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Por esa liga á que por ser cabeza el Papa se le dió el nombre de santa , santísima y sagrada, se obligaron los confederados á que, dado que el Emperador no soltase mediante un razonable rescate á los lujos de Francisco I, que se le habian dado en reboñes por su padre, y no restituyese á Francisco Sforcia el ducado de Milan , no solo le forzarían á ello con un ejército de treinta mil infantes, dos mil y quinientos hombres de armas y tres mil caballos lijo ros con su competente artillería y municiones, sino que, arrojados que fueran los españoles del milanesado invadirían el reino de Nápoles. Convinieron además en que para salir mas airosos con su intento Clemente VII aprontase seis galeras, que puso á cargo de Andrea Doria, célebre marino de aquel tiempo; los venecianos catorce, que encomendaron á Pablo Justiniano, y el Rey de Francia diez y siete, que confió á Pyülro Navarro (1).

Envanecido este con mando tan superior y con ser al mismo tiempo el general y cabeza de toda la armada colii gada, habiendo salido de Marsella para juntarse con los otros jefes, desembarcó y se apoderó en agosto de Savona en la costa de Genova. Reunidas allí todas las fuerzas se dió á correr las costas de aquella república, estre-r citando cuanto podia á su capital. Era su empeño someterla cuanto antes al influjo francés, aprovechando por una parte la dificultad de socorrerla en que se veian los imperiales líarto ocupados en lo demás de Italia, y privándola por otra de las vituallas que le iban por mar. Sus esfuerzos sin embargo fueron inútiles. Al cabo de mucho correr y continuando en su mismo empeño, aunque no tan

(I) Guicciardini. lib. 16 y 17.—Herrera, Comentarios etc., p;ig. 236—Saodoval, lib 15, §. 2 y 3.—Daniel, tom. 9, |>Ag. 291.

en grande, con la noticia de que el Emperador preparaba en Cartagena una numerosa armada, se recogieron, siguiendo el consejo de Navarro y con el fm de combatirla ó interceptarla á su tiempo, las galeras del Papa y venecianas á Portofino, y las francesas á Savona.

Produjo esta determinacion el efecto que ansiaba Navarro. Salió de Cartagena la armada en noviembre de aquel año, compuesta segun los mas moderados de treinta y dos buques de guerra con cuatro mil infantes de desembarco, mandado todo por Carlos de Lannoy virey de Nápoles , y el señor Hernando de Alarcon que con, Francisco I habia venido á España. Acometida por un recio temporal á poco de su salida, en vez de llegar á Génova, perdidos dos buques y separados cinco, le fué forzoso entrar con el resto en la ensenada de San Florencio en Córcega. Habiendo allí pasado seis días , reponiéndose la gente del mareo y demás incomodidades del viaje, volvió la armada á salir encaminándose á Génova; mas encontrándose en Sestri de levante á la altura de Capodimonte con la enemiga, compuesta de diez y seis galeras francesas, cinco venecianas y cinco de Doria, la atacó Navarro en ocasion que le faltaba el viento. Combatióse sin embargo reciamente, y á pesar de la superioridad de la de los coligados, no perdieron los imperiales mas que una ó dos galeras y al capitan Sayavedra con cuatrocientos españoles , la mitad de ellos ahogados y el resto prisioneros (1).

1527.—Vuelto el orgulloso Navarro despues de tan escaso triunfo al apostadero de Savona , siguió desde él in

(1) Guicciardini.—Ubertus Foliela?, Genuensium Historia, libro 12, pág. 728.—Joannis Genesii Sepulveda, De rebus gestis Caroli V, lib. 6, núm. 64, pág. 206.—Belcarius , Rcrum gallicarum Conintentarius, lib. 19/ pág. 583.—Sandoval, lib. 15, §. 7.

quietando á los gcnoveses. Remplazado allí por Reh/o <Ic (iheri que mandaba la armada francesa de veías cuadrados, pasó con veinte galeras á Civita-vechia, llevando alguna gente y efectos de los dispuestos para la empresa de Ñapoles. No debió ser larga su mansion en aquel puerto á donde llegó en 3 de diciembre (i); pues que en los primeros quince dias de febrero de 1527, se encontraba otra vez en Savona, estrechando á los genoveses do modo que estaban muy cerca de amotinarse y á perderse por ventura la ciudad, si Navarro se apoderaba de las naves que se esperaban de Sicilia con vituallas (2).

