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Hoyos!, en el presente ROMANCERO. Tal vez parecerá que nos detenemos demasiado en este incidente; pero además de que no conocemos ninguna otra composicion poética de Cervantes en el tiempo que media desde las impresas en 1569 hasta el presente soneto, que se publicó en 1583, todavía debemos añadir que no hay particularidades pequeñas ó indiferentes, que no adquieran sumo interés é importancia cuando se trata de los grandes genios. La primera obra de Cervantes, despues que volvió de su cautiverio, fué la Galatea, que se publicó en 1584, y, por lo tanto, casi puede asegurarse que en este período no existe otra composicion de la misma indole, original del autor del Quijote, sino la que se ha conservado en este ROMANCERO, cuyo exámen nos ocupa.

Despues de los referidos sonetos laudatorios, sigue una série de romances en que se relatan y celebran con patriótico entusiasmo las gestas y hazañas de los españoles en Flandes. Entre estos cuadros históricos figuran la reunion de algunos conjurados vestidos de pordioseros 2, la prision de los condes de Egmont y de Hornes, la notificacion de su sentencia, la famosa carta que el de Egmont escribió en sus postrimeros instantes al rey Felipe II, y, por último, la trágica muerte de ambos Condes en un cadahalso, á la vista del espantado pueblo.

El autor, en estos sucesos y romances, nos presenta imponente, severa y al par glorificada en el sentido y espíritu de su fé y de su época, la colosal figura del invicto duque de Alba, cuya interesante biografía, magistralmente escrita, dejó sin acabar el ilustre Quintana, segun se dice, por no

1 Este insigne profesor falleció en Madrid en 1583, precisamente en el mismo año en que Padilla publicó su obra por el aprobada. A la sazon Lopez de Hoyos era cura de la parroquia de San Andrés, en cuya iglesia fué sepultado.

2 Los famosos mendigos designados con la palabra francesa gueux recorrian en tropas los Paises-Bajos, vestidos de sayal, con unas alforjas al hombro, dentro de las cuales llevaban una escudilla de madera, con penachos colas de raposos en los sombreros, y ade nás una enorme cuchara á guisa de cucarda ó escarapela, insignia de su vida hampona y postulante. Esta singular costumbre favoreció grandemente los designios de los conjurados que, provistos de aquel pedigüeño atavio, pudieron reunirse en numerosos grupos, sin despertar sospechas.

х tributar censura ni elogio injustificados; por que, habiendo visto en algun escritor insinuada la especie de que aquel personaje habia intercedido por los dichos Condes, no quiso pasar adelante sin confirmar con algun documento accion tan digna de aplauso, y, no habiéndolo encontrado, prefirió arrinconar lo escrito á decir una alabanza inmerecida, ó hacer al de Alba ejecutor de una crueldad, teniendo la duda de si efectivamente se opuso á élla '. Notable probidad literaria que honra al gran poeta y al concienzudo historiador; si bien es verdad que la historia y la poesía tienen una mision en alto grado justiciera, y en definitiva, ellas constituyen el tribunal supremo de los siglos.

Ahora bien; la Musa popular del romance, cuya voz significaba tambien lo mismo que lengua vulgar, se habia ejercitado con éxito venturoso en los más diversos géneros y estilos, segun ya hemos indicado; pero fuerza es convenir en que habia sobresalido notablemente en la poesía narrativa é histórica, siendo así perpétuo archivo y venerable depósito de las glorias nacionales; y, por lo tanto, nuestro autor, Pedro de Padilla, siguió en su ROMANCERO el mismo rumbo, cantando los hazañosos hechos de los españoles, no sólo de las edades remotas, sino tambien de sus contemporáneos. Pueden señalarse diferentes grupos, épocas y ciclos á esta poesía popular y narrativa, como los romances ó cantares de gesta, primer vagido de la lengua castellana, en que se refieren las hazañas y aventuras del Cid Campeador; los romances caballerescos del tiempo de Carlo Magno, que tan abun

