Imágenes de página
PDF

aquellas tierras. Preparó pues lo conveniente, y en el año de 1340, á 2 de noviembre, salió del puerto de San Lúcar de Barrameda con cinco navios, en que iban, sin contar la gente de mar, setecientos españoles, y entre ellos un buennúmero de caballeros é hidalgos; llegó al puerto de Santa Catalina á 29 de marzo de 1341, después de haber reconocido el cabo de San Agustin; y teniendo nuevas de estar casi desierto Buenos-Aires, determinó pasar por tierra á la Asuncion, principal residencia entonces de los conquistadores, mandando que los navios, con la gente de mar, mujeres y demás, continuasen navegando hasta tomar el rio de la Plata, y dejando los dos navios mas gruesos en San Gabriel. Entretanto el Adelantado hizo reconocer á Pedro Dorantes una parte del camino que trataba de hacer, y con estas noticias emprendió su viaje, en que pasó grandisimos trabajos por la aspereza de la tierra, anchura y braveza de los rios, y enfermedades de la gente; tuvo, en medio de esto, la buena suerte de entrar en la Asuncion el dia H de marzo de 1342, después de setenta jornadas, en que anduvo cuatrocientas leguas sin haber perdido ni un hombre. El general Domingo de Irala envió tres capitanes á que le besasen la mano, y con esto fité recibido en su nueva gobernacion muy á gusto de todos, por el lugar que se hacia con su afabilidad y buen trato.

Lo primero que el Adelantado hizo fué nombrar á Domingo de Irala su maestre de campo, encargándole proseguirlos descubrimientos para ponerse en comunicacion con el Perú; despachó tambien á su sobrino Alonso Riquelme con trescientos hombres al castigo de unos indios rebelados de la provincia del Ipané; y por último, aunque contrapuntado ya algun tanto con los oficiales reales, resolvió salir en persona con una numerosa expedicion á correr tierra y averiguar noticias de minas. Acompañábanle cuatrocientos hombres con sus capitanes prácticos en el pais, el contador, veedor y factor; y dejando el mando de la Asuncion en manos del maestre de campo, emprendió la expedicion con su marcha en cuatro bergantines, seis barcas, veinte balsas y mas de docientas canoas. Después de algunos encuentros con los indios, comenzaron las pasiones y discordias con los oficiales reales, que en medio de grandes hambres y trabajos, exigian con imperiosa tirania el quinto de las cosas mas pequeñas é insignificantes, hasta de la caza y pesca que á costa de mil fatigas adquirian los soldados para satisfacer su necesidad. Opúsose, como era razon, Al VARNuÑEzá tan desusadas pretensiones, ofreciendo que él por su parte daria ásu majestad, por excusar molestia á los soldados, los cuatro mil ducados al año que se le habian señalado de salario; con lo que se calmó por entonces aquella discordia, y el Adelantado dió la vuelta á la Asuncion llevando consigo mas de tres mil indios de servicio, que aumentaron el pueblo y proporcionaron mas abastecimiento de comida y otras cosas necesarias; pasó luego á reprimir á los indios yapirús, que molestaban con continuas incursiones álos españoles; y conseguido este objeto, se restituyó á su gobierno muy gozoso, si bien molestado de unas cuartanas que le tenian en harto desasosiego.

Hubo por este tiempo necesidad de enviar alguna gente á pacificar los indios de la provincia de Acay, que andaban turbados y alterados, y con este fin mandó Alvah Nuñez apercibir doscientos y cincuenta hombres, que á las órdenes del maestre de campo partieron de la Asuncion. Los oficiales reales, que no aguardaban sino una buena coyuntura para obrar segun su mala voluntad y encono, determinaron aprovechar la que se les ofrecia, atizando principalmente el fuego el contador Felipe de Cáceres, hombre sedicioso, inquieto y amigo de novedades; decia él que convenia al servicio del Rey quitar el mando y prender al Adelantado, que no cuidaba como debia de los intereses de su majestad; y reuniendo á todos sus amigos y parciales, les persuadió el negocio, valiéndose de la ausencia del maestre de campo y de otras personas de cuenta que con él habian ido, y diciendo que ahora debia acometerse la empresa.

