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Valdés. No me parecería mal si se usase; pero como no Be usa, yo por mí no lo osaría decir ni escribir; pero ¿no os parecería mal adonde lo viésedes escrito?

Marcio. No, de ninguna manera.

Valdés. Esto es cuanto á los vocablos, que, ó son latinos, ó tienen alguna parte del latin; cuanto á los otros, no os sabría dar regla ninguna. El mesmo cuidado que habeis de tener en poner bien el artículo del nominativo, conviene que tengais en poner el del genitivo y acusativo, estando sobre aviso de hablar siempre desta manera : Del monte sale quien el monte quema; y Del lobo un pelo, y ése de la frente; y Lo que da el nieto al agüelo; Allegadora de la ceniza, y derramadora de la harina.

Coriolano. Paréceme que os aprovechais bien de vuestros refranes, ó como los llamais.

Valdés. Aprovechome dellos tanto como decís, porque habiendo de mostrar por un otro ejemplo lo que quiero decir, me parece sea más provechoso amostrároslo por estos refranes, porque oyéndolos los aprendais, y porque más autoridad tiene un ejemplo destos antiguos que un otro que yo podría componer.

Coriolano. Bien está; pero yo no entiendo los más dellos.

Valdés. Basta que entendais el propósito para que los digo. La sentencia otro dia la entenderéis.

Coriolano. Acepto la promesa, y decidme si teneis por cosa de mucha importancia la observancia destos artículos.

Valdés. Yo Os diré de qué tanta: que en Castilla tenemos por averiguado que un extranjero, especialmente si no sabe latin, por maravilla sabe usar propiamente dellos; tanto, que hay muchos vizcaínos en Castilla, que despues de haber estado en ella cuarenta ó cincuenta años, y sabiendo del resto muy bien la lengua, muchas veces pecan en el uso de los artículos; por tanto, os aconsejo que mireis muy bien en ello (1).

Marcio. Así lo harémos como decís, por obedeceros.

Valdés. Hacedlo por lo que os cumple, que á mí poco me importa; mas me cumple acabar esta jornada de hoy, y por esto paso á la tercera regla. Esta es que en la pronunciacion de los vocablos mireis bien en qué sílaba poneis el acento, porque muchas veces el acento hace variar la significacion del vocablo, como parece en este refran, que dice: Dure lo que durare, como cuchara de pan; adonde si poneis el acento en las últimas sílabas del duré y duraré, no diréis nada, porque haréis al uno pretérito y al otro futuro; pero si en el dure poneis el acento en la ú, y en el durare en la á, la sentencia estará buena; y si diciendo Quien hace un cesto, hará ciento, y en el hacé poneis el acento en la última, haciéndolo imperativo, gastaréis la sentencia; y por el contrario, diciendo Quien sufrió y calló, venció lo que quiso, en el cállo poneis el acento en la á, haciéndolo presente, no diréis nada. Esto mesmo acontece en otros muchos verbos, como en el burlo y lloro, diciendo: Quien con su mayor burló, primero rió y despues lloró, y por esta causa, cuando yo escribo algo con cuidado, en todos los vocablos que tienen el acento en la última lo señalo con una rajuela. Bien sé que ternán algunos ésta por superflua y dema

(1) Esta dificultad de los extranjeros en usar bien del artículo consiste en la que ofrece el conocimiento de los distintos géneros de los nombres, porque sabidos éstos, es tambien facilísimo el uso de los artículos. Lo mismo sucede á los españoles cuando aprenden otras lenguas, porque la razon es idéntica. Las reglas que suelen darse para distinguir los géneros de los nombres, así en el latin como en las lenguas neo-latinas, fundadas en su mayor parte en analogías de significacion ó terminacion, están sujetas en todas ellas á tantas excepciones, que sólo una práctica constante puede enseñarlas.

siada curiosidad; pero yo no me curo, porque la tengo por buena y necesaria.

Marcio. ¿Luégo ésta es la causa que os mueve á señalar los acentos como haceis?

Valdés. Esta mesma.

Marcio. Pues yo os certifico que esta de los acentos es una de las principales con que yo venía armado contravos; y paréceme lo que sobre esto decís tan bien, que no puedo dejar de aprobarlo, aunque hasta aquí me parecia cosa bien demasiada.

Valdés. Huélgome de haberos satisfecho antes que me lo preguntásedes.

Marcio. Y ¿querríades que todos usasen este señalar de acentos en el escribir?

Valdés. querría, á lo menos los que escriben libros de importancia, y los que escriben cartas familiares á personas que no son naturales de Castilla, porque á poca costa les enseñarían cómo han de leer lo que les escriben.