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Ferrer del Rio. (Articulo al frente de las Obras completas de Quintana, publicadas en la Biblioteca de Autores españoles.) Tambien se citan dos cartas del mismo Quintana en que se habla de este asunto, y en una de ellas se dice: «Veo por la diligencia de V. que no es posible encontrar en ese archivo las cartas del duque de Alba en que proponia al Rey que se conservase la vida a los Condes y la pena de muerte se conmutase en prision perpetua. En el archivo de la casa de Alba se conservaban las rigorosas contestaciones del Rey al tiempo en que el Padre Osorio escribia la mejor historia que se ha hecho del Duque, y este escritor las vió sin duda, pues dá un resúmen de ellas en su obra para defender al Duque de la nota de cruel. Siéntolo, porque el punto no deja de ser curioso, y habré de contentarme con que aquel barbudo magnate me agradezca mi buena voluntad.» (Cañete.--Obras inéditas de Quintana).

dante mina proporcionaron á todos los trovadores de Europa, y más adelante al celebrado Ludovico Ariosto y sus imitadores; los romances á lo divino y de vidas de Santos, que tambien se remontan á los primeros tiempos de la juglaría !, como la Adoracion de los Santos Reyes y la Vida de Santa María Egipciaca; y, por último, los romances moriscos, pastoriles, satíricos y burlescos.

Sin embargo, repetirémos que la gloria suprema del romance consistió en la poesía histórica y narrativa, que reflejaba la vida real de la nacion, y referia los sucesos dignos de memoria ; y hubo un tiempo en que los autores de este linaje de composiciones recibian paga ó premio y desempeñaban cierta especie de funcion social, acompañando á los Reyes y á los ejércitos en sus empresas, y siendo los cronistas poéticos, por decirlo así, de las hazañas de los héroes y de cuantos lances, aventuras y encuentros se consideraban merecedores de recordacion y gloria. Estos poetas de profesion, que nos recuerdan á los venerables bardos de los antiguos pueblos del Norte, gozaban de gran prestigio y estima en nuestras huestes, y si éllos repartian en sus versos la fama y la gloria , nada tiene de extraño que luego tambien entrasen á la parte con los más insignes guerreros en los despojos del enemigo, ni que se les asignasen tierras y haciendas, como lo hizo el rey San Fernando en el repartimiento de Sevilla con Nicolás de los Romances y Domingo Abad de los Romances, que sin duda fueron los cronistas poetas de aquella memorable expedicion y gloriosa conquista 2.

El romance histórico es á un mismo tiempo la forma ideal y popular de la historia, y él ha servido para trasmitir á las generaciones los hechos más culminantes de nuestra nacionalidad y los nombres y proezas de nuestros héroes, desde la invasion de los árabes hasta épocas más recientes; pero tratán

1 Confundiendo los tiempos primeros de la juglaría con los posteriores, se cree generalmente que el juglar sólo era músico y recitante, y no compositor; pero hay mil pruebas de lo contrario. (Pidal.- De la Poesia castellana en los siglos XIV y XV.)

2 Ortiz de Zúñiga.-(Anales eclesiásticos y seglares de la ciudad de Sevilla.)

XII dose de las famosas guerras de Flandes, que deberian formar un período cíclico y por extremo fecundo en composiciones de aquella indole, nos hallamos con que sólo Pedro de Padilla tuvo la fortuna de llenar esta mision poética, tan honrosa como importante, cantando en su ROMANCERO el heroismo de los españoles en aquellas porfiadas y gloriosas campañas.

