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las redujo Augusto César á tal género de paz, que las que nunca habian estado sin grandes guerras, aquellas mismas, por la conduta de Cayo Antistio, y despues por la del legado Publio Silioy de otros, y aun más adelante, estuvieron libres de latrocinios. La cuenta de Patérculo viene justa, porque habiendo sido cónsules Marco Vinicio Cuartino y Cayo Casio Longino en el año de la fundacion de Roma DCCLXXXIII, si quitamos L no cumplidos, hallaremos por cónsules á Quinto Emilio Lépido y Marco Lolio, debajo cuyo consulado fué sujetada Cantabria enteramente.

43 Flavio Josefo (1), que escribió en tiempo del emperador Vespasiano y de Tito su hijo, en el libro segundo de la guerra Judaica (cap. 16), introduce al rey Agripa exhortando á los judíos á que no quieran guerra con los romanos, •diciéndoles que sus fuerzas siempre fueron vitoriosas en todo el mundo; tanto, que áun intentaron traspasar los términos á -que habian llegado, porque ni los contuvieron los de todo el Eufrates hacia el Oriente, ni los del Istro hacia el Setentrion, ni el haber andado toda la Lybia hacia el Mediodía hasta lo más impenetrable de sus arenales, ni el haber llegado hasta Cádiz hácia el Occidente, sino que navegando el Océano, adelantaron sus armas hasta descubrir un nuevo

(1) Flavio Josefo, historiador y general judío de la familia de los Macabeos, nació en Jerusalem en el año 37 de Jesucristo, y era de la secta de los Fariseos. Gobernador de la Galilea por sus compatriotas rebelados contra los romanos, sostuvo en Jotapata un largo sitio contra Vespasiano y contra Tito. Habiéndose rendido al primero, so con•cilió su amistad, prediciéndole su elevacion al imperio. Lleváronlo á Roma, señalándole una pension considerable, y se cree que murió el año 95. Escribió la Historia de la guerra de los judíos, las Antigüedades judaicas, su Vida, dos libros contra Apion, y el Elogio de los siete mártires Macabeos. Se distingue por la claridad y la elegancia de su lenguaje griego, aunque su veracidad como historiador haya sido negada.

mundo, sujetando á los britanos, desconocidos antes. ¿Qué me decís, pues? prosigue Agripa hablando con los judíos. ¿Por ventura vosotros sois más ricos que los galos, más fuertes que los germanos, más sabios que los griegos, y más en número que los habitadores de todo el mundo? ¿ Qué vana confianza es la vuestra que así os anima contra los romanos? Y poco despues, más á nuestro intento, añade: Ni bastó á los españoles, en una guerra emprendida por la libertad, el oro sacado de las entrañas de la tierra, ni la separacion de los romanos, mediando entre unos y otros tanta tierra y mar, ni los lusitanos y cántabros, gentes guerreras, ni la vecindad del Océano, espantoso áun á los naturales por causa de sus crecimientos , sino que extendidas sus armas más allá de las colunas de Hércules, habiendo pasado los romanos los montes Pirineos por medio de las nubes, tambien sujetaron á éstos (esto es, á los lusitanos y cántabros), los cuales, aunque difíciles de vencerse y aunque tan distantes, sin embargo, con sola una legion están reprimidos. Hasta aquí Flavio Josefo, traducido á la letra.

44 Suetonio Tranquilo (1), escritor gravísimo, que vivió en tiempo de los emperadores Trajano y Adriano, de quien fué maestro de las epístolas, refiere con mayor distincion y claridad (tn Aug. cap. 21) que Octaviano, parte por y parte por su dichosa direccion, domó la Cantabria y Aquitania,_Panonia, Dalmacia, con todo el Ilirico. Tambien la

(1) Cayo Suetonio Tranquilo, biógrafo latino nacido hacia el año 70 de Jesucristo, fué hijo du un tribuno militar, abogado y secretario (magister epistolarum) de Adriano y cayó en desgracia por su comportamiento demasiado familiar con la emperatriz Sabina, hácia el año 121. Amigo de Plinio el Jóven, habia escrito sobre los juegos griegos, los espectáculos, las leyes y costumbres de Roma, aunque hoy sólo se conserven de él las Vidas de los doce Césares y algunasnoticias acerca de varios literatos. Es muy amante de la verdad, pero poco decente.

Rhecia y á los vindélicos y á los sálasos, gentes que vivian en los Alpes. El mismo Suetonio se explicó más cuando dijo {cap. 20) que Augusto hizo por si dos guerras: la dalmática, siendo aún mozo, y la cantábrica despues de vencido Antonio. En otra parte refiere (cap. 81) que Augusto padeció en su vida algunas graves y peligrosas enfermedades, especialmente despues de haber domado la Cantabria.

45 Dion Casio (1), que escribió en tiempo de Adriano, y los dos insignes españoles Lucio Floro, que floreció en tiempo de Trajano, y Orosio, que vivió imperando Arcadio y Honorio, refieren largamente este vencimiento y sujecion de los cántabros, cuyos sucesos hasta ahora no han sido bien concordados. Y por eso me ha parecido ordenarlos, siguiendo principalmente á Dion, porque lo refirió más de propósito y los distinguió señalando los consulados, cuya narracion pienso suplir y entretejer con lo que dijeron los abreviadores Floro (2), Orosio y otros.

