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este no solo le habian hecho desconfiar de aquel sino del mismo Rey (1). La causa de esa desconfianza, olvidando otras políticas y acaso mas verdaderas, fué segun algunos » la condicion del conde poco cortesana y sufrida, en fin » como de soldado, y porque el cardenal nombró por » capitanes algunos criados suyos, de compañías que te» nía ya el conde encomendadas á otros (2); siendo quizás » mas probable segun otros que eso fuera, porque los » soldados se consideraban como ultrajados de que cosa » de tanta monta se manejase por quien cria:!o en el » claustro y embozado en su capucha jamás habia visto » ni enemigos ni campamentos, se quejaba de la lentitud » con que se obraba, de que habia descuido en los arma. » mentos é infidelidad en los empleados y de que en los » buques faltaban las provisiones y otras cosas necesarias, » llegando por último á desconfíar del mismo Pedro Na» varro, viendo que unas veces queria desembarcar en » One desde donde los moros nos hacían gran daño, y » otras ir á cercar á Tetuan, que le parecía mas prove» choso (3)."

Pero dejando á parte las reflexiones á que Zurita se entrega, tratando de la pugna entre dos hombres que por distinto camino habian pasado de la humildad en que nacieron á colocarse en puestos muy eminentes, y en los cuales el uno queria mandar con la humildad, y habiendo sido siempre religioso, á quien hacia poco caso de

(1) V. Documento núm. 11.

(2) Mariana , Iib. 29, cap. 18.

(3) Alvaro Gomez, ibi.—One, llamado por los africanos Degrat-Unein, estaba situado en el Mediterráneo á la a'lura de Almeria. En 1533 fué tomado y destruido por D. Alvaro l.'azan el Viejo.—Mármol, tomo 2, lib. 5, cap. 9.

eso, habituado á mandar siempre con el estoque ó la pica en la mano (1); lo cierto fué que en tanto que algunos llegaron á tener á Navarro por incapaz de dirigir tan grande empresa, no habiendo ántes entendido en otra igual, el cardenal mortificado con tan sostenidas contradicciones, estuvo á punto de renunciar á ella. Si no lo ejecutó, no tanto da á entender su elocuente historiador Alvaro Gomez, que se debió á las cartas del Rey Catolico, '* como al descrédito en que si por causa suya no se » verificaba la expedicion, le dijeron que iba á caer la » alta dignidad del Primado de Toledo, cuya grandeza » habia sido tal en todos tiempos que no solo pudo man» tener ejércitos, sino conquistar de los moros pueblos y » ciudades fuertes (2)."

1509.—Vuelto pues el cardenal de su propósito, pasaron á principios de 1509 á verle de órden del Rey en Alcalá Pedro Navarro y Gerónimo Vianello. De su entrevista resultó terminarse algun tanto las diferencias con Navarro, y estipularse con toda solemnidad y en instrumento público las obligaciones recíprocas del Rey, del cardenal, del mismo Navarro, y de los que á sus órdenes habian de militar en la expedicion. Estipulóse tambien que esta se dirigiría á Oran en la primavera inmediata y que todo lo concerniente á ella habia de estar pronto y reunido en Cartagena para el 25 de abril de aquel año; siguiéndose á la estipulacion partir Navarro á Málaga para conducir la armada á Cartagena con aquel fin, y con el mismo á los cuarteles en que invernaban las tropas, sus jefes y capitanes; entre los cuales se distinguía Gonzalo

(1) Zurita, lili. 8, cap. 30.

(2) Alvaro Gomez, ibi., pág. 103.

de Ayora, que fué el primer creador de la Guardia Real é introductor de la táctica moderna en España , y que tan práctico en la disciplina militar como ardiente defensor de la libertad castellana, murió en tierra extraña por haber abrazado con calor la causa de las comunidades y haberle excluido Cárlos V de sus indultos (1).

Mas á pesar de lo estipulado y de la actividad con que todo se preparaba no dejaron de sobrevenir nuevas disidencias entre el cardenal y el conde. Como aquel en concepto de capitan general quería mandar en persona la expedicion , anunció, y así lo cumplió, que quería estar en Cartagena para el 6 de marzo, contando con que para entónces ya podría estar en aquel puerto la armada que de el de Málaga habia de conducir Navarro. Presentósele éste manifestando no haberlo permitido el tiempo, y que aun se tardarían diez dias, y cuando ya se verificó la traslacion y que todo estaba reunido y pronto para dar la vela, vinieron á retardarlo sucesos muy desagradables. Amotinados los soldados por uno que habia sido zapatero en Alcalá, se obstinaron en no embarcarse hasta que no se les pagase lo que se les debia. Castigó Vianello á algunos con rigor militar, y como por órden del cardenal le reconviniese por eso su sobrino Garcia de Villarroel que

