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Maucci, 1907 - 237 páginas
 

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Página 64 - ... couronne mystique Imposer tous les temps et tous les univers. Mais les bijoux perdus de l'antique Palmyre, Les métaux inconnus, les perles de la mer, Par votre main montés, ne pourraient pas suffire A ce beau diadème éblouissant et clair ; Car il ne sera fait que de pure lumière, Puisée au foyer saint des rayons primitifs, Et dont les yeux mortels, dans leur splendeur entière, Ne sont que des miroirs obscurcis et plaintifs...
Página 63 - O Mort, vieux capitaine, il est temps ! levons l'ancre ! Ce pays nous ennuie, ô Mort ! Appareillons ! Si le ciel et la mer sont noirs comme de l'encre, Nos cœurs que tu connais sont remplis de rayons...
Página 199 - ... simpático de cosa noble. Olvido en la basílica gótica, la silueta de las grandes Catedrales, y al ver correr el río cerca de sus muros, aparto la visión del Támesis, del Sena, del Rin, y encuentro en el curso humilde del Luján, con rumores de la niñez, el eterno mar de la Esperanza. Llego a la casa en que mi abuelo paterno pasaba sus veranos. .. Miro en el patio, enjambre alegre de niños; y entre ellos hermanos y hermanas que, anocheciendo a mitad de su día, aumentaron la fúnebre cosecha...
Página 120 - ... con los espectros evocados de sus antiguos amores... Monfort y Andrea se alejan, entre otros tantos centenares de tumbas, bajo otros tantos centenares de cipreses, hasta oir las consonancias del mar de Mármara. Caminan siempre, y contra las últimas lápidas que tocan las arenas, inclinándose en un descenso, aparecen ondulantes las aguas. A la infinita melancolía del sitio, dan un marco de infinito color, y al apacible reino de una muerte que se antoja sin terrores, el límite de una sonrisa...
Página 202 - ... arrebatar sin fuerza al primer soplo vivo del Plata. El tronco se hendió, para mayor miseria, ahora cuando no tenía casi copa que soportar ; quizás el recuerdo de la frondosa de otro tiempo le hizo romper su entraña, imitando a los profetas bíblicos, que en los días de duelo desgarraban sus vestiduras. Hubo que sostenerlo con un barrote, y se apoyó en el báculo, suavizando la dureza del hierro con la 'desgracia melancólica de sus últimas floraciones.
Página 201 - ... hojas recién nacidas. El agua que le echaban religiosamente, con cariños de manos de enfermero; la poda, que ponía en la tijera la solicitud de un médico amigo, convirtieron al débil en un fuerte arbusto, y, por último, un invierno benigno y una primavera extraordinaria le transformaron en un árbol magnífico. Desde entonces, con avidez, esperaba los nuevos septiembres que le traían las golondrinas de Europa. Toda la belleza del cielo, toda la transparencia del aire, tenían por objeto...
Página 121 - ... tocar, la sorprendo en tus labios perfumando tu aliento. Porque tu beso es lánguido como un crepúsculo, triunfal como un mediodía, grave como la noche, alegre como el alba. Porque despides el flúido que transforma los seres en alados salterios. Porque en ti adoro la quimera con ansias de más allá de la vida, y deseo morirme entre tus brazos. Porque te amo así, por sobre todas las cosas, y tu sentimiento me causa la angustia de lo infinito, llamándome desde el fondo de lo absoluto. Porque...
Página 117 - Todo en ella aparece discreto. Sólo en torno del bazar bulle la gente mercando en las tiendas. Las mujeres respiran el aire por los tupidos macharabiyehs, y no salen. Por todas partes se ven hierbas crecidas y muros leprosos. Las puertas se abren y se cierran con sigilo. Cada mahometano debe tener el secreto de Alí-Babá, para que las hojas se muevan al conjuro de una -palabra. El silencio es tan grande, que lo turba la brisa pasajera. Sin embargo, las viviendas están habitadas. Se siente que...
Página 117 - ... brisa pasajera. Sin embargo, las viviendas están habitadas. Se siente que detrás de las celosías de los harenes miran cien ojos. De algunos quioscos, serrallos pintorescos de negociantes ricos, se escapan perfumes de pastillas quemadas. En otros se oyen el tamboril y la guzla. La ciudad del silencio lo es del goce al amparo de los muros inaccesibles. Pequeños cementerios se multiplican, y erizan las calles con sus lápidas. Así, al misterioso ambiente de las prisiones de amor, se mezcla...

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