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visorey les mandó embarcar y se van á Nápoles; aunque como el conde estuviese en Capri, y los capitanes que esta gente llevaban fuesen avisados desde Palermo, que echasen esta gente en la dicha isla donde estaba el conde: dos ó tres naos en que esta gente iba surgieron en la isla, y echaron la gente en tierra, y la otra gente que iba en las tres naos, viendo que ansimismo los querían echar en la isla, dijeron todos á los marineros que juraban de dar con ellos á la mar, y ansí hicieron que los llevasen á Nápoles, donde desembarcó toda la gente.

Pues es dicho de lo que acaesció en Cicilia, tornando á donde antes estábamos, proseguiendo despues quel conde les hizo el parlamento, estuvieron todos en mucho sosiego, dándoles todo lo que habian menester muy abundosamente. En este tiempo unos decian que habian de ir á Bolonia, y otros que se esperaban cuarenta galeras de venecianos, é que habian de ir en Genova, y de esta manera habia mucha confusion entre la gente; mas el conde que mas deseaba la ida de Berbería , de continuo estaba en el puerto de Nápóles, que jamás salió de la galera si no fuese para negociar con el visorey, y luego se volvía á comer y dormir, y ansí estuvo en Nápoles hasta que se embarcaron mas de cincuenta caballos ligeros y se bastecieron las naos que estaban en el puerto, y despues de bastecidas se embarcaron en su nao llamada Mapreta, y con otras ocho naos gruesas se vino á la isla de Capri, é al tiempo que allí llegó no eran venidas otras naos que dejaba con gente en Nápoles, y ansí estuvo dende sábado 20 de setiembre que se juntaron allí hasta treinta navios, y este dia viérnes estando toda la gente embarcada hizo tanta fortuna de tramontana que hasta otro dia sábado ninguno pudo salir ni entrar en las naos. En esta sazon vino el mayordomo del visorey de Ñapoles en una galera, y luego el conde se embarcó en la mesma galera, y fué á Nápoles, y otro dia volvió y dende se comenzó á sonar que de cierto la gente iba á Bolonia, y que el Papa le daba al conde para su gente seis pagas, y ansí estuvimos allí embarcados hasta el sábaoiubr». ¿0 4 (je octubre que nos hicimos á la vela con treinta navios y con seis mili hombres, y fuimos otro dia domingo á surgir cuatro leguas y media de Napoles á la isla de Próxita, y luego ese otro dia estando allí vinieron cinco naos cargadas de gente y de bastimientos de Napoles, y el coronel Camundio fsicj con ellos, y entónces el conde mandó que ninguno se desembarcase ni saliese en tierra; y estando allí lúnes y mártes comenzó hacer mucho tiempo de levante, tanto y tan grande que en estos dos dias no podian entrar ni salir: luego lúnes seguiente vino una galera de Napoles, y el conde se embarcó en ella y fué á Napoles, luego otro dia se volvió, y ansí estuvimos hasta el miércoles ocho del mes de otubre, y con buen tiempo nos hecimos á la vela; y este mesmo dia nos volvió fortuna grande de muchas grupadas de viento y agua, y con esta pena llegamos aquel mismo dia á la cuidad de Gacta, que es veinte leguas de Napoles, y allí estuvo la gente toda en las naos sin desembarcar hasta viérnes seguiente, que se contaron diez del dicho mes, y aquel dia toda la gente desembarcó y puestos en ordenanza cada coronelía por si, fueron aposentar legua y media ó dos leguas de Gacta, á tres lugares llamados Mola, Imola y Castellon; y aquel mismo dia vinieron tontos de unos gusanos grandes de unas zancas y alas muy largas que venian de hacia do iba la gente, y eran tantas y tan espesas que quitaban el sol, y turó el pasar de estas hasta la noche, que fué mas de cinco horas, de lo cual todos los de la misma tierra se maravillaban y decian que nunca tal habian visto. Y allegadas las gentes y dadas sus posadas, los dias primeros sacaron muchos bastimientos de bizcocho y vino y otras vituallas que las naos llevaban pensando que ibamos á Berbería, y ansí estuvimos con racion de aquel bizcocho y vino y carne hasta lunes 30 de otubre que hicieron reseña general de toda la gente que había, y luego otro dia mártes en la noche la mayor parte do la gente se amotinó, y ansí amotinados, juntos se fueron á la posada del conde, y como el conde sintió el ruido que traian, asomóse á la ventana de su posada, y muy mansamente les dijo, que es lo que querían, y entónces con mucho reposo le respondieron, que muy bien sabia su señoría que habian andado con él por la mar y por islas y en tierra de moros sirviéndole muy lealmente sin ninguna paga ni socorro, ántes quitándoles los coroneles y capitanes lo que habian habido, y agora, pues que estaban destrozados, querían que los pagasen. Entónces el conde viendo lo que decian ser justo, les respondió que por cierto si él había mandado hacer alarde el dia antes, era con intencion de les pagar, por tanto que les rogaba que no se pusiesen en hacer ninguna desórden, que él les daba su fé de otro dia les hacer pagar, y ansí se hizo, que tomada la nómina de la gente que cada coronel habia hallado en la reseña, daban á cada coronel los dineros para

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que caita uno pagase su gente, los cuales pagaron aunque no tan enteramente que á muchos no dejaron sin ninguna paga; y de esta causa la gente quedó no muy contenta, ansí porque no dieron mas de una paga de treinta carh'es, como por la mucha gente que quedó sin paga; y ansí se estovieron allí aposentados hasta mártes veinte y ocho del mes de octubre que la gente comenzó á salir, mayormente de dos coronelías que se fueron á Napoles, porque no les habian pagado, para que allá los pagase el visorey, y toda la otra gente quedó allí hasta otro dia que comenzaron á salir, y caminaron la vía de los Santos, que es un lugar, sin saber á donde iban, mas de cuanto decían que habian de ir á Roma, ó ausentarse por algunos dias, y con esta sospecha muchos ansí de los coroneles como de los capitanes enviaban toda su fardaje por la mar á Roma , y ansimismo muchos de los soldados se iban derechos á Roma; mas el embajador de España como supo que dejaban el campo y se iban, les mandaba que luego á la hora todos salgan de Roma y se vayan donde estaba la gente, sino que hacia juramento de los hacer ahorcar á todos; y viendo esto la gente, se iban de Roma á do estaba todo el campo.

FIN DEL TOMO XXV.

ÍNDICE

DE LO CONTENIDO EN ESTE TOMO.

Páginas

lloros (D. Martin de los)—Historia de Pedro Navarro, conde de Oliveto, general de infantería , marino é ingeniero 5

Navarro (Pedro)—V. Heros (D. Martin de los) —Historia de conde de Oliveto, general de infantería, marino é ingeniero.

Su retrato y faesímile de su firma. ... iO

Dibujo de su sepulcro, que está en el convento de

Santa María la Nova de Nápoles 400

Faesímile de una carta suya autógrafa 405

Documentos relativos á dicha Historia id.

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