46 Orosio dice (libro 6. cap. 20) que en el año de la fundacion de Roma DCCXXVI, siendo Augusto sexta vez cónsul con Marco Agripa, que lo era la segunda, mandó abrir las puertas de Jano, y vino con su ejército á las Españas para hacer la guerra á dos forüsimas naciones, cántabros y as

(1) Dión Cassio, historiador griego, nació en Nicea hacia el año 155 de Jesucristo, y durante los reinados de Cómmodo , Pértinax y Alejandro Severo, fué senador, cónsul y gobernador del Asia Menor y de Africa. Habia escrito una Historia romana desde la llegada de Enéas á Italia hasta el año de su consulado, en 80 libros. Sólo se ha conservado el 19.° y algunos fragmentos. Generalmente es exacto, aunque algo parcial, sobre todo contra Séneca.

(2) Anneo Lucio Floro, español de la familia de Séneca y Lucano, que vivió, segun unos, en tiempo de Adriano , y segun otros, 10O años despues. Escribió un Epítome ó compendio de historia romana desde Rómulo hasta Augusto, en cuatro libros, con estilo brillante y conciso. Se le atribuye tambien el Pervigilium veneris y otraspoesías.

turianos, teniendo por cosa de menos valer que viviesen segun sus leyes. Yo me persuado que el motivo que tuvo Augusto para mandar abrir el templo de Jano (esto es, para dar á entender que era tiempo de guerra) no fué sólo el levantamiento de los cántabros, sino tambien el designio de sujetar otras naciones y de poner bien pacífico todo el imperio romano, como claramente se infiere de lo que escribió nuestro Floro (lib. 4. cap. últ.) y Dion Casio (lib. 53). Como quiera que sea, estuvo Augusto en Tarragona mucho tiempo, porque segun Suetonio (In August. cap. 21), allí diú principio á su octavo y nono consulado, teniendo por compañeros en el uno á Tito Estatilio Tauro, segunda vez cónsul , y en el otro á Marco Junio Silano.

47 Lucio Floro dice (lib. 4. cap. últ.) que en el Occidente casi toda España estaba apaciguada, menos laparte que bañaba el Océano citerior arrimada á los escollos del cabo de los Pirineos. Aquí (dice) dos esforzadísimas naciones, los cántabros y asturianos, vivián sin sujecion al imperio romano. El ánimo de los cántabros en mantenerse en su rebelion (esta supone antecedente sujecion á los romanos) era más profundo y más pertinaz, los cuales, no contentos con defender su libertad, intentaban dominar tambien á los más cercanos, y molestaban con frecuentes correrías á los vacéeos y curgonios y autrigones. Contra éstos pues (habla de los cántabros), porque habia noticias que obraban con mayor encono, no se encomendó la expedicion, sino que se emprendió. Vemos, pues, al emperador Augusto personalmente empeñado en sujetar á los cántabros.

48 Tito Livio escribió esta guerra largamente. Ahora únicamente nos queda el sentimiento de su pérdida. Su abreviador sólo dice esto (lib. 136) : Refiérese la guerra que hizo Marco Craso contra los Traces y César contra los españoles; y como los salasos, gente de los Alpes, fueron sujetados. Tenemos el recurso de Dion, que sin duda leyó y siguió á Tito Livio. Dice Dion (Ilist. Rom. lib. 53) que á tiempo que pensaba Augusto César en ir á la expedicion de Bretaña, le hicieron mudar de intento los salasos, cántabros y asturianos, los cuales se rebelaron. Contra los salasos que habitaban al pié de los Alpes, envió á Terencio Varron, el cual los venció. Y el mismo Augusto, que entonces (esto es, en el año DCCXXIX de la fundacion de Roma) era nona vez cónsul, fué contra los cántabros y asturianos. Embestidos por César unos y otros, y no queriendo someterse, confiados en la aspereza de los parajes, ni queriendo pelear por ser muy inferiores en número y los más de ellos ligeramente armados, y sucediendo que, á cualquier movimiento que hacia el César, ocupaban luégo los lugares más altos y valles silvestres, poniendo asechanzas, frecuentemente infestaban el ejército romano. Augusto, que se veia puesto en aquellos grandes aprietos de tanto trabajo y cuidados, cayó enfermo. Hubo de dejar el mando á Cayo Antistio Vetus, y se fué á Tarragona. En aquella guerra hizo Antistio grandes hazañas . no porque fuese mayor general que Augusto, sino porque despreciándole sus enemigos, se atrevieron á entrar en batalla y la perdieron. Y entonces fué cuando Antistio se apoderó de algunas poblaciones. Despues Publio Carisio entró en Lancia, desierta de los suyos, y redujo á su obediencia otras muchas tierras. Hasta aquí Dion, traducido casi á la letra, cuya narracion concuerda muy bien con la de Floro y Orosio, que, habiendo sido españoles, debemos suponerlos bien informados. Dice, pues, Orosio (¿ib. 6. capítulo 21), copiando á Floro (¿ib. 4. cap. últ.) en gran parte, y entretejiendo otras noticias, que los cántabros y asturianos, que entonces eran parte de la provincia de Galicia, no sólo estaban aparejados para defender la propia libertad, sino que tambien tenian ánimo de quitarla á sus vecinos. Y así hacían sus entradas, y talaban las tierras de los vacéeos, turmodigos y autrigones. César, pues, puso sus reales junto d

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