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beis dicho agora; ni tampoco soy de vuestra opinion en panto á las añadiduras que decís, antes pienso que el primero que comenzó á usar estos vocablos en la lengua castellana, los usó así enteros, como yo los escribo.

Torres. Más os valiera callar; pues yendo por lana, habeis venido trasquilado.

Marcio. Así es verdad, que torno trasquilado; pero tambien llevo lana, pues he sabido lo que hasta agora no sabía. Pero dejemos esto. ¿Qué es la causa por que vos no poneis una d entre dos aes, como la ponen muchos, adaquel, y así en otras partes?

Valdés. Eso hacen solamente algunos aragoneses : lo cual, segun parece, hacen por huir el mal sonido que causan dos oes juntas; pero á mi ver, por huir de un inconveniente, caen en dos; el uno es que dan á la lengua lo que no es suyo; y el otro, que no alcanzan lo que pretenden, que es adobar el mal sonido; porque, si bien lo considerais, peor suena adaquel, que á aquel.

Marcio. Digo que si sólo por eso ponen la d ellos, á mi ver lo yerran; porque allende de lo que vos habeis dicho, no tienen autoridad de ninguna otra lengua que haga una cosa semejante donde se puedan fundar; por tanto de hoy más yo les dejo su d, que allá se avengan con ella; y vos decidnos : ¿por qué entre vosotros unos poneis unas veces una d al fin de las segundas personas de los imperativos, y otros siempre la dejais, escribiendo unas veces toma, y otras tomad; compré y comprad; una comé y otras comed?

Valdes. A los que no la ponen querría que pidiésedes la causa, que yo que la pongo, bien os la daré. Marcio. Esa nos basta á nosotros saber. Valdés. Póngola por dos respetos; el uno, por henchir más el vocablo; y el otro, porque haya diferencia en el toma con el acento en la o, que es para cuando hablamos con uno muy inferior, á quien digo tú, y tomad, con el acento en la a, que es para cuando hablo con un casi igual, á quien digo vos. Lo mismo es en compra y comprad; y corre y corréd.

Marcio. Cuanto á esto, yo quedo bien satisfecho, y holgaría me satisfaciésedes á lo que ahora os quiero preguntar. ¿Qué es la causa porque vos escribis con h casi todos los vocablos que el latino escribe con f? Y sabed que lo que más me hace estar más maravillado desto, es ver que muchos castellanos los escriben con f.

Valdés. Si os acordásedes bien de lo que habemos dicho, hallariais que estais respondido á eso; pero pues teneis mala memoria, torno á decir que de la pronunciacion arábiga le viene á la castellana el convertir á la y latina en h; de manera , que pues la pronunciacion es con h, yo no sé por qué ha de ser la escritura con f, siendo fuera de propósito que en una lengua vulgar se pronuncie de una manera y se escriba de otra (1). Yo siempre he visto que usan de la h los que se precian de escribir pura y castellanamente. Los que ponen la f son los que no siendo muy latinos van trabajando de parecerlo.

Marcio. No me desplace lo que decís; pero veo tambien que en vocablos que no son latinos haceis lo mismo.

Valdés. Y en esos mucho mejor quiero guardar mi regla de escribir como pronuncio.

(1) Dedúcese de estas palabras del autor, que no conocía el frances ni el inglés, puesto que ambos idiomas se escriben de distinta manera que se pronuncian. Es éste, sin duda, un fenómeno lingüístico curioso, y cuyo estudio ocupará un tiempo á los sabios y eruditos. ¿ En qué consiste que algunos idiomas que han tomado del latin su gramática y su vocabulario, ó sólo parte de una ó de otro, han hecho sufrir á la pronunciacion de las palabras cambios tan profundos y radicales, al paso que otros las han conservado en general tales como las admitieron? ¿ Ha influido en esto la raza, la historia, la tradicion, el clima ó diferencias de organizacion, que hoy por hoy nos son completamente desconocidas?

Torres. No sé yo si osariades decir eso en la Chancillería de Valladolid. Valdés. ¿Por qué no?

Torres. Porque os apedrearían aquellos notarios y escribanos, que piensan levantarse diez varas de medir sobre el vulgo, porque con saber tres maravedís de latin, hacen lo que vos reprehendeis.

Valdés. Por eso me guardaré yo bien de írselo á decir: ni áun á vosotros no lo dijera, si no me hubiérades importunado.

Torres. ¿Por qué?

Valdés. Porque es la más recia cosa del mundo dar reglas en cosa donde cada plebeyo y vulgar piensa que puede ser maestro.

Torres. Aunque sea fuera de propósito, os suplico me digais : ¿á quién llamais plebeyos y vulgares?

Valdés. A todos los que son de bajo ingenio y poco juicio.

