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- Pedro del Prado y Pardo, en su libro genealógico de las familias del Bayamo, escrito el año de 1775, llamó dujo á uno de estos asientos que existia en poder de Doña Concepcion Guerra, y que habia pertenecido al Cacique del Bayamo. Tenian cestos de guano que llamaban jabas (16). Les servian de escudillas unas vacías que llamaban hibueras (17), y calabazos en que cargaban agua (18). Supuesto que comian la yuca cocida y el maiz hecho polentas, debian tener en que cocer las poleadas y la yuca. Tambien debieran tener burenes puesto que hacian cazabe, pero de nada de esto hay noticias. Agricultura.—Cultivaban la yuca, unos frijoles de color leonado ó morado oscuro parecidos á los altramuces, los ajes que son varias especies de ñames, las patatas que son los buniatos y el maiz. El algodon era silvestre (19). Parece cultivaban el tabaco, pues segun dice Muñoz en el lugar citado, los indios ya lo usaban en forma de cigarros que llumaban tabacos. Caza.—Cazaban hutias, guaniquinages, que eran unos cuadrúpedos del tamaño de perrillos alderos, cuya casta se ha estinguido con la venida de los cerdos de Europa (20) (a). La higuana, que es un reptil á manera de lagarto, era una de sus mejores cazas. Cogian los pericos y papagayos subiendo á un árbol un niño de 10 á 12 años con un papagayo vivo, cubrian de yerba ó paja al niño que hacia gritar al papagayo que tenia en las manos, y al momento acudian los otros á los gritos y se posaban en el árbol, entónces el niño con una varita en cuyo estremo habia un lazo corredizo los enlazaba por el pescuezo, y de este modo podia matar cuantos queria. Tambien cazaban otras aves que vuelan casi contra el suelo, los indios las llamaban bambiallas, las alcanzaban corriendo, son muy sabrosas, y hacen el caldo azafranado (21). Estas aves deben ser pichones de flamencos, que hacen el caldo amarillo, se cogen á carrera y son muy gordos y sabrosos. Armas.—Los indios de esta Isla no hacian uso de flechas para cazar, ni tenian otras armas que lanzas y macanas (22). Pesca.—En las Islas que el Almirante llamó Jardin de la Reina, halló Colon pescadores, que ademas de pescar con redes, anzuelos y harpones de huesos, (23) pescaban con un pez que los naturales llamaban guaycan (24) y los españoles reversos: es una especie de remora, que tiene en la cabeza, mo en el vientre, Se

(16) Herrera D. 1. p. 232, (17) Horrera D. 1. p. 56, (18) Col. tomo 1. p. 54. (19) Muñoz p. 96 y Col. tomo 1. p. 25. (20) Herrera D. 1. p. 254.

La] Sobre la descripcion de este y demas mamiferos indígenas, léase la parte zoológica de Historia fisica, politica y natural de la Isla de Cuba, que está publicando actualmente en Paris el Sr. D. Ramon de la Sagra.—JWota de la redaccion.

(21). Herrera D. 1. pág. 233. (22) Col. tomo 1, pág. 55, (23) Muñoz p 91. (24) Muñoz p. 221.

gun erróneamente lo dice Herrera, cierta aspereza; á estos pece atados por la cola los echaban al mar y ellos iban á pegarse á lo peces grandes; en conociendo el pescador que habian pegado tira ba de la cuerda y sacaba ámbos peces, como lo vieron Colon y su tripulacion en una tortuga que á su vista pescaron y tenia el pez pegado al pescuezo, que es redondo regularmente, se pegan para que los muerdan y de este modo los he visto yo, habla D. Fernando Colon (25) pegarse á grandes Tiburones. A estas pescas iban en canoas que ahuecaban con pedernales, y las habia tan grandes que podian caber ciento cincuenta personas en ellas. (26)

En estas pesquerías y siempre que tenian necesidad de fuego lo encendian con dos maderos, uno de los cuales tenia un hoyo en que se introducia el otro, frotándolos ámbos del mismo modo que se bate el chocolate, hasta que el mas blando de los dos se encendia. (27) (b)

Carácter.—Los Indios de esta provincia eran de buena índole, hospitalarios, humildes, sencillos y tímidos. (c)

(25) Muñoz p. 54. [26) Col. tomo 1. pág. 26. (27) Herrera D. 1, pág. 24.

