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desembarcáran en ella. Verificáronlo, y reparados todos y remediado cuanto lo necesitaba, la armada retiñida se dió de nuevo á la vela en el mártes 27 de agosto, habiendo dejado primero en Bugía á Diego de Vera por teniente de Pedro Navarro con tres mil soldados de los coroneles Palomino y Samaniego (i). Sin adelantarse cosa alguna en el primer dia por la calma, ni sufrir tampoco gran cosa en la noche del siguiente por un temporal ó fortuna (2), corta pero desecha, que experimentó la armada , se encontró sobre los Gerbes al amanecer el jueves 29 (3). La capitana y otras dos naos que por mas ligeras se adelantaron, surgieron en una ensenada cerca de Gerapol, á la punta del canal donde estaba el puente quebrado. Llegadas las otras, se adelantaron todas á la vela en el mismo canal cosa de media legua. Dieron allí fondo, y pasado el dia, ordenó Navarro en el segundo cuarto de la noche que toda la gente se trasladase á las galeras, fustas, bergantines y demás buques de remos para desembarcar al esclarecer el inmediato viérnes 50.

Tomóse aquella precaucion por ser la costa muy difícil á causa de los bajios y del poco fondo, y aun así quedaron las naos como á media legua de la torre señalada como lugar de desembarco: de modo que, teniendo los soldados que andar gran trecho por el agua, aunque solo llevaban las armas, cuando despues de tocar la tierra se juntaban con sus banderas,, llegaban fatigados y mojados. Notóse sin embargo, y con razon se tuvo por cosa extraña.,

(1) Asi lo dice Sandqyal, ibi, §. 39, ponieado la salida de tn armada en el dia 28 de agosto.

(2) Nombre que en lo antiguo se daba ü las tormentas y temporales.

(3) Zurita, ibi, dice juéves 28 en la noche, dia de S. Agustin.

que aun cuando en esa operacion se pasó hasta el medio dia, ni se recibió daño ni se vió moro alguno.

Estaba acordado ántes de que llegara D. García de Toledo con su armada que el coronel Gerónimo Vianelo llevase con su escuadron la delantera; mas habiendo rogado el D. García con todo género de instancias y súplicas que se le confiase á él con los caballeros y gente que le acompañaban; Navarro vencido al fin de las plegarias de aquel mozo tan ardiente y tan ansioso de gloria bubo de convenir en ello, tomando tambien en cuenta la ca-i lidad de su persona (I). Dicen algunos que se holgó mucho con la demanda de D. García, y que le dejó escoger la gente que quiso. A otros por lo contrario oyó Zurita afirmar y Pedro Mártir tambien.lo confirma, que señalándole Navarro el lugar que como á general le correspondía , le replicaron él y otros que solo habian ido á pelear, y que aunque Navarro lo resistió y aun mediaron malas palabras con alguno sobre ello, consintió al fin y le dejó ir delante con i ,600 hombres los mejor armados y ordenados de toda la expedicion (2); variando su plan de no combatir hasta la caida del sol (5).

Los quince mil hombres de que al parecer constaba el ejército, los dividió Navarro en siete cuerpos d escua

(1) Pedro Mártir, Epístola 445. Ex madrito in Calend. Octobris 1510.... hortatus monct, immo et quisnam esset conjectans orat. Mariis ínter eos agitatum fuisse argumentis fertur. At victus tamen generos! juvenis precibus, Comes primam illi aciem in hostes licet invitus permissit

(2) Zurita, ibi, cap. 19, añadiendo que las malas palabras fueron con Diego de Vera, que habia quedado en Tripoli; en cuyo caso la disputa hubo de ser ántes de salir de alli.

(3) Alvaro Gomez, lib. 4, pág. 124.—Navarrus enimsolis rfeclinationcm expectartdam omnino censcbat.

drones segun unos, y en once segun otros (1). Al dc vanguardia , que dejamos dicho haber dado á D. García, seguía el del coronel Francisco Marques con unos mil y doscientos. Venia luego otro de dos mil soldados muy escogidos al cargo del coronel Juanes de Arriaran, y detrás con los suyos respectivos los coroneles Pedro de Lujan, llamado generalmente Pierna-gorda, D. Diego Pacheco, Valencia, Nieto y otros, cerrando la retaguardia el coronel Palomino. La artillería compuesta de dos cañones gruesos, dos sacres y dos falconetes con la pólvora y balerio se colocaron en el centro; siendo lástima ver como por falta de caballería los soldados tiraban los unos los carretones de la artillería, iban los otros cargados con los barriles de pólvora, y otros allanaban el camino, y aun sobre todo su trabajo les daban palos como á bestias (2).

