen que falta de ánimo lo impedia. Aquel dia que de la ciudad de Churultecal me parti, fui cuatro leguas á unas aldeas de la ciudad de Guasucingo9, donde de los naturales fui bien recibido, y me dieron algunas esclavas y ropa y ciertas piecezuelas de oro, que de todo fué muy poco; porque estos no lo tienen, á causa de ser de la liga y parcialidad de los tlascaltecas, y por tenjrlos, como el dicho Muteczuma los tiene, cercados con su tierra, en tal manera, que con ningunas provincias tienen contratacion mas que en su tierra, y á esta causa viven muy pobremente. Otro dia siguiente subi al puerto por entre las dos sierras que he dicho, y á la bajada dél, ya que la tierra del dicho Muteczuma descubriamos por una provincia della, que se dice Chalco, dos leguas antes que llegásemos á las poblaciones hallé un muy buen aposento nuevamente hecho, tal y tan grande, que muy cumplidamente todos los de mi compañia y yo nos aposentamos en él, aunque llevaba con

« Es cierto que todos colocan este pais i veinte grados de latitud. 'Méjico, a Gnajotingo. • Parece que es Guajoiingo.

migo mas de cuatro rail indios de los naturales destas provincias de Tascaltecal, y Guasucingo, y Churulteeal, y Cempoal, y para todos muy cumplidamente de comer, y en todas las posadas muy grandes fuegos y mucha leña, porque hacia muy gran frio, á causa de estar cercado de las dos sierras, y ellas con mucha nieve.

Aqui me vinieron á hablar ciertas personas que parecian principales, entre las cuales venia uno que me dijeron que era hermano de Muteczuma, y me trajeron Insta tres mil pesos* de oro, y de parte del me dijeron que él me enviaba aquello, y me rogaba que me volviese y no curase de ir á su ciudad, porque era tierra muy pobre de comida, y que para ir á ella hubia muy mal camino, y que estaba toda en agua -, y que no podia entrar á ella sino en canoas, y otros muchos inconvenientes que para la ida me pusieron. Y que viese todo lo que quería, que Muteczuma, su señor, me lo mandaria dar;y que asimismo concertarian de me dar en cada »ño certum quid, el cual me llevarian hasta la mar ó doBde yo quisiese. Yo les recibi muy bien, y les di algunas cosas de las de nuestra España, de las que ellos tenian en mucho, en especial al que decian que era hermano de Muteczuma, é á su embajada le respondi que si en mi mano fuera volverme, que yo lo hiciera por facer placer á Muteczuma; pero que yo habia venido en esta tierra por mandado de vuestra majestad, y que de la principal cosa que della me mandó le hiciese relacion, fué del dicho Muteczuma^ y de aquella su gran ciudad, de la cual y dél habia mucho tiempo que vuestra alteza tenia noticia; y que le dijesen de mi parte que le rogaba que mi ida á le ver tuviese por bien, porque della á su persona ni tierra ningun daño, antes pro, te te habia de seguir, y que después que yo le viese, si fuese su voluntad todavia de no me tener en su compaña, que yo me volveria; y que mejor dariamos entre él y mi órden en la manera que en el servicio de vuestra alteza él habia de tener, que por terceras personas, puesto que ellos eran tales, á quien todo crédito se debia dar; y con esta respuesta se volvieron. En este aposento que he dicho, segun las apariencias que para ello vimos y el aparejo que en él habia, los indios tuvieron pensamiento que nos podrian ofender aquella noche, y como ge lo senti puse tal recaudo, que conociéndolo ellos, mudaron su pensamiento, y muy secretamente hicieron ir aquella noche mucha gente que en los montes que estaban junto al aposento tenian junta, que por muchas de nuestras velas y escuchas fué vista.

