Imágenes de página
PDF
ePub

ma noche caer sobre el campo enemigo y sorprenderle. Siendo esta la opinion que prevalecia en la junta, y la que atendida la situacion del enemigo mayores ventajas prometía, quedaron todos suspensos oyendo á Rocandolf y mostrando al mismo tiempo sus instrucciones de no emprender nada sin licencia del Emperador, limitándose únicamente á librar" la ciudad del riesgo y peligro en que estaba (1).

Observando Rocandolf el mal efecto que en los alemanes y españoles de la guarnicion habia producido su respuesta, y recelándose de que la indignacion que mostraban no parase en motin Contra él, dejando en la plaza dos compañías, se salió fuera con el resto de su gente y se fué á Alemania, aparentando que iba á buscar dinero para pagar á todos lo que se les debia. Con su salida lejos de serenarse los ánimos, aquellos soldados tan sufridos y resueltos en los lances mas peligrosos, se desenfrenaron en términos de pedir con las armas en la mano las pagas que se les debian. Con el benemérito Icart su gobernador que los habia juntado para apaciguarlos con su autoridad y promesas, se insolentaron de modo que le pusieron las picas al pecho y le matáran malvadamente, si los alfereces que le rodeaban no le hubiesen cubierto con sus banderas; insignias entonces santísimas y acatadas con suma reverencia. Golpeáronle sin embargo con las picas, rompiéronle el hombro del sayo, y para mayor afrenta le llevaron preso á casa de una dama á quien mucho amaba , aunque el obispo é italiano Jovio dice que no le correspondia; hasta que pasado algun tiempo los soldados mas comunes fueron los primeros en buscar á sus

(t) Jovic, ibi.

capitanes que andaban escondidos, prometiéndoles con juramento y en nombre de los demás que no lels harían daño y los obedecerían (1).

Restituidos los capitanes á sus compañías y el gobernador Icart á su dignidad, como cada dia creciese la falta de dinero, prometió y juró á los soldados que no saldría de Brescia sin que el Príncipe ya fuese amigo ó enemigo, en cuyo poder hubiere de quedar, no les pagase primero el sueldo de tres meses. Tal escasez que hubiera algun tanto disminuido con un socorro en dinero que el Emperador enviaba á la guarnicion, fué por lo contrario en aumento, por haber los venecianos derrotado al conde Lodron que desde Alemania venían escoltándolo: faltando poco para que dos compañías de españoles, que vistas las hogueras y otras señales convenidas, salieron de Brescia á su encuentro, no fueran sorprendidas y derrotadas igualmente. Si se salvaron fué porque un ignorante y rústico labrador, creyendo por la semejanza de su armamento que eran de las de Pedro Navarro, les gritó desde un alto motejándoles de que por su mucha pereza no se hubiesen encontrado en la derrota y despojo de los imperiales que les contó (2).

Con esto y con la angustia á que venecianos y franceses iban de dia en dia reduciendo á los sitiados, era cada vez mas desesperada su situacion. Lejos sin embargo de desmayar, á vista del empeño de Ibs sitiadores en rendirlos por hambre, redoblaron su esfuerzo y de dia y de

(1) Argensola, ibi., cap. 48.—Jovio, lib. 16... Eum tamen mrtu exanguem hastarumque ictibus violatum, discerpta ab humeris veste , ut maiore contumelia afficerent , in domum adaiiata nee arridentis matrona captivum pcrtraxcrunt etc.

(2) lliiilcm.

noche y á pie y á caballo salian de la plaza á saquear la tierra cercana al campo enemigo. Eran con este motivo continuas las escaramuzas y emboscadas; en una de las cuales fué preso el capitan tle caballos D. Francisco de loart, hermano del gobernador, con algunos españoles, prendiendo estos en otra al capitan francés Villanueva que con otros treinta mas llevaron atado á Brescia. Y como no mucho despues ocurriese otra sorpresa en la que unos po^ eos caballos ligeros españoles que habian aprendido á traer yelmo con bufa (babera ó visera) corazas recias y lanzas gruesas á uso de hombres de armas, ahuyentaron á los venecianos, los desordenaron y cogieron entre muchos prisioneros á Camilo Martinengo, hombre de crédito entre ellos, le trocaron por D. Francisco Icart (4).

