Imágenes de página
PDF

MARINA.

BARCOS DE SALVAMENTO.

En 1785 obtuvo Mr. Lukin un privilegio de invencion por el primer barco de salvamento conocido: los filaretes se estendian por la parte esterior y se hallaban guarnecidos con cajones vacíos: este barco se sostenia muy bien sobre el agua, pero tenia el inconveniente de hundirse con demasiada facilidad, quedando por lo tanto fuera de servicio. Este primer esperimento habia pues quedado sin el éxito deseado, hasta que por el año de 1789, habiendo naufragado el buque Adventure, cerca las costas del Northumberland y perecido toda su tripulacion, formóse poco despues una junta que propuso ofrecer un premio para la construccion de barcos de salvamento. En 30 de enero de 1790, presentó Greathead su barco insumergible en el que quedaba remediado el princpal defecto de que adolecía el de Lukin, y con el auxilio de este barco, en los catorce primeros años de su establecimiento, llegó á salvar la vida á 300 personas en un solo punto de las costas británicas, esto es, en el puerto de Tyarmouth: su proyecto fué adoptado, y el autor recibió del Parlamento toda clase de estímulos y los mas lisonjeros parabienes. El barco de Greathead contiene varias cavidades llenas de aire, las que presentando un gran volúmen, son sin embargo de poco peso, y bastan para sostener constantemente el barco en la superficie, aun sobrecargándole con un peso considerable. Al paso que el agua lo cubre y sumerge por una parte, el barco vuelve á elevarse y aparecerse por otra: tiene varias aberturas en el fondo, por las que se escurre el agua con que momentáneamente se llena, y en circunstancias ordinarias esa misma agua penetrando hasta cierta altura por las aberturas, sirve de lastre á la embarcacion. Las dimensiones del barco de salvamento son de 30 pies ingleses de largo, 10 de ancho y 3 pies con 3 pulgadas de profundidad en el centro: tiene ademas dos proas, cuya disposicion es necesaria tanto para evitar el golpe de la oleada cuanto para peder vogar con mayor rapidez. Dos contramaestres sentados cada uno en una de las estremidades del barco, lo dirigen á su vez con el auxilio de sus remos d palos de virar, al paso que algunos remeros, dispuestos á lo largo de la embarcacion contribuyen á facilitar sus movimientos. En este pequeño caique es, donde unos pocos hombres intrépidos atraviesan las olas, sobreponiéndose á todos los obstáculos y peligros para ir á recoger, á veces en medio de la oscuridad de la noche, á los infelices náufragos por entre los arrecifes de la costa y los destrozos de la perdida nave. Hace ya algunos años que las costas de la Gran-Bretaña se hallan provistas de barcos de salvamento: las demas naciones marítimas han seguido su ejemplo; pero con el transcurso del tiempo, se han propuesto é introducido algunas modificaciones con respecto á la construccion y disposiciones de esos aparatos. Cierto número de barriles herméticamente cerrados y llenos de aire, adaptados á un bote, producirian el mismo efecto que los tubos que comunican el aire al barco de Greathead, y le sostendrian á la lumbre del agua, aun cuando fuese invadido por las olas. Los barriles tienen ademas la gran ventaja de facilitar sobremanera la construccion del aparato de salvamento, y una canoa en cuyas estremidades atasen unos barriles se convertiría en el acto en un barco insumergible. La tripulacion de cualquiera buque que se viese en el último apuro podria usarlo para salvarse á tierra. La carag que puede llevar un barco sostenido de esta suerte por la adicion de una masa de aire, depende de los elementos y de la disposicion de aquel; y así puede decirse que una embarcacion podrá sostenerse á la lumbre del agua con mas ó ménos potencia, segun el mayor ó menor volúmen de aire que encierren sus cavidades. Si se reemplaza el aire por un gas mas lijero, queda mejor asegurada la posicion del barco en la superficie, y aumenta tambien la carga que puede soportar. Mr. J. Francis de Nueva—York, ha propuesto el uso del gas hidrógeno, y ha construido, usando de ese gas, un barco insumergible de gran potencia que tiene 9 métros de largo y poco mas de uno de ancho (sobre 32 pies castellanos de largo y algo mas de 3 y medio de ancho). En su interior desde la quilla hasta la cubierta se estienden catorce tubos que contienen mas de cinco métros cúbicos de gas y pueden aun equilibrar un peso de 2,000 quilógramos, (unos 43 quintales), despues de llenarse enteramente de agua la embarcacion; por los costados de ésta, se hallan atados veinte cabos, que en un caso de necesidad, pudieran aun sostener cien personas; y por fin la abertura inferior hecha con el objeto de que salga el agua que puede llenar el barco, lo vacia tan pronto como pudieran hacerlo seis hombres provistos de achicadores. Habíase propuesto colocar á bordo de los buques de travesia estos botes insumergibles, ó al ménos embarcar en ellos las piezas hecesarias para poder en caso de apuro armar un aparato de salvamento; y en su espedicion á las tierras australes, el capitari Baudin llevó consigo uno de estos barcos: sin embargo, algunas personas han manifestado el temor de que pudiera ser funesta á la seguridad de un buque, la circunstancia de llevará su bordo un

