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y se reputo como una de las mas famosas de aquella edad. Un escritor siciliano, que pudo alcanzar á Pedro Navarro, refiere que para perpetuar su memoria acuñaron una moneda con un yugo (1). En Roma nos dice Pedro Mártir que el regocijo del Santo Padre, del Sacro Colegio y del Senado de la ciudad fué proporcionado al concepto que tenían de no haber fuerzas humanas suficientes para conquistar á Trípoli, así por la fortaleza de su situacion, como por lo que la habian aumentado las obras del arte (2). Pero en quien mayor contento produjo, como era natural, aquella conquista fué en el Rey Católico (3). Aun estaba en las Córtes de Monzon cuando le llegó la noticia que sirvió pora declarar mas abiertamente su ánimo de ir en persona ú continuar la guerra de África. " Allende de las razones » que para esto publicaba era muy principal, dice Zurita, » la de que los lugares en la costa no se podían sostener » por los grandes gastos que ofrecían sin que se ganase la » tierra adentro; para que ayudase á defender los lugares » marítimos teniendo esto por el principal fundamento de » aquella empresa; porque hallándose medio como la » guerra se pudiese entretener á costa de la misma tierra » seria cosa durable y acabado aquello se podría mejor » proseguir la conquista (4)". Mas en tanto que el Rey Católico así discurría, y que en su corte admirando las vici

(t) Francisci Mauroljrci (que escribia en 1562) Sicanicw Historia (in Thesauro Antiquitatum Silicia, tom. 4, lib. 6, pág. 272) ad an. 1510. Ítem Petrus Navarrus cum classe ac copiis ex Hispania missus in Siciliam transfretavit, ac Tripolim expugnavit. Excusa Juit maneta jugo signara ob ejus memoriam.

(2) Petrus Martyr, ibi.

(3) Véase la carta al cardenal Jimenez de Cisucros en el Documento núm. 19.

[i] Zurita, lib. 9, c;ip 16.

situdes humanas se decía al ver lo sucedido en Trípoli que los africanos tan temibles en otro tiempo á los españoles, se les rendian en donde quiera que se encontraban (1); esas vicisitudes y nuevas complicaciones en Italia dejaron sin efecto lo que el Católico proyectaba.

Aunque el Rey de Francia por consecuencia de la liga de Cambray se mostraba en la apariencia aliado suyo, iba en realidad desmandándose algun tanto y procurando la ocasion de volver á la conquista de Nápoles. El Papa que lo conoció se fué acercando á los venecianos, y resuelto á echar á los franceses de Italia buscó al intento como su principal apoyo el del Rey Católico. Concedióle desde luego la investidura del reino de Napoles, inclusa la parto que por el tratado de su reparticion en 1500 habia quedado á la Francia; en cambio de lo cual y de haberlo ejecutado, dejándole libre de todo censo y vasallaje, el Rey lo prometió auxiliarle con trescientos caballos (2).

Fué esto causa de que Pedro Navarro que triunfante en Trípoli, queria serlo tambien en Tunez , no alcanzase los cuatrocientos hombres de armas y doscientos caballos ligeros que para ello solicitaba. El Rey Católico bien deseaba procurárselos, y con ese motivo ordenó al Virey de Napoles, en donde residían la mayor parte de los hombres de armas, que le aprontase cuanta caballería pudiera (3); nías aunque tambien mr.ndó que se juntasen los navios

(1) Pedro Mártir, Epístola 442. lia rcrum vices versant humana. Formidabiles quondam Hispanis Aphri, uunc Hispanis cedunt quocumque concurritur.

(2) Zurita, ibi., cap. 11 y 18.

(3) Véase en el Documento núm. 20 las quejas del f ran Capitan por querer el Itey Católico que su compañia de homl res de aruias pasase con él a los Gerbes.

necesarios para el transporte , en la incertidumbre de si se podría enviar ó no la caballería dejó á cargo de Navarro, ó que fuese sobre Tunez, ó que entre Tunez y Trípoli emprendiera lo que mejor le pareciese (1).

Navarro en tal situacion , aunque al principio perplejo , determinó al fin por no mantenerse ocioso, salir contra los moros de Gerbes, hoy Zervi, isla la mayor y mus principal de aquellas costas, que bojea como seis leguas y dista de Trípoli como treinta, rasa y arenosa, sin mas agua que la de los pozos, y tan allegada á tierra en algunas partes, que entónces se comunicaba con ella por un puente de madera. Abundaba en palmares y olivares, poblábanla muchas alquerías y pocas aldeas, y la gobernaba un jeque llamado Yhaya. No tenia mas fortificacion que una antigua torre levantada en la marina por los catalanes que la dominaron despues de conquistada en 1284 por el célebre almirante de Aragon Roger de Lauria (2). Como que sus habitantes causaban grandes daños en las costas, en aquel tiempo nuestras, de Sicilia, Córcega y Nápoles, antes de que Navarro saliese de Bugía para Trípoli , habia tratado de castigarlos el Rey Católico, y aun se dijo que habia dado el encargo á D. Garcia de Toledo así como el de suceder á Navarro en el gobierno de Bugía; pero como D. Garcia no llegaba y la peste y otras necesidades apuraban en términos de no poderse ya subsistir en aquella plaza', Navarro antepuso, como ya vimos, la conquista de Trípoli, dejando para mejor ocasion la de los Gerbes (5).