(1) Alvaro Gomez, ibiv pág. 104.—Sobre Gonzalo de Ayora y su táctica pueden verse sus Cartas y las Ilustraciones del señor Clemencin al reinado de Doña Isabel en su Elogio.—Zurita en el lib. 8.°, cap. 30 del Rey D. Fernando no se muestra muy generoso, despues de decir que " presumía ser muy diestro en la disciplina militar, y> y que no solo podia poner las manos como cualquiera capitan en » los hechos de la guerra, mas intervenir en los consejos," añadiendo " que tenia cargo de ordenar la historia del Rey, pero ejercitó » mas su elocuencia en el hablar que en escribir las cosas de su » tiempo como fuera razon.''

mandaba la caballería, y Vianello le replicase hablando mal de su tio, le dió aquel una cuchillada en la cabeza que hasta que no se curó, detuvo la expedicion (1).

Culpóse de todo á Navarro, suponiéndosele en connivencia con Vianello. Imputósele andar buscando armada y caudal para guerrear de su cuenta contra los moros de Argel ó en cualquiera otra parte. "Acusáronle de haber » sido quien habituado á las rapiñas de Italia, y olvidado » de lo pactado con el cardenal acerca de que la paga do » los soldados no se entregára á los capitanes sino que la » recibieran de su tesoro, para que segun la experiencia » probaba, ni se les defraudase en lo justo ni se cobráran » plazas supuestas al ver la determinacion de que no se » les pagase hasta en Oran, habia por una parte inducido » á los soldados á desconfíar del cardenal, y á los capita» nes por otra , especialmente á los que con él habian mi» litado en Italia, á rescindir sus contratas así que llega— » ron á Cartagena; tan codicioso en fin y tan falto de pa» labra describen á nuestro conde, que habiendo tambien » pactado con el cardenal que la mitad de las presas se » hubiese de aplicar á los gastos de la guerra ; habiendo » tomado algunas despues de estar en Cartagena, no qui» so de modo alguno aplicar al comun la parte que le cor» respondía, sino con evasivas militares convertirlas en» teramente en su provecho y el de algunos otros (2)." Por su parte, nos cuentan, y ya hemos indicado, que Navarro se quejaba de que el cardenal hubiese nombrado capitanes á algunos criados suyos. Recelábase además de que la expedicion, aunque en la apariencia preparada

(i) Alyarc^ Gomez, ib¡.
(2) Ibidcm, pág. 107.

contra el Africa, no se dirigiese contra Venecia ; alarmándole esto de modo que públicamente decia que si tal sucediese se echaria ántes al mar y moriria de mala muerte; lo cual atribuye Zurita á escrúpulos de otro orden, siendo así que pudieran derivar de la persecucion que cuando era pirata sufrió de los venecianos (1); llegando por último las desconfianzas á punto de que además de prestarse mutuas seguridades el cardenal y Navarro, todavía hiciera este pleito homenaje ante el conde de Altamira y en manos de D. Antonio de la Cueva de obedecer sin replicar lo que el cardenal le mandase (2).

Mientras tanto los soldados que en la furia de su motín á grandes voces gritaban paga, paga, que rico es el fraile (3), y que todavía se resistían á embarcarse, si no se les pagaba, se fueron serenando con las razones del capitan Salazar que mandaba la gente de Toledo y les inspiraba confianza. Persuadido sin embargo el cardenal de que si no se pagaba no habría sosiego, entre receloso de Navarro y de que los soldados se le fuesen, para calmarlos , mandó pregonar un bando ordenando que todos acudiesen á cobrar su sueldo á las naos. Ordenó además para pública satisfaccion de los interesados que los sacos del dinero se llevasen á la Capitana en que estaba el teso

(1) Véase mas atrás en la pág. 31.

(2) Zurila, ibi.

(3) Sandoval en la Historia de Carlos V, lib. K.', §. 30, supone que estas voces partieron de los soldados despues de llegar á Oran. Tambien pudiera hacerlo creer un pasaje de Pedro Mártir de Angleria en la epist. 4.20, lib. 22, en que trata de la vuelta del cardenal de aquella plaza; pero como alli ni Alvaro Gomez ni Zurita cuentan que hubiera nuevas alteraciones, puede creerse que aquellas voces se oyeron en Cartagena antes de que ,.í los soldados se les diese la paga.

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