Y luego siendo dedia, me parti á un pueblo que está dos leguas de alli,que se dice Amaqueruca*, que es de la provincia de Clialco, que terná en la principal poblacion, con las aldeas que hay á dos leguas dél, mas

de veinte mil vecinos, y en el dicho pueblo nos aposentaron en unas muy buenas casas del señor del lugar. E muchas personas que parecian principales me vinieron alli á hablar, diciéndome que Muteczuma, su señor, los habia enviado para que me esperasen alli y me hiciesen proveer de todas las cosas necesarias. El señor desta proviueia y pueblo me dió hasta cuarenta esclavas5 y tres mil castellanos; y dos dias que alli estuve, nos proveyó muy cumplidamente de todo lo necesario para nuestra comida. E otro dia, yendo conmigo aquellos principales que de parte de Muteczuma dijeron que me esperaban alli, me parti y fui á dormir cuatro leguas de alli á un pueblo pequeño que está junto á una gran laguna, y casi la mitad dél sobre el agua della, é por la parte de la tierra tiene una sierra muy áspera de piedras y peñas, donde nos aposentaron muy bien. E asimismo quisieran alli probar sus fuerzas con nosotros, excepto que, segun pareció, quisieran hacerlo muy á su salvo, y tomarnos de noche descuidados. E como yo iba tan sobre aviso, hallábanme delante de sus pensamientos. E aquella noche tuve tal guarda, que asi de espias que venian por el agua en canoas, como de otras que por la sierra abajaban á ver si habia aparejo para ejecutar su voluntad, amanecieron casi quince ó veinte que las nuestras las habian tomado y muerto. Por manera que pocas volvieron á dar su respuesta del aviso que veniun á tomar; y con hallarnos siempre tan apercebidos, acordaron de mudar el propósito y llevarnos por bien. Otro dia por la mañana, ya que me queria partir de aquel pueblo, llegaron fasta diez ó doce señores muy principales, segun después supe, y entie ellos un gran señor, mancebo de fasta veinte y cinco años, á quien todos mostraban tener mucho acatamiento, y tanto, que después de bajado de unas andas en que venia, todos los otros le venian limpiando las piedras y pajas del suelo delante él<í; y llegados donde yo estaba, me dijeron que venian de parte de Muteczuma, su señor, y que los enviaba para que fuesen conmigo, y que me rogaba que le perdonase porque no salia su persona á me ver y recibir, que la causa era el estar mal dispuesto; pero que ya su ciudad estaba cerca, y que pues yo todavia determinaba ir á ella, que allá nos veriamos, y conoceria dél la voluntad que al servicio de vuestra alteza tenia; pero que todavia me rogaba que si fuese posible, no fuese allá, porque padeceria mucho trabajo y necesidad, y que él tenia mucha vergüenza de no me poder allá proveer como él deseaba, y en esto ahincaron y porfiaron mucho aquellos señores; y tanto, que no les quedaba sino decir que me defenderian el camino si todavia porfiase ir. Yo les satisfice y aplaqué con las mejores palabras que pude, haciéndoles entender que de mi ida no les podia venir daño, sino mucho provecho. E asi se despidieron, después de les haber dado algunas cosas de las que yo traia. E yo me parti luego tras á ellos, muy acompañado de muchas personas, que parecian de mucha cuenta, como después pareció serlo. E todavia seguia el camino por la costa de aquella gran laguna, é ú una legua del aposento donde parti, vi dentro en ella, casi dos tiros de ballesta, una ciudad pequeña que podria ser hasta de mil ó dos mil vecinos, lodo armada sobre el agua, sin haber para ella ninguna entrada, y muy torreada, segun lo que de fuera parecia*. E otra legua adelante entramos poruna calzada tan ancha como una lanza jineta, por la laguna adentro, de dos tercios de legua, y por ella fuimos á dar á una ciudad, la mas hermosa, aunque pequeña, que hasta entonces habiamos visto, asi de muy bien obradas casas y torres, como de la buena órden que en el fundamento della habia, por ser armada toda sobreagua. Y en esta ciudad, que será fasta de dos mil vecinos, nos recibieron muy bien y nos dieron muy bien de comer. E alli me vinieron á hablar el señor y las personas principales della, y me rogaron que me quedase alli á dormir. E aquellas personas que conmigo iban de Muteezuma me dijeron que no parase, sino que me fuese ú otra ciudad que está tres leguas de alli, que se dice Iztapalapa, que es de un hermano del dicho Muteczuma, y así lo hice. E la salida desta ciudad, donde comimos, cuyo nombre al presente no me ocurre á la memoria, es por otra calzada que tira una legua grande, hasta llegar á la Tierra-Firme. E llegado á esta ciudad de Iztapalapa, me salió á recibir algo fuera della el señor, y otro de una gran ciudad que está cerca della, que será obra de tres leguas, que se llama Calaaalcan-, y otros muchos señores que alli me estaban esperando, é me dieron hasta tres ó cuatro mil castellanos, y algunas esclavas y ropa, é me hicieron muy buen acogimiento.

