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Católico con la primera noticia de la batalla, temiendo por el reino de Napoles y por la libertad de la Iglesia amenazada de los cismáticos, escribió al Papa Julio II ofreciéndole grandes socorros y que el Gran Capitan iría ú mandar el ejército; no tardó en serenarse y mudar de parecer. El Papa, á quien sus cardenales, amedrentados también con las primeras noticias, instaban que recibiendo del Rey de Francia una paz honrosa, que no dudaban le otorgaría, salvase la Santa Sede y su persona; se mantuvo inflexible, no obstante los recelos de que alarmado el pueblo con las exageradas noticias de la batalla, estallase en Roma algun motin. A eso nos refieren los historiadores que por el pronto contribuyeron los embajadores de España y de Yenecia, manifestándole con empeño que las cosas no estaban tan perdidas ni reducidas á tal extremo que no dieran lugar á grandes esperanzas; mas la base y el fundamento de e¿tas ry de todas sus exhortaciones se debian en medio de la afliccion general al prisionero de Loches. No tardó mucho en saberse que la infantería española habia salido de la batalla unida y sin perder su ordenanza , y salvada esa, decían los embajadores al Papa, toda la demás pérdida era de poquísima ó ninguna importancia (1).

Así con efecto sucedió. Unidos á los cinco mil valerosos soldados de á pié con tanto acierto retirados por Navarro, como unos tres mil caballos de los que con el virey Cardona abandonaron la batalla; los coligados sino numérica, moralmente por lo menos, y mas con el des

(1) Guicciardini, ibi., Sapessi pure il viceré essersi salvad con la maggiore parti di cavalli essersi partita dalfatto a"arme ristret ta ¡tisieme in ordenanza la fanteria spagnuola, la quale se fisse salva, < omine era ve isimile tognialtra perdita essere de piccolo momento.

concertado proceder delos franceses, eran ya los mas fuertes en Italia. Con ese apoyo pudo el Papa abrir con toda solemnidad en la iglesia de San Juan de Letran el concilio que lleva su nombre, y anatematizar y excomulgar á los cismáticos del conciliábulo de Pisa y al Rey de Francia y sus fautores justamente en el mismo dia tres de mayo, veinte y uno despues de lo de Ravena, en que el virey Cardona entraba como triunfante en Nápoles con aquellos soldados abandonados entonces por él. Olvidándolo todo el Rey Católico, que en apariencia ó en realidad, cuando supo lo sucedido, se mostró muy servido del ejército, "porque pelearon generalmente como varones de gran «esfuerzo, y dejaron el campo con tanta sangre ene» miga (1)," llevado del amor y aficion que profesaba al virey, cuando dispuso que el Gran Capitan ya no pasára á Italia, le confirmó en el mando de aquella gente, confiando, y no se engañó, en que seria otro su proceder en adelante; mas en muchos se confirmó con eso la opinion de que era hijo suyo (2).

No toca á una historia tan personal como la que nos ocupa, referir como con la proteccion del Emperador Maximiliano, la diligencia del Papa, y el favor y defensa de los españoles, volvió á dominar en la Lombardia Maximiliano Sforcia, hijo del duque de Milan, Luis Moro; los genoveses se sustrajeron del yugo francés, y aclamaron dux á Juan Fregoso, y el virey Cardona á pesar de lo que el Papa resistía su vuelta á la Lombardia, restableció en Florencia á los Médicis, "sacándolos de aquella »sujecion , que padecian debajo del nombre de libertad »siendo una muy honesta servidumbre (1)." Ni esto ni si i> la intencion del Rey Católico no tanto era de subvertir * la libertad florentina como apartar la ciudad de su adhe» sion al de Francia, y de sacar algun dinero para pagar » su ejército (2)," ni si los franceses salieron de Italia expulsados por las fuerzas de la liga, ó por el miserable estado en que quedaron despues de la batalla de Ravefia, ó porque con su altanería, aspero gobierno y licencioso proceder con las damas, exacerbaron al pueblo (3), podemos hacer mas que indicarlo sumariamente. Solo y por que se infiera cuanto habian mudado las cosas y cual era el orgulloso carácter del papa Julio II, haremos un lijero alto en que apoyado principalmente con los suizos quo fueron a su socorro no quiso de modo alguno oir las proposiciones de paz que el Rey de Francia le dirigió; que ántes de admitir á su gracia al duque de Ferrara Alonso de Este que habia servido á aquel, le obligó á dar libertad á Fabricio Colona, Hernando de Alarcon y otros prisioneros de Ravena que guardaba: que despues de eso y tratándole como feudatario suyo, no contento aun con que en público consistorio le pidiera perdon vestido con una

(1) Zurita, lib. 10, cap. 2.