b) Compilando lo que dice Colon, su hijo Fernando y Casas, resulta que las canoas eran hechas del tallo enterizo de un árbol, (cedro generalmente y lo labraban mas ó ménos primorosas, segun las diferentes provincias, siendo tan grandes algunas, que Colon refiere haber visto una de 95 palmos donde cabian 150 personas, y otras tan pequeñas que solo servian para una. Remaban con una pala como de hornero, y andaban á maravilla por todas aquellas islas inmediatas, y si se le trastornaban, echaban á nadar que hacian como si estuviesen en su elemento, la enderezaban y el agua que quedaba la vaciaban con ¿ que precautoriamente llevaban siempre. Esta Isla era muy rica y abundante en su tiempo de estas embarcaciones, y para guardarlas tenian una especie de Arsenal muy bien dispuesto y guarecido del sol y el agua. Nav. tom. 1, pag. 22, 73 y 75. Fern. Colon, cap. 23 y 29. Casas, cap. 22, lib. 3.—.Wota dela Redaccion.

c) Para confirmacion de esto, ademas de la càndida narracion de Cristóbal Colon en su primer viage, y otros, puede citarse el siguiente trozo copiado de la Historia general y particular de las Indias por Fray Bartolomé de las Casas, que ademas contiene otros particulares que convienen à esta relacion. — “Era gente pacífica y benigna, como dije la de Cuba, como la de esta isla Española, y creo que podía decir que á la de esta en ello excede, puesto que no sé que mayor señal de benignidad puede decirse que la que al Almirante primero, y à los primeros cristianos que con él al descubrimiento de esta tierra vinieron, el rey Cuacanajari en su hospedage y tratamiento por muchos dias, como en el primer libro dijimos, hizo: Igual de esta parece la benignidad y caritativo acogimiento, que los vecinos de la provincia ó pueblo de Cueyba en la Isla de Cuba hicieron á Alonso de Ojeda y á su compañía cuando salieron de la gran Cienága cuasi muertos como en el lib. 2, cap. 60, se dijo, donde los pudieron matar á todos, sin que hubiera noticia de ellos como lo pudiera hacer el dicho rey Cuacanajari al Almirante viejo cuando se le perdió la nao en aquel puerto que llamó de la Natividad. Lo mismo hicieron los mismos indios vecinos de la dicha isla de Cuba al Bachiller Anciso cuando vino echado de Tierra firme, como se dirà, con un navio y ciertos marineros harto, solo y desbaratado, y en especial le fuè hecho amorosísimo acogimiento por un gran Señor y Rey de la provincia ó pueblo que se llamaba Macaca, la media sílaba luenga, que es á la costa de la mar. del Sur, y tiene un puerto 15 ó 20 leguas del de Santiago, si no me he olvidado. El Rey ó Cacique se nombró el Comendador, la razon de su nombre la dirèmos luego, el cual hizo y su gente á Anciso y á los que con él venian tantas

Costambres.—Se ponian en cuclillas cuando no tenian asientos: no tenian esclavos, ni eran antropófagos, ni sodomitas. (28)

