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excitado por algunos de los suyos, que para conservar su reputacion y aterrar á los enemigos le permitiera expugnar la Bastía ó Bastida. Concedido que le fué y encaminado contra ella, comenzó, así que llegó, á combatirla con tres piezas. Encontrando en sus defensores mas resistencia de la que se prometía , mandó fabricar dos puentes de madera para atravesar los fosos llenos de agua. Apenas concluidos, cuenta Guicciardini que los españoles caminaron intrépidos y osados al asalto y que al cabo de diferentes tentativas entraron á escala vista en la fortaleza, degollando á casi todos los que la defendían, incluso su capitan Vestitcllo (1); al paso que Paulo Jovio refiere que el asalto se verificó despues de haber Navarro usado de aquel su peculiar artificio de las minas que tan gran reputacion le dió en las guerras anteriores (2).

Suceso tan arrojado, que tuvo lugar segun unos en el último dia del año de 1511, y segun otros tres dias antes (5), ninguna ventaja produjo, no obstante la celebridad que se le trató de dar. Qucria^ el virey que la Bastía ó Bastida se demoliese y Navarro por lo contrario sostenía su conservacion , teniéndola por muy útil, como el duque

(1) Guicciardini, lib. 40.—Zurita, i'bi., cap. 45.

(2) De vita Alfonsi Ducis Ferrara., pág. Mi. Itaque Navarrus... ad Bastiam defertur, ad motisque tormentis murum atque aggeres vehementissime quatit suo etiam peculiar i artificio, quo nomen cuneta expugnaríais superioribus bellis fuerat consecutus, cuniculos agil et subdito ac incenso sulphureo pulvere totius munitionis frontem ab immo in summam coronam terribili cum fragore excindil, paratque ab ea parte aditum et aseensum militi. Nec mora Hispani irrumpunt.. . Contruditur intra arcam CastMi Vestidellus.

(.3; Pclri Bcmbi Historia Fcncta, lib. 12. Ex Hispanis itcm centnm iu ea oppugnatione occubuerunt tertioque ab ca re die anui Jims fuit, pero Zurita le refuta.

Tomo XXV. 12

de Ferrara en sentido inverso, para asegurar la navegacion del Pó. Defiriendo al fm el virey á la opinion de Navarro , encargó este la defensa de la fortaleza á doscientos soldados del Papa que puso en ella con los capitanes Saxo, italiano, y Faronda, español, mas anduvieron tan débiles cuando de allá á poco trató el duque de recuperarla siguiendo su anterior propósito, que se la rindieron con suma facilidad (1).

Mientras tanto Navarro que habia regresado á Imola, siguió con el ejército, y en el lugar que le correspondía, á Butri. Allí, y ántes de pasar adelante, llamó el virey á consejo de guerra para decidir lo que debia practicarse. Fabricio Colona y los capitanes que con él y con la caballería iban entónces en la vanguardia, opinaron porque poniéndose el Real en Certo y en la Piebe, que el giboso Pedro de Paz habia ganado en aquellos días, se tomára desde luego á Castel-franco, plaza fuerte é importante entre Carpi, en donde alojaba la gente francesa, y Bolonia. Fundábanse en que además de poderse desde allí correr el campo de aquella ciudad y apoderarse de los pueblos cercanos que mas convinieran, no se exponía al riesgo de poner cerco á Bolonia en lo mas bravo del invierno y dejando Ferrara á la espalda. Decían tambien que cuando fuera el tiempo mas acomodado para emprender aquel cerco, les facilitaba la posesion de Castel-franco poderlo ejecutar por la parte de Módena que era en su opinion el lugar mas oportuno para ello; conformándose mas y mas por último en su dictámen al oir que Gaston de Foix, du

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que de Nemours y general del ejército francés, caminaba ya por Rezo y Módena con gente de á pié y á caballo á socorrer á Bolonia.

Pedro Navarro, á quien se moteja de que teniendo grande opinion entre la gente, si no seseguia su opinion, servia de mala gana poí ser terco y Cabezudo (1), sostuvo por lo contrario que lo mejor era ir cuanto ántes y derechamente por la montaña á cercar aquella ciudad. Afirmaba y sostenía que la tomaria palmo á palmo aunque le entrase socorro; que de ningun modo convenia detenerse en Castel-franco, así por no ocupar gente en su guarda, como mas señaladamente porque distando quince millas de Bolonia no se podia aprovechar de él en lo principal; y como en este parecer ampliado y mantenido porfiadamente por Navarro, se hubiese al fin fijado el virey, pasó con todo el ejército á situarse á cuatro leguas de la ciudad (2).