(2) Ibidcra, cap. 21.

(1) Zurita, lib. 10, cap. 20. 21, 22, 23 ete.

(2) Guicciardini lib. 11, perche ncl lie d'Aragona non era da principio tauto desiderio de sovertire la liberta, quanto di rimovere la Citta dali aderentia del Ré' di Francia et di trame alcuna quantita di danari per pagare ali esercito.

(3) Muratori, tomo 10, año de 1512, tratando de la salida de los franceses de Italia, dice que fué, portando seco un buon documento a i Principi de non maliratare i popoli massimamente queidi nuovo conquisti. Certamente l'altcrigia loro, l'asprogovei no c il licencioso procedere collc Domnc aveano totalmente esacerbati i Popolidella Lombardia, che tutti ügara, subito que se la videro bella, sisostrosso aloro domiiiationi.

ropa de terciopelo negro sin bonete, y con una cofia de oro en la cabeza, faltó poco para que no le encerrára en el castillo de Sant-Angelo y le cortasen la cabeza (I); y que por último su atrevimiento y ansia de dominar le llevaron hasta el punto de querer lanzar de Italia no solo á los españoles, sino á todos los extranjeros, á quienes apellidaba como por desprecio bárbaros y ultramontanos (2). En medio de tanta inquietud y de las negociaciones que ocurrieron entre el mismo [Papa, el Rey Católico, el emperador Máximiliano, los venecianos, los suizos y el Rey de Francia, trató el emperador de reconciliar á este con el de España. Propuso para ello entre otras bases la de que nuestro Infante D. Fernando, nieto á un tiempo suyo y del Rey Católico, casára con Remera, hija segunda de el de Francia, dándole en dote el ducado de Milan. En donde intervenían intereses tan encontrados y personas tan opuestas como las que por desgracia de la Italia los disputaban en ella, era muy difícil sino imposible llegar á entenderse sobre eso. Todo eran desconfianzas, intrigas y enredos; en medio de las cuales, y sin que estuvieran próximos á vencerse, murió en 21 de febrero de 1513 el papa Julio II, hombre impetuoso, de pensamientos demasiado altivos "y digno, segun su contem» poráneo Guicciardini, de eterna gloria si hubiese sido » un Príncipe seglar, ó si el cuidado ó conato que puso » en exaltar y engrandecer la Iglesia en lo temporal con » las artes de la guerra, los hubiera empleado en ensal» zarla en lo espiritual con las artes de la paz (3)."

(1) Guicciardini, lib. 11.— Zurita, ibi., cap.20.

(2) Ibid., cap. 22 y 25.

(3) Zurita, ibi., cap. 57, dice que Julio II murió en 20 de febrero de 1513; pero Guiccidrdini, lib. 11, afirma que fuá la noti»

Tono XXV. 15

Sucedióle con el nombre de Leon X el cardenal Juan de Médicis, que habia sido su legado en el ejército coligado; que fué prisionero en Ravena y vilipendiado en Bolonia, cuando entró en ella con Pedro Navarro, y que con él y como tal prisionero asistió en Milan á las exequias de Gaston de Foix. Al abandonar los franceses aquella ciudad le llevaban á Francia bien custodiado. Habiendo un dia pernoctado en Pieve del Cairo, alborotados algunos de sus vecinos y unidos con parte de sus criados, al pasar por la mañana el Pó por la barca de Basignano, amedrentaron de modo á los que le guardaban, que solo trataron de salvarse y no de defender al preso (1). Llegó tan á tiempo á Roma que habiendo poco despues muerto Julio II, fué sublimado al solio pontificio nemine discrepante de los veinte y cuatro cardenales que entraron en el conclave. Coronósele en San Juan de Lctran con tanta pompa y con tanta algazara del pueblo, que desde la inundacion de los bárbaros se decia no haber visto en Roma dia mas magnifico y soberbio; "haciéndole todavía mas memora» ble y digno de admiracion el considerar que aquel que » entónces con tanta pompa y raro esplendor tomaba »las insignias de tan grande dignidad, en el mismo dia » del año anterior habia caido miserablemente prisioue» ro (2) con nuestro conde Pedro Navarro, á quien lejos

dinanzi al vigessimo primo giorno di Febraio, essendo gia propinquo il giorno.

(1) Guicciardini, lili. 40.

(2) Guicciardini, lib. 11, et fece questo giorno piu memorahile et di maggiore ammiratione il considerare colui che hora pigliava con si rara pompa et splendere le insegne di tanta degnitá, era stato nel giorno medisimo ¡anuo dinanzi fatto miserabilmente prigione.

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