'Quiere decir en el valor, pues los mejicanos no acuñaron moneda, como nosotros.

< La situacion de Mújico y de los pneblos de Tlahuae y Misquie es encima del agua, y aunque boy bay calles y piamelas de tierra oas que en tiempo de Mnteciuma, es por artificio. En Iztaealco hay casitas de indios, y buenas pequeñas con verduras y llores, ajee se ttaman chinampas, y se mueven, porque et Iandamento es césped sobre ta agua.

* El rey de España no podia saber de Muteczuma, pero st es Biy cierto que a Cortes te mando le biciese relacion de todo ; y asi, ao mintio.

* Amccameta, que esta dos teguas de Tlaliuanalco.

* La servidumbre estaba ya introducida en los mejicanos, ya los hijos de los que cogían en la guerra les trataban con una semejanza de esclavitud.

e Aun hoy conservan los indios la costumbre 6 cortesania de ir quitando las piedras del camino cuando van delante de alguna persona de alta dignidad, pues lo he observado saliendo al campo con ellos, y creo to hacen con otras personas de respeto.

No solo los grandes señores eran llevados en andas , sino tambien l',s caciques principales, como el de Cempoal,

Terná esta ciudad de Iztapalapa doce ó quince mil vecinos3;lacual está en la costa de una laguna salada grande, la mitad dentro en el agua y la otra mitad en la Tierra-Firme. Tiene el señor della unas casas nuevas que aun no están acabadas, que son tan buenas como las mejores de España, digo de grandes y bien labradas, asi de obra de canteria como de carpinteria y suelos, y complimicntos para todo género de servicio de casa, excepto mazonerias y otras cosas ricasque en España usan en las casas, acá no las tienen. Tiene en muchos cuartos altos y bajos jardines muy frescos, de muchos árboles y flores olorosa?; asimismo alboreas de agua dulce muy bien labradas, con sus escaleras hasta lo fondo. Tiene una muy grande huerta junto la casa, y sobre ella un mirador de muy hermosos corredores y salas, y dentro de la huerta una muy grande alborea* de agua dulce, muy cuadrada, y las paredes della de gentil canteria, ó al rededor della un anden de muy buen suelo la