Siendo nuestro objeto, al paso que contamos el poco brillo con que no obstante su valor y pericia aparece Navarro sirviendo á los enemigos de su patria, referir las acciones ilustres que sin él y aun contra él ejecutaban sus antiguos compañeros y aun discípulos en la milicia, no omitirémos una de las salidas acaso la mas memorable que se ejecutó entonces de Brescia. Como unos cien infantes españoles y alemanes armados muy á la ligera y sin bandera, se propusieron mandados por el capitan Velástegui coger cuanto ganado pudieran. Regresando con él á la ciudad y con algunos prisioneros además, se vieron asaltados por mas de seiscientos caballos venecianos que intentaban recobrarlo. Por mas que durante tres horas continuas los persiguieron con empeño, nada alcanzaron,

(l)-Jovio, lib. 16, pág. t88... qua pugna pauci Hispani cquites levis armatura, qui buceulatis galeis, solidisque fhoracibus tt crassioribus hastis cathaphraclorum more mi didiccrant, magnam hostium multitudinem pepulerunt ete.—Baeza.

porque usando Velastegui y su gente alternada y oportunamente de la pica y del arcabuz, se defendieron con mucho valor, y sin faltar uno entraron con su presa en la ciudad (1). Cuéntase tambien otra salida de Brescia en la que empeñada la infantería de los sitiados con la de los sitiadores, acudiendo Navarro con la suya en defensa de estos, fueron aquellos rechazados; siendo esta una prueba de que tambien tomaba parte en aquellos ligeros encuentros (2).

151Q.— Entrando, mientras en esto se andaba el año de 1516, aconteció en 23 de enero la muerte del Católico Rey D. Fernando, Príncipe digno de eterna fama por su infatigable empeño en uninacionar á toda España, y que, como juiciosamente observa el obispo de Nocera su contemporáneo , disponia á su voluntad las cosas de Europa considerando y mediando prudentemente Ias fuerzas de todos (3). Lejos de que con su muerte se entibiára el anhelo de su consuegro el inconstante Emperador Maximiliano por socorrer á Brescia, siguió por lo contrario con mas fervor los aprestos de gente y dinero en que entendía. Preparado todo se encaminó al anunciarse la primavera por los Alpes á Verona, en donde estaban todavía los

(1) Jovio y Baeza, ibi., cap. 6.—Argensola, cap. 21 , año de 1516. .

(2) Mocenicus, De bello Cameracensi, lib. 6, pág. 140... Et nuper cum inter pedites certamen esset, Petrus Navarrus statim subsidio venit, et hostes intra urbem repulsi sunt etc.

(3) lbid... murió de 65 añas, ocupándose en el trabajoso oficio de la caza, no dejando de perseguir las lleras, aunque hubiera tempestades y lluvias, con lo cual y con darse demasiadamente á la humanidad, afligió de tal manera sus envejecidas fuerzas que con ninguna medicina pudieron ser reparadas.—Zurita dice que murió de hidropesia.

españoles y alemanes con Marco Antonio Colona, llevando bajo sus órdenes catorce rail esguizaros y siete mil alemanes, todos de infantería, y en general soldados viejos, además de muchos aventureros atraidos segun costumbre por la riqueza de Italia (1).

Aumentan otros el ejército imperial con cinco mil caballos , fuera de diez mil suizos mandados por el belicoso cardenal de Sion y otros diez mil entre españoles y tudescos (2): con los cuales, fuese el que se quiera su número, creia el Emperador, que le seria fácil apoderarse de Milan, cabeza y ciudad principal de la Lombardia. Animábale tambien á eso la confianza que le inspiraban los gibelinos que dentro de Milaban vivían y aborrecian tanto á los franceses como parcialidad y afecto profesaban al imperio: de modo que seducido el Emperador con esperanzas tan lisonjeras en vez de ir derecho á socorrer á Brescia, le antepuso la empresa de Milan precedida de otras operaciones menos importantes.

Sorprendidos con su repentina llegada, así el general Trivulcio como el duque de- Borbon que gobernaba los ejércitos veneciano y francés en Lombardia, presintiendo su designio, volaron á socorrer á Milan. Siendo sus fuerzas tan escasas como numerosas eran las del Emperador; en poco estuvo que siguiendo el consejo de algunos no abandonáran aquella ciudad, teniendo por imposible su defensa. Pensaron otros de distinto modo, pero opinaban que para que los imperiales á su llegada no tuvieran en donde alojarse, se quemáran, como se ejecutó, los arrabales.

[ocr errors]
« AnteriorContinuar »