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los particulares, previene al Exmo. Sr. Gobernador y Capitan general se dedique en consorcio del Sr. Intendente á inquirir las causas que originan su atraso, y á promover su restauracion por todos los medios posibles, ofreciéndoles conceder los auxilios que jungun necesarios para conseguirlo. Cuando nuestro clementísimo Rey nos convida á que le pidamos; cuando nos franquea el munífico tesoro de sus gracias ¿temerémos nos rehuse lo que necesitanos para nuestra prosperidad? Y cuando el conducto por donde han de dirigirse nuestras súplicas son dos gefes nas distinguidos por su ilustracion y beneficencia que por su escelso carácter ¿podré yo escogitar alguna cosa que no esté ya prevista por su alta y perspicáz comprension? Pero si no tuviere la complacencia de proponer nuevas ideas, la tendré al inénos de manifestar lo que deseo para el bien de mis compatriotas. - Juzgo, pues, necesario al fomento de la cera, que se permita para construir las cajas toda la madera de cedro que se solicite con este objeto sin escepcion de personas, lugar ni tiempo, escusando cuanto posible sea los trámites que retardan y dificultan las licencias. Cualquier demora es muy perjudicial al labrador que abandona su familia y sus principales atenciones; y cuando se trata de alagarlos y estimularlos, deben removerse todos los obstáculos capaces de embarazarle. Yo no puedo persuadirme que S. M. intentase por la Real orden de 11 de diciembre de 1789 privarnos de un don que tan profusamente nos ha concedido la Providencia. Cuando tanto se interesa en fomentar la agricultura y poblacion de esta Isla; cuando permite el uso de la madera de cedro para las grandes fabricas de ingenios y de todas nuestras habitaciones; cuando el 21 de abril de 1793 concedió á los vecinos de Cuba envasar sus azúcares en cajas de esta madera; cuando en cinco Reales órdenes nos estimula á cultivar la cera dispensando varios favores á los cosecheros y comerciantes (1) ¿les negaria lo que mas necesitan, lo que es mas indispensable para este objeto? ¿Qué falta pueden hacer en nuestros astilleros las despreciables, las mezquinas tablas con que se forman las colmenas? ¿En que puede compararse el consumo de éstas con el de los ingenios de Cuba? Las cajas de azúcar son mayores que las de cera; aquellas salen fuera de la Isla, y estas permanecen en ella; las primeras es preciso renovarlas todos los años, y las segundas duraran mucho construyéndose de cedro. ¿Cuál será, pues, el detrimento que resulte á los montes? Mayores perjuicios y ménos utilidades esperimentamos con el abuso de

(1) De 12 de junio de 1774, de 2 de julio y 28 de diciembre de 76, de 25 de agosto de 89, 5 de octubre de 95.

cortar los árboles y quemarlos para cojer los enjambres; abuso que
no ha podido contener la vigilancia de los zeladores, como lo a-
credita la multitud de cera silvestre que se trae de Cuba, del Prín-
cipe, de las Nuevitas, Baracoa, Bayamo, Trinidad y de otros lu-
gares interiores de la Isla. ¿Y subsistirá una prohibicion ilusoria,
abominada por la razon y esperiencia, y á cada instante con-
culcada?
No. Dias de la prosperidad de mi patria ya veo brillar en su
horizonte vuestra aurora luminosa. Dos cuerpos patrióticos y sus
gefes esclarecidos aceleran esta época deseada. La reverente sú-
plica que hicieren para conseguir á los cosecheros de cera el libre
uso de la madera de cedro, redundará en utilidad de toda esta Isla.
Ellos conciliando con su notoria prudencia y discernimiento los
intereses del vasallo y del Monarca, favorecerán á los primeros
sin ofender al segundo en el beneficio de los montes y uso de sus
maderas.
No es la derogacion de la Real órden de 1 1 de diciembre de
1789, la única gracia que debemos solicitar de S. M. para el inten-
to. Paréceme tambien muy conducente eximirla de todo derecho
Real, municipal, ó personal. Séale lícito á cualquiera vecino de
esta Isla conducirla á este puerto y remitirla á los de América y
á los habilitados de España, no pagando á su estraccion mas que
seis reales por arroba y quede libre de toda contribucion al
tiempo de introducirla en ellos.
Redímase de pagar el diezmo á la cera de esta Isla por espa-
cio de diez años, así como se concedió igual gracia al café, añil y
algodon de ella, por Real decreto de 22 de noviembre de 1792.
Si Su M. ha dispensado de todo derecho el dinero que de Ve-
ra-Cruz se retorna á esta Ciudad producido por la venta de la
cera; si el Consulado suplicó al Rey concediese la misma escep-
cion á todos los caudales que se conduzcan de aquel puerto á este;
parece muy debido manifieste su desinterés y patriotismo renun-
ciando el medio por ciento que le pertenece de avería.
Para estimular y distinguir mas á los cosecheros de cera, de-
clare S. M. equivalente á 100 $ de bienes raices el beneficio ac-
tual de 1000 colmenas en uno ó mas parages de la propiedad del
dueño; y que concurriendo en él las demas circunstancias que se
exigen por la constitucion del Consulado, pueda tener voz activa
y pasiva para obtener los empleos de este Cuerpo en la clase de
hacendado. Finalmente, que la propiedad de 500 colmenas en
los referidos términos se repute por 4000 de fondo y que acredi-
tando su cosechero poseer otro terreno cultivado que valga 6000,
goce de dicha voz activa y pasiva.
Tales son los defectos y obstáculos que han obstruido el cul-
tivo de la cera; tales los auxilios con que juzgo debe escitarse;

