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pies descalzos, envió legados á los Príncipes cristianos á excitarlos con empeño á que se coligáran contra el enemigo comun (1).

En medio de que todos se mostraban dispuestos á partir si los otros se movían, ninguno aparentaba tanto celo como el Rey de Francia. Con todo su reino corrían voces en Roma que en llegando la ocasion decia que saldria á campaña (2); y como no obstante haber muerto Selim y apaciguádose algun tanto los ánimos, aun continuaban los temores del Papa y Sacro Colegio, con nada menos parece que con cuarenta mil infantes y tres mil hombres de armas prometia volar á su defensa (3). El de España que no dejaba de conocer cuan precaria era la paz de que gozaba la Italia, al paso que en las correrías de los turcos y en las apariencias de volver á los Gerbos, encontraba justificacion para sus armamentos en Cartagena, mostraba tambien su propension al Papa , que no desdeñaba sus ofertas. Uno y otro Rey en fin se esforzaban en ganarle la voluntad con tanto mayor empeño cuanto que el Emperador Maximiliano juntó aquel año los electores para que designaran el sucesor que habia de tener en el imperio: andando en lo cual albagando los dos Reyes al Papa y observándose entre sí porque los dos aspiraban al trono imperial; la muerte del Emperador acaecida en 12 de enero de 1519 vino á ponerlos en pugna abierta y á

(1) Guicciardini, lib. 19, año de 4518.

(2) Pedro Mártir, ibi. Gallorum rex ad cam se expeditionem si oportuerit, iturum cum universa Gallica potentia pollicetur.

(3) lbid, Epístola G32 en Zaragoza á 30 de diciembre de 1518. Chistianissimus autem rex ad Provinciam in Turcas recipiendam Pontificii offert peditum millia quadrigenta, cataphractorum tria. Rex noster suam parat classem etc.

ser el fundamento de la sangrienta historia de uno y otro reinado (1).

Poco ántes de eso teniendo el de España Córtes en Zaragoza con los aragoneses, se le presentaron los mensajeros de el de Francia y del mozo Juan de Albret ó Labrít que se titulaba Rey de Navarra, pidiendo para este y en virtud del tratado de Noyon la restitucion de aquel reino. Cuantos consejeros consultó en aquella ocasion nuestro no menos mozo D. Cárlos, todos conociendo la importancia política aunque tampoco faltaba la justicia de semejante adquisicion se decidieron unánimemente por conservarla. De modo que junto el resentimiento de esa negativa con el que naturalmente derivaba de haberse declarado los dos Reyes de España y Francia pretendientes á la corona imperial, los colocó en actitud tan hostil que el mismo Leon X que poco ántes imploraba el auxilio de ambos contra los turcos, ya se recelaba acaso mas de los cristianos. Ni aun la armada española que ántes con tanto empeño solicitaba, queria que pasase desde Cartagena á Napoles (2).

Francisco' I en tal estado las cosas, al paso que envió á la Dieta imperial sus embajadores cargados de dinero para ganar el voto de los electores, se esforzó grandemente conociendo su influjo en ellos, en captarse la benevolencia del Papa. Era para este temible cualquiera de los dos rivales en quien recayese la eleccion; el uno por sus

(1) Guicciardini, ibi. Acerca de la expedicion de D. Hugo de Moneada á los Gerbes, véase su vida en esta. Coleccion.

(2) Pedro Mártir, Epístola 638 en Barcelona á 23 de febrero de 1519. ¿Qua novaformido est exorta repente? Paulo ante turcaTum furores tremebatis, mine nostra videmini cxtimescere. Escribiendo al legado y sacristán del Papa.

miras sobre Milan y Génova, y el otro sobre Nápoles, y algunas otras partes de Italia; y como de él pensaba Francisco que por ventura dependía la eleccion, deseando por una parte atraérsele, y aparentar por otra que queria desembarazarle del ascendiente de Carlos, ordenó á Pedro Navarro darse á la vela con una armada de veinte galeras y algunos otros buques con cuatro mil hombres de desembarco. En el caso de que al Papa le agradase, le ordenó tambien ir con todas esas fuerzas á combatir los moros en las mismas costas dé Africa (1); mas lejos de adelantar cosa alguna quedaron su valor y fama tachados. Un español afirma que habiendo en aquel año ido Navarro con la armada que equivocadamente llama de España, contra la ciudad de Africa en la provincia de Tunez, y combatídola reciamente, los moros que la defendían lo obligaron á retirarse con mucho daño (2), al paso que otro francés le moteja de haber sido con sus correrías causa de que no se ganasen los Gerbes. Por que habiendo salido de Napoles D. Hugo de Moncada con aquel intento y una buena armada, dice que, temiendo encontrarse con la de Navarro, cuyo designio ignoraba, renunció á la empresa y se volvió á Sicilia (5).