Torres. ¿Y si son altos de linaje, y ricos de renta?

Valdés. Aunque sean cuan altos y ricos quisieren, en mi opinion serán plebeyos, si no son altos de ingenio y ricos de juicio.

Marcio. Esa filosofía no la aprendisteis vos en Castilla. Valdés. Engañado estais; antes despues que vine en Italia he olvidado mucha parte della. Marcio. Será por culpa vuestra.

Valdés. Si ha sido por culpa mia, ó no, no digo nada: basta que es así, que mucha parte de la que vos llamais filosofía , que aprendí en España, he olvidado en Italia.

Marcio. Ésa es cosa nueva para mí.

Valdés. Pues para mí es tan vieja, que me pesa.

Marcio. No quiero disputar con vos esto, pues tan bien me habeis satisfecho en lo que os he preguntado.

Valdés. Huélgome que os satisfaga; pero más quisiera satisfacer á Grarci-Laso de la Vega, con otros dos caballeros de la corte del Emperador, que yo conozco.

Marcio. Si no se satisfacieren, cuando vieren alguna cosa donde estuviere guardado lo que decís, ellos sabrán por qué; basta que nosotros quedemos satisfechos; pero ¿ sabeis qué querría?

Valdés. ¿Qué?

Marcio. Que en los vocablos que claramente tomais del latin, los cuales escriben con dos Jf, no les quitásedes ninguna; de manera que dijésedes effeto y no efeto.

Valdés. Tambien lo querría yo; pero sería dificultoso de introducir, por la poca plática que hay de la lengua latina entre los más de nosotros.

Marcio. A lo ménos, si no podeis hacer que lo usen los otros, usadlo vos.

Valdés. Soy contento; yo lo haré así de aquí adelante.

Marcio. Está bien. Decidme agora si resgate y rescate es todo uno.

Valdés. Todo, y el propio es rescate.

Marcio. Pues ¿por qué algunos escriben resgate?

Valdés. Por ventura por hacer lo que el contrario de lo que el castellano hace en vuestro esgombrar, que mudando la g en c, y añadiendo su ordinaria e, dice escombrar.

Coriolano. ¿Qué quiere decir escombrar en castellano?

Valdés. Casi lo mesmo que esgombrar en italiano.

Coriolano. Segun eso, hurtado nos habeis este vocablo.

Marcio. Sí por cierto : hallado os habeis la gente que se anda á hurtar vocablos.

Coriolano. Teneis razon : no supe lo que me dije.

Valdés. Siempre vosotros estais armados de espada y capa para herirnos cuando algo nos veis descubierto; pues ya sabeis que donde las dan, allí las toman.

Marcio. Sélo muy bien; y en esto no quiero contender con vos, sino que me digais cuál teneis por mejor decir, quige ó quigera, ó quise ó quisiera. Y ¿ cuál os coutenta más, vyitar ó visitar? porque veo algunos, y áun de los cortesanos más principales, que usan más la g que la s.

Valdés. Yo por muy mejor tengo la s, y creo que la g no la habeis oido usar á muchas personas discretas, nacidas y criadas en el reino de Toledo ó en la corte, si ya no fuese por descuido.

Marcio. En la verdad creo sea así, aunque no fuese sino porque el vigitar tiene á mi ver de villanesco. Ahora decidme : ¿cuál os contenta más escribir rigase ó rbjase?

Valdés. Yo por mejor tengo riyase, con tanto que la primera i sea pequeña, porque es vocal; y la segunda sea griega, porque es consonante. La g no sé por qué se ha ingerido allí, Ande yo caliente y rígase toda la gente.

Marcio. Bien me place esto; y ahora que nombrasteis la y, me acuerdo que en los vocablos latinos, adonde despues de la g se sigue n, unas veces veo que quitais la g, y otras veces veo que la poneis; ¿por qué haceis esto?

Valdés. Cuando escribo alguna carta particular en castellano para algun italiano, pongo la g por la misma causa que he dicho, que en lugar de \&j larga pongo gi; pero cuando escribo para castellanos y entre castellanos, siempre quito la g, y digo sinificar, y no significar; manifico, y no magnifico; dino, y no digno; y digo que la quito, porque no la pronuncio; porque la lengua castellana no conoce de ninguna manera aquella pronunciacion de la g con la n, y veréislo, porque no dice segnor, sino señor, sirviéndose de la tilde adonde vosotros os servís de la g; de manera, que cuando yo bien quisiere que el castellano pronunciase como vosotros el magnifico y el significo, pornia en lugar de vuestra g nuestra tilde, como hago en iñorancia, y diria mañífico, siñifico. ¿Qué os parece, señor Torres? (1).

(1) Hoy, en vez de sinificar, manífico, y dino, se dice y escribe sig

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