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nian á la cibdad de Nápoles, de manera que en pocos dias habian recogido en la cibdad sobre cuatro mili hom* bres de guerra, y recogidos el coronel ya dicho, que el conde habia ¡miado á la isla de la Faguñana, llamado Joanes de Arriaga, y otro coronel llamado Artieta, el cual ansimismo el conde habia inviado hacer gente, y otros muchos capitanes, todos comenzaron hacer de aquella gente, y como quiera que la gente estaba muy destrozada y pobre, ansí la que venia de Bolonia, que se habia hallado en la rota del Papa, á causa que todos fueron robados de los villanos, como los que habian estado en el campo del duque de Ferrara, que era capitan del Rey de Fran» cia, á los cuales por no querer estar en su campo, les quitaban cuanto tenían; y de esta causa todos asentaban con aquellos coroneles y capitanes, por solo que les diesen de comer, y de esta causa los coroneles y capitanes en pocos dias gastaron tan largamente con los compañeros, que ya ni tenían para sí ni para ellos; y estando en esta necesidad, acordaron los coroneles de ir al visorey á le suplicar, que pues aquella gente estaba allí en servicio del Rey nuestro señor, como á su señoría era muy notorio, y ellos habian gastado cuanto tenian con ellos, y de esta cabsa, ni ellos tenian para sí ni para los otros; por tanto que le suplicaban les mandase dar algun socorro para que comiesen, ó si no que les diesen licencia, que ellos los llevarían donde les pagasen y tuviesen que comer. El visorey les respondió que él no tenia mandamiento ni comision de Su Alteza para dalles ninguna cosa, pero hasta en tanto que él hacia correo al Rey, él mandaría dar á cada uno para comer cada dia un armentilina, que son cinco torneses de Napoles é ocho mrs. y medio de Castilla , y ansí con esto estuvieron hasta domingo, que se contaron tres de agosto, que como quiera que Napoles de cada dia mas se poblase de gente, por la fama ya dicha, y las vituallas se encaresciesen, y los soldados viesen que no se podían mantener, domingo dicho se juntó la mayor parte de los soldados y se salen fuera de la ciudad hácia nuestra Señora de Pie de Bruta fsicj, que es media legua de Napoles, y juntos allí entran medio por fuerza en el monesterio, y toman una bandera, y allí se juntan todos con intencion de salir fuera y robar y saquear cuantos lugares hallasen, por donde quiera que fuesen, y todos juntos hácense un escuadron y comienzan á caminar, y como quiera que habian de salir por una bruta fsicj ó cueva que dura mas de una milla debajo de tierra, y la cual tiene el largor que dicho es, y de ancho que pueden ir dos carretas juntas, sin que la una llegue á la otra, y esta cueva dicen haber hecho Virgilio, y ansí caminando por la cueva los villanos de los lugares cercanos de ¡Napoles, como supieron que los españoles eran amotinados, júntanse muchos dellos y vienen muy armados y témanles la salida de la cueva, y allí comenzaron á defendelles la salida; y como los españoles viesen aquello , provocados á mucho enojo, matan tres ó cuatro villanos , y salen fuera de la cueva y comienzan á entrar en unas tabernas que allí estaban, y beben y derraman tres ó cuatro botas de vino, y roban cuanto hallan. Y sabido esto por el visorey cabalga con algunos caballeros y gentiles hombres y varones que allí se hallaron, y váse para donde estaba la gente, y ántes que llegase á ellos les envía á decir con un caballero, que se maravillaba mucho dellos haberse amotinado; que para que lo hacían, pues que él estaba allí, á quien podian antes decir si algo querían; y dijoles otras cosas de mucho ruego; mas ellos como vieron venir al caballero y acabó de decir lo que era mandado, no quisieron que allí estoviese, mas muy crudamente caladas las picas arremeten para él, y entonces él se retrajo é se volvió donde estaba el visorey; ó visto esto el visorey invía un escudero suyo á dediles que si habrían por bueno que él mismo fuese allá á hablalles: ellos dijeron que fuese, mas que no llevase ninguno consigo , sino que fuese solo; entónces el visorey se va para allá con cuatro de caballo, y métese en medio dellos, y (lijoles: Hijos y hermanos mios ¿ qué es lo que vosotros pedis? ¿por qué habeis hecho esto? Ellos respondieron que estaban perdidos y muertos de hambre, y que pues no les daban lo que habían menester, que les dejase ir á sus aventuras. El visorey entónces respondió muy mansamente: Pues hermanos, ya veis y sabeis que el correo que inviado al Rey mi señor, no es venido para que vosotros tengais razon de quejaros de mí; pero volveos á la cibdad, que yo os doy la fe de caballero de mañana en todo el dia haceros dar cada quince carlíes, para un mes, que vale cada carlie treinta maravedís, hasta tanto que el Rey me mande lo que tengo de hacer de vosotros: y dicho esto, ellos todos dicen que con aquella seguridad ellos se volverían con él. El visorey les dijo que cumplirá lo que tenia prometido: entónces toda la gente se vuelve hasta la ciudad con él, y luego otro dia hizo reseña y pagó toda la gente á quince carlíes.

