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comunique de cabeza en cabeza por una trasmision indiferente, inerte, como un encadenamiento de ruedas en que el movimiento material pasa de una á otra ¿cuál puede ser el resultado de una enseñanza tan materializada?

El discípulo perezoso, negligente ó poco capaz, solo adquiere nociones imperfectas de lectura y escritura, sin proveerse de precepto alguno contra las malas lecturas. Ellas son las que vá á preferir: los libros mas propios á suscitar sus pasiones, á halagar sus malas inclinaciones, les serán vendidos á bajo precio, en las calles públicas de las ciudades y en las férias de las poblaciones; y si permanecen en su choza, irán los buhoneros á venderles el veneno que pueden ya apropiarse con los medios imperfectos que componen todo su saber.

El muchacho del pueblo que sin elevarse mas allá de la enseñanza primaria, posee bien los elementos, prueba con esto que es

susceptible de atencion, de perseverancia y buen suceso; él ha

buscado en la infancia ó en la adolescencia nociones, cuyas ventajas les seguirán toda su vida, sin ocasionarle un loco orgullo. La situacion en que se encuentra es mejor, bajo todos aspectos, que la del discípulo, cuya débil inteligencia ó falta de celo, no le ha permitido atender mas que á la mitad de este primer grado de instruccion. La esperiencia comprueba que comete ménos crímenes contra las personas; y este solo resultado bastará para justificar el valor de la instruccion primaria hábilmente trasmitida. Pero, pregunto yo ahora, ¿no queda muchísimo que hacer en favor de este género de instruccion para que llegue á ser una escuela de humanidad, de moral y de bien público, cuando vemos que en el dia no basta para colocar á los alumnos en una clase en que los crímenes contra las personas sean ménos frecuentes de lo que aparece en la que vive en absoluta ignorancia? Estas observaciones presentadas con relacion á la enseñanza primaria adquirirán mucha mas fuerza aplicadas á la enseñanza superior. La instruccion primaria á lo ménos, completamente trasmltida, disminuye la criminalidad, cuando se compara con la clase que posee imperfectamente esta instruccion. Pero la superior, tal como existe en Francia, influye en los que la poseen para sobrepasar en criminalidad comparada contra las personas, á la igmorancia absoluta, á la imperfeccion de la enseñanza elemental, y á la enseñanza primaria, pura y simple. ¿Por qué ha de ser admirable que ciertas enseñanzas literarias que infunden en los alumnos disgusto hácia los trabajos manuales, ocupaciones positivas y profesiones técnicas; que no dejan al neófito medios de existencia, al mismo tiempo que exaltan su orgullo é inflaman su imaginacion? ¿por qué hemos de admirarnos que estas enseñanzas traigan consigo una proporcion de crí

menes muy aumentada? Aquí mismo descubro todavía una cosa para hacer justicia á esta clase infortunada; á pesar de su desnudez tan frecuente y tan cruel, cede ménos á la necesidad de procurarse por todos medios la propiedad de otro, que al fatal influjo de las pasiones exasperadas que producen atentados contra las personas. Ojalá que los depositarios de la autoridad pública puedan penetrarse de las verdades, cuya estension acabo de indicar sumariamente. Deseo que conozcan cuanto resta todavía que hacer para dará cada individuo los conocimientos, las inclinaciones y las esperanzas que puedan hacerle inteligente, hombre de bien y proporcionarle el bienestar. Esperando este progreso general, limitémosnos cada cual en nuestra modesta esfera, á trazarnos una ruta hácia este sagrado objeto. Recordémos sin cesar á nuestro auditorio de todas las edades, de todas las profesiones, que es preciso avanzar con un mismo paso en la carrera del saber y de la virtud; que es preciso aprender los deberes sociales y las virtudes privadas con tanto cuidado, como se aprende la táctica del taller y la teoría del arte. Para juzgar las mutaciones acaecidas en la criminalidad de las clases mas ó ménos instruidas despues de 1830, he tomado el valor medio: 19 de los tres años transcurridos de 1828 á 1830; 2o de los cinco años comprendidos desde 1831 á 1835 inclusive. He aquí el acrecentamiento de una época á otra en el número de los acusados: 19 en la clase enteramente ignorante, 1,968 sobre 10,000. 29 en la clase que solo sabe leer y escribir mal, 3,517 sobre los mismos 10,000. 39 Entre la clase que sabe leer y escribir bien, agregando la que posee la enseñanza superior, 2,251, asimismo sobre 10,000. Acrecentamiento en todas las clases, 233 sobre 10,000. En el primer período la clase ignorante produjo 5,734 acusados sobre 10,000. En el segundo mas de 5,694. Esto no es decir que ha llegado á ser mas virtuosa comparativamente que las clases ilustradas; sino que los progresos de la instruccion pública han disminuido sensiblemente la proporcion de la clase ignorante. Voy á ofrecer la prueba evidente. En 1828 obtuve de Mr. el vizconde de Caux, ministro entónces de la guerra, permiso para formar una cuenta numeral detallada por Departamento del número de los jóvenes llamados para las armas á la edad de 20 años, distinguiendo los que no sabian cosa alguna, de los que leian y los que sabian leer y escribir. En 1828 sobre 10,000 jóvenes de 20 años, 5,479 nada sabian. De 1828 á 1830, sobre 10,000 acusados de crímenes contra las personas 5,734 eran completamente ignorantes. Ya se vé que estos dos guarismos se aproximan mucho uno á otro.