y tales obras, que en su misma casa no le fueran hechas mejores, y otros españoles hablan venido ántes por alli porque todos los desbaratados que venian de Tierra firme aportaban á aquella Isla, que habian recibido las mismas, de los cuales se quedó un marinero en aquel pueblo de aqueste Señor enfermo por no estar para pasar con los demas en canoas, à lo que creo, á esta Isla. Este marinero con lo que sabia de cristiano aprendió algo de aquella lengua, enseñó al Cacique y á su gente algunas cosas de Dios, en especial los impuso en devocion de Ntra. Sra. diciendo que era madre de Dios y que habia quedado despues del parto vírgen, mostràndoles una imágen de la vírgen que en papel traía, la cual le pidió el Cacique y recitándoles muchas veces el Ave María. Indújole que hiciese hacer una iglesia como casa de Ntra. Sra., la cual hicieron y un altar en ella, la cual luego adornaron con cosas hechas de algodon, segun que mejor pudieron; pusiéronle muchas vasijas de comida y de agua creyendo que de noche ó de dia si tuviese hambre comería. Enseñoles como á las mañanas y à las tardes fuese el Casique y los vecinos à saludar à Ntra. Sra. diciendo la oracion angélica. El Rey y todos entraban en la iglesia y se hincaban de rodillas, las cabezas bajas, juntas las manos, muy humildes, diciendo Ave María, Ave María, Santa Maria ayúdanos, porque mas adelante de estas palabras si no eran pocas, de coro aprender no podian: quedóles esta costumbre despues que el marinero sanó y se pasó à esta Isla, que no pasaba dia que su devocion y oraciones no proseguian, y cuando llegó el bachiller Anciso y los que con él iban, luego el Cacique y Rey Comendador los tomó por la mo no con grande alegria y llevó á la iglesia señalándoles con el dedo la imágen, diciendo que aquello era gran cosa y que la querian mucho porque era la madre de Dios. Fué inestimable la devocion que el Cacique y toda su gente tuvieron à Ntra. Sra., en cuyo honor le compusieron cantares y bailes, repitiendo en ellos muchas veces Sta. María, y segun Anciso referia, vieron patentes milagros que Ntra. Sra. con ellos hizo, de donde procediò devocion á otros pueblos con quienes tuvieron ciertas pendencias, segun dijo Anciso. Hace mencion de todo esto Pedro Màrtir en su Decada 2, cap. 6, describièndolo al Papa Leon XX habiéndolo oido en Valladolid del mismo Anciso; el cual dice al Papa por estas palabras al fin de aquella epístola. “Haec volui beatissime pater de incolarus religione recensuisse quae non ab Anciso solum verum et a plurimis aliis , auctoritate pollent tibi docile sit hoc gens hominum q”, q” facilis pateat eis ad nostrae religionis tuns jubendus aditus. Neque hune ista fieri repente paulatim ad christi legen evangelieam in cujus culmine sedes. Trahentur omnes et tu gregis omnes multiplicatas in dies magis Beatissime pater intelliges haecille.”—El nombre de Cacique Comendador lo hubo de esta manera, que como de los españoles que por allí venian supiese que era bien ser cristiano bautizándose, y pidiese el bautismo, no supe quien lo bautizó, mas de que cuando el nombre se le habia de dar, preguntó que como se llamaba el Señor Grande de los cristianos que aquesta Isla española gobernaba, dijéronle que se llamaba el Comendador, y entónces dijo que aquel quería que fuese su nombre, de dó parece que en tiempo del Comendador mayor de Alcantara, que gobernaba esta Isla, fue aquel Cacique cristiano, y esto no parece que pudo ser sino en el año de 1508 y por Sebastian de Ocampo que envió el dicho Comendador mayor à que bajase y rodease aquella tierra de Cuba, porque aun no se sabia si era isla ó Tierra firme, porque ántes del año de 8 ninguno llegó por allí sino fué cuando la quiso rodear el año de 4 el Almirante, si quizà llegó alli entónces y lo quiso bautizar porque llevaba un clérigo capellan y le hizo poner otro nombre, y despues tomó el del Comendador mayor de Alcántara, pero creo que no, porque allí tuvo muchos trabajos de tormentas y vientos contrarios. Despues del año de 8 ya no habia Comendador mayor en esta Isla, sino el segundo Almirante. Pudo tambien ser que alguno de los que venian de Tierra firine despues del año de 509, clérigo y aun quizá seglar se atreviò à bautizarlo, y ponelle aquel nombre por ser aficionado al dicho Comendador mayor.—.Wota de la Redaccion. (28) Herrera D. 1. p. 234.

Nada sabemos de sus matrimonios, pero en general los indios eran poco amantes á las mugeres, y las trataban como esclavas. Los padres conservaban poca autoridad sobre los hijos.

Diversiones.—Solo tenemos noticias de sus bailes, que los indios llamaban areitos, bailaban al son de sus cantares, y sus bailes duraban desde el anochecer hasta el dia, ó hasta que se cansaban y caian. (29)

Gobierno.—Segun da á entender Herrera los indios eran gobernados por sus caciques ó señores con una autoridad absoluta.

Religion.—Dice Herrera que estos indios no tenian religion, porque no habia templos, ni ídolos, ni usaban sacrificio, pero que si tenian sacerdotes, médicos ó hechiceros, los que eran como unos oráculos ó adivinos: se disponian para pronunciar sus profesias con un ayuno de tres ó cuatro meses, no comiendo ni bebiendo sino zumo de yerbas, y cuando estaban flaquísimos pronosticaban si habia de haber buen, ó mal tiempo, enfermedades &c. segun las consultas que les hacian. A estos hechiceros llamaban Behiques é inducian á las gentes en muchas supersticiones, agorerías y ramos de idolatria: curaban soplando y con otras acciones esteriores. Tenian noticias de la creacion del cielo y de las demas cosas criadas, por tres personas que habian venido por diferentes partes, habian tenido noticias del diluvio de Noé, aunque no sabian su nombre, del Arca, del cuervo y la paloma, de la embrieguez de Noé, de la burla que le hizo uno de sus hijos, de la maldicion de Noé contra este hijo, del cual creian descender y por esto decian que no tenian capa ni sayo, pero los castellanos que descendian del otro tenian vestidos y caballos. Todo lo dicho refirió un indio de mas de 70 años á Gabriel Cabrera porque un dia riñéndole le dijo perro, á lo que el indio replicó. ¿Por qué me llamas perro? ¿Vosotros no procedeis de aquel que hizo la Nao grande para salvarse del agua y nosotros del otro? Creian en la inmortalidad del alma y que habia premios para los buenos y castigos para los malos (30).