Marcio. ¿Teneis alguna regla cierta para esto de los acentos?

Valdés. Ninguna tengo que salga siempre verdadera. Es bien verdad que por la mayor parte los verbos que tienen el acento en la última, son de terceras personas, ó de pretérito, como amó, ó de futuro, como enseñará.

Marcio. ¿Habeis notado alguna otra regla que pertenezca al acento?

Valdés. Ninguna, porque ya sabeis que las lenguas vulgares de ninguna manera se pueden reducir á reglas de tal suerte que por ellas se pueda aprender; y siendo la castellana mezclada de tantas otras, podeis pensar si puede ser ninguno bastante á reducirla á reglas ; y porque me habeis preguntado de la gramática, y pertenece tambien á ella saber juntar el pronombre con el nombre, quiero que sepais que la lengua castellana siempre quiere el pronombre delante del nombre, si no es cuando el nombre está en vocativo, que entonces el pronombre sigue al nombre; de manera que, hablando bien, habeis de decir mi señor y mi señora, mi padre y mi madre, cuando está en nominativo; pero si estos nombres están en vocativo, habeis de decir señor mio y señora mia, padre mio y madre mia. Mas quiero sepais que si estando estos nombres en vocativo poneis antes el pronombre que el nombre, haceis que la cortesía sea mucho menor; y de aquí es que hay muy gran diferencia en escribir á una dama señora mia ó mi señora, porque luego que de industria os apartais del propio estilo de la lengua en que hablais ó escribís, mostrais tener por inferior á la persona que hablais ó á quien escribís.

Marcio. ¿Teneis que esa regla sea siempre verdadera?

Valdés. Yo por tal la osaría vender; bien puede ser que tenga alguna excepcion, de que yo no me acuerde.

Torres. Mirad cómo hablais, porque excepcion, pues yo no lo entiendo, no es vocablo puro castellano.

Valdes. Teneis razon; pero pues me haceis hablar en esta materia, en que no he visto cómo otros castellanos han hablado, es menester que sufrais me aproveche de los vocablos que más á propósito me parecerán, obligándome yo á declararos los que no entendiéredes; y así digo que tener excepcion una regla, es tener algunas cosas que salen de aquella orden que la regla pone.

Torres. Ya lo entiendo, y soy contento á sufriros el uso destos vocablos; pero con la condicion que decís.

Valdés. Tambien pertenece á la gramática el saber juntar el pronombre con el verbo, en lo cual veo un cierto uso, no sé de dónde sea nacido, y es que muchos dicen poneldo, envialdo, porque el poned y enviad es el verbo, y el lo es pronombre (1). No sé qué sea la causa por que lo mezclan

(1) Esta figura de diccion, llamada metátesis ó transposicion, se desta manera. Yo, aunque todo se puede decir sin condenar ni reprehender nada, todavía tengo por mejor que el verbo vaya por sí y el pronombre por sí; y por esto digo Al mozo malo, ponedle la mesa y enviadlo al mandado. La mesma razon hay en decir ayudarte por ayudaráte; yo siempre digo Ayúdate, y ayudaráte Dios. Lo mesmo es sacarte ó sacar-ate, como diciendo Cria cuervo, y sacaráte el ojo.

Torres. ¿Qué me mandaréis, y diré que con lo que habeis dicho estoy ya un poco aficionado á la gramática y me va ya pareciendo bien?

Valdés. ¿Qué? Lo que dicen las viejas en mi tierra: Un corre verás, y otro que te hallarás, porque veais en cuánto tengo que os parezca mal ó bien.

Torres. Vos me habeis respondido como yo merecia; proseguid adelante.

Valdés. No tengo más que proseguir, ni vosotros os podréis quejar que no os he dicho hartas gramatiquerías.

Marcio. No, que no nos quejamos de lo dicho; pero quejarémonos si no nos decís más.

Valdés. Quejáos cuanto quisiéredes, que á mí no se me ofrece otra cosa que deciros.

Marcio. Segun eso, ¿no debeis de haber leido el arte de la gramática castellana, que diz que compuso nuestro Antonio de Lebrija para las damas de la serenísima reina doña Isabel, de inmortal memoria?

Valdés. Asi es verdad, que no lo he leido.

Marcio. ¿Por qué?

Valdés. Porque nunca pensé tener necesidad dél, y porque nunca lo he oido alabar. Y en esto podeis ver cómo fué

comete siempre que se altera el orden de las letras que componen una palabra. Hoy se usa en algunas, como cantinela y cantilena; pero en lo antiguo era muy frecuente, como se observa en los autores de obras de otras épocas, y sobre todo en los refranes.

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