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y fomentarse; véase ahora el método que debe seguirse para reformar aquellos y aprovecharse de estos.

Entre todos los insectos criados por el Omnipotente, la abeja ha parecide el mas admirable á los naturalistas. Su estructura, el drden que reina en sus diferentes funciones económicas, su gobierno, su industria, la utilidad que nos redunda de sus trabajos, todo ha merecido la atencion de los filósofos antiguos y modernos, y sobre todo han escrito profusamente despues que pasaron la mayor parte de la vida observándolas. Aristómaco se dedicó por espacio de 58 años á este solo estudio. Hilisco permaneció tanto tiempo en los desiertos que le llamaron agreste. Aristóteles reunió á sus especulaciones las de todos los que le antecedieron. (1) Virgilio con la misma pluma, con el propio entusiasmo escribió la Geórgica IV y la inimitable Eneida. Plinio demasiado sucinto en la historia de otros animales empleó 16 capítulos en la de este insecto. (2) Mousset, Swammerdam, Maraldi, Réaumur (3) á quien estractaron Valmont de Bomare (4) y los sábios AA. de la grande obra publicada por Diderot y D'Alambert (5) rectificaron los escritos de los antiguos despreciande muchas supuestas maravillas, y enriqueciéndolos con várias observaciones muy útiles, ciertas y curiosas. De aquí tomaré lo que me parezca debe observarse en este pais para multiplicar y conservar las colmenas, ciñéndome á los límites de una memoria y á los puntos que contiene el problema.

El lugar en que deben situarse ha de ser, dice Virgilio, lo primero que se elija. La tierra desmontada es preferible á las sabanas. Estas son ménos feraces que aquellas, donde abunda el romerillo que nace en todos tiempos, el bejuco llamado leñatero y otras plantas florígeras. Proporciónese el número de colmenas á la fertilidad del terreno, examinese prolijamente, para que calculando las que pueda alimentar, no se pongan 100 donde solo 50 encontrarán con que subsistir. Ni será tan elevado que los vientos impelan las abejas y las dispersen sin permitirlas llegar fácilmente á las cajas, ni tan bajo que pueda ser inundado por las copiosas lluvias que casi anualmente esperimentamos. Las que han perecido por esta causa desde el año de 1791 y por las estraordinarias crecientes de los rios, persuaden que será convenientísimo separarlas de estos cuanto posible fuere y preservarlas de aquellas. Para esto no basta colocarlas en parage alteroso, es esencial, es

(1) De hist. anim., lib. 8, cap. 27, et lib. 9 eap. 40.
(2) Natur, hist, lib. 11, á cap 5, ad 20.
(8) Memoir. pour servir á l'hist. des insect. vol. 5.
(4) Diction, Raison mot Abeille.
(5) Diction. Raisen de scienc. etc. art. Abeille.