drillado, tan ancho, que pueden ir por él cuatro paseándose, y tiene de cuadra cuatrocientos pasos, que son en torno mil y seiscientos. De la otra parte del anden, hácia la pared de la huerta, va todo labrado de cañas con unas vergas, y detrás dellas todo de arboledas y yerbas olorosas, y dentro del alberca hay mucho pescado y muchas aves, asi como lavancos 5 y cercetas y otros géneros de aves de agua; y tantas, que muchas veces casi cubren el agua. Otro dia después que á esta ciudad llegué, me parti, y á media legua andada entré por una calzada que va por medio desta dicha laguna dos leguas, fasta llegar á la gran ciudad de Temixtitan, que está fundada en medio de la dicha laguna; la cual calzada es tan ancha como dos lanzas, y muy bien obrada, que pueden ir por toda ella ocho de caballo á la par, y en estas dos leguas de la una parte y de la otra de la dicha calzada están tres ciudades, y la una deltas, que se dice MesicalsingoC, está fundada la mayor parte della dentro de la dicha laguna, y las otras dos, que se llaman la una Niciaca y la otra HuchilohuchicoT, están en la costa della, y muchas casas deltas dentro en el agua. La primera ciudad destas terná tres mil vecinos, y la segunda mas de seis mil, y la tercera otra cuatro ó cinco mil vecinos, y en todas muy buenos edificios de casas y torres, en especial las casas de los señores y personas principales y de las de sus mezquitas ú oratorios donde ellos tienen sus idolos. En estas ciudades hay mucho trato de sal, que hacen del agua de la dicha laguna y de la superficie que está en la tierra que baña la laguna; la cual cuecen en cierta manera y hacen panes de la dicha sal, que venden para los naturales y para fuera de la comarca. Easi segui la dicha calzada8, y á media legua antes de llegaral cuerpo de la ciudad de Temixtitan, á la entrada de otra calzada que viene á dar de la Tierra-Firme á esta otra, está un muy fuerte baluarte con dos torres, cercado de muro de dos estados, con su pretil almenado por toda la cerca que toma con ambas calzadas, y no tiene mas de dos puertas, una por do entran y otra por do salen. Aqui me salieron á ver y á hablar fasta mil hombres principales, ciudadanos de la dicha ciudad, lodos vestidos de una manera y hábito, y segun su costumbre, bien rico; y llegados á me fablar, cada uno por si facia, en llegando á mi, una ceremonia que entre ellos se usa mucho, que ponia cada uno la mano en la tierra y la besaba; y asi estuve esperando casi una hora fasta que cada uno ficiese su ceremonia9. E ya junto á la ciudad está una puente de madera de diez pasos de anchura, y por alli está abierta la calzada, porque tenga lugar el agua de entrar y salir, porque crece y mengua, y tambien por fortaleza de la ciudad, porque quitan y ponen unas vigas muy luengas y anchas, de que la dicha puente está hecha, todas las veces que quieren, y destas hay muchas por toda la ciu l¡nl, como adelante, en la relacion que de las cosas .leila faré, vuestra alteza verá.

< Las ciudades de que aqui hace mencion son Iitapaluca la primera, que esta despuús de Choleo camino para Mújico; despuús Thlahnac, Misquic y Culuacan, que todas están fundadas en el agua.

* Culuacan.

3 Iztapalapa conserva hoy el mismo nombre, y muchos vestigios de las casas que aquí describe Cortús, pues en medio de sacar tierra para adobes, se ven unos terraplenes altos, sobre los que eililicaban para defenderse en tiempo de inundacion.

* La alberca esta hoy ocupada por la laguna de Teicuco, pero aun se ven restos y fragmentos del edificio.

5 Son innumerables los lavancos 6 patos que hoy se matan en la laguna de varios modos; uno con una escopeta o fusil muy grande, qnc llaman los iudios esmeril; otro cubriendose los indios la cabeza con un casco de calabaza, y el cuerpo dentro del agua, tes engañan y cogen por las patas; otro con rctbjs, de noche.

• Mexicalzingo.

> Hoy se llama Chnrubusco, antes Ocholopozco.

8 Calzada, que desde Mexicalzingo vaá la calzada de San Anton.

» r.l modo que aun hoy tienen los iudios ú indias de saludarse es besarse las manos con mucho respeto , y para dar un memorial o besar la mano cubren la suya con un pañuelo o con ta tilma : esto lo hacen con todas las persogas de respeto.