Hallábase, como hemos dicho, Alvar Nuítez muy enfermo y en cama; tuvo aviso de que los conjurados caminaban en armasá su posada, y levantándose se echó una cota, calóse la celada, y embrazando su rodela, salió á la sala á recibirlos espada en mano; donde les dijo en alta voz: cCaballeros, ¿qué traicion es esta que cometen contra su adelantado?> Respondieron ellos: «Aqui no hay traidor ninguno, porque todos somos servidores del Rey; y asi, conviene que vuesa señoria sea preso y vaya á dar cuenta al real Consejo de sus delitos y tiranias.» Replicó el Adelantado cerrándose con su rodela : t Antes morir que consentir tan gran traicion.» Y entonces le acometieron todos, requiriéndole se rindiese; donde no, que le harian pedazos. Rodeáronle juntos y á un tiempo; pero antes que le hiriese ninguno llegóse un Jaime Resquin con una ballesta armada, y poniéndole un pasador al pecho, le dijo : t Rindase luego; si no, pasaréle con esta jara. > A lo cual dió de mano el Adelantado, diciendo con semblante grave : « Apártense vuesas mercedes; que yo me doy por preso.» Y recorriendo con la vista á los que le rodeaban, y viendo entre ellos á don Francisco de Mendoza, le llamó y dijo : «A vuesamerced, señor don Francisco, entrego mis armas, y ahora hagan de mi lo que quisieren»; y dióle su espada. Tomóla Mendoza; y con esto, le echaron mano, le pusieron un par de grillos y le llevaron asi á las casas de Garcia Venegas, rodeado de mucho gentio, donde le encerraron en una cuadra muy oscura, poniéndole cincuenta soldados de guardia. Prendieron con él á su sobrino Alonso Riquelme Melgarejo, al alcalde mayor Pedro de Estopiñan, Francisco de Vergara, Abreu y otros capitanes, caballeros y soldados; y quitándoles las armas, se apoderaron del gobierno y jurisdiccion tan á su sabor, que nadie se atrevia á irles á la mano en cuanto se les antojaba, mas ni aun á hablar contra ellos. Los oficiales reales, que eran el alma de todo el negocio y lo manejaban, escribieron lo sucedido al maestre de campo, manifestándole que todo se habia hecho de comun acuerdo y como conveniente al servicio de su majestad, y encargándole la pronta vuelta para disponer lo que cumpliese al buen gobierno y quietud de la tierra. No causó poca novedad esta noticia en el maestre de campo, y sintióla, como era razon; mas no pudo remediarla, por haber intervenido en el hecho tantos capitanes y gente autorizada y noble, y por hallarse á la sazon enfermo de una disenteria, en términos que ni aun podia montar á caballo; pero viendo lo grave del negocio, determinó venirse, conducido en una hamaca, á la Asuncion, donde llegó tan al cabo, que le desahuciaron, y estuvo muy á pique de perder la vida. Reunidos ya todos, determinaron nombrar persona que sustituyese al Adelantado y los gobernase en nombre del Rey; y habido su acuerdo, y hecha la votacion por cédulas, segun estaba ordenado por una provision real, resultó elegido el maestre de campo Domingo Martinez de Irala, quien se excusó diciendo que su enfermedad mas le tenia para ir á dar cuenta á Dios que para admitir y ocuparse en cosas temporales, sobre todo habiendo tantos y tan buenos caballeros que podian tomar á su cargo el gobierno, que no debia entregarse á un hombre oleado. Anduvieron en estas demandas y respuestas casi un dia, hasta que interviniendo los capitanes Salazar, Chaves y muchos de los mismos amigos y parciales del Adelantado, hubo de consentir Irala en lo que pretendian; con lo que el dia 1S de diciembre de 1543 le sacaron, enfermo como estaba, sentado en una silla, y fué recibido como capitan general , jurando antes gobernar en paz y justicia y mantener la tierra en nombre del Rey, hasta que su majestad no dispusiese otra cosa. Hizose en seguida proceso de todo para enviarlo á Castilla con el Adelantado en una buena carabela que se determinó construir, y cuya obra caminó con suma lentitud, padeciendo entre tanto Alvar Nuñez muchas vejaciones y mal tratos, por espacio de diez meses ,• pues ni le permitieron tener recado de escribir ni otro consuelo alguno, dándole de comer hasta pobremente y de lo suyo, para lo cual le embargaron todos sus bienes. Pasaba él estos trabajos con gran resignacion y conformidad; cualidades en que no le imitaron sus partidarios, pues en varias ocasiones, si bien en todas infructnosamente, procuraron sacarle de la prision y volverle á poner en el gobierno. Velaban con gran diligencia sus enemigos para impedirlo, y acordaron por último que antes de consentir en tal cosa darian de puñaladas al Adelantado , y harian lo mismo á Irala si no acudiese á lo que á todos convenia y á la buena guarda y custodia del preso. Evitó esta providencia violenta nuevas tentativas; pero enconó los ánimos á punto de que sucedieran grandes males y discordias, sino por el buen celo y diligencia de Irala.

