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que consta haber dado el Rey Católico á sus embajadores en Francia se le justifique del abandono con que, por avaricia ó por haber dado oidos á sus émulos, se quiere que mirára á Navarro en su encierro. Expresamente ordenó al obispo de Trinopoli y á Gabriel Horti su capellan encargados á la sazon de negociar la paz y el matrimonio de su nieto D. Fernando con Reinera, hija segunda del de Francia, que precisamente en aquella .capitulacion y tratado se pusiera un articulo para que siendo firmada la dicha capitulacion fuese soltado y puesto en libertad el conde D. Pedro Navarro (1). Verdad es que á lo último decia el Católico que si al cabo no conseguian la soltura del prisionero, que destinaba á la empresa de Milan, no por eso dejasen de asentar la paz y casamiento; y no cabe duda de que quizás no hubiera ejemplo de semejante solicitud, si como refiere el mismo Pedro de Torres, muy poco afecto á aquel gran Rey, envió ciertas personas para ver si Navarro podia ser hurtado y sacado del castillo sin rescate, e los franceses pusieron buen recabdo en el Conde, y los mensajeros fueron para tan poco que ni aun supie. ron avisarle (2): de suerte que al ver frustradas, asi esas diligencias del Católico como las gestiones de Leon X, bien se deja conocer el ánimo de Luis XII y de sus consejeros en cansar á Navarro de su prision y en prepararle para la venganza que tan en daño suyo se determinó á tomar, asi de su Rey y de su patria, como de sus malsines, especialmente del virey Cardona y del duque de Alba. Cabalmente en el tiempo en que, por ventura mas se enconaba á Navarro contra los dos, el primero borrando su

(1) V. Documento núm. 29.
(2) V. Documento núm. 23.

flaqueza en Ravena, arrollaba y vencia con gloria del nom bre español y la infanteria , que el mismo Navarro con tanto valor sacó de la batalla, á los venecianos y á su cé. lebre general Bartolomé de Alviano en Vicenza y otros puntos; y el segundo tan prudente capitan como político se apoderaba de Navarra, y daba fin á las desgracias con: siguientes á su pequeñez como reino (1).

Cuéntase con referencia al mismo. P. Aguilar, que Navarro ya suelto de su prision , al saber las diligencias del Católico por su libertad, le habia dicho en París con lágrimas que Dios perdonára al Rey no haber hecho memoria de él en todo el tiempo que habia estado preso; por que si S. A., añadió, me avisára que tenia voluntad e procuraba mi libertad e los tiempos no daban lugar á ello, yo nunca saliera de la cárcel e prision, ni sirviera al Rey de Francia; mas viendo la poca cuenta que S. A. de mi hacia , fuéme forzoso hacer lo que hice. E dijole mas el Conde al fraile cuasi llorando, sigue Pedro de Torres, por que aunque estoy suelto me parece que estoy mas preso é captivo que ántes (2);” i palabras y sentimientos, que á ser ciertos, honraran mas á Navarro y movieran mas á compasion que no el empeño de justificar su desercion, como lo pretende el analista Aleson, con que no nació vasallo del Rey D. Fernando, ni este era su Rey y Señor natural, sino los Reyes legitimos de Navarra D. Juan y Doña Catalina, los cuales por estar en guerra con Luis XII de Francia, que era su enemigo, cuando Navarro fué à servir al Rey de Aragon, lo llevaron muy á bien (3)!

Francisco I mientras tanto seguia impávido, y cada vez

(1) Guicciardini, Jovio, Zurita , etc.
(2) V. Documento vúm. 23.
(3) Anales, etc. Parte 2.', lib. 20, cap. 1.

men

mas resuello, sus belicosos aprestos contra aquella Lomhardia que tan aciaga le habia de ser algun dia. Teniendo å dicha contar por suyo á Navarro que tanta fama diera á la infantería española derrotando á la francesa, puso desde luego á su cargo la formacion en Francia de un numeroso cuerpo que bajo su direccion y gobierno, combatiese mano a mano con la primera y aun la sobrepasase. Navarro á pesar de que todavía no estaba libre de sus juramentos y homenaje al Rey Católico, admitió sin escrúpulo tan alta comision. Creyendo que los naturales de Francia mas ininediatos á España reunirian las condiciones que buscaba, pasó á la Guiena, y con gran voluntad y cuidado,

juntó cerca de veinte compañías de soldados aquitanos, » gascones y navarros de los que moraban en las vertientes » de los Pirineos que, armados en la mayor parte de arca» buces y ballestas, eran tan sufridos, animosos, sueltos y » ligeros, que en el combate y defensa de las ciudades y » en cualquiera otra faccion militar aspiraban á lograr con o su valor y manera de pelear, tanta gloria como los ale» manes con su ordenanza y mantenerse firmes en las ba» tallas campales (1).”