Pasada esta puente, nos salió á recebir aquel señor Muteczuma con fasta docientos señores, todos descalzos y vestidos de otra librea ó manera de ropa, asimismo bien rica á su uso, y mas que la de los otros; y venian en dos procesiones, muy arrimados á las paredes de la calle*, que es muyancha y muy hermosa y derecha, que de un cabo se parece el otro, y tiene dos tercios de legua, y de la una parte y de la otra muy buenas y grandes casas, asi de aposentamientos como de mezquitas; y el dicho Muteczuma venia por medio de la calle con dos señores, el uno á la mano derecha y el otro á la izquierda; de los cuales el uno era aquel señor grande que dije que me habia salido á fablar en las andas, y el otro era su hermano del dicho Muteczuma, señor de aquella ciudad de Iztapalapa, de donde yo aquel dia ha 1 iia partido; todos tres vestidos de una manera, excepto el Muteczuma, que iba calzado, y los otros dos señores descalzos -: cada uno le llevaba de su brazo; y como nos juntamos, yo me apeé, y le fui á abrazar solo: é aquellos dos señores que con él iban me detuvieron con las manos para que no le tocase; y ellos y él ficieron asimismo ceremonia de besar la tierra; y hecha, mandó aquel su hermano que venia con él que se quedase conmigo y me llevase por el brazo, y él con el otro seiba adelante de mi poquito trecho; y después de me haber él fablado, vinieron asimismo á me fablar todos los otros señores que iban en las dos procesiones, en órden uno en pos de otro, é luego se tornaban á su procesion. E al tiempo que yo llegué á hablar al dicho Muteczuma, quitéme un collar que llevaba de margaritas 3 y diamantesde vidrio, y se lo eché al cuello; é después de haber andado la calle adelante, vino un servidor suyo con dos collares de camarones, envueltos en 'un puño, que eran hechos de huesos de caracoles * colorados, que ellos tienen en mucho; y de cada collar colgaban ocho camarones de oro, de mucha perfeccion, tan largos casi como un geme; é como se los trujeron, se volvió á mi y me los echó al cuello, y tornó á seguir por la calle en la forma ya dicha, fasta llegar á una muy grande y hermosa casa, que él tenia para nos aposentar, bien aderezada. E alli me tomó por la mano y me llevó áuna gran sala, que estabafrontero de un patio por do entramos. E alli me tizo sentar en un estrado muy rico 5, que para él lo tenia mandado hacer, y me dijo que le esperase alli, y él se fué; y dende á poco rato, ya que toda la gente de mi compañia estaba aposentada, volvió con muchas y diversas joyas de oro y plata, y pluma jes,' y con fasta cinco ó seis mil piezas de ropa de al

godon, muy ricas y de diversas maneras tejida y labrada. E después de me la haber dado, sesentó en otro estrado, que luego le ficieron alli junto con el otro donde yo estaba; y sentado, propuso en esta manera:«Muchos dias há que por nuestras escrituras tenemos de nuestros antepasados noticia que yo ni todos los que en esta tierra habitamos no somos naturales della, sino extranjeros y venidos á ella de partes muy extrañas 6; é tenemos asimismo que á estas partes trajo nuestra generacion un señor, cuyos vasallos todos eran, el cual se volvió á su naturaleza, y después tornó á venir dende en mucho tiempo, y tanto, que ya estaban casados los que habian quedado con las mujeres naturales de la tierra, y tenian mucha generacion y fechos pueblos donde vivian; é queriéndolos llevar consigo, no quisieron ir, ni menos recibirle por señor; y asi, se volvió. E siempre hemos tenido que de los que dél descendiesen habian de venir á sojuzgar esta tierra y á nosotros, como á sus vasallos. E segun de la parte que vosdecis que venis, que es á do sale el sol', y las cosas que decis deste gran señor ó rey que acá os envió, creemos y tenemos por cierto el ser nuestro señor natural; en especial que nos decis que él há muchos dias que tiene noticia de nosotros. E por tanto vos sed cierto que os obedeceremos y tememos por señor en lugar de ese gran señor que decis, y que en ello no habia falta ni engaño alguno; é bien podeis en toda la tierra, digo que en la que yo en mi señorio poseo, mandar á vuestra voluntad, porque será obedecido y fecho, y todo lo que nosotros tenemos es para lo que vos dello quisiéredes disponer. E pues estais en vuestra naturaleza y en vuestra casa, holgad y descansad del trabajo del camino y guerras que habeis tenido; que muy bien sé todos los que se vos han ofrecido de PunlunchanS acá, é bien sé que de los de Cempoal y de Tlascaltecal os han dicho muchos males de mi: no creais mas de lo que por vuestros ojosverédes, en especial de aquellos que son mis enemigos, y algunos dellos eran mis vasallos, y hánseme rebelado con vuestra venida, y por se favorecer con vos lo dicen; los cuales sé que tambien os han dicho que yo tenia las casas con las paredes de oro, y que las esteras do mis estrados y otras cosas de mi servicio eran asimismo de oro, y que yo que era y me facia dios, y otrasmuchas cosas. Las casas ya las veis que son de piedra y cal y tierra.» Y entonces alzó las vestiduras y me mostró el cuerpo, diciendo á mi: « Veisme aqui que so de carne y hueso como vos 9 y como cada uno, y que soy mortal y palpable.» Asiéndose él con sus manos de los brazos y del cuerpo: «Vedcómo os han mentido; verdad e9 que yo tengo algunas cosas de oro que me lian quedado de mis abuelos : todo lo que yo tuviere teneis cada vez que vos lo quisiéredes. Yo me voy á otras casas, donde vivo; aqui seréis proveido de todas las cosas necesarias para vos y vuestra gente, é no recibais pena alguna, pues estáis en vuestra casa y naturaleza.» Yo le respondi á todo lo que me dijo, satisfaciendo á aquello que me pareció que convenia, en especial en hacerle creer que vuestra majestad era á quien ellos esperaban », é con eso se despidió; y ¡do, fuimos muy bien proveidos de muchas gallinas y pan y frutas y otras cosas necesarias, especialmente para el servicio del aposento. E desta muñera estuve seis dias, muy bien proveido de todo lo necesario, y visitado de muchos de aquellos señores.

