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NOTA PRELIMINAR.

De escaso provecho será lo que del manuscrito de Parets ha correspondido publicar en este tomo. Sus noticias son pocas, algunas equivocadas, y todas tan faltadas de detalles, que nunca como ahora me ha sido necesario acudir á los archivos para poder dar á la imprenta la multitud de documentos que en ellos he tenido la suerte de encontrar.

Guerra de Cataluña puede llamarse á la lucha narrada en esta obra, por haber sido el Principado y Condado del Rosellón teatro de tantos combates y ruinas; pero fuera inexacta dicha denominación si con ella intentáramos significar que Cataluña, unida en un solo sentimiento, aceptó la lucha á que fué arrastrada por la serie de tristísimos sucesos que hemos leído en los tomos anteriores, y que he procurado consignar con la misma prolijidad que ahora continúo usando, y hasta tal punto, que rebasando los límites de este volumen la colección de documentos que he juntado, es fuerza tener que acudir al subsiguiente para hallar explicados los sucesos ocurridos en 1641.

Por esta razón ha de ser brevísima esta Nota preliminar, pues pasando al tomo V la otra mitad de los Apéndices que corresponden á este volumen y en el cual no han cabido, conveniente será, pues, aguardar á que estando completa la materia, pueda llamar la atención del lector hacia aquellos documentos dispersos en los dos tomos, que por su importancia merezcan ser conocidos de los que deseando saber la verdad de lo acontecido, se hallen escasos de tiempo para buscarla en una obra que va siendo ya voluminosa.

Pero, sin embargo, algo puede apuntarse en esta Nota acerca del memorable bloqueo de Tarragona, que es el hecho de armas culminante que tuvo suspensa la atención de Europa, y preocupó hondamente á las Cortes de España y Francia.

Comienza este tomo con la entrada en Cataluña de las armas francesas gobernadas por el animoso general La Motte. El Marqués de los Vélez que tan arrogante había llegado ante los muros de Barcelona, después del descalabro sufrido en Montjuich, huye más que se retira, é irresoluto el que ahorcó á los rendidos en Cambrils, no se atreve á castigar á los que á sangre fría asesinaron á sus compañeros de armas enfermos en el hospital de Villafranca del Panadés, y no pensando en sostener las posiciones de Martorell, llega á la vista de Tarragona donde finalmente se encierra, sin más radio de acción que Valls, Constantí y Salou, que ocupa, y dejando con su retirada á merced del enemigo, á cuantos, como los de Reus, se habían comprometido por la causa de su Rey.

Relevado tan inhábil general por Federico Coloma, Príncipe de Butera, éste llegó lleno de bríos á Tarragona, donde celebró el Consejo de guerra {documento núm. 607) en el que los cabos del ejército, incluso el Arzobispo de Tarragona, se manifestaron decididos á salir en busca de La Motte y romperle antes que engruesara sus tropas; opinión común de la que se separó D. Tomás María de Acevedo, quien, apartándose del parecer de todos, opinó que era aventurar el ejér-
cito ir en busca de un enemigo que venía decidido á
poner sitio á Tarragona, teniendo por mejor el con-
servarle dentro los muros de la ciudad á la disposición
del Rey. Y este consejo prevaleció por órdenes que de
Madrid debieron llegar, y el atribulado Virrey, sumido
en la inacción, vio la pérdida de Salou y la de Valls y
la de Constantí, y la del ejército casi por entero, mi-
nado por las deserciones y sufriendo todos los horro-
res que el hambre ocasiona.

No gozó de más próspera suerte el ejército franco-
catalán, pues al pisar La Motte el suelo de Cataluña no
se produjo el levantamiento general que algunos es-
peraban para arrojar á los españoles de la provincia.
Todo sucedió al contrario, y entonces comenzó el por-
fiado pleito de pedir los franceses gentes para pelear;
Barcelona á apremiar á todos los pueblos, y los pue-
blos á no obedecer, ú obedecer á medias á fuerza de
ruegos las ciudades, y por amenazas y castigos las vi-
llas y lugares.

Y á todo esto el bloqueo de Tarragona continuaba
por mar y tierra, siendo impotente La Motte para em-
bestir la población aun cuando se hallara extenuada
por el hambre, ya que nunca pudo disponer de fuer-
zas suficientes para atacarla, por más que uno y otro
día pedía refuerzos á Barcelona, y desde esta ciudad
los reclamaban á Francia con todo empeño. Inútil-
mente se decretó una leva de la décima parte de los
habitantes de cada Universidad {documento núm. 649)
para formar una masa de gente con que acometer la
plaza; y sin dinero para suplir con mercenarios lo
que negaba la falla de entusiasmo, se aceptaron con
reconocimiento los 1.200 infantes que Conde dio de su
ejército del Rosellón, volviendo de nuevo á plantear-
se la cuestión de alojamientos, ya que, nuevamente apurada la Diputación, pasaba por todo. Con pretexto de ellos encendióse la guerra contra los soldados de Felipe IV que guardaban la frontera amenazada por los franceses: á favor de éstos se imponían ahora, para que la tropa fuese alojada «con toda la comodidad posible> {documento núm. 652), y encargándose al Comisario Andrés Alva que exhortara á los pueblos por donde pasara la columna «dieran de balde á la tropa pan, vino y los forrajes que hubiere menester» (documento núm. 650).

No hay para qué encarecer el desvelo con que Richelieu miraba el asedio de Tarragona: de Ih deppend tout, escribía á Conde (documento núm. 641), y al propio tiempo formaba la escuadra del Arzobispo de Burdeos que entretenía delante de la ciudad para cazar los barcos ligeros valencianos y mallorquines que en ella entraban víveres, confiados en la obscuridad de la noche (1); enviaba á escondidas del Príncipe 30.000 francos de su bolsillo á M. de La Motte, y á Conde encarecía la empresa como muy superior á la toma de Colliure, pues aislado como se hallaba ya

(1) Este documento más hemos hallado, confirmando los intentos de sublevar á Mallorca:

i¡<, Señor: En los hintentos de Catalanes de subbertir la Isla de Mallorca, y auiendo benido vajeles frangeses, tendría por combinientc que V. Mag.d mandase bolber á ella á sa Virrey, y á los Caballeros particulares que por sernir á V. Mag.d le acompañaron, y sobre aberlosllebado á Italia el Año de trelnta y cinco, transferirlos aora á Rosellon, creo que no los dejaría gustosos. Al Virrey no conozco, pero he oydo que se sabe portar con ellos, y les es azepto, y en los condados podrán hazer poco provecho, y como Mallorca es de estimacion y la ziñen Puertos, podría ser que la cudiziase el Rey de frangía: g.d nuestro señor la cathólica persona de V. Mag.d los muchos años que la cristiandad ha menester. Alfaques A 26 de Abril de 1041. — Don garcia de Toledo oss»rio.=Rúbrica.—(Archivo general de Simancas. Secretaiia de Guerra, legajo 1.402.)

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