Por nuestra parte, debemos decir que no conocemos ninguna otra coleccion de romances en que se recuerden y celebren los memorables hechos de los españoles en los PaísesBajos, que con tanta extension, elocuencia, variedad y erudicion histórica relata nuestro autor en el presente RoMANCERO, circunstancia que le añade un rasgo especial y característico, á la par que nuevo interés, agrado y realce. Podrá suceder que exista alguna compilacion de romances referentes á dicha época y guerras; pero lo ponemos muy en duda, teniendo en cuenta nuestras perseverantes investigaciones para averiguarlo, y cuyo resultado ha sido el poder afirmar, que aun en las colecciones más ricas y copiosas en este género, no se halla una serie de romances históricos que tengan por objeto solemnizar ó encarecer las hazañas de nuestros héroes en Flandes.

El Romancero de Durán, el más abundante y completo que se conoce, inserta muchos romances de nuestro insigne autor; pero tratan de otros asuntos muy diferentes '; y con respecto a las guerras de los Países-Bajos, únicamente in

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Los romances de Padilla que inserta Durán en su Romancero, son el 82 hasta el 84, que tratan de Abindarraez, el tio. El 116, titulado: «Boabdil y Vindaraja », å la que algunos llaman Jarifa y otros Narcisa. El 233 lleva por epigrafe « Abdalla ». Los señalados con los números 426 hasta el 432 tratan de Rugero y Leon Augusto, personajes del Orlando furioso, de Ariosto. Los tres romances contenidos en los números 1.132 á 1.134 llevan los epígrafes siguientes: 1.° « Admite D. Manuel Ponce de Leon el desafio del moro alcayde de Ronda, con tal que éste salga ayudado por su alguacil.» 2.° « Vencido y herido el moro alcayde de Ronda por D. Manuel Ponce de Leon, logra el amor de Fátima, que antes le desdeñaba.» 3.° «D. Manuel Ponce de Leon dá libertad al alcayde de Ronda, su cautivo, para que se vaya con su amada.» Todos estos romances están sacados de la ya referida obra de Padilla, titulada: Tesoro de varias poesias.

cluye un sólo romance ', de autor anónimo, en alabanza del duque de Alba, que venció á los rebeldes y les impuso muy duras condiciones. Resulta, pues, que el libro de Padilla encierra este particular mérito, como ya lo notó el citado Maestro Lopez de Hoyos; pues en su aprobacion dice que el tal ROMANCERO contiene muchas y diferentes cosas, principalmente la historia de Flandes en romances castellanos. Desde luego se comprende que aquí la historia de Flandes significa la historia de los sucesos de los españoles.

Siguen despues algunos romances sobre diversos hechos históricos, entre los cuales llaman particularmente la atencion el relato de una caballeresca é interesante aventura del Cid Campeador en las márgenes del Mondego, y la romántica y lastimera historia del cautivo cristiano y de la hermosa Fátima, los cuales, huyendo de sus perseguidores, sacrificaron sus vidas en aras de su recíproco amor en la famosa peña, que desde entonces hasta hoy conserva el poético nombre de la peña de los dos enamorados. En estos romances mézclanse algunas veces los metros italianos, que tan felizmente introdujeron en nuestra versificacion Boscan y Garcilaso, enriqueciendo con nuevas y muy cadenciosas combinaciones las formas de nuestra poesía, y produciendo la escuela moderna, que no dejó de tener detractores. Larga y porfiada fué la contienda entre los partidarios de una y otra escuela, y todavía se agitaba la cuestion con apasionada vehemencia poco antes que Pedro de Padilla diese á la estampa su RoMANCERO 2.

1 En la pág. 187 del tomo II, y bajo la clasificacion: Sobre LAS GUERRAS DE FLANDES se inserta el romance 1.195, cuyo epígrafe es como sigue: «El duque de Alba, vencedor de los rebeldes de Flandes les impone duras condiciones.» Este único romance comienza así:

Despues que Carlos famoso,
Sumo Emperador romano
De su estado victorioso
Subió al reyno soberano, &c.

(Anónimo.) 2 Argote de Molina, en su Discurso de la Poesia Española (1575), y Montalvo en su Pastor de Filida (1582), se muestran acérrimos partidarios de la antigua escuela.

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