i Por estar hoy en otra forma las calles, no se puede dar ¡dea tabal; pero esta de que habla parece claramente ser la que desde rt hospital de San Anton atraviesa la ciudad.

* Aunqne los indios sean caciques andan con zapatos, pero sin ■nlias ni calcetas.

•* ferias y piedras de vidrio, que para los Indios eran del mayor aprrcio, y nunca visto piezas de vidrio o cristal.

* Asi se llaman hoy camarones, que corresponden en algun Modo i los collares de coral.

i Se sentaban tendidos, como los asiaticos, en el sacio o sobre usas alfombras.

- • Los mejicanos por tradicion vinieron por el norte de la provincia de Quivira, y se saben ciertamente sus mansiones, y en prueba evidente, la conquista del imperio mejicano le hicieron los tulleras o de Tula, que era la corte.

. 'Esto fué equivocada creencia de los indios, porqne sns antecesores vinieron por la parte del norte, y aun viniendo de la peninsula de Yucatan, decian con verdad, del oriente respecto de Mejico.

• Provincia de Potinchan ó Potonchan, en Tabasco; hoy se llama el pueblo la Victoria; en mejicano t'outonchansignifica lugar que hiede.

* Es digna de reparo esta expresion, pues aunque los mejicanos tributaban la mayor veneracion i su emperador, conoci» que era hombre de carne y hueso.

Ya, muy católico Señor, dije al principio desta,cómo á la sazon que yo me parti de la villa de Veracruz en demanda deste señor Muteczuma, dejé en ella ciento y cincuenta hombres para facer aquella fortaleza que dejaba comenzada; y dije asimismo cómo habia dejado muchas villas y fortalezas de las comarcas á aquella villa puestas debajo del real dominio de vuestra alteza, y á los naturales delta muy seguros, y por ciertos vasallos de vuestra majestad; que estando en la ciudad de Churul tecali, recibi letras del capitan que yo en mi lugar dejé en la dicha villa, por las cuales me fizo saber cómo Qualpopoca, señor de aquella ciudad que se dice Almeria 5, le habia enviado á decir por sus mensajeros que él tenia de ser vasallo de vuestra alteza, y que si fasta entonces no habia venido ni venia á dar la obediencia que era obligado y á se ofrecer por tal vasallo de vuestra majestad con todas sus tierras, la causa era que Irabia de pasar por tierra de sus enemigos, y que temiendo ser dellos ofendido, lo dejaba; pero que le enviase cuatro españoles que viniesen con él, porque aquellos por cuya tierra habia de pasar, sabiendo á lo que venian, no lo enojarian, y que él vernia luego; y que el dicho capitan, creyendo ser cierto lo que el dicho Qualpopoca le enviaba á decir, y que asi lo habian hecho otros muchos, le habia enviado los dichos cuatro españoles; y que después que en su casa los tuvo, los mandó matar por cierta manera como que pareciese que él no hacia, y que habia muerto los dos dellos, y los otros dos se habian escapado por unos montes, heridos; y que él habia ido sobre la dicha ciudad de Almeria con cincuenta españoles y los dos de caballo, y dos tiros de pólvora, y con haita ocho ó diez mil indios de los amigos nuestros, y que habia peleado con los naturales de la dicha ciudad y muerto muchos de los naturales della, y los demás echado fuera, y que la habian quemado y destruido; porque los indios que en su compañia llevaban, como eran sus enemigos, habian puesto en ello mucha diligencia. E que el dicho Qualpopoca, señor de la dicha ciudad, con otros señores sus aliados, que en su favor habian venido alli, se habian escapado huyendo, yque dealgunos prisioneros que tomó en ladi

