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Y el dolor era tanto que combatia el centro de su pecho, que estaua con quebranto, el coraçon deshecho, por los ojos vertiendo sin prouecho.

De quando en quando daua suspiros que las piedras ablandara, y junto destilaua lágrimas que bastauan á enternecer las piedras que escuchauan.

Y sufrir no pudiendo la creciente de males que cercado le tienen ya muriendo, se caya de su estado sobre un peñasco duro demayado.

CARTA AGENA.

ua

I an graue es el dolor del mal que siento, que no sufre, Belisa, que te escriua para aliuiar siquiera mi tormento.

Y es de suerte cruel mi pena esquiua, que si ay consuelo alguno ni paciencia, en tu desgracia y disfauor yo viua.

Mal aya, plega Dios, quien hizo ausencia, que males de fortuna y descontentos al fin, se disimulan en presencia.

Alla se lo aya amor con sus contentos, que no quiero esperallos ni tenellos, á trueco de tan ásperos tormentos.

Miré, Belisa, yo tus ojos bellos, buenos testigos son aquestos mios, que luego ví mi muerte escrita en ellos.

Tambien podrán dezírselo estos rios, que crecen con mis lágrimas, en tanto que no tuerce fortuna sus desuios.

Y es mi dolor de suerte, que me espanto, creciendo mi pasion y tu porfía, que no acabe mi vida con el llanto.

Merced, merced por Dios, Belisa mia, de vn triste coraçon que está en mi pecho al remo condenado noche y dia.

Pudiera estar el tuyo satisfecho, pues sabes que vna peña tosca y dura vuieran ya mis lágrimas deshecho.

Y al reyno triste en la region escura pudiera mi dolor causar espanto; sobróme amor, faltóme la ventura.

Belisa, por mi mal agora canto, pues han llegado á tiempo los mis ojos que dan por breue risa eterno llanto.

Acaben ya, pastora, tus antojos, y pues da fin aquí la vida mia, esta alma te encomiendo y sus despojos.

El cuerpo queda en esta roca fria, aquí es bien que de fin á mal tan fuerte donde de tí, fortuna le desuia.

Yo dexaré por señas de mi muerte, con esta roja sangre por mi mano vn epi (tafio ] escripto desta suerte:

Aquí yaze vn pastor, que fué Siluano, ya libre de fortuna y sus mudanças, á manos del amor cruel tirano.

Yazen con él sus vanas confianças, matáronle amorosos pensamientos, ricos desseos, pobres esperanças.

GLOSSA PROPRIA SOBRE ESTA CARTA.

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Falta la fuerça, acábase el aliento, no ay cosa que en su amparo me reciba, tan graue es el dolor del mal que siento.

Y en tanto extremo ya de bien me priua este triste y amargo sentimiento, que no sufre, Belisa, que te escriua.

Ni quiere quel cansado sufrimiento de sólo aqueste gusto se aperciua, para aliuiar siquiera mi tormento.

Y muestra saña en mí tan vengatiua , y offende el coraçon con tal violencia, y es de suerte cruel mi pena esquiua,

Que llamo 'exceso loco de insolencia, que nadie diga con locura altiua, que si ay consuelo alguno, ni paciencia.

El dolor me sojuzga y me derriua, y si ay á resistille suficiencia, en tu desgracia y disfauor yo viua.

La cordura me falta y la prudencia, y estando mal, que digo por momentos mal aya, plega Dios, quien hizo ausencia.

Nadie si me faltaren sus tormentos en mi daño tendrá ménos licencia, que males de fortuna y descontentos.

Vna contraria y mísera influencia, y vn ímpetu de varios sentimientos, al fin se desimulan en presencia.

Mas si todo ha de ser desabrimientos, y los bienes apenas poder bellos, allá se lo aya amor con sus contentos.

Que auiendo de venir por los cabellos, tu tardar causa tanto por momentos, que no quiero esperallos ni tenellos.

¿A quién no han de cansar contentamientos, que sólo se ha de dar el posseellos á trueco de tan ásperos tormentos?

Y lo que dió principio a todos ellos fué, quando sin temor de tus desuios, miré, Belisa, yo tus ojos bellos.

De lo que me costaron estos bríos, y de quán bien hiziera en no tenellos, buenos testigos son aquestos mios.

Y sufro tanto mal por causa dellos, y obligáronme á tantos desbarios, que luégo ví mi muerte escripta en ellos.

Y que nada en mi alma, los bazíos llenarme de pesar no pudo tanto, tambien podrán dezírtelo estos rios.

Y en tanto que el alegre o triste manto cubre estas flores y árboles sombríos, que crecen con mis lágrimas, en tanto,

Entre estas cueuas y peñascos frios en agua me resueluo, porque ha tanto que no tuerce fortuna sus desuios.

Y en esta pena y áspero quebranto aun viue, á mi pesar, la vida mia, y es mi dolor de suerte que me espanto.

Porque imposible cosa parecia viuir yo, si no fuesse por encanto, creciendo mi pasion y tu portía.

Que teniendo la muerte tan al canto, no siendo por milagro, ¿quién haria que no acabe mi vida con el llanto?

Vn diamante mi mal ablandaria, y pues no está en mi daño tu prouecho, merced, merced por Dios, Belisa mia.

Baste, señora, el daño que me has hecho, pues apiadarte ya razon seria de vn triste coraçon que está en mi pecho.

Y pues nunca de amarte se desuia , no le tenga vn desden contra derecho al remo condenado noche y dia.

No des causa que viua á mi despecho, pues de su graue pena y desuentura pudiera estar el tuyo satisfecho.

Con este llanto triste de amargura, no preguntes qué riego sin prouecho, pues sabes que vna peña tosca y dura.

Y aunque deste remedio me aprouecho y el mármol de más fuerte compostura vuieran ya mis lágrimas deshecho.

Aún la muerte, el plazer no me asegura, con humanar las fieras á mi llanto, y al reyno triste en la region obscura.

Que aunque acabar no pueda su quebranto, á todos los que encierra su clausura, pudiera mi dolor causar espanto.

Mi mal es otro infierno, si se apura, y para que ninguno pene tanto, sobróme amor, faltóme la ventura.

Muero por acabarme, y entretanto mis males y cuydados á manojos, Belisa, por mi mal, agora canto.

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