cribe Valmont de Bomare, que las cajas esten resguardadas de
cualquier modo de las lluvias y de los grandes ardores del sol.
Aun cuando la madera de que se forman los corchos fuese la mé-
nos porosa, y aunque el Própolis sea indisoluble en el agua, como
esperimentó Mr. Réaumur, con todo, las repetidas lluvias conser-
vando húmeda la caja, é impidiendo la salida á las abejas las en-
ferma, y aun la misma inaccion es muy nociva al mas laborioso de
los vivientes. Para evitar estos daños no se coloquen á la sombra
de los árboles como suele practicarse, sino bajo de un techo sóli-
do y espacioso, donde puedan volar y respirar un aire ménos hú-
medo.
Algunos de los que han construido en nuestra Isla esas casas
exentas, afirman haber observado ahuyentarse las abejas, rehusan-
do habitar en consorcio de otras. Pero no sucediendo semejante
dispersion en otros paises donde se conservan bajo de techado, es
preciso atribuirlo á que colocan las cajas demasiado inmediatas,
ó á que forman los techos de guano, ú otras pajas en que se ani-
dan y procrean los ratones, y varios insectos que persiguen á las
abejas.
Hágase, pues, una casa no muy elevada; cúbrase con tablas
la parte superior, y los costados, dejando descubiertas las facha-
das, para que entre el sol al salir y ponerse. Sitüese de Norte á
Sur inmediata á algun palmar, cuyas flores conservándose todo
el año, suministran á las abejas un pasto perenne muy grato y
proficuo. Cérquese el colmenar con estacas firmes para impedir
que entren las reses, cabras, cerdos y cualquier animal capaz de
derribar los corchos. Palteau recomienda unos compuestos de mu-
chas piezas creyendo que reunen las mayores ventajas para con-
servar, multiplicar y castrar las colmenas; pero á mas de ser mas
costosos que los comunes, no son tan sencillos que puedan fácil-
mente manejarse por todos los cosecheros. Estes forman los me-
jores con cuatro tablas de cedro de vara y cuarta de largo, media
de ancho y una tercia de alto, haciendo en una cabeza varios
barrenos para que entren y salgan las abejas, y cerrando la otra
con tres clavos sin remacharlos á fin de quitarla cuando convenga
reconocerla. Se colocarán horizontalmente en un tendal elevado
una vara sobre la tierra, separada una caja de otra media vara.
Conviene que el colmenar diste al ménos una legua de los inge-
nios de azúcar y de los pueblos. Las abejas cebándose en el azú-
car recogen muy poca cera, perecen muchas en la miel y en otras
sustancias glutinosas. A pártese de los rios caudalosos y de los
pantanos y lagunas, porque el ruido de las aguas en las peñas y
la hediondez del cieno las ofende, y los sapos las persiguen. Pli-
nio y Virgilio aconsejan no se quemen cangrejos donde puedan
percibir su humo; cualquier olor fétido y desagradable, cualquie-

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ra inmuudicia es muy perjudicial al mas pulcro de todos los insectos, como las llama Aristóteles.

Haya fuentes y arroyos cristalinos inmediatos á ellas, ó haganse estanques muy aseados, cuando no para que con ménos dificultad puedan conducir el agua á las ninfas, como equivocadamente creyó este filósofo, al ménos para impedir se distraigan las abejas solicitando la que ellas necesitan y se alejen de su morada. Pónganse piedras que sobresalgan, y algunos ramos donde descansen cuando beban y quieran bañarse. Fórmese al rededor del colmenar un bosque de árboles coposos y floridos, como cafetos, paraisos, granados, jazmines, naranjos y limones: tambien les agradan mucho las flores del dagame, guamá, bibóna y guásima. Pero no se coloquen ni tan próximos á la casa que impidan lleguen los rayos del sol á las colmenas en el invierno, ni tan distantes que no las preserven de los vientos impetuosos.

Servirán tambien estos árboles, dice Virgilio, para que posen en ellos los nuevos enjambres miéntras se prepara la caja en que han de recibirse. El tiempo en que regularmente salen es desde principios de marzo hasta fines de junio; en setiembre y octubre aparecen algunos, pero constan de muy pocas abejas, y es preciso reunir dos ó mas para formar una buena colmena. Estas llegan á tener hasta 180 abejas, y las pequeñas no pasan de 8). Todas constan de tres especies diferentes: las obreras que son en mayor número, llamadas así porque recogen la cera y la miel y forman

los panales. Están armadas con un aguijon y varian el color segun

la edad. Las mas recientes son morenas y tienen los pelos blancos; cuando pasan de año el vello es rojo y el cuerpo ménos oscuro. Los zanganos ó abejones carecen de aguijon, son mas grandes que las obreras, la cabeza mas redonda, y mas cargada de pelo, y el color mas negro. La reina es mas larga que los zanganos, y ménos gruesa; los antiguos juzgaron que no tenía aguijon, Aristóteles lo descubrió, y los modernos han observado que es mayor que el de las obreras, pero no lo tiene recto como ellas, sino encorvado. Sus alas son las mas pequeñas, pues no pasan del tercer anillo, cuando á las obreras y á los zanganos les llegan hasta la estremidad del cuerpo. (1) En cada enjambre no habrá mas que una sola reina, y ella es bastante para poner en 7 ú 8 semanas mas de 120 huevos, los que se fecundan por el mismo calor de la colmena en 2 ó 3 dias. Pero un solo macho no es suficiente para fecundarla. Como la Reina de Achen tiene un Serrallo de jóvenes de donde elige al que quiere favorecer con sus caricias; así la madre abeja despues de

1 . Solo indico aquellos caracteres que pueden percibirse por el hombre me" mos ilustrado, añadir otros, sería confundirlos.

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