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dos los crímenes que producen la muerte de otro, cometidos en un año: muertes, asesinatos, parricidios, infanticidios y envenenamientos para comparar este total con solo los suicidios se encontrará: en 1830 por 503 crímenes contra la vida de otro 1,756 suicidios, es decir mas del triple. En 1835, por 570 crímenes contra la vida agena 2,235 suicidios, esto es mas del cuadruplo. No hay duda de que el estado social sufre ménos perturbacion por el pusilánime ó el insensato que se inmola, que por el culpable inmolando la inocencia. Pero las familias á quienes la muerte, voluntaria, ó no, arrebata así el sostenimieuto, como el consuelo y la esperanza; las viudas, los huérfanos ¿prueban ménos tormentos, menor desgracia y ruina del suicidio que del duelo y el asesinato? En fin, á los ojos del hombre de estado, como á los del simple amigo de la humanidad que consideran la mortandad de las víctimas por su número efectivo ¿no es un detrimento espantoso que padece la Sociedad por esta epidemia del suicidio, que al presente cuatriplica la suma de los asesinatos? Despues de largas revoluciones de un pueblo que fué, como el pueblo francés, ilustre por la guerra y las conquistas, despues de haber despreciado la muerte en el campo de batalla, recibida por mano del enemigo para gloria de la patria, los ciudadanos llegaron á jugar con la muerte que se daban con sus propias manos. Habian perdido la libertad al mismo tiempo que sus virtudes: desesperaron de luchar por ellas cuando recurrieron al suicidio. Tal desercion convenía á los emperadores, que la favorecian entre los proscritos: este fué el último punto de la degradacion romana. Guardemosnos de permitir que se hagan inveteradas estas costumbres degradantes en el suelo frances, por el temor de llegar á pasos rápidos al profundo envilecimiento del Bajo-Imperio, en el que el despego á la existencia no tenía igual sino en la prontitud de quitarse la vida, cuando mas se necesitaba el heroismo y la virtud para luchar y vivir libres, honrados y nobles. Demos gracias á la moral religiosa que es la única, que por la simple prohibicion de sus honores fúnebres, y la suspension de sus ruegos impone al suicidio la mancha moral, que el legislador debería imprimir de oficio sobre la tumba de todo aquel que robase á la patria su persona ó la persona de otro. En los tristes cuadros que acabo de esponer á vuestra consideracion, las clases industriales, tienen desgraciadamente una considerable parte, y no puedo pasarla en silencio. Midiendo la estension de esta parte, comprendereis cuan útil es llamar vuestras meditaciones á tan grave objeto. Estamos aquí para estudiar la verdad, buscarla con conciencia y decidirla con animosidad, sea ó no halagueña, con tal que sea saludable. He puesto en paralelo diez y mueve departamentos de los mas ricos é industriales con los sesenta y siete restantes. Los primeros cuentan tan gran número de personas entregadas á las manufacturas, á los talleres y al comercio, que pagan diez y siete millones de francos por contribucion de patentes industriales, cuando los sesenta y siete restantes no pagan mas que trece millones. Y bien: en los diez y nueve departamentos tan superiores por sus fuerzas productivas y comerciales se encuentra un acusado de crímenes contra la persona sobre 10,804 habitantes; miéntras que en los restantes ofrece uno sobre cada 15, 137 habitantes. Con relacion á los crímenes contra la propiedad, cuyas transformaciones y consecuencias desenvolveré mas adelante, en los diez y nueve departamentos mas industriales se encuentra un acusado entre 4,792 habitantes; en los otros sesenta y siete son necesarios, 8,608 habitantes por cada acusado. Hay sobre todo en la parte del reino mas adelantada en las artes mecánicas un inmenso interés en llamar, mas y mas á las poblaciones hácia los principios del órden y de la moral, hácia el respeto de las personas y las propiedades, y hácia la veneracion de todas las leyes y de la religion. A fin de adelantar mas en esta vía, se necesita la intervencion activa de una autoridad, de una magistratura vigilante de un profesorato no solo intelectual, sino tambien moral. Es preciso tambien el concurso de los directores de talleres y manufacturas para exigir de sus subordinados la regularidad de conducta habitual, que es la que evita los desórdenes accidentales, despues los delitos y luego los crímenes, que se encadenan irresistiblemente, cuando la prevision no sufoca desde el principio el gérmen de la perversidad. En otra sesion, en que, como en este dia se encuentren reunidos los principales directores de la industria parisiense, y los sabios y los artistas, cuyos descubrimientos forman la gloria de nuestra época, os demostraré por resultados, desgraciadamente comprobados, el menoscabo que recibe la fortuna de una multitud de ciudadanos, y la riqueza nacional á causa de una desmoralizacion, hasta hoy muy poco combatida. Yo os haré seguir sus tristes efectos no solo en el interior y sobre el suelo natal, sino tambien á fuera, en nuestras vastas relaciones con los diferentes pueblos de la tierra. Señalaré los peligros de nuestro comercio nacional y las pérdidas progresivas que una improbidad sin exámen y sin castigo nos hace sentir cada año. En el seno de la capital es, sobre todo, donde importa presentar tales pruebas. En el trascurso de una sola generacion, mas de quinientos mil ciudadanos que han visto nacer los departamentos, vienen á vivir en Paris, á adquirir conocimientos teóricos y á perfeccionarse en una multitud de artes; cerca de un tercio de este número refluye sobre todos los puntos del territorio, con mas de cien mil

