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lieron de la cañada, las unas tomaron la vía de Cerdeña, y otras la vía de España, y otras la vía de Napoles, y otras la vía de Malta, y Gozo y la Pantaleria, y otras fueron á parar en Cecilia, entre las cuales fué una en que iban dos capitanes con su gente, en la cual yo me hallé, y como el uno dcstos capitanes tuviese acordado de pasar á estas partes de España, como despues se pasó por tener mejor aparejo, hizo al capitan de la nao que tomase la vía de Cecilia, lo cual hubiera sido causa que todos nos perdiéramos , como fué de algunos, si Dios milagrosamente no nos sostuviera, ansí que tomada la vía de Cecilia como el viento era levante é muy desaforado hizo abajar la nao á la parte de poniente, y ansí navegando mártes ya dicho, que la armada salió de la cañada, á hora de la media noche dimos en los bajios de una isla que dicen los Querquenes, en unos secanos que duran catorce leguas, y diez y seis leguas de bajíos, que no tienen sino seis brazas, cinco, cuatro brazas de agua en el ruedo de la misma isla de los Querquenes: en estos bajios se habia perdido el dia ántes una carabela que se encalló, y si aquel tiempo estando encallada no acaesciera por allí venir un barco sevillano, toda la gente peresciera sin tener ningun remedio, mas como los del barco viesen la carabela, fueron allá, y sacaron toda la gente, y dejáronse la carabela allí donde estaba encallada, é como allí allegásemos con nuestra nao, ya que nos ibamos á encallar el piloto hubo conoscimiento como ibamos perdidos y comienza á dar voces, amaina, amaina, toma vela, vuelta vuelta que nos perdemos; y ansí muy presto giraron las velas, y nos tornamos por donde nos habiamos venido, la vía de los Gclves, y amanesciónos sobre el mesmo castillo, donde estaban otros diez y ocho navios gruesos esperando tiempo para tomar la vía de Trípol, y cerca de allí nos fuimos á surgir; y porque no llevaba la nao sino una amarra y una avcla (1) muy pequeña no se osó llegar cerca de las otras naos que estaban'algo cerca de tierra, porque si la amarra de la nao se quebrase tuviesen lugar de hacer vela y correr por la mar, y por esto surgimos allí desviados hácia la parte del norte; y como quiera que las mujeres de la nao habian gastado el agua en jabonar, como en las otras, no habia sino media bota de vino griego para trescientos hombres que ibamos en la nao, sin otra gota de agua, y unas pocas de habas, y estando en esta necesidad pensamos ser allí socorridos de las otras naos, de algun bastimiento, mas como no llevabamos batel, porque con la fortuna lo habiamos perdido , luego en surgiendo tiramos dos tiros de artillería de socorro pensando que las otras naos socorrieran, ó vinieran á ver qué cosa era; mas tanta era la fortuna que la mar traía qne no habia ninguno que se asomase al bordel: allí viérades decir á toda la gente ¡O Señor! y qué cosa es esta incomportable que usas con nosotros? por hacernos morir tantas muertes, mejor fuera que los moros nos matáran que no vernos aquí morir sin ser remediados: algunos decian que quebrasen las amarras á la nao, y diesen al través y se fuesen á los moros; y es la verdad que en todas las otras naos juraban que si estuvieran ciertos que los moros los tomaran captivos, que ellos mismos cortáran las amarras á las naos para se ir á los moros porque los hartáran de agua , y aun algunos lo quisieron intentar de poner por obra , sino fuera por los marineros que lo sintieron y dijéronlo á dos

(1) Asi claro.

Ñota de Navarroic

Capitanes y pusieron guarda ó las amarras, y ansí con esta tribulacion y peligro dándonos á cada uno veinte habas para comer, y entre cuatro hombres medio cuartillo de vino, estuvimos allí desde el miércoles hasta el sábado. Sábado, que se contaron siete de setiembre vegilia de nuestra Señora, calmó algo el tiempo, y todas las naos que estaban surtas al castillo hicieron vela y tomaron barloventeando como pudieron la vía de Trípol salvo la nuestra que tornó á tomar la vía de Cecilia, y con aquel viento que salimos que era poniente, comenzó á venir viento contrario, y de poco en poco comenzó arreciar tanto, y la noche cargó tanto de escuridad y de fortuna que no sabiamos que hacer, y andando ansí á mucho peligro dimos vuelto hácia á donde salimos, y andando sin saber donde , ni á que parte estábamos, á causa de la escuridad, estaba una nao surta en 16 brazas de agua, y como ibamos desatinados y con gran reziura (i) topamos con ella, sin que ella nos sintiese á nosotros, ni nosotros á ella, hasta que del gran golpe le quebramos baprés con todas las obras muertas del castillo de proa, é si mas daño se hizo no lo supimos, y así nos pasamos de largo, y como el golpe fué grande, como lanza le dió con la nariz de la proa, abrióse por la misma quilca (sic) de la proa, y hacia mucha agua, y viendo esto surgimos adelante de la otra nao, y allí estuvimos las tres partes de la noche, y con tanta fortuna del mar que no habia ninguno que osase reposar ni dormir, y viendo el cuarto del alba, como la nao trabajaba mucho y la marca era muy delgada, no pudo sostener tanto, que antes que amanesciese tres horas no se