Enfermedades.—Conocian muy pocas enfermedades, pero muy violentas. El mal venéreo se halló en estas islas Antillas. (31) Nada se de sus entierros en esta Isla, aunque de la de Sto. Domingo hay noticias muy curiosas sobre este asunto. Me parece no debo omitir que el 7 de julio de 1494 se dijo la primera misa en esta Isla hácia el estremo setentronial del Cabo de Cruz cerca de un rio que se llamó de la Misa (32). Este rio debe ser el del Buey ó mas bien el Cauto. (d)

(29), Herrera tomo 1: pág. 232. (80) Herrera D. 1, pág. 56. (81) Robertson p.40l. (82) Muñoz p. 211. d) No es sino el Jatibonico del S. como se convence leyendo con detencion la Historia de los Reyes católicos por Bernaldes ó los capitulos de la M. S. de Sevilla que recientemente hemos publicado en estas Memorias.—.M. de la Redac,

Capítulo II.

De la traslacion de la villa de Puerto-Príncipe al lugar en que se hallu.

Hemos dicho que Diego Velazquez mandó fundar esta villa en el Puerto del Príncipe el año de 1514. No hay en el dia ningun puerto en la costa del Norte que se llame Puerto del Príncipe, pero es fácil conocer que es el Puerto de Nuevitas el que antiguamente se llamó del Príncipe, porque Herrera hablando de los puertos de la costa del Norte de esta Isla, (33) dice que es bueno el Puerto del Príncipe, que está casi en el centro de la Isla, cuyas señas solo pueden convenir al de Nuevitas. Tambien dice (34) que cuando despues se pobló un lugar de castellanos en el Puerto del Príncipe, hallaron una mina ó fuente de donde la pez se saca á pedazos. Esta mina que se conoce hoy con el nombre de mina de chapapote, se halla en uno de los caminos de esta ciudad á Nuevitas, á 8 leguas de esta poblacion y á 9 ó 10 de Nuevitas, en el corral titulado Guanabacoa. Estas pruebas que son del mayor peso se vigorizan con la tradicion y firme creencia que han tenido nuestros antepasados de que el Puerto de Nuevitas es el mismo que antiguamente se llamó del Príncipe como lo afirma en un libro manuscrito que tengo á la vista y pertenece á D. Nepomuceno Boza, el canónigo D. Matías Boza en la palabra Puerto—Príncipe. Cierto de que el Puerto de Nuevitas es el antiguo Puerto del Príncipe, es consiguiente que esta poblacion estuvo primitivamente en el Puerto de Nuevitas, sobre lo que no debe haber duda, tanto por lo que llevo dicho de Herrera, como porque Abraham Ortelio en su Teatro del orbe de la tierra, impreso en Amberes el año de 1612 figura la villa de Puerto—Príncipe á la orilla del mar casi al frente del Cabo de Cruz, con un puerto en que desemboca un rio que debe ser el de Saramaguacán que derrama sus aguas en el Puerto de Nuevitas. La tradicion confirma esta verdad, y nuestros ancianos refieren haber oido que esta poblacion estuvo primitivamente en el Puerto de Nuevitas, pero que la trasladaron al parage en que se halla porque los gegenes mataban los niños, por las frecuentes invasiones de los piratas, y probablemente por la escasez y mala calidad del agua.

No sabemos en qué tiempo se trasladó la poblacion del Puerto de Nuevitas al lugar en que se halla, sin embargo, se puede dar por cierto que fué muy á los principios de su fundacion, así lo persuade la poca memoria que hay de su primitivo asiento, las muchas incomodidades que necesariamente les habian de causar los

(38) Herr, D. 1. p. 233. (34) Herr, D. 1, p. 277.

s

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