Obras, Volumen 2

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Escriptorio da Bibliotheca Portugueza, 1852
 

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Página 404 - MOURA Mi no xaber que exto extar. Mi no xaber que exto xer, Mi no xaber onde andar. Alah xaber divinar, Lo que extar Alah xaber ; Alah xaber que es aquexto, Alah xaber y yo no \ Alah xaber max que yo, Alah, digirme que ex exto. Jupiter, que á mí mandar ? Dox mil añox extar cantada } Agora donde llevar?
Página 466 - Viera estar rosal granado. «Vengo del rosale.
Página 350 - El -Rei de Fez esmorece, e Marrocos dá clamores. Oh, deixai de edificar tantas câmaras dobradas, mui pintadas e douradas, que é gastar sem prestar. Alabardas, alabardas! Espingardas...
Página 467 - Viera estar rosal florido, "Vengo del rosale." El Dios de los amadores Me dió su poder y llaves, Que mande cantar las aves Los salmos de sus amores. Y las damas sin piedad, Sepan que soy ya venido, Y que me manda Cupido Quo no goce mi amistad Corazon desgradecido.
Página 240 - Cuando lirios y rosas Muestran mas su alegría, En la noche mas serena Que el cielo hacer podia, Cuando la hermosa Infanta Flerida ya se partia: En la huerta de su padre...
Página 66 - Es toda mi parte della, due perdí muger tan bella Como estrella. Y pues triste me dejó, Muriera mezquino yo, Y no ella. Pluguiera á Dios que cupiera La suerte suya por mia ; Pues quedé, que no debiera, Robada mi compañera, Consumida mi alegría.
Página 7 - A y ! que no puedo cuitada Decir ay á mis dolores ! Ay ! que no oso quejar ! Ay ! que no oso decir ! Ay '. que no oso querellar i Ni me puedo ya vingar Del consentir ! Oh triste de mí Ruhena ! Á quien me descubriré?
Página 241 - Sus lágrimas consolaba Flérida, que esto oía. Fuéronse a las galeras que Don Duardos tenía; cincuenta eran por cuenta, todas van en compañía. Al son de sus dulces remos la princesa se dormía en brazos de Don Duardos, que bien le pertenecía.
Página 223 - Quien tiene amor verdadero No pergunta Ni por alto, ni por bajo, Ni igual ni mediano. Sepa pues Que el amor que aqui me trajo, Aunque yo fuese villano, Él no lo es.
Página 74 - Dios me hacer merced no tiene hambre ni sed ; más que una red siempre harta y aborrida: si esta vida tal es vida, me sabed. Cuando con ella casé hallé, norabuena sea, en ella lo que os diré: cuando bien, bien, la miré vile un rostro de lamprea, una habla a fuer de aldea y de Guinea el aire de su meneo; cuanto más se pon de arreo está más fea.

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