(1) De recio.

Noti de Kivarrlir.

quebrase" el amarra y vamos al través; viendo esto nd tovimos otro remedio sino hacer velas y correr por la mar adelante donde nos echase la fortuna; y ansí fuemos con grandisima fortuna de la mar, é gran viento levante y mucha oscuridad, sin saber donde íbamos hasta otro dia domingo, dia de nuestra Señora, que calmó tanto el tiempo de unas calmas muertas que la nao no se mudaba á una parte ni á otra, tanto que mas quisiéramos la gran fortuna que habia cesado para Correr alguna parte, aunque fuera á tierra de moros, que no vernos ansí perdidos en medio de aquella mar, estando con tanta tribulacion sin bastimiento, ni gota de agua, ni vino, que la media bota ya era acabada, tomamos por medianera y abogada á la Virgen nuestra Señora, y prometimos en saliendo á tierra de cristianos de inviar un romero á nuestra Señora de Buen Aire, que es en la cibdad de Gallar, en la isla de Cerdeña, que es una Señora muy devota y de muj chos milagros, quien en semejantes casos á ella se encomienda con devocion, ansimesmo prometimos que en llegando á Trápana, que es en Cicilia, de ir todos descalzos y en procesion á un monesterio de frailes, que llaman la Anunciada de Trápana, donde ansimesmo está otra imágen de nuestra Señora que hace muchos milagros, y con esto muchas misas á san Laurencio, con quien tienen mucha devocion los marineros quien les falta vientos, y para complir estos votos, ordenamos que un lego é yo, demandásemos limosna entre la gente de la nao, é dieron el cargo á uno que parescia muy buen hombre, y de muy buena conciencia que era lego, y este é yo demandamos por toda la gente que se llegaron ansí para lo uno como para lo otro cantidad de dineros por que venia en la nao trecientos soldados sin los marineros y las mujeres, que en esta sazon cada uno Inicia largamente limosna, ansí dc dineros como de otras joyas moriscas, y demandado quedásele todo en guarda aquel, ansí los dineros como todo lo demás, en que plugo á nuestra Señora que aquel dia de su Natividad bendita nos refrescó tiempo, y navegamos un poco y yendo ansí con tiempo y la gente comenzándose alegrar despues de mediodía asentáronse á jugar unos cuatro, y con ellos aquel que tenia en guarda los dineros de la limosna, y de lance en lance, dijole tan mal el naipe, que perdió sus propios dineros, y con ellos despues, con mucho atrevimiento y poco temor de Dios y de nuestra Señora, jugó y perdió los dineros de la limosna, sin quedar un maravedí, de manera que quiso Dios por nuestros pecados, en la tarde tornar á calmar, y estando ansi sin ningun viento, aun algunos de los que miraban como jugaban que conoscieron poner en el juego de los dineros que ellos habian dado en limosna, van é dícenlo á los capitanes', los cuales movidos con mucha ira y enojo arremeten á él para lo matar, los que allí nos hallamos, que no lo hiciesen, sino que pues él habia hecho la ofensa á nuestra Señora, nos parescia que allá hiciese In emienda, por tanto, que por servicio de Dios no matasen aquel hombre, juntamente decían todos que no satisfaría con ninguna emienda, pues llevábamos muy buen tiempo, é por haber hecho el tal insulto, habia cesado el tiempo y estábamos á punto de nos perder, sino que du todo en todo tan mal hombre como aquel habia de ir á la mar y no en la nao, porque él bastaba para irnos todos á fondo, entonces dijimos que si de tanta crueldad con este usasen, que ni Dios, ni nuestra Señora serian dello servidos, y que ántes tal cosa era para que tocios nos perdiésemos á tierra de cristianos; con estas v otras muchas cosas

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