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personas nacidas en Paris, que llevan á nuestras provincias la civilizacion, las ideas y costumbres de esta inmensa ciudad.”

Procedamos de modo que en nuestra generacion el medio millon de hombres que llega á Paris encuentre á la vez los elementos y las mejoras que reclaman la razon y la moral. Que el cuarto de millon de hombres que refluya en seguidas de Paris á los departamentos, lleve allá el gérmen saludable y no levaduras envenenadas.

Directores de talleres y manufacturas, unid vuestros consejos á nuestras lecciones; que vuestra autoridad se agregue á nuestros preceptos y vuestro ejemplo á nuestras palabras para alcanzar este noble objeto. Excitad con benevolencia á vuestros hijos, dependientes, y á los obreros en que distingais las disposiciones mas dichosas: enviadlos á este anfiteatro. Nosotros procuraremos hacerles fácil y fructuosa la ciencia, no los descarriaremos con abstractas teorías. Elegiremos para ellos un pequeño número de principios simples, pero fecundos: comprenderán fácilmente la demostracion; se penetrarán del espíritu por medio de aplicaciones numerosas deducidas de objetos, de trabajos y de los movimientos que cada dia hieren nuestra atencion, y cuya vista vendrá á ser para los alumnos recuerdos inseparables de los preceptos á que se refieren.

En esta aplicacion de la ciencia á las artes, no queremos que la juventud ó la edad madura reciban solamente preceptos de geometría y de la mecánica. Pretendemos al cultivar su razon, elevar su alma, conducirlos al amor del bien y del órden, á la pureza, como una necesidad, tanto como á lo útil; preparar para ellos mismos medios para el bienestar y fuentes de honor. Por este método creemos haber formado ya, y esperamos formar todavia, no solamente motores diestros que concurran al trabajo inteligente de los talleres, sino tambien ciudadanos virtuosos que propendan á la paz de la sociedad y á la gloria de la patria.

APUNTES

PARA LA HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA.

Documentos á que se refiere el acta de la Sociedad de 29 de abril último. YAVSTOR\ A My F. PU, FVRTO-VVRANCV PE.

Capítulo H.