Reconocido al otro dia, que fué el 16 de enero, todo el terreno inmediato á ella hasta tiro de lombarda , se volvió á discutir en consejo lo que se habia de practicar para formalizar el sitio. Acordes Fabricio y Navarro en que desde luego se cercase la ciudad, se puso el Real en la quinta llamada Belpogio que pertenecía á los Bentivoglios (3). Fabricio con su vanguardia compuesta de setecientos hombres de armas, quinientos caballos ligeros y cinco mil infantes se situó entre el puente del Reño y la puerta de San Feliz para impedir el socorro francés; y á fin de enseñorear enteramente la montaña que domina la ciudad, pusieron en el bosque y monasterio de San Miguel muy in

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mediatos á ella una gran parte de la gente y la artillería (1).

En tanto que en esto se andaba se introdujeron en Bolonia, en donde antes no líabia mas que el pueblo armado y algunos infantes y caballos de Bentivoglio, hasta doscientas lanzas francesas y dos mil infantes tudescos enviados por Gaston de Foix (2). Eran sus capitanes Ivo d'Allegre y otros caballeros franceses muy distinguidos, que no solo confiaban en su valor y fuerzas para defender la ciudad, sino en los mayores socorros que su general les habia ofrecido. Eranles con efecto tanto mas necesarios cuanta que aquella gente no era suficiente, atendido el recinto de Bolonia para poderle cubrir; las fortificaciones se babian levantado muy á la ligera, y además de estar todo dominado por la montaña en que se habian situado los españoles, se temia mucho á la infantería de estos, que por su agilidad, destreza y valor no hallaba resistencia en ninguna fortaleza, segun acababa de confirmarlo en la toma de la Bastida ó Bastía (5).

En medio sin embargo de ese decaimiento cobraron ánimo los sitiados al observar la lentitud con que procedían los sitiadores. Nueve dias llevaban estos al rededor de la ciudad, y nada aun habian emprendido contra ella. Todo era discusiones, ya sobre el lugar en que se debia plantar la artillería para dar principio al combate, ya sobre el modo de impedir la entrada del socorro anunciado. Lo que en un dia se aprobaba, nos dicen los historiado

(1) Gnicciardini, lib. 10.

(2) Pedro Mártir, Epistola 480, dice que en Bolonia, habia prater habi i ai ores Gallorum peditum tria millia, catapluactorum lancea quingentm etc.

{'.>} Guicciardini, ibi.

res que se desaprobaba al siguiente; siendo mas inconstantes las determinaciones á medida que se acreditaba la voz de estar ya Gaston de Foix en el Final, á veinte millas de Bolonia, con ochocientas lanzas, mil caballos ligeros y tres mil infantes, á los que se juntarían dos mil gascones y algunos caballos del duque de Ferrara , con la firme determinacion de hacer levantar el sitio (1).

Ya en esto se habia principiado á combatir la ciudad desde el alto de San Miguel con dos sacres y dos culebrinas (2). Los sitiados correspondieron tambien con su artillería menuda y mataron de un tiro al coronel Salgado y á Mosen Juan Bovadilla (3). Nada sin embargo adelantaba el sitio con ese cañoneo, disputándose mientras tanto continuamente y no sin calor en el ejército sobre el mejor modo de llevarle á cabo; hasta que al fin viendo el virey que, en medio de opiniones tan encontradas, los mismos que un dia aprobaron la mudanza de Fabricio Colona y su gente al otro lado de la ciudad, la desaprobaron al otro, se decidió por el consejo que privadamente le dió nuestro conde, de que avituallando primero y para cinco dias el ejército, se le mudase todo entero al otro lado de la ciudad, dejando únicamente en San Miguel del Monte una guardia para su custodia. Desde aquella situa

(1) Guicciardini, Zurita y Mariana , ibi.

(2) Las culebrinas, que antiguamente se empleaban para arrojar las balas muy lejos, dice un escritor que eran de cuatro especies y se distinguian por el calibre. Habia culebrina, media culebrina , cuarto de culebrina ó sacre y octavo de culebrina ó /aleonete. Todas estas especies si tenian de largo 30 ó 32 diámetros de su boca se llamaban legítimas, y si tenian menos bastardas. Con el /aleonete se arrojaban balas de dos libras y media.

(3) Zurita, ibi.

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