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CAP. LXII—De las causas que el rey dió para aparlarse de la reina su mujer, y de la sentencia que sobre ello dió el papa Inocencio tercero. En la causa del divorcio que trataba el rey mucho tiempo habia, segun dicho es, por se apartar de la reina, se procedió por mandado del papa Inocencio tercero con gran solicitud, sin acepcion ninguna, y aunque entre todos los otros príncipes de la cristiandad tenia el papa mucho amor al rey de Aragon y procuraba su honra y el bien de su reino, en esta lite se mostró proceder con suma igualdad y justicia. El rey propuso, que tenia por sospechoso el matrimonio que habia contraido con doña María señora de Mompeller, diciendo, que habia sido casada primero con el conde de Comenje, que era en aquel tiempo vivo, no habiendo sido apartada dél por autoridad de la Iglesia, y deste matrimonio hubo dos hijas, que se llamaron Matilde y Petrona, y asimismo por afinidad que con ella tenia, habiendo conocido cierta dueña que se decia ser conjunta en consanguinidad á la reina. El papa cometió la causa al obispo de Pamplona, y á Pedro de Castelnou y á Rodolfo, monges de Fuentfrida, que eran entónces legados de la sede apostólica, y acusando el matrimonio Ugo de Tarroja primo del rey, fué ante ellos contestada la causa. Por muerte destos legados la tornó á cometer el papa al arzobispo de Narbona, siendo abad de Cister y á dos obispos que eran legados apostólicos. Era cierto que la reina en vida de su padre y procurándolo él, habia contraido con el conde de Comenje, pero probó que se contrajo aquel matrimonio por fuerza y no legítimamente, siéndole el conde allegado en afinidad y parentesco y teniendo aun en aquel tiempo dos mujeres vivas, la una era Guillelma, hija de Arnaldo de la Barca, y la otra Beatriz hija del conde de Bigorra. Fué esta causa muy discutida, y por parte del rey se intentó de probar que el conde de Comenje le era cercano pariente en consanguinidad, para inducir que habia por aquella razon otra afinidad entre él y la reina, y pidiendo la reina que la determinacion deste pleito fuese remitido al papa, siéndole concedido, fué ella á Roma, y siendo el proceso examinado en público consistorio con grande consejo, porque constó, que la reina y el conde de Comenje eran parientes dentro de tercero y cuarto grado de consanguinidad y afinidad, que primero habia sido casado con la hija del conde Bigorra, de la cual no parecia ser apartado por determinacion de la Iglesia, de comun parecer y acuerdo de los cardenales, fué la reina dada por libre de lo que contra ella por parte del rey se habia intentado. Esta declaracion y sentencia dió el papa en el mes de enero de mil doscientos trece, por sus letras, amones

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tando, rogó y aconsejó al rey, que no tuviese por áspero haber determinado lo que convenia altdescargo y salud de su conciencia, y recibiese benignamente á la reina y como tal la tratase, mayormente habiéndole dado nuestro Señor hijo en ella y siendo tantemerosa y sierva de Dios, de lo cual se seguiria grande utilidad y bien á su reino, pues muchas veces por la voluntad divina acontecia, que por la mujer fiel se salvase el marido que no lo habia sido, y dudando que no quisiese obedecer su mandamiento, cometió á los obispos de Carcasona y Aviñon que le compeliesen á ello con eclesiásticas censuras, sin admitirle apelacion. Mas el rey usando de remedios jurídicos perseveraba en su porfía, y la reina se detuvo en Roma hasta ver lo que el papa disponia, y entre tanto sucedió la muerte del rey.

CAP. LXIII.- Del socorro que el rey hizo en persona al conde de Tolosa su cuñado contra el conde de Monforte y de su muerte.

Estaba por este tiempo muy divulgada la fama de la religion y vida de San Domingo primer instituidor de la órden de los frailes predicadores, que fué español, y nacido en el lugar de Caleruega de la diócesi de Osma, y señalóse mas su santidad y religion, porque fué gran perseguidor de los herejes, y su principal profesion era reducir debajo de la obediencia de nuestra santa nadre Iglesia, con su predicacion, á los que andaban fuera della, y estaban obstinados y ciegos en sus errores. En el principio de la predicacion deste santo varon, fué muy señalado el celo que tuvo de la honra de Dios, y su severidad y rigor cerca de la extirpacion de la herejía de los albigenses, que se habian comenzado á encender en el condado de Tolosa y en Carcasona y Albi, de donde se comenzaron á contaminar muchos pueblos y lugares de aquella tierra. Estos estaban en el error de los maniqueos y arrianos y ubaldenses y en otros abominables y muy torpes errores, y reprobaban el matrimonio, y tenian por justo y Santo que fuesen comunes las mujeres, y admitian otros ayuntamientos nefandos y contra naturaleza, y siendo declarados por herejes y enemigos de la Iglesia católica, declaróse la guerra contra ellos por el papa Inocencio, que envió sus legados á exhortar á los reyes, que volviesen por la honra de Dios y de su Iglesia, y considerasen el peligro grande, que de aquellos principios podia resultar á la cristiandad. y se ayuntasen para extirpar una tan nefaria y condenada herejía. Por esta causa fué primero enviado en el año de mil doscