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dian sofrir á estar en los escuadrones : alli viérades hacer fuentes con las picas, cavar en la arena entre medio de los mesmos escuadrones pensando sacar agua, é aunque alguna sacasen , era tan salada como si fuera dentro de la mar; viérades ansimesmo dar cinco tripolinas é veinte, que cada una vale un ducado, por una vez de agua, é diera ciento si las toviera , é ansi con la pena que es dicha fueron ordenados once escuadrones de muy lucida gente que serian hasta 16 mil hombres de ordenanza, sin los milrineros que serian mas de dos mill.

Luego hecho esto , fueron sacadas seis piezas de artillería y pueslas en medio de los escuadrones, que eran dos cañones gruesos, y dos sacres y dos falconetes, y dado el cargo á los que lo habian de regir, toda la gente comenzó a caminar, y estos tiros llevaban los soldados tirando como acémilas, no podiéndose mencar de sed, porque los otros que no tenian sino sus armas antes que se comenzasen los escuadrones se caian de sed muertos en el suelo, cuanto mas los cuilados que iban tirando el artilleria, haciéndoles llevar á cuestas los barriles de la pólvora, y los coroneles y capitanes á caballo dando palos en ellos porque tirasen, como si fueran asnos, ansi que caminando con esta pena era tan grande el calor y la sed, que la gente se caia algunos dellos, é muchos muertos; otros que no se podian levantar, é como esto "viese el coronel Vionelo, que llevaba la delantera , no pudiendo hacer mas dió lugar á que su escuadron se deshiciese, é como la gente de los otros escuadrones viesen aquello, todos comienzan á deshacerse, salvo el escuadron de don Diego Pacheco, que era el postrero de la relaguardia y habia quedado cerca de la marina : deshechos los escuadrones, se me turba el sentido de contar este paso! ca viérades

los hombres muertos, puestas las cabezas sobre las rodillas, otros los coseletes, puestos por sombreros encima de las cabezas, é ansi se les salia el alma , y otros temblando, é otros reyendo y otros llorando, de manera que ni el her. mano podia remediar al hermano, ni el padre al hijo, ni el hijo al padre, ni el pariente al pariente, ni el amigo al amigo; alli andaba aquella sazon aquel esforzado caballero don Garcia delante toda la gente diciéndoles: ea hermanos mios esforzaos que ya llegamos á los palmares donde hay mucha agua, y alli beberémos y reposaré. mos; ansimesmo el conde olro tanto les decia , y todos los otros caballeros y compañeros que mas esforzados se sen- . tian, é ansi con esta fatiga anduvimos casi legua y media de un llano raso que no habia sino unas yerbas y arenal hasta llegar á unos grandes y espesos palmares, y en este tiempo ningun moro parescia, y como la gente comenzó á entrar en los palmares cuanto una milla, que es un cuarto de legua, estaban muchos olivares hacia la parte del mediodia, hácia do la puente iba, adelante unos paredones que antiguamente habian sido casas estaba un pozo donde los moros como gente de guerra y que tuvie. ron conoscimiento y segun el grandísimo calor y camino que habian andado la mayor necesidad que llevarian seria de agua, con este pensamiento pusieron muchos jarros y cántaros, otras muchas vasijas aladas con sus sogas, y los moros que serian mas de tres mill de caballo sin muchos peones estaban puestos en velada cuanto un tiro de ballesta del pozo , é como los cristianos llegaron, luego comenzaron sin órden ninguna á sacar agua y beber, otros se arrojaban dentro, é como los moros de la celada vieron aquello, salen con un estruendo y alarido quel mundo parescia que se hundia, pero ni por eso los que estaban

Tomo XXV.

