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Su campo le colocó en unos altos collados cubriéndole con trincheras que so extendian hasta el mar y rodeando su cuartel de reparos y fuertes tan altos como admirables. Todo fué obra de la inteligencia de Pedro Navarro, que por su parte se situó en unos collados á la izquierda, delante del monte de San Martin y arriba de la puerta de San Génaro, en la quinta de Juan Roso que fortificó grandemente (1).

Lo primero que, despues de alojado el ejército, consultó Lautrech con sus capitanes fué si debería ó no combatir desde luego la ciudad con la artillería y tomarla por fuerza. Propendían algunos y aun incitaban á eso. Decian que teniendo ellos poca infantería y los cercados mucha caballería lijera con que hacer largas y continuas correrías que les interceptasen las provisiones , creian que no podrian mantenerse largo tiempo en el cerco. Parecíales tambien en vista de eso ser muy largo y tanto mas difícil rendir la ciudad por hambre, cuanto que para impedir que le entráran alimentos, eran pocas las ocho galeras de Andrea Doria con que Filipin su sobrino bloqueaba el puerto, y tardaban en llegar las venecianas que anticipadamente habia solicitado Lautrech. Esa dificultad todavía decian que se aumentaba con haberse visto entrar cuatro galeras cargadas de harina de Gaeta, y que cada dia entraban otros navios con comestibles; mas esa misma reflexion unida á la de que ni las galeras ni el dinero de los venecianos les llegaban; que carecían igualmente del de Francia; que el ejército ya comenzaba á enfermar no tanto por efecto del aire que solo al fin del estio solia ser dañoso como por haber llovido mucho y haber acampado á

(i) Jovio, ibi.

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menudo, junto con el valor de los sitiados y las grandes fortificaciones de Napoles; inducian á otros á proponer que se acantonaran las tropas en las ciudades y pueblos inmediatos, y que así permaneciesen hasta fin de setiembre. En ese tiempo concluían , con que la guarnicion consumiría sus víveres; las gruesas partidas que corrían el país, y las galeras de Francia que correrían lo largo de las costas, impedirían la entrada de convoyes suficientes para avituallar la plaza al fin debilitada, y que la guarnicion con el hambre y pasados los grandes calores, vendría á caer por sí misma en su poder (1).

Si se ha de creer á los escritores franceses, Lautrech se inclinaba bastante á este parecer, de que las reflexiones de Navarro le apartaron enteramente. Segun cuentan le representó que, estando bien informado de que en la ciudad no habia víveres para mas de dos meses y medio, tendría el virey Moneada qne capitular antes de mediado julio; siempre que el ejército acampado como estaba á tiro de cañon, cerrase bien todas las avenidas por tierra y la armada por su parte bloquease igualmente el puerto: que no recibiéndose apenas dinero de Francia, era muy de temer que los suizos y lansquenetes se desbandasen: que no se debia contar demasiado con la constancia de los aliados, mayormente cuando ya un ejército aleman volaba al socorro de los imperiales que estaban en el Milanosado: que en el espacio de cinco ó seis meses podian acontecer tales cosas que frustrasen de todo punto la empresa: y que teniéndose sobrada experiencia de lo inúti

(1) Guicciardini , Hb. 19.—Daniel, Histoire Je Francl. Fran(oit I, p.-íg. 343.

les y fatales que eran semejantes detenciones, el ejército debia cercar la plaza y embestirla desde luego (1).

Estas razones, que los mismos escritores poco inclinados á Navarro califican de fuertes, atrajeron á Lautrech que las comenzó á poner por obra. De sus resultas tardaron poco los sitiados en carecer no de trigo sino de pan, porque todos los molinos estaban en poder de los sitiadores que dominaban en los rios inmediatos. De esa falta eran los alemanes los que mas sufrían , "por no saber, » dice Paulo Jovio que no andaba lejos, remediarse tan » ingeniosamente como los españoles é italianos con cier» tos molinos de piedra que con la mano se traían al » derredor, y con los cuales molían muy bien el trigo, » aunque no mucho." Demás de eso escaseaba el vino para los mismos alemanes que » aborreciendo el beber

> agua como cosa dañosa á las entrañas, con el deseo que » de él tenian, como si fuera deseo justo y santo, cata» ban con furia todas las bodegas de la ciudad; de modo » que no teniendo respeto ni aun á la casa de Avalos, que » era del marques del Vasto, arremetieron con ella y des

> cubrieron, avisados de un obrero traidor, algunas ti» najas de vino griego escondidas en la huerta en silos » hechos á mano; y acudiendo todo el ejército y bebien* do unos y llevándolo otros en barriles y en las celadas » acabaron en un momento lo que, si bebieran con ór» den, se creia que bastase para beber todos en algunos » días (2).**

(4) Daniel, ibi.

