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MADRID.—IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. BIVADENEYBA,

calle del Duque de Osuna, número 3.

PRÓLOGO.

La obra intitulada Orígenes de la Lengua española, compuestos por varios autores, recogidos por D. Gregorio Mayans y Sisear, corista de dos volúmenes en 8.°, impresos en Madrid en el año 1 737. Ocupan el primer tomo (y en nuestra opinion acertadamentejün tratado sobre dichos Orígenes, obra del D. Gregorio Mayans, y una Oracion en que se exhorta á seguir la verdadera idea de la elocuencia española, produccion, asimismo, del insigne erudito. El tomo n se llena con obras que no son de Mayans, y es la primera que se incluye el célebre Diálogo de las Lenguas, que gozaba de gran estima entre nuestros doctos ántes que Mayans lo publicase, y con la misma, ó quizá mayor estimacion, ha corrido desde que apareció en estos Orígenes, los cuales no habían sido reimpresos, y eran apetecidos de los curiosos, y difíciles de adquirir y caros los ejemplares que salían á la venta. Convenía reproducirlos; y el ejemplar destinado á servir para la presente edicion , parecía haber sido tiempo há destinado al efecto, ofreciendo la particularidad de habérsele raspado y trocado con solícito esmero en la anteportada, portada é índice de lo contenido en ambos volúmenes las íes numéricas, precedentes á las palabras Tomo I y Tomo Ii, cambiando así en primero el segundo y el segundo en primero, sin poner nota alguna en el ejemplar que justificara, ó explicase á lo menos, la razon del cambio. Puédese, empero, imaginar que como el Sr. Mayans declaraba desde luégo ser los Orígenes opúsculos de varios autores, creyese el presunto, y de nosotros desconocido, editor, que la obra más antigua debería ir colocada primero, en cuyo caso el Diálogo di las Lenguas habría justamente de preceder al Discurso sobre los Orígenes. Don Juan Iriarte, en su aprobacion de la obra, trató tambien primero del Diálogo de las Lenguas, y concluyó hablando, como de paso, de los Orígenes: sospechamos que de allí nacería la idea de querer reimprimir la obra, anteponiendo el segundo tomo al primero, idea que han seguido los editores de esta reimpresion, y que ni aplaudimos ni reprobamos, pues al fin toda la obra se reproduce; si bien aconsejaríamos al que la leyera que, respetando la voluntad del autor-colector, principiase este libro por la pág. 287, en que se abre el texto de los Orígenes, los cuales, aunque no sean lo más antiguo, y por lo mismo lo más curioso, no dejan por eso de ser, en mi concepto, lo mejor de la obra. El Diálogo de las Lenguas, escrito de inmenso valor en su tiempo, es más curioso ya que útil en nuestros dias: tenía el autor sus caprichos, á que el tiempo no ha querido ajustarse; tenía infundadas antipatías, que ni en aquel tiempo ni en éste fueran justificables, ni merecen disculpa, como su aversion al célebre gramático, Antonio de Nebrija , que, no por ser andaluz, dejó de saber admirablemente su lengua y otras, como muchos de su país, ilustre y rico en todo; muestra, en fin, á veces el autor del Diálogo más desenfado que fundamento. Don Gregorio Mayans, que defiende á Nebrija, sin dejar por eso de encomiar debidamente al Dialogador, sea quien fuere, se coloca en el digno puesto de la razon y de la justicia.

A la aprobacion ó censura ó dictámen de„D. Juan de Iriarte precede en ,1a primera edicion de nuestra obra otra censura de D. Manuel Francisco Rodríguez de Castro, Dean y Canónigo de la Iglesia de Santiago, papel más breve que el de Iriarte, quizá más aprovechado, no ménos oportuno. La^ idea que da de la obra comprende en su concision cuanto puede alegarse en su elogio, y hace inútil el nuestro, que no por prolijo sería más atinado, propio y merecido. Señala Mayans, como no podía ménos, por principal origen de nuestra lengua el idioma latino; y aunque sea punto éste ya bien averiguado, y Mayans lo trate con singular acierto, pensamos que tal vez no aparecerán impropias aquí las breves y vulgares observaciones que siguen.