Serian las diez y media de la mañana cuando emprendido el movimiento despues de haber oido misa, la sed que, así por la hora y modo de desembarcar como por lo tardado en ordenarse, era ya estimulante en la gente, creció mas con el caminar. Ardia el aire y la tierra abrasaba con el cator del sol en aquel dia, cuenta el grave Gerónimo de Zurita, y la sed era tanta en aquel arenal, añade el obispo Sandoval, que daban por un trago de agua tres tripclines y aun veinte, y algunos cayeron muertos de sed, especialmente de los que tiraban la artillería.

(1) Sandoval, ibi, §. 40, dice once y Zorita siete, y aunque ambos escritores se conoce que tuvieron á la vista documentos auténticos, no dejan de variar en sus relaciones, como en este cas» sucede con el coronel Palomino, que segun Sandoval quedó en liugia con Diego de Vera , y Zurita pone á los dos en lo» Gerbes.

(2) Sandoval, ibi.

Cubrióse al fin el campo de cadáveres, no siendo ya dado á ningun jefe en medio de tal ansiedad mantener el órden y formacion que se le habia encomendado (1). Acercándose en esto D. Garcia con su vanguardia á unas palmeras y luego á unos olivares en donde habia unas casas derribadas, por mas que se esforzó en contener á su gente nada alcanzaron ni sus amenazas ni 'sus ruegos. Tuvieron nueva de que allí cerca habia unos pozos de agua dulce; y con el ansia de beber se desmandaron (jodos en tropel por llegar á ellos, encontrando muchos la muerte en donde creyeron encontrar el alivio.

Ya fuese casualidad ó bien prevision de los moros, que aun se quiere que para cebar mas á los sedientos dejaron allí de intento cántaros, calderetas, jarros y hasta sopras para sacar el agua; con el ansia del beber se redobló el desórden. Aparecieron entónces y cayeron arrebatadamente sobre ellos , y sin que, se sepa en que número, los moros que todo lo observaban y estaban en emboscadas. Hay quien los sube hasta tres mil de á caballo con mucho peonaje allí de intento preparado (2), y quien, suponiendo que todas las fuerzas del jeque y sus hijos no excedian de dos mil y quinientos peones y ciento y veinte caballos inclusos cuarenta alárabes, dice que los que con grandes alaridos atacaron á los sedientos ó hicieron todo el estrago serian ciento y cincuenta de á pié y unos se^

(1) Por lo cual comenzaron á desordenarse y á desmayar los. del coronel Vianclo y del coronel Pedro de Lujan Pierna gorda que llevaban la vanguardia jr luego todo el ejército salvo los de D. Diego Pacheco. Asi dice Stondoval, pero discorda enteramente de Zurita y otros, que convienen en que D. Garcia llevaba la delantera y fué su gente la primera que Ve desordenó.

(2) Mármol, ibi.

lenta de á caballo (1); reduciéndolos todavía Pedro Már» tir á solo unos ochenta de los últimos (2). Mas fuesen los que quisieran, pues que para desordenar un ejército no se necesitaron á veces tantos; en vano fué que D. García con unos cuantos de á caballo que le acompañaban y que en todo el ejéroito cristiano apenas llegarían á quince, tratara así que descubrió á los moros de apartar á su gente de los pozos y ordenarla. Ni exhortaciones, ni ruegos, ni desmontarse y tomar una pica de los que andaban por el suelo, ni su ejemplo peleando á pié con gran denuedo, ni el que le daban otros jefes y caballeros que le acompañaban , nada bastó para contener la fuga y el desórden; siendo lo peor haberse comunicado á los escuadrones inmediatos á pesar de la esforzada resistencia de Diego Pacheco, Gil Nieto, Miguel Cabrero, Pedro Lujan y otios, que todos cumplieron con su deber, saliendo por orden de Navarro y con los escuadrones de retaguardia que mandaban, á oponerse á los fugitivos (3).

/ Qué es esto hijos mios y mis leones! nos cuentan que exclamaba Pedro Navarro en medio de tan triste confusion. No soliades vosotros hacerlo asi. Acordáos de lo que deciades en Tripol. Vuelta, hermanos, vuelta: no hayais miedo; que moros son y pocos: otras veces habeis vencido muchos mas: aquí conmigo que nos va la honra y la vida, acompañándolo todo con lágrimas que le salían de los ojos y que si bien hicieron que algunos volvieran el rostro al enemigo fué con tan poco aliento que muy pronto y ciegamente se dieron á huir hácia la mar (4). En semejante

(1) Zurita, ¡bi. •

(2) Epístola 44.5.

(3) Zurita, ibi. (i) Sandoval.

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