Adelantada la estacion y terminados los aprestos, creyó Francisco I ser ya llegado el caso de encaminarse á Italia, á donde á loda priesa le llamaban los venecianos maltratados y vencidos por el virey Cardona y los españoJes. Hecha reseña de su gente antes de partir, halló Francisco que su ejército se componia de cerca de dos mil hombres de armas, cada uno de los cuales, segun entonces se usaba, llevaba tres o cuatro caballos, y de ocho mil caba

CO

(1) Jovio, lib. 14.–Baeza, ibi., cap. 3... que traduce gascones y vizcainos por vasconibus el cantabris, y arcabuzeros por sclopetarii, de que usa Jovio.

eran u

llos ligeros mandados por el duque Carlos de Borbon, á quien poco despues, por la nobleza de su linaje y práctica de la guerra, le hizo gran condestable. La infanteria, en cuyo número varian los escritores, era tanta , aun sin contar la reclutada por Pedro Navarro, cuanto nunca se sa: bia que hasta aquellos tiempos la hubiese reunido ningun Emperador ó Rey, distinguiéndose los lansquenets, que eran unos soldados viejos de la baja Alemania, muy alamados de valientes, y á quienes por el color de su bandera llamaban de la banda-negra (1).

En lo tocante á la artillería así gruesa como pequeña, sin hacer cuenta de las municiones y otros efectos, se creia que habia la suficiente para dos buenos ejércitos: Los carros y carretas en que iba la pólvora , pelotas (balas), picos, herramientas y útiles de toda especie para remediar y allanar la aspereza de los malos caminos, eran innumerables, y arrastrados por cineo mil caballos escogidos, comprados y mantenidos á gran costa , para vencer con su gran fuerza las dificultades de los malos pasos. Acompañábanla para su manejo muchos maestros y ases. tadores, á quienes en Francia se daba muy larga paga, y habia gran muchedumbre de mancebos dedicados á cono

(1) Jovio, ibi. -Guicciardini, lib. 12, ne giorni medesimi comparsero i Lanzchenech detti della banda nera... la qual banda della Germania bassa , era per la sua ferocita.., in grandissima estimacione, En Brantome y en su discurso sobre los Coroneles franceses, tratando de los soldados llamados laquais y por nuestro Zurita y otros lacaros, se lée, que á los infantes franceses se les llamaba laquais ó mas bien lacquets, para distinguirlos de los infantes alemanes llamados lansqucnets del aleman lands-knecht, de que laquais no es mas que una corrupcion, como allaquais lo es de all-landsknecht, esto es, pieton ó peon de todo pais. Nota á la pág. 579 de la edicion de 1847, de las obras de Brantome..

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cer y practicar su ejercicio. Como los franceses no perdonan gasto alguno, dice á este propósito, Paulo Jovio á quien Francisco I daba una buena pension porque le tratase bien en sus historias (1); “son en esta parte de p sus fuerzas espanto de todas las naciones, y fácilmente » han ganado victorias memorables de fortisimos enemi»gos. Los españoles, italianos y las demás gentes, aun» que saben fundir y labrar artilleria con grandísima ele» gancia y artificio, y aunque tienen gran aparato de ella » no saben aprovecharla en la necesidad : siendo la causa » principal la pereza y espacio de los bueyes de que usan » y no de caballos por ser grande su costa; y la ignoran» cia y falta de hombres que la sepan gobernar; por ha» llarse pocos que sin gran paga quieran ponerse en aquel » manifiesto peligro de la vida (2).”..

A todo lo antedicho, sigue el mismo historiador y les. tigo, acompañaba mas con deseo de robar quo de otra cosa, una gruesa banda de soldados aventureros con sus banderas (3); y hasta tres mil villanos á jornal para lim

(1) Brantome en la vida de Francisco I refiere que el Condes. table de Montmorency al arreglar la casa de Enrique II , sucesor de Francisco, il trouva parmi les pensionaires du feu roy cinq cens escus de pension ordinaire qu'il donnoil audict Paulo Jovio, laquelle il trancha aussy: lost faisant entendre au roy que c'estoit un argent très mal employé pour estre plus imperial passionè que.françois et

pour estre'un gre pour esire plutsendre au roy quiere

(2) Jovio, ibi.

(3) Brantome, tratando en su discurso de los Coroneles franceses del curioso y mal parado vestido que tenian los soldados de Luis XIl y Francisco I, dice que los españoles llamaban aventureros en tiempo del mismo Brantome á los soldados que no ganaban sueldo ni paga , sino que militaban por su gusto ya fuesen soldados ó caballeros gentils-hommes, y que en Francia en su tiempo se les llamaba soldados de fortuna.

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