« Pudo sin meniir decir que del oriente vino a todas las gentes su redencion, y que el rey de Espita fuú el instrumento para que lograsen la conversion los indios.

* Cholula.

* Asi llamada por Cortús, j por los mejicanos NontiiIa.

cha ciudad se habian informado cúyos eran tos que alli estaban en defensa della, y la causa porqué habia muerto á los españoles que él envió. La cual disque fué que et dicho Muteczuma habia mandado al dicho Qualpopoca y & los otros que alli habian venido, como á sus vasallos que eran, que saliendo yo de aquella villa de la Veracruz, fuesen sobre aquellos que se le habian alzado y ofrecido al servicio de vuestra alteza, é que tuviesen todas las formas que ser pudiesen para matar los españoles que yo alli dejase, porque no les ayudasen ni favoreciesen, y que á esta causa lo habian hecho.

Pasados, invictisimo Principe, seis dias después que en la gran ciudad de Temixtitan entré, é habiendo visto algunas cosas della, aunque pocas, segun las que hay que ver y notar, por aquellas me pareció, y aun por lo que de la tierra habia visto, que convenia al real servicio y á nuestra seguridad que aquel señor estuviese en mi poder, y no en toda su libertad *, porque no mudase el propósito y voluntad que mostraba en servir á vuestra alteza, mayormente que los españoles somos algo incomportables é importunos,é porque enojándoseme podria hacer mucho daño, y tanto, que no bobiese memoria de nosotros, segun su gran poder; é tambien porque teniéndole conmigo, todas las otras tierras que á é1 eran súbditas venian mas aina al conocimiento y servicio de vuestra majestad, como después sucedió. Determiné de lo prender y poner en el aposento donde yo estaba, que era bien fuerte; y porque en su prision no bobiese algun escándalo ni alboroto, pensando todas las formas y maneras que para lo hacer sin este debia tener, me acordé de lo que el capitan que en la Veracruz habia dejado, me habia escrito cerca de lo que habia acaecido en la ciudad de Almeria, segun que en el capitulo antes deste he dicho, y como se habia sabido que todo lo alli sucedido habia sido por mandado del dicho Muteczuma; y dejando buen recaudo en las encrucijadas de las calles, me fui á las casas del dicho Muteczuma, como otras veces habia ido á le ver; y después de le haber hablado en burlas y cosas de placer, y de haberme él dado algunas joyas de oro y una bija suya, y otras hijas de señores á algunos de mi compañia, le dije que ya sabia lo que en la ciudad de Nautecal ó Almeria habia acaecido, y los españoles que en ella me habian muerto; y que Qualpopoca daba por disculpa que todo lo que habia hecho habia sido por su mandado, yque, como su vasallo, no habia podido hacer otra cosa; y porque yo creia que no era .asi como el dicho Qualpopoca decia, y que antes era por se excusar de culpa, que me parecia que debia enviar por él y por los otros principales que en la muerte de aquellos españoles se habian hallado, porque la verdad se supiese, y que ellos fuesen castigados, y vuestra majestad supiese su buena voluntad claramente; y en lugar de las mercedes que vuestra alteza le habia de mandar hacer, los dichos de aquellos malos no provocasen á vuestra alteza á ira contra él, por donde le mandase hacer daño,

* Fue grande prudencia y arte militar baber asegurado al Emperador, porque, si no, quedaban expuestos Heman Cortús y su soldados a perecer a traicion, y teniendo seguro al Emperador, se aseguraba i si mismo, pues los espaüoles uo se cumian ligeramente.

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