aparato de salvamento; “puesto que en caso de peligro, como es bien sabido, la salvacion del buque es el objeto esclusivo de que debe ocuparse su tripulacion, y no la conservacion particular de cada individuo; y era de temerse que en vista del peligro, los marineros ántes atendiesen á armar las piezas de un aparato de salvamento que á procurar la conservacion del buque.”. Por lo que hace á nuestra opinion particular, no creemos que la existencia á bordo de una máquina de salvamento, pudiera en nada oponerse al cumplimiento de los deberes del marino; y pensamos que si este último está en la obligacion de hacer cuanto de él dependa para conservar el buque, tambien está el dueño del buque en la de preparar todo lo necesario para salvar á los hombres. En un caso de tempestad los botes que se dirigen desde la costa al buque ó de este á la costa, no pueden servir en todas circunstancias: el estado del mar y los arrecifes que se hallan al rededor del barco naufragado, no permiten se aproximen las embarcaciones, y aun en muchos casos no podria verificarlo el mismo bote insumergible. Para estos casos estraordinarios imaginó el capitan Manby sus proyectiles de salvamento. Se lanza desde la costa una bomba que va á caer mas allá del buque, llevando en pos de sí un cabo, cuya otra estremidad queda sujeta en tierra. Este cabo dirigido de esa suerte al buque, establece una comunicacion entre los náufragos y la costa, y hasta puede servir á estos de travesia (trajectile). La profunda oscuridad con que van regularmente acompañadas las noches tempestuosas, se opone á que los medios de salvamento sean dirigidos como conviene y así se empieza hoy dia por alumbrar el mar por medio de algunos cohetes que permiten reconocer la posicion del buque, el camino que deba seguir el barco salvador, y la direccion que haya de darse á los proyectiles de salvamento. En 1830, el capitan Lillycrap de la marina real, propuso al almirantazgo se convirtiesen en boyas de salvamento, las numerosas boyas que se hallan en los puertos de Inglaterra, solo con añadirles unos listones que se colocarán á lo largo en su circunferencia: dichos listones debian llevar unos agujeros de trecho en trecho, á fin de poderse agarrar con las manos, y el primer mes que se hizo el ensayo en Portsmouth, se logró salvar la tripulacion de un buque que se fué á pique en el puerto. En el dia se hallan estas boyas en casi todos los puertos de Inglaterra, y á ellas se les debe la vida de gran número de marinos. El servicio del salvamento de los buques se organizó tarde en Francia: los primeros conatos de Mr. Castera que parece haberle consagrado su vida y su fortuna, datan de 1826, y sin embargo, el primer barco construido para ese servicio, solo estuvo listo en 1833: hallábase en Cherbourg, pero desde entónces con gran número de barcos de salvamento han sido dispuestos por todas las costas de Francia. En Bélgica un decreto real de 30 de octubre último (1838) ha mandado organizar ese servicio. Los apostaderes deben establecerse en Ostende, Nieuport, Blankenberg y Heist: en cada uno de estos, al ménos un barco de salvamento debe hallarse del todo aperado y provisto de sus utensilios y medios de comunicacion necesarios para auxiliar á los buques en peligro. Un obus está á la disposicion del gefe del apostadero, destinado especialmente á lanzar los proyectiles de salvamento. Un sistema de remuneracion y de socorros fomentará la loable emulacion de los marineros: ejercicios regulares, y en los principios, ejercicios estraordinarios, prepararán la instruccion de los marinos y artilleros que deberán contribuir al buen éxito de estos actos de alta filantropía; y por fin el mando absoluto dado al gefe de la embarcacion, en cuanto haya esta dejado la orilla, asegurará el logro de semejantes empresas. Déjase ver la eficacia de esta medida solo con reflexionar que por mas importante y acertada que sea la manera con que se hayan concebido los proyectos, la vida siempre depende de la celeridad con que se ejecuten. El buque socorrido deberá abonar una indemnizacion proporcionada á la gravedad del peligro y al valor de su cargamento. El establecimiento de este servicio público, es un acto que hace honor al gobierno belga. (Revista Británica.)