Acabada por fin la carabela, embarcaron en ella al Adelantado, y resolvieron le acompañasen el veedor Alonso Cabrera y el tesorero Garcia Venegas; los cuales llevaban el proceso fulminado contra el preso, instruido muy á gusto de sus enemigos; se dió el mando de la nave á Gonzalo de Mendoza, portugués, y se nombró procurador de la provincia á Martin de Orue. A pesar de convenir tanto la pronta marcha del Adelantado para calmar los bandos y pasiones que habia entre la gente, y que Irala procuraba templar con esfuerzos inauditos, haciendo mercedes á unos, castigando á otros, y atajando con maña el fuego para que no pasase adelante, todavia pretendió el capitan Salazar usar de un poder secreto que le habia dejado Alvar Nüñez, y disponer lo conveniente para sacarle de la carabela y restituirle en el mando; dió para esto la voz, reunió hasta cien hombres en su casa, y hecho el navio á la vela, manifestó su intento á las claras, obligando al nuevo gobernador á que le aconsejase desistir de su empeño, primero con palabras, y después á viva fuerza; pusiéronse para ello cuatro piezas asestadas á la casa, comenzaron á batirla, y derribado un lienzo, entraron sin resistencia. Abandonado Salazar de sus parciales, y presos Riquelme , Melgarejo y Vergara, dispuso el Gobernador que un bergantin saliese con él para ver si alcanzaba á la carabela. La alcanzó en efecto, y el capitan Salazar pasó á ella en calidad de preso, en compañia del Adelantado, á quien habia guardado tanta fidelidad. Llegados á Sancti Spiritus, hubo nueva revolucion de humores, y á persuasion de Alonso Cabrera, arrepentido quizá de lo becho, se trató de volver á la Asuncion y reponer en el mando á Alvar Nuñez; contradi jolo Pedro de Estopiñan, diciendo que este lance podria redundar en gran deservicio de Dios y ruina de los españoles, moviendo grandes discordias y guerras civiles; y vencidos los demás de estas razones, determinaron proseguir su navegacion á España; llegaron á ella después de sesenta dias; y presentados al Consejo de Indias, y dada cuenta de lo sucedido, mandó el Emperador poner presos á Cabrera y á Garcia Venegas; siguióseles el proceso, y estando á punto de sentenciarse, enloqueció el primero, y murió el segundo súbitamente, ambos en la cárcel. Fué tambien condenado Alvar Nuñez á privacion de oficio y á seis años de destierro en Oran, con seis lanzas; apela, y en revista salió libre, señalándole dos mil ducados de pension en Sevilla. Retiróse á aquella ciudad, en la cual falleció ejerciendo la primacia del consulado con mucha honra y quietud do su persona, ignorándose el año de su muerte.

Es Alvar Nuñez una de las figuras mas bellas, nobles y bondadosas que se encuentran en los anales de la conquista del Nuevo-Mundo; su constancia y resignacion en los trabajos, su valor en los combates, y su resolucion en los mayores peligros le acreditan de ilustre guerrero, al paso que su mansedumbre y dulzura con los indios demuestran que era un hombre excelente y humano. Solo él podia decir estas hermosas palabras: tPor donde claramente se ve que estas gentes todas, para ser atraidas á ser cristianos y á la obediencia de la imperial majestad, han de ser llevados con buen tratamiento, y que este es camino muy cierto, y otro no. > Palabras que en ningun conquistador se encuentran, y que leemos con el mismo placer que el viajero fatigado ve nn árbol frondoso en medio de un vasto y árido desierto.

Dos son las obras que quedan de Alvar Ñoñez : la primera intitulada Naufragios, que es la relacion de su expedicion á la Florida , escrita por él mismo; y la segunda los Comentarios de su gobierno en el no de la Plata, que extendió el escribano Pedro Fernandez. Las imprimió el año de 1355 en Valladolid Francisco Fernandez de Córdoba en un tomo en 4.», y las reprodujo Barcia en su Coleccion el año de 1740; siendo estas dos ediciones las únicas que existen de este curiosisinto libro. v

[ocr errors][ocr errors]

CARTAS DE RELACIÓN

DE FERNANDO CORTES

SOBRE EL DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA.

CARTA PRIMERA,

ETVUDA Á LA REINA DOXA JUANA T AL EMPERADOR CARLOS V, SO RIJO, POR I.A JUSTICIA T RECMIEIXTO DE LA RICA VILLA

DE LA VERACRDZ, A 10 DE JULIO DE 1319.

