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Porque de nouedades cudiciosa, lo que ayer adoro, mañana niega, sin quedar de la honrra escrupulosa.

Y á intercesion, qualquiera que le llega, facilíssimamente corresponde con sus barios antojos loca y ciega.

Es embuste y engaño quanto esconde el hermoso cruel tirano pecho, donde á la flor el fruto no responde.

Sin ser jamás con ella de prouecho firmeza, voluntad, fe ni seruicio, ni auer por nadie lo posible hecho.

Porque haze mudanças tan de oficio que á Vénus, miserable y torpe diosa, parece que se ha dado en sacrificio.

Tiene la muestra y aparencia honrrosa, con que podrá engañarse fácilmente vn alma de seruirla desseosa.

Mas es para mostrar lo que no siente, fingiendo adoracion en las razones, pero llegado al fallo, es aparente.

No hizo fraudador mas imbenciones que ésta sabe hazer, para mostraros que son del alma todas sus pasiones.

Mas yo quiero, galanes, auisaros, que es canto de Sirena que procura en las furiosas ondas anegaros.

Que el buen acogimiento y la blandura desa Lamia, en Lucrecia disfraçada, me fué ocasion de mucha desbentura.

Porque antes de tener aueriguada su condicion, en lo que puede verse, nunca se vió muger tan abrasada.

SO

Tal sufrir, tal llorar, tal deshazerse, tales desmayos, tal salir de seso y tal contentamiento de perderse.

Supo tan bien fingillo, que confieso que quando yo el recato mismo fuera, me dexara engañar de aquel exceso.

Que tan sin tasa ni medida era, que de su honrra sin ningun respeto, pregonó esta pasion por verdadera.

Y de su boca, el necio y el discreto, la parienta, el amigo y el criado, supo de su dolor el duro aprieto.

Ved, si con todo eso asegurado, en dos horas de ausencia , se pudiera creer que se acabara aquel cuydado.

Pues acabó en efecto, y de manera, que abrá de ser forçoso desde luégo que en mí su nombre y su memoria muera, sin dexar ni áun ceniza de aquel fuego.

DISCURSO

EN VARIAS COMPOSTORAS

DE

VN GALAN DESFAUORECIDO.

En vn antiguo muro destroçado, de largo tiempo y aguas combatido, que del famoso Bétis es bañado,

Despues que el claro sol auia escondido su luz del orizonte deste suelo, dexando el medio mundo escurecido,

Al tiempo que mostraua el ancho Cielo su Luna, sus Estrellas y Planetas que enriquecen su manto y claro belo;

Quando en las hondas cueuas y secretas las fieras se quietan, y en sus nidos las aues más perfectas é imperfectas;

Quando en el campo cesan los bramidos de louos y leones, tigres y osos, y en el pueblo bullicios y ruydos;

Y al tiempo que los rios caudalosos, con el rigor del yelo se endurecen estancando sus impetus furiosos;

Quando todas las gentes enmudecen, vencidas con el sueño y su dulqura dando aliuio á los males que padecen,

Cercado de dolor y desuentura, gimiendo á bozes y otras suspirando, arrimado á un almena fria y dura,

Ví un amante afligido estar llorando; y por saber la causa de su pena lleguéme do se estaua lamentando.

Por toda la ribera el llanto suena, y el eco le responde de piadoso, y el rio su corriente y curso enfrena, y él comiença a contar su mal rauioso.

Ay, dice, amor tirano, ¿dí, qué offensa yo contra tu deidad he cometido? jes ésta, di, traydor, la recompensa

que das á quien se da por tu bencido?
¿Adónde está tu bien y gloria inmensa
que á esta alma prometiste, fementido?
¿son aquestos los bienes que dezias
que si te la entregase me darias?

¿Por qué, pues, te la dí me la destruyes, y el triste coraçon me hazes piecas, si te pido remedio luégo huyes para mostrar mejor tus estrañezas? Cosa en mi bien no tratas ni concluyes, que donde un mal acaua el otro empieca; baste ya, baste amor, tanta dureza, que maltratar tu preso no es grandeça.

Dirás, amor, que quieres libertarme, mas primero la luz de aquestos ojos y el aliento vital podrá faltarme, y la muerte triunfar de mis despojos, que tú puedas un punto desuiarme de amar á la que causa mis enojos: no pido libertad, que es imposible, voluntad pido, amor, pues es posible.

Mas hoy, á quien me quexo, ay sin ventura, á amor que es mi verdugo y omicida, que con falsas promesas me asegura por poderme mejor quitar la vida. Sube mis esperanças á su altura, prometen una suerte enrriquecida, y áun no llego á subir, cuando me siento, qual Icaro, caer en el tormento.

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¿No es pues, crueldad atroz, dureza extraña, y rigor excesivo, que una dama tenga por hecho eroyco y gran hazaña matar y aborrecer á quien la ama? Quien jamás pagó amor con yra y saña, á quien la ingratitud tanto le inflama, que en cambio de un amor y fiel desseo, offrezca tanto mal como posseo,

No más tanta crueldad, baste, señora, el tiempo que me aueys martirizado; dad descanso siquiera por vn hora á esta alma y á ese braço tan ayrado. No me mateys, tened un poco agora la espada, y escuchad un desdichado; y si me days la muerte porque os quiero, dichoso yo que por amaros muero.

Aduertir, mi señora, que es afrenta
que á vos misma os hazeys, en acabarme;
no es justo que tal cosa se consienta
· que mi vida y mi bien quiera matarme.

Pero si os satisface y soys contenta
que yo muera, heridme, aniquiladme,
sólo os ruego que en viéndome que espiro,
deys, de piedad mouida, algun suspiro.

Aquí paró el amante la suma de sus quexas rematando, sin passar adelante, en lágrimas bañando su cuerpo, y casi en ellas se anegando.

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