[ocr errors][merged small][ocr errors]

ARTICULO PRIMERO.

Ni el estruendo espantoso del cañon, ni las flotantes naves del antiguo mundo sorprendieron tanto á los Incas y á los primitivos habitantes de nuestro hemisferio, como el arte de leer. Sus jeroglificos á semejanza de los que usó el antiguo Egipto, eran una imagen lenta y dificil por la que se transmitian los sucesos de pueblo á pueblo y de siglo à siglo; pero la facilidad de la escritura y la sencillez y prontitud de comunicarse sus pensamientos, pareció á aquellos hijos de la naturaleza el mayor portento de que fuese capaz el hombre. Y á la verdad, con ese feliz invento nos transPortamos á todas partes, recorremos todos los paises, oimos á los oradores de todo el universo, analizamos las leyes, usos y costumbres de todos los pueblos, y se le corre el velo á todas las edades, para que las pasadas y presentes generaciones revelen sus mas interesantes acontecimientos. ¡Qué inmensa diferencia entre el hombre que siquiera lee y escribe y el totalmente rudo é ignorante! El uno asienta el estado circunstanciado de sus negocios y relaciones, cualesquiera que sean; miéntras que el otro todo lo fia á su frágil memoria: aquel se aconseja con su libro como con un amigo; miéntras que este vive solo sin un confidente ilustrado é imparcial que desapasionadamente lo consulte: el primero se traslada sin moverse, habla á los ausentes, sin dividir con ñadie sus secretos; miéntras que el segundo no se hace oir mas allá del círculo adonde alcanza su voz, estrecha la esfera de sus comunicaciones y tiene que depositar el éxito de sus empresas á la buena ó mala fé de los que lo rodean.

Increible parece que tantas ventajas, tantas conveniencias no exciten á la multitud desprovista de un tesoro tan fácil de adquirirse. Se sufre el sol ardiente de la Canícula en los mas abrasadores dias; se sufren las lluvias, y no hay placeres que no se sacrifiquen, ni obstáculos que no se superen para asegurar el sustento del cuerpo, y no se hace un noble esfuerzo por el cultivo y alimento del alma ¿ Habrase renunciado á esa razon que miéntras mas se ilustra mas se ennoblece, mas se acerca á su sublime origen, ó serán indiferentes las ventajas sociales, ó se vivirá solo para vegetar como los árboles, ó para sentir como los irracionales?

En la Suiza no hay lugarejo por pobre y pequeño que sea que no cuente entre sus primeras atenciones una escuela. No porque la pura forma y porque no se diga que se descuida la educacion primaria; sino para que todos aquellos aprendan esos rudimentos sin los cuales el hombre mas se acerca á las bestias que se aproxima á la Divinidad. Allí el hijo del herrero, del sastre, del albañil, el hijo del pobre labrador, aprenden las primeras lecciones de sobriedad: allí se les enseña á desarrollar la industria, á ejercer la fuerza, á emplear la robustez: allí se le imprimen las primeras nociones de su buena fé, de ese valor, de esa hospitalidad y de ese amor patrio que hacen tan recomendables los cantones helvéticos.

Mas felices que ellos, nosotros tenemos mas recursos: nuestras llanuras son mas fértiles, nuestras montañas mas productoras. Las escarchas y nieves del invierno no nos confinan en nuestras chozas, la dulzura de nuestro clima nos convida al trabajo en cualquier tiempo: no tenemos la alternativa del calor ni frio, ni las necesidades que impone la variedad constante de las estaciones. ¿Por qué pues en medio de tantos dones hemos de prescindir de la primera necesidad de la vida social? La religion, esa hija del cielo que tanto nos consuela en nuestros males, que tanto nos alienta en nuestros reveses, que tan dulces esperanzas nos inspira y que en la mano

« AnteriorContinuar »