Observo con placer que en la reunion de jóvenes de 20 años, el total de los que sabian alguna cosa, siendo de 4,521 sobre 10,000, se encuentra superior á la proporcion de los acusados de crímenes que tambien poseen alguna instruccion y que asciende á 4,276.

Sin embargo, es justo advertir que á los 20 años, la instruccion primaria de muchos individuos no está aun concluida, y aun para cierto número todavía no ha comenzado.

El número que corresponde á los acusados de todas las edades, que exceden de 20 años y están mas ó ménos instruidos, debe por consecuencia ser superior á la proporcion que resulta entre la instruccion y la ignorancia señalada á los jóvenes de 20 años.

Si pasamos á la segunda época, y tomamos por base las operaciones de alistamiento de 1834, encontramos la señal de un notable progreso de la instruccion popular.

En efecto, obtenemos como proporcion de los jóvenes de 20 años que nada saben á la totalidad de aquellos, cuya instruccion se ha comprobado:

En 1828. ..... 5,479 ignorantes sobre 10,000
En 1834... ... 4,709 idem sobre.... idem.

Si en el corto tiempo trascurrido de 1828 á 1834 se hubiera podido multiplicar la instruccion en la edad madura y en la vejez, como ha sucedido en la infancia y la adolescencia, en igualdad de circunstancias, el número de acusados de las diferentes edades hubiera presentado mutaciones comparables entre el número de ignorantes y el de los que saben alguna cosa. Pero desde la edad de 20 años, el número de individuos bastante animosos para constituirse en discípulos de la escuela primaria es siempre poco considerable. Esta observacion nos esplica en parte, como sucede que entre los acusados de crímenes contra las personas, la proporcion de los ignorantes está muy distante de haber disminuido en tanto grado como en la reunion de jóvenes de 20 años. Sin llevar mas léjos estas relaciones por este lado, no podemos cerrar los ojos á la triste conclusion que nace del paralelo de las dos épocas ántes y despues de 1830. Así es que hemos dicho, que el número de los acusados contra la persona se ha aumentado en 2,333 sobre 10,000. Entre estos acusados el número de ignorantes no ha aumentado mas que en 1,968 sobre 10,000; y el de los que saben alguna cosa en 3,151 sobre los mismos 10,000. Pero tambien en este intórvalo, cuan pocos esfuerzos colmados y ni aun intentados para infundir en todas las clases de la sociedad mas amor á la humanidad, mas respeto á las costumbres, mas veneracion para el jóven y la vejez, para estos dos estremo, indefensos en la carrera humana! Por el contrario, cuantas empre sas desesperadas á fin de reducir á práctica la teoría, el desprecio de todo freno social, de todo deber doméstico ó civil, de todo sen timiento moral ó religioso! Ved los teatros sosteniendo escuelas de maldad, no ya de correccion, como en tiempos del viejo é inocen. te melodrama, que á lo ménos concluía por inmolar el crímen, despues de haberlo hecho pasar de prueba en prueba, de disimulo en disimulo, de remordimiento en remordimiento; sino al contrario, hollando las virtudes mas santas, con la intencion patente de hacer amar, conservar y admirar el duelo, el suicidio, el asesinato y el parricidio, el envenenamiento, la violacion, el adulterio y el incesto, preconizando estos crímenes como una fatalidad gloriosa de los espíritus superiores, como un progreso de las grandes almas que se elevan mas allá de la virtud de los idiotas, de la religion, de los simples y de la humanidad del comun del pueblo. (Aquí el auditorio cediendo á la emocion mas poderosa interrumpió al profesor por los aplausos unánimes y prolongados. El silencio mas profundo sucedió á este arrobamiento, y continuó el orador.) Dos años há que he indicado los funestos efectos de esta literatura emponzoñada que deshonra á un estado civilizado, y que hace servir el mas noble placer de su cultura para arrastrar consigo un gran pueblo, humano y sociable, hácia la corrupcion y la