Obras de d. J. García Icazbalceta ...

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Imp. de V. Agüeros, editor, 1896
 

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Página 285 - Viene de España por el mar salobre a nuestro mexicano domicilio un hombre tosco sin algún auxilio, de salud falto y de dinero pobre. Y luego que caudal y ánimo cobre, le aplican en su bárbaro concilio, otros como él, de César y Virgilio las dos coronas de laurel y robre.
Página 225 - Dejad las hebras de oro ensortijado que el ánima me tienen enlazada, y volved a la nieve no pisada lo blanco de esas rosas matizado. Dejad las perlas y el coral preciado de que esa boca está tan adornada, y al cielo, de quien sois tan envidiada, volved los soles que le habéis robado. La gracia y discreción, que muestra ha sido del gran saber del celestial maestro, volvédselo a la angélica natura, y todo aquesto así restituido, veréis que lo que os queda es propio vuestro: ser áspera, cruel,...
Página 218 - También entendimientos sobrehumanos; Mostrarlo puedo en muchos este día, Y en dos os quiero dar llenas las manos, Uno de Nueva España y nuevo Apolo, Del Perú el otro, un sol único y solo.
Página 349 - Y cosa de gran desacato y desvergüenza parece que ante el Santísimo Sacramento vayan los hombres con máscaras y en hábitos de mujeres, danzando y saltando con meneos deshonestos y lascivos, haciendo estruendo, estorbando los cantos de la Iglesia, representando profanos triunfos, como el del Dios del amor, tan deshonesto y aun a las personas no honestas tan vergonzoso de mirar...
Página 322 - Había en estos peñoles animales naturales y contrahechos. En uno de los contrahechos estaba un muchacho vestido como león, y estaba desgarrando y comiendo un venado que tenía muerto; el venado era verdadero y estaba en un risco que se hacía entre unas peñas, y fué cosa muy notada.
Página 323 - Esto fue tan bien representado, que nadie lo vio que no llorase muy recio; quedó un querubín guardando la puerta del Paraíso con su espada en la mano. Luego allí estaba el mundo, otra tierra cierto bien diferente de la que dejaban, porque estaba llena de cardos y de espinas, y muchas culebras; también había conejos y liebres.
Página 321 - Había también aves contrahechas de oro y pluma, que era cosa muy de mirar- Los conejos y liebres eran tantos, que todo estaba lleno de ellos y otros muchos animalejos que yo nunca hasta allí los había visto. Estaban dos ocelotles atados, que son bravísimos, que ni son bien gato ni bien onza; y una vez descuidóse Eva.
Página 43 - ... corazón del pueblo», hecho de «una esmeralda (chalchihuitl) tan grande como un grueso pimiento de esta tierra ; tenía labrado encima una avecita o pajarillo, con grandísimo primor, y de arriba abajo, enroscada, una culebrilla con el mismo arte ; la piedra era tan transparente, que brillaba desde el fondo, donde parecía como la llama de una vela ardiendo».
Página 29 - ... pertenecían. Otros, de los libros de las leyes, ritos y ceremonias que usaban en su infidelidad; y los sacerdotes, de los templos, de sus idolatrías y modo de su doctrina idolátrica y de las fiestas de sus falsos dioses y calendarios. Y finalmente, los filósofos y sabios que tenían entre ellos, estaba a su cargo el pintar...
Página 236 - Si voy para vivir puesta en servicio, tenerme ha tu memoria compañía, y en un continuo y solitario oficio llorando pasaré la noche y día; mas si muriendo en triste sacrificio Fortuna abrevia la desdicha mía, adonde estés vendré, no tengas duda, espíritu desnudo y sombra muda.

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