Su actividad y acaso el ansia de vengarse cuanto antes en Génova de su desgraciada prision, redoblaron en los meses sucesivos. Llegado mayo, al ver los magistrados de aquella ciudad el empeño con que Navarro fortificaba á Savona y que el Rey de Francia siguiendo sus consejos intentaba levantar allí otra Genova , que quitando á la antigua su comercio la arruinase, se decidieron á echarle de aquella estacion. Mientras ellos al intento se cntendiari con el enviado del Emperador en su ciudad , y principalmente con Antonio de Leiva que en su nombre gobernaba las armas y el estado de Milan, los ministros del mismo Emperador en Roma se esforzaban en apartar á Clemente Vil de la liga con los franceses y venecianos. No habiéndole escarmentado la entrada de D. Hugo de Moncada en Roma con el ejército imperial en el año anterior, ni el saco de la ciudad, ni su prision ni la palabra que para salir de ella prestó, pues que á todo era superior su odio al Emperador, sucedió en 6 de mayo del siguien

(1) Guiccinrdini y Belcaire, ibi.—Véase documento núm. 30.

(2) lbiilcm.

te, el terrible asalto y saco de la misma ciudad por el ejército sm*ndado por el duque de Borbon y el estrecho encierro del mismo Papa en Sant.Angelo, con todos los incidentes que refieren los historiadores, y solo nos corresponden en lo que se enlazan con nuestro Pedro Navarro (1).

Pretextando Francisco I querer libertar á Clemente VII é impedir el absoluto dominio del Emperador en Italia, además de unirse con el Rey de Inglaterra, se estrechó mas intimamente con los venecianos. Concertáronse por el tratado que en aquel mismo mes de mayo formaron, en levantar sin perder tiempo y á gastos iguales diez mil suizos: que el Rey Francisco enviaría diez mil franceses á Italia á cargo de Pedro Navarro; y que la República do Venccia y el duque de Müan aprontarían otros diez mil italianos; nombrando el Rey Francisco que tan activo se mostraba, general de toda su gente al mismo Odetto do Foix, señor de Lautrech, que tan poco dichoso fuera en su última campaña en Italia (2).

Admitiendo Lautrech con repugnancia el cargo que se le confiaba, salió de la corte de Francia en el último dia de junio. A mitad de julio llegó á Lcon y á primero do agosto se encontró con parte de su ejército en el territorio de Alejandría*.Pedro Navarro que, dejadas las gale

(1) Sobre el asalto y saco de Roma en 1527 hay dos pedazos de cartas escritas de la misma ciudad y sacados del archivo de Simancas en la pág. 448 y siguientes del tomo 7 de la Coleccion de Documentos para la Historia. Pero nada hemos visto mas curioso que el Dialogo entre Lactando y un arcediano que es uno de los nías preciosos de Juan Valdés, escritor de mucho mérito y poco conocido , á pesar de la esmerada edicion que de ellos se ha ejecutado en 1850. En ellos y por el autor, que estaba bien enterado de lo sucedido, se colocan en su lugar á Clemente VII y á C.árlos V.

^2) Guiccinrdini , lib. 18.—Herrera , Comentarios, pág. 344.

ras, habia salido ántes que Lautrech de Francia, hacia dias que desde Asti en donde se habia situado, talaba aquel territorio. En una de sus correrías parece que puso cerco al lugarcito de Guili, guardado por una compañía de italianos al servicio del Emperador, y que en otra se propuso forzar al conde Bautista Lodron á levantar el que habia puesto á Castellelo, defendido por dos compañías de infantería y una de caballos franceses. No aparece cual fué el resultado de estas tentativas, ni se descubre tampoco si Navarro acompañaba á Lautrech cuando los mil uspañoles y alemanes que defendían la fortaleza del Busco se la rindieron á discrecion á los diez dias, y salieron uno á uno segun la usanza militar con una vara en la mano (I); resultando como cierto en medio de la poca claridad que se nota en los historiadores, que Navarro desde entonces ya fuese á la cabeza de los seis mil gascones y navarros que sacó de Francia ó con los diez mil franceses estipulados con los venecianos ó con la gente que llevó de Savona, quedó incorporado con Lautrech y la suya (2).

Siendo entónces sus fuerzas muy superiores á las del Emperador, determinaron ambos generales intentar la sumision de Genova. Anticipadamente y para facilitarla habia salido Andrea Doria de Marsella con catorce galeras, que cruzando con el mayor cuidado en sus aguas nada permitían entrar en la ciudad. Aun en medio del hambre que ya se sentía hubieran continuado defendiéndola Ador' no y los partidarios de España que confíaban en ser socorridos, si no hubiesen sido rechazados en una salida que ejecutaron por tierra. Forzados de sus resultas á capitular

(1) Jovio, lib. 25.—Guicciardini, ibi.—Belearius, pág. CCO. |2) Daniel , ibi., p¡ig. 3t8.

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