barbarie. Al comprobar aquí el progreso en los crímenes y sus causas, relativas á los diversos grados de instruccion de las clases de usados, se me tachará tal vez de haber dejado en silencio una inmensa alteracion producida en nuestras leyes penales desde 1832. Porque habia cerca de un siglo que era bárbara en Francia la legislacion criminal, se miraba siempre como un deber atacar nuestra jurisprudencia criminal en nombre de la humanidad. Se ha considerado como un progreso nmuy feliz para la sociedad, disminuir por grados excesivos la severidad de las penas asignadas al castigo de los crímenes mas odiosos. No se ha creido hacer bastante. Al lado de cada pena endulzada, se ha permitido á los jurados pronunciar las palabras mágicas de circunstancias atenuantes: se ha declarado que por el solo efecto de estas palabras, pronunciadas muy frecuentemente contra la evidencia de los hechos, contra la autoridad de los atestados, contra la confesion misma de los culpados, los jueces estaban obligados á aplicar, no ya el castigo que reclama el crímen averiguado, sino la pena proporcionada á crímenes inferiores y regularmente á simples delitos. Para hacer palpable el efecto de este trastorno tan grave, me bastará un simple paralelo. En 1830 cuando los individuos eran perseguidos como cómplices de asesinatos, envenenamientos etc., podía apostarse trece contra ciento, que pagarian con la pena capital el crímen de haber inmolado á otro. Hoy, ya no se apostaría trece, sino solo siete contra ciento, que por las mismas causas sufrirán aquella pena. En 1830, diez y seis contra ciento podía apostarse que los encausados que se escapasen de este castigo, sufririan á lo ménos la pena de trabajos forzados á perpetuidad; hoy la proporcion en lugar de diez y seis no es de nueve por ciento. Supongamos que se ofrezca este premio horroroso á los perpetradores del crímen, con los atractivos de atenuacion y de impunidad, se esplicará entónces porque han sido suficientes cinco años para hacer que ascienda la suma de los asesinos de 619 á 750 Ved aquí los hechos que designo, sin temor de que los que se llaman amigos de la humanidad me acusen de rebelde barbarie, cuando ellos me verán siempre dirigir mi piedad y defensa hácia el inocente inmolado mas bien que el culpable que prospera y se multiplica por la atenuacion de las penas que ha merecido. (Aquí es interrumpido de nuevo el profesor por los aplausos unánimes del auditorio). Es preciso señalar ahora ciertos actos que son crímenes á los ojos de la moral y de la religion, aunque no lo sean por la ley. Querémos hablar de los suicidios, reservados antiguamente como un privilegio y como un castigo, al disgusto de la vida entre los ricos ociosos y enviciados en todos los placeres. Hoy este crímen ha descendido hasta la clase obrera: se comete muy frecuentemente por frívolos motivos, y se multiplica con una horrible rapidez: el contagio pasa del sexo fuerte al débil; de la edad viril, en que hierven las pasiones y dominan al corazon, remonta á la adolescencia y desciende hasta la vejez, á quien no detienen los hielos de la edad y el freno de la esperiencia. Ah! aprendiendo así á jugar con su propia vida, los individuos de la clase laboriosa, aprenden tambien á jugar con la de sus semejantes. He aquí la rapidez con que se esparce en toda la Francia un crímen que hasta ahora parecía estraño al carácter nacional.

En 1830..... .... ... ... . . . . 1,756 suicidios.
1831 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,084
1832. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2, 156
1835. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,235

Progreso en cinco años 27 po de suicidios reconocidos; sin contar una multitud encubiertos con el nombre benévolo de muertes involuntarias.

Debo someteros una comparacion, que aun no se ha hecho, y que dejará en el espíritu una impresion profunda. Si se reunen to

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