Casi todos los españoles rezamos cada dia la mejor de las ora— ciones, obra de la sabiduría del misino Dios, la del Padre nuestro. Dice así en nuestro actual lenguaje,—porque algunas leves diferencias ha ofrecido en tiempos anteriores: «Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre, venga á nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada dia, dánosle hoy; y perdónanos nuestras -deudas, así como nosotros perdonamos á nuestros deudores. Y co nos dejes caer en la tentacion, mas líbranos de mal. Amén. > Casi diez y ocho siglos y medio há que fué por N. S. Jesucristo enseñada esta oracion á las turbas, de Galilea; no sabemos desde qué año sería introducida en España ; pero sí se sabe que entónces se hablaba en España latin, y que el texto latino del Padre nuestro dice de esta manera: «Pater noster, qui -es in ccelis: sanctificetur nomen tuum, adveniat regnum tuum, fiat voluntas tua, sicutin ccelo et in terra. Panem nostrum quptidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. ■ Desde luégo se nota ser iguales en el texto latino y el castellano el verbo da, y el pronombre nos, que precede á inducas: son ademas no poco parecidos Pater á Padre, noster á nuestro, qui á que, in á en, cmlis y ccelo á cielos y cielo, nomen á nombre, adveniat á venga á, regnum á reyno, voluntas á voluntad, terra á tierra, panem k pan, nostrum, nostra y nostris á nuestro, nuestra y nuestros, hodie á hoy, debita á deuda 6 deudas, debitoribus á deudores, tentationem á tentacion, libera nos á branos, malo á mal. La mayor parte, pues, de las dicciones contenidas en la Oracion dominical española tienen semejanza y correspondencia con sus originales ¿> análogas en el Padre nuestro latino. Pero hay más aún, y es que las voces del Padre nuestro español, que no ofrecen semejanza con las correspondientes en el texto de la Oracion dominical latina, la tienen con otras voces latinas, tambien aplicables al caso. Dice el texto latino qui es in ccelis; decimos nosotros que estás : pues bien,. la voz estás es latina asimismo, tomada del verbo sto, cuya segunda persona del presente de indicativo dice stas, que es la misma diccion, omitiendo la e con que principia en nuestro idioma. Nuestros artículos el, le, los, la, aunque el latin no usa de artículos, están formados sobre los pronombres latinos tile, tila, tilos. El verbo en voz pasiva sanctificetur aparece vertido al español con las dos palabras, santificado sea, de procedencia latina las dos, esto es, sanctificato sit, ó sedeat, porque el subjuntivo de sedeo fué sustituido al de sum en la formacion embrionaria del español lenguaje. Lo mismo acontece con las demas palabras del Padre nuestro en el actual idioma'de España, como se puede ver, trasladándolas á latín bárbaro de esta suerte, prescindiendo de declinaciones, conjugaciones y reglas gramaticales propias, como de todo esto se prescindió al ir formando del latín el idioma nuevo, que ahora es el nuestro: «Patre nostro, qui stas in illos coelos: sanctificato sedeat ille tuo nomine, veniat ad nos ille tuo regno, faciat se tua voluntate ad sic in illa terra quomodo in illo coelo. Ule pane nostro de quota die da nos ille hodie, et per-dona nos nostra debita ad sic quomodo nos alteros per-donamus ad nostros debitores. Et non nos laxes cadere in illa tentatione, magis libera nos de malo. Amen. >

Tómese el texto de la Oracion del Señor en las lenguas griega, gótica, árabe, hebrea y vascuence, y se verá que solo nos ofrecen alguna que otra voz parecida á las del texto castellano: es evidente, pues, que las palabras de nuestra Oracion dominical no provienen del hebreo, del griego, del gótico, del árabe, del vasco, ni de ninguna otra lengua de las que en España se hayan hablado, sino de la lengua romana ó latina. Ahora bien, lo mismo acontece á cada paso con trozos muy extensos de nuestros li-' bros ó de nuestras conversaciones, que dejarían fuera de duda (si la hubiese) que el idioma español de los siglos modernos se formó sobre aquel otro idioma de nuestros dueños, que dominó en España muchos siglos antes, mal que nos pese. Eso sí, tambien pueden citarse trozos de castellano en que abunden palabras de origen griego y de otras lenguas, que ya no se hablan; tambien tenemos en nuestro romance porcion de voces de lenguas vivas. Los orígenes del idioma español, como los de todo idioma, pueden dividirse en antiguos y modernos: unos que obraron en su tiempo, los otros que obran hoy dia. Nacido el hombre para la sociedad, no puede evitar el roce y los efectos del roce de todos aquellos con quienes conversa; toma de unos, y da á los

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