(2) Baeza, ibi., cap. 21.—Jovius, lib. 25... aliquot Graci vini dolia, subter hortum mana Jactis scrobibus recondita ex indicio infidclis fabri dettgerent, factoque totius exercitus concursa, perpolan

En semejante situacion temiendo el valeroso virey 1). Hugo de Moneada y los demás cabos imperiales verse todavía mas apurados, si á las galeras con que Filipin Doria tan estrechamente los bloqueaba, se juntasen pasando el Faro de Mesina las veinte venecianas que los sitiadores aguardaban, determinaron salir contra él y combatirle. A pesar de ser las fuerzas de Filipin tan superiores y que ellos solo contaban con seis galeras, cuatro fustas y algunos buques menores de los que entonces llamaban fragatas, no por eso se arredraron. Arrojados como ellos mismos y confíando mas que en el número de sus naves en su valor y en el de sus soldados, acordaron ante todo entresacar como unos mil arcabuceros de los mas afamados del ejército. Corrió con la eleccion Juan de Urbina que los escogió casi todos vizcaínos y de los que habituados al mar de su pais, no habia que temer que se mareasen. La flor de ellos entró en la galera capitana con el virey D. Hugo y el marques del Vasto, entrando otros no menos acreditados en las que iban el condestable de Napoles Ascanio Colona y otros muy esclarecidos caballeros y capitanes: siendo tal el ansia que todos tenían de lanzarse al mar. que hasta doscientos alemanes con su caudillo Conradino Glornio, por no parecer menos valientes que los españoles, se embarcaron tambien en dos galeras (1).

Dispuesto todo, y gozosos todos como si tuvieran la victoria en las manos, salieron del puerto de Posilipo en la tarde del primero de mayo (1). Desembarcados en la isla de Capri á poco de amanecer, despues de almorzar largo y con gran recreo lo que el virey les habia preparado de antemano, se detuvieron con demasiada sorna a oir el sermon de un fidalgo portugués llamado Gonzalo Barreto que hacia vida de ermitaño en aquellas asperezas. Como en otro tiempo habia sido soldado, les recordó con mucha extension y fuego cuantas glorias y triunfos entónces y por todas partes acompañaban á los españoles. Les presagió además la victoria, fundándose en las revelaciones que en aquella misma noche les dijo que habia tenido ; y exortándolos con vehemencia á vengarse de los genoveses por la crueldad que usaban con los prisioneros españoles, poniéndolos á remar en sus galeras como si fueran esclavos, los despidió con copia de bendiciones (2).

do gale.is et aquariis enppis asportando oryssiwc exhaurireut, quum modicé pare nrlo , omnibus per aliquos dies suffeetura credcrcntur. ¡ntcrra aceitas a Lolrtchio é Genua Philippus Auna ete.

(I) Jovio y Bacza, lib. 26, cap. 23.—üuicciardini, ibi.—Sai:dov.il, lib. 17, cap. D.

Mientras que el virey y su gente desperdiciaban en eso un tiempo que debieron aprovechar para sorprender á Doria , tuvo este lugar para disponerse á recibirlos. O porque un napolitano poco afecto á los españoles, embarcándose secretamente en Nápoles, fué mientras el sermon , á informarle de la expedicion, ó porque desde sus galeras descubrieron á las imperiales, que con gran lucimiento y muchas banderas desplegadas salieron de la isla, para cuando estas, tres horas untes de anochecer, se en—

(i) Giannotte en el lib. 31, cap. 4, pág. 567 de su IstorU avile etc. dice que partiroimo il primo di di Giugno de Possilipo etc.; pero parece equivocacion, segun se deduce del parte de la batalla que en 3 de mayo dió al Emperador el señor Alarcon, como se dice en el lib. 12 desus Comentarios , pág. 359.

(2) Jovio y Baeza, ibi., cap. 25.—Guicciardini , lib. 4{)... dovr Don Ugo con grandissimo pregiuditio di questo assalto perde tempo ú uiidire un ¡iomito spagnuolo, che condonando aeccndtha g/i animi a cnmbatcre etc.

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