El domingo 18 de noviembre de 1492 visitó el Almirante D.Cristóbal Colon el puerto que llamó del Príncipe en la costa del N. de la Isla de Cuba, en cuya boca puso una cruz compuesta de dos maderos (1). El año de 1513 envió el Adelantado Diego Velazquez á reconocer la provincia del Camagüey á Pánfilo de Narvaez, en compañía del célebre fray Bartolomé de las Casas y cien hombres mas. A 30 leguas del lBayamo, en el pueblo de Cueibá, hallaron que el Cacique tenia una imágen de nuestra Señora que le habia dejado Alonso de Ojeda, de lo que sin duda viene el nombre de Santa María, que tuvo esta ciudad desde su fundacion. A 20 leguas de Cueibá hallaron el Camagüey, que era la provincia en que se fundó la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, y de aquí viene el nombre de camagüey anos con que siempre se han distinguido los naturales de esta ciudad. Dicen Casas y Herrera que esta provincia era grande y muy poblada, y pacífica y que regalaban á los españoles con su pan de cazabe; que decian cazabí, la caza de guaniquinages y pescados que eran sus alimentos ordinarios. Para escusar vejaciones á los indios acordaron el Ldo. Casas y Narvaez, que los naturales cedieran la mitad de las casas de las poblaciones por donde pasaran, prohibiendo bajo graves penas que ningun español entrara en el cuartel de los indios. El Ldo. Casas, decidido protector de los indios, adquirió entre ellos tanto crédito que le obedecian ciegamente y eon la mejor voluntad, lo que fué muy útil á esta espedicion, pues por su medio se facilitaba la sumision de los indios, los víveres, &c. De este modo pasaron por varios pueblos, cuyos habitantes llenos de curiosidad, salian á los caminos á admirar tan nuevas gentes y con especialidad cuatro yeguas que llevaban: con este motivo se juntar ron muchos indios en un pueblo llamado Cahonao que estaba á la orilla de un rio y á tres leguas de un arroyo lleno de piedras de amolar (2) en donde los españoles almorzaron y amolaron sus espadas, despues de medio dia llegaron á Cahonao y estando repartiendo la comida un español sacó súbitamente la espada, todos los

(1) Herrera D. 1o pág. 25. (2) Este arroyo es el rio Tinimia.

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demas hicieron lo mismo y arremetieron á los indios, que estaban sentados en la plaza admirando las yeguas (3). Esta fué la primera violencia de los conquistadores en esta provincia. El año de 1514 mandó Diego Velazquez poblar el Puerto del Príncipe, que denominó la villa de Santa María de Puerto del Príncipe; y en este mismo año se comenzó la poblacion (4).

RESUMEN HISTORICO

DE Los INDios HABITANTEs DE EsTA PRov INCIA.

Los indios habitantes de esta provincia eran de un color semejante al del cobre rojo, sus cabellos negros, groseros y lacios, no tenian barbas ni bellos en ninguna parte, sus cuerpos bien contorneados, talla alta, muy recta y bien proporcionada, sus facciones regulares, muy débiles, delicados y poco á propósito para los trabajos de la agricultura (5) hablaban la lengua de los Lucayos(6) se alimentaban de guaniquinages, hutías, cazabe, yucas asadas y, cocidas, maiz cocido, tostado ó hecho polentas, de arañas grandes, de unos gusanos blancos que se crian en maderos podridos, de peces &c. (7) Andaban desnudos, pues aunque sabian lilar el algodon y tenian grande abundancia de él, tanto que en una sola casa hallaron mas de 12500 libras bien hilado, solo les servia para hacer sus redes, hanacas y enaguas de muger, que son los delantales con que se cubren las indias. (S) Criaban aves domésticas. (9) Las casas que habitaban eran de maderos cubiertos de paja y á modo de pabellon, con garita encima que llamaban cano y, ó elípticas como en el dia se ven en Cubitas ó cuadrilateras que entónces se decian bohios. En cada casa habitaba todo un linaje. (10) Por lo regular las poblaciones tenian cinco ó seis casas, y se halló una sola en esta provincia de cincuenta (11) Usaban por adorno unas guirnaldas que se ponian en la cabeza compuestas de huesos del pez que llamaban aguja (12). Tambien usaban penachos y plumas en la cabeza (13) y se pintaban con tierra colorada ó bija (14). Tenian hamacas que les servian de camas, unos asientos que llamaban duchi, que eran de una pieza y semejaban un animal de brazos y pies cortos, la cola algo levantada y la cabeza con ojos y orejas de oro (15). Muñoz llama duchos á dichos asientos, y D.

(3), Herrera D. 1. pág. 258. (4) Herrera D. 1: pág. 277 y 278. (5) Robert. son, Histoire de l'Amerique tomo 1, p. 376 y 120. (6) Muñoz p. 211. (7) FernColon en la Hist. de su padre el Almirante tom. 1, p. 25 edición del Illmo. Barcia. (8) Historia de Colon tom. 1, p. 25. (9) Muñoz p. 91. (10) Hist. de Col. tomo 1. pàg. 24. (11.) Hist. de Colon lugar citado. (12) Herrera D. 1, pág. 260. (13) Muñoz Historia del nuevo mundo p. 101. (14) Muñoz p. 101. (15) Colon tomo 1. pág. 24.

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