Muy altes y muy poderosos excelentisimos Principes, may católicos y muy grandes reyes y señores : Bien creemos que vuestras majestades, por letras de Diego Yelazquez, teniente de almirante en la isla Fernandina, babrún sido informados de una tierra nueva que puede haber dos anos poco mas ó menos que en estas partes fué descubierta, que al principio fué intitulada por nombre Cozumel, y después la nombraron Yucatan, sin ser lo uno ni lo otro, como por esta nuestra relacion vuestras reales altezas podrán ver; porque las relaciones que hasta ahora á vuestras majestades desta tierra se lian hecho, asi de la manera y riquezas della, como de la forma en que fué descubierta, y otras cosas que della se han dicho, no son ni han podido ser ciertas, porque nadie hasta ahora las ha sabido, como será esta que nosotros á vuestras reales altezas enviamos; y tratarémos aqui desde el principio que fué descubierta esta berra basta el estado en que al presente está, porque vuestras majestades sepan la tierra que es, la gente que la posee, y la manera de su vivir, y el rito y ceremonias, seta 6 ley que tienen, y el fruto que en ellas vuestras reales altezas podrán hacer y de ella podrán recibir, y de quien en ella vuestras majestades han sido servidos; porque en todo vuestras reales altezas puedan hacer lo que mas servido serán. Y la cierta y muy verdadera relacion es en esta manera:

Puede haber dos años, poco mas ó menos, muy esclarecidos Principes, que en la ciudad de Santiago, que es en la isla Fernandina, donde nosotros hemos sido veciios en los pueblos della, se juntaron tres vecinos de

, dicha isla, y el uno de los cuales se dice Francisco Fernandez de Córdoba, y el otro Lope Ochoa de Caicedo, y el otro Cristóbal Morante; y Como es costumbre en estas islas que en nombre de vuestras majestades están ¡«liladas de españoles, de ir por indios á las islas que no están pobladas de españoles, para se servir dellos, enviaron los susodichos dos navios y un bergantin para que de las islas dichas trajesen indios á la dicha isla Fernandina para se servir dellos, y creemos, porque aun solo sabemos de cierto, que el dicho Diego Velazqucz,

teniente de almirante, tenia la cuarta parte de la dicha armada; y el uno de los dichos armadores fué por capitan de la armada, llamado Francisco Fernandez de Córdoba, y llevó por piloto á un Anton de Alaminos, vecino de la villa de Palos, y á este Anton Alaminos trujimos nosotros ahora tambien por piloto; lo enviamos á vuestras reales altezas, para que dél vuestras majestades puedan ser informados. Y siguiendo su viaje, fueron á dar á dicha tierra, intitulada de Yucatan, á la punta della, que estará sesenta ó setenta leguas de la dicha isla Fernandina, desta tierra de la rica tierra > de la Veracruz, donde nosotros en nombre de vuestras reales altezas estamos; en la cual saltó en un pueblo que se dice Campoche, donde al señor dél pusieron por nombre Lázaro, y alli le dieron dos mazorcas con una tela de oro; y porque los naturales de la dicha tierra no los consintieron estar en el pueblo y tierra, se partieron de allá, y se fueron la costa abajo hasta diez leguas, donde tornó á saltar en tierra junto á otro pueblo que se llama Machocobon, y el señor dél Champolo, y atli fueron bien recibidos de los naturales de la tierra; mas no los consintieron entrar en sus pueblos, y aquella noche durmieron los españoles fuera de las naos en tierra. Y viendo esto los naturales de aquella tierra, pelearon otro dia por la mañana con ellos, en tal manera, que murieron veinte y seis españoles y fueron heridos todos los otros; y finalmente, viendo el capitan Francisco Fernandez de Córdoba esto, escapó con los que le quedaban con acogerse á las naos.

Viendo pues el dicho capitan cómo le habian muerto mas de la cuarta parte de su gente, y que todos los que le quedaban estaban heridos, y que él mismo tenia treinta y tantas heridas, y que estaba cuasi muerto, que no pensaria escaparse, volvió con los dichos navios y gente á la isla Fernandina, donde hicieron saber al dicho Diego Velazquez como habian hallado una tierra muy rica de oro, porque á todos los naturales della lo habian visto traer puesto, ya dellos en las narices, ya dellos en las orejas y en otras partes, y que en la dicha tierra

i Asi dice el manuscrito, en lagar de rica titla.

« AnteriorContinuar »