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en el pozo que serian mas de quinientos cristianos dejasen de beber que acaesció estar alanceando el moro al cristiano y no dejar de beber, de manera que como esto vieron los cristianos que a la sazon mas cerca de estos estaban, los cuales eran bien pocos á cabsa de andar desmandados de diez en diez, de veinte en veinte a buscar agua, comienzan á retraerse hacia la mano derecha do iba el golpe de la gente, é como los muchos viesen huir á los pocos hacia ellos, é que los moros venian alanceando en ellos, comienzan á retraerse, y como esto viese don Garcia que á la sazon estaba á caballo y habia arremetido ya dos veces á los moros, apéase del caballo y suéltale , y tomó una pica del suelo, que en. tónces ya habia hartas que habian dejado los soldados por huir y ponese delante la gente diciendo: aqui hermanos, aqui, que no son nada, no hayais miedo, y como esto dijese arremete á los moros, y como los cristianos lo vie. ron arremeten á ellos con él, é luego los moros comienzan á huir cuanto una carrera de caballo y dan vuella sobre los cristianos, entonces los cristianos tornan á huir, é como don Garcia en este tiempo se hallase en la delantera, y la gente tornó á huir, quedóse solo, y ansi peleando y matando moros murió, porque hombres que le vieron pelear aunque estaban bien cerca del certificaron tener hecha tanta riza de moros apardes y muertos que era cosa de maravilla, pero como era solo, alli le mataron, ansimesmo el conde Pedro Navarro que á la sazon estaba algo desviado , teniendo y esforzando la gente que ya del todo iba de huida, como viese tan gran perdimiento, arremete como un lobo á la delantera , diciéndoles, qué es esto , hijos mios y mis leones? vuelta, vuelta que aquí estoy yo, no hayais miedo que no son nada, no soliades vosotros, hijos mios, hacer ansi; diciendo esto el conde algunos dellos dan vuelta mas de vergüenza que de esfuerzo, y luego tornaron los moros á huir cuanto un tiro de piedra , pero luego tornaron á dar vuelta , é luego los cristianos tornaron á huir, de manera que no aprove. chó el conde ponerse delante llorando, diciendo: Hijos mios, de qué huis? vuelta , vuelta jó mis leones esforzados! que hoy se pierde cuanta honra ha ganado la corona de España, hoy quedamos deshonrados, hoy quedamos sin loor de guerra, hoy somos tenidos por los mas cobardes que jamás fué gente en el mundo. Estas y otras muchas lástimas les decia, pero ninguna cosa le aprovechaba porque ninguno habia que volviese la cabeza atrás, ni mirase si iban sus enemigos tras ellos ó no, sino por donde habian de huir , y como esto viese el conde no podiendo mas hacer llorando se va hacia la marina , y como los escuadrones que estaban en la retaguardia que á la sazon estaban enteros sin deshacerse, y se habian sustentado porque habian estado parados y sin mudarse, y si habian andado era muy poco, viesen que ya la gente iba fuyendo comenzaron de andar rodeándose de una parte á otra de poco en poco, hasta que ni bastaron los coroneles que eran don Diego Pacheco y otro que decian Gil Meta , que eran de la retaguardia , hacellos detener, sino del todo se desbarataron y se ponen en huida comenzando á echar las armas: allí viérades arrojar los coseletes, brazales y celadas, corazas, casquetes, espadas, puñales, ballestas, picas, lanzas, rodelas, escopetas; oyérades decir á la gente con un alarido que al cielo queria sobir, sin que ninguno esperase á otro, vuelta, vuelta, señores, de que huimos, vuelta que no hay nada. ; 0 España , España ! dónde queda lu honra ? dónde está tu fama, que siempre has ganado y hoy la pierdes? ¿qué dia aciago es este? qué gran desventura? que pecados han causado tan grande angustia? y esto diciendo, los unos se hacian pedazos los vestidos y se quedaban en carnes, otros se ahogaban de calor con esta desventura: la gente se recogió á la marina, y los moros siempre en el alcance à la rezaga, y por los lados alanceando y captivando cristianos, y esto de una manera que casi parescia los moros venir con te mor, porque de cierto ellos pensaban que los cristianos huian por los sacar á fuera de los palmares á lo raso, y despues dar vuelta sobre ellos, y por esto paresce muy claro que Dios no permitió del todo perecer tanta gente, porque de otra manera, segun la gente iba tan perdida de sed, y destrozada , y cansada del mucho correr, y sin ninguna arma, cayendose muertos por el camino, si los moros se pusieran de hecho a seguir el alcance, ninguno escapara de muerlo o cautivo, y esto por lo que arriba es dicho, y porque todos los bergantines, galleras v fustas eran idos á bajo á la canada, hacia la puente, porque el conde les habia mandado ir y estar alli, para guarda que ni los moros se saliesen de la isla, ni otros d: fuera entrasen: tambien habia mandado a los patrones ei las raos que a los otros navios de toda la armada, que en haciendeles tiemno hiciesen rela y se fuesen á survir al paraje, o en derecho del castilo de los Gelves, y si por mal de nuestros peralos les hubiera hecho tiempo, y los navios se hubieran ido, de nuere partes de la gente que esearó, no escapara una, y esto porque los moros no estando alli las naos, se metieran mas en los cristianos, porque si una vez las Dios surz'eran en derecho del castillo, por vertura no les hiciera tiempo, si bil ira De fuera tal que hastára para d. biar la ponta para volver a

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