Sabido en la isla de Capri, luego otro dia mártes, como la gente que estaba en Napoles se habia amotinado, y habian rescibido pagua á quince carlíes la misma noche que esto supieron todos, se alborotaron diciendo, que se querían amotinar para pasarse á Nápoles; mas como quiera que su deseo no hubo efecto, luego en la manana el conde mandó á los coroneles que cada uno por sí juntase toda la gente en los mismos cuarteles ó estancias, y juntos todos, cada coronelía por sí va el mismo conde á la una gente, y despues á la otra, haciéndoles un razonamiento , diciendo: que se maravillaba mucho dcllos quererse poner en lo que intentaban ; que les rogaba que cada uno por sí desde el mayor al menor le dijese la queja que dél tenían; que ninguno toviese empacho, ni vergüenza, ni temor. A esto respondieron algunos que si habian intentado aquello era porque habian dado paga en Napoles. y á ellos que en tanta neseesidad y peligro de las vidas se habian puesto, siguiendo á su señoría por la mar y por las islas descalzos, y desnudos y muertos de ¡hambre, y habiendo pasado esto por servicio de Dios y de su señoría, los tenian en menos que los que estaban en Nápoles, que no se habian hallado en tantos peligros, que lo sentían á mucha afrenta. El conde les respondió que aun á él ninguno dellos le habia fecho saber ni dicho que á los de Nápoles habian pagado, que si él lo supiera, y él no I03 hobiera remediado, entónces tovieran mucha razon de hacer lo que hacían; mas que pues ansí era, no se escandalizasen, que él les daba su fe de caballero quél les daría tanto y algo mas que á los de Napoles; y dicho esto á todos, luego aquel dia torna á inviará su mayordomo para que de todos supiese lo que mas querían de comer y algunos dineros, ó que les diesen dineros solos, y todos escogieron que mas querían dineros sotos. El conde tomó luego una galera y se va á Napoles, y vuelve otro dia juéves en la tarde, y luego otro dia viérnes manda hacer alarde general, y luego les pagó á quince carlines.

Rescibida la pagua estaban todos muy contentos y muy alegres. En este medio tiempo ya se sonaba como el Rey nuestro señor no pasaba en Berbería, y desta causa las naos que en el puerto de Nápoles estaban llegadas, cada dia se iban por su parte , y ansimismo se sonaba que todos los navios estaban embargados en los puertos de España y estaban despedidos, de manera que toda la gente española que estaba en Napoles, y la que estaba en la isla de Capri, estaban mas por fuerza que por grado. Habia muchas sospechas y nuevas, y las mas ciertas que se creian cia que habian de ir á Bolonia en favor del Papa, y esta tuvieron por mas cierta cuando vieron asomar por la mar el armada que el Rey nuestro señor inviaba, en la cual armada habia 55 naos gruesas con una galeaza del Papa, las cuales parescieron domingo 10 de agosto, entre una isla llamada Próxita y otra isla que estaba treinta millas de Napoles, y porque ya estaba mandado del visorey que se hiciese ansí, desembarcaron toda la infantería, que serian hasta dos mili hombres en una isla de aquellas dos, llamada Próxita, é toda la otra gente de caballo, que serian sietecientos ó ochocientos hombres de armas, y nue-» vecientos ginetes mandaron ir á Napoles, y luego mártes siguiente , que se contaron i1 de agosto, se hicieron las naos á la vela con la gente de caballo, y se fueron al puerto de Napoles. ¿Quién podrá decir el expender del artillería, que dende los castillos de la cibdad, y dende las naos y galeras que estaban en el puerto ¿ y las que iban se despedieron? los cuales eran tantos, que no parescia sino que la cibdad se hundia, y no solamente se oia en la cibdad , pero diez leguas alderredor se oian los tiros y se vian el ahumada, ansimesmo en la isla de Capri se oia, y se veia muy claramente, de lo cual era grandisima el alegría que la gente que estaba en la isla mostraba, y en señal de mucho placer hicieron infinitas ahumadas en toda

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