(4) Guicoiardini, lib. 13... il Re di Francia ordinó che Pietro Navarro uscisse in mare con una armata di venti galee , et d'altri legni et con quatro mila fanti pagati , sotto nome di reprimerc le fuste di Mori etc.

(2) Mármol, Descripcion del África, lib. 6, cap. 28; pero ningún otro escritor hemos visto que refiera ese suceso.

(3) Daniel, Histoire de France, tom 9, pág. 82 y sig. Francois I; pero Argi'nsola y otros, callando esta retirada de D. Hugo, cuentan por lo contrario que, despues de herido de un flechazo en la cara en un combate naval con los turcos, desembarcó en los Gerbes que se le rindieron y prestaron homenaje al Rey de España. Véase

Nuestro Rey D. Cárlos elegido al fin Emperador en 28 de junio de aquel año, fué tanta su alegría y júbilo coma pena y tristeza sufrió su competidor Francisco. Los políticos de menos prevision convinieron desde luego en que el nuevo Emperador mas pronto ó mas tarde renovaría los pretcnsiones de su abuelo Maximiliano al ducado do Milan, y que Francisco I de rechazo agregaría á las manifestadas anteriormente al reino de Napoles, sus recientes agravios por no cumplirse el tratado de Noyon en lo tocante á la restitucion del reino de Navarra. Quejábase tambien de que segun antiguas concordias no podia una misma persona reinar á la vez en Napoles y en el Imperio; mas como Leon X se habia ya mostrado favorable á Cárlos, acabó su obra, dispensando en uso de su autoridad pontificia la incompatibilidad de las dos coronas (1).

1520.—Terminado en paz y sin hostilidades, á pesar de que se las esperaba, el año de 1519, acabó tambien sin ellas el de 1520. Aunque Navarro en él siguió con su armada cruzando por las costas de Italia, nada se cuenta que intentase contra los turcos, y menos contra los reinos de Napoles y Sicilia. Aparece por lo contrario que en aquel estio y otoño ó aquejado del mal de la patria, ó descontento de los franceses que como era natural le miraban con despego, ó bien dominado de su altivez y orgullo, no pudiendo soportar que una armada que Francisco 1 preparaba en la Provenza, en vez de confiarla á su pericia y valor, tratase de entregarla al hermano de una de sus damas, solicitó la mediacion del Papa, para reconciliarse con el Rey de España.

acerca de la sujecion de los Gerbes la vida de D. Hugo y los documentos que la acompañan en el lomo 24 de esta Coleccion. (1) Daniel, ibi.

Leon X, así por la antigua amistad como por conocer cuanto importaba separar de los franceses á un hombro del crédito de Navarro, se puso muy luego de acuerdo con D. Juan Manuel, nuestro Embajador en Roma. Recomendó este el asunto al Emperador, y mientras que su determinacion llegaba, comenzó á entenderse secretamos te con Navarro. La negociacion iba tan adelante que de nada menos se trataba que de apoderarse el Emperador sin dar la cara ni gastar un real, de la ciudad de Genova, que siendo el punto por donde pasaban los franceses con toda seguridad á la Lombardia, y'jle cuya conservacion dependia la del ducado de Milan; no es difícil presumir lo que interesaría ganarla á quien preveia que aquel ducado vendría á ser muy pronto su principal campo de batalla.

Para salir con ese intento, trataba el Embajador con Navarro que, concertándose con los Adornos, que eran los cabezas de la faccion española en Genova, [tomaran á su sueldo y acaso tambien del Papa, mil infantes españoles de los que habian vuelto de los Gerbes y andaban amotinados, que tenian gana de irse con Navarro. Cuando estuviera todo pronto habian de dar un golpe de mano á Genova que, arrancándola á los Fregosos, cabezas de la faccion sometida al Rey de Francia, la dejase á merced del Emperador, á quien no era cosa de gran monta lo que Navarro pedia por aquel^servicio. Contentábase con que algun dia, pues que habia de quedar enemistado con el Rey de Francia, le recibiera en el suyo; acerca de lo cual el embajador que le recomendaba y pedia al Emperador que en breve le respondiera, concluía con que Navarro

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