(1) Zurita, ibi., cap. 16.

(2| Mármol, lib. 6. Del reino de Túnez, cap. 41.—Zurita, ibi., cap. 17, en donde pone otros pormenores. (3) Zurita, ibi., cap. 16.

Para dominar á estos sin gran peligro contaba nuestro conde con el espanto que les causara lo de Trípoli, y con estar divididos en parcialidades y bandos cada uno con su jefe á la cabeza, aunque al parecer el uno de ellos con el nombre de jeque se habia ya hecho como el señor de la isla. Fortificados pues el castillo principal y otro mas pequeño de Trípoli, y arrancada aquella parte de la ciudad que dificultaba su defensa y dominacion , embarcó el conde su gente y se dió á la vela en 10 de agosto de aquel año, llevando cosa de ocho mil hombres en ocho galeras y cuatro fustas gruesas. Su principal designio era ver si la isla se le sometía de paz y prestaba vasallaje al Rey Católico, ó en otro caso reconocerla de modo que se asegurase la empresa. Hay quien dice que en el dia que arribó la armada, el jeque que estaba amedrentado con lo que le contaron los prófugos de Trípoli ofrecía dar al conde veinte y cinco mil tripolines por una vez, y diez mil anuales de tributo al Rey Católico con la tenencia del castillo y otros derechos en la isla que el conde no quiso admitir (1); al paso que otros refieren que habiendo desembarcado tres hombres junto al puente que unia la isla al continente, y penetrado en ella con bandera de paz y hablando en algarabía con los isleños, lejos de mostrarse estos sumisos, habian roto el puente firmemente resueltos á defenderse , y no solo desafiaban al conde diciéndole que allí encontraría hombres y no gallinas como en Trípoli, sino que alancearon inhumanamente á un parlamentario, salvándose los otros dos en un esquife que hallaron en la costa (2).

(1) Zurita, ibi.,cap. 19.—Mármol pone el embarque y partida del conde en el lunes 30 de julio, cinco dias despues de ganada Tripoli; loque parece muy pronto.

(2) Sandoval, Historia de Carlos F, lib. \, §. 3.

Pedro Navarro en vista de tal decision y arrojo, habiendo primero rodeado una gran parte de la isla y reconocido el fondeadero , mandó alzar las velas y regresar a Trípoli. Ordenada allí de nuevo su gente y hecha reseña general en el dia 15 de agosto, la mandó de nuevo embarcar en el siguiente 16 para emprender el mismo rumbo. En el dia 23, siéndole muy contrario el tiempo, se avistaron quince naves gruesas de á dos y tres gabias, que formaban la armada de D. Garcia de Toledo, la cual detenida largo tiempo en Málaga por decirse que habia peste en Rugía, despues de tocar en aquella plaza y recoger tres mil soldados de su guarnicion con el coronel Francisco Marques, siguió á juntarse con la de Pedro Navarro para caminar unidos á los Gerbes (1).

Acompañaban á D. Garcia siete mil hombres. Entre estos iban el capitan de artillería Diego de Vera, que tanto crédito gozó en su tiempo, y muchos caballeros bien conocidos, aunque no muy prácticos todavía en las cosas de la guerra. Estaban todos tan fatigados del temporal y poca costumbre del mar, que Navarro viéndolos con necesidad de refrescos, y que por otra parte mostraban sumo deseo de conocer la ciudad de Trípoli tan famosa en España despues de su conquista, se prestó gustoso á que

(1) Zurita,'ibi.— El Cura de los Palacios en el cap. 225 de su Historia MS. dice: " E despues de llegada la gente toda ( á Málaga ) « tardóse mucho D. Garcia en embarcarse, y estuvo allí el dia de « San Juan é lidió toros é muchos de los que habian de ir en la ara mada asi frailes como abades é legos por la tardanza se volvie« ron; é no sé si se hizo esta tardanza porque supo el dichoD. Gar« cia que morian de pestilencia en Bugia. En fin partió de Mála« ga con su flota é armada con siete mil hombres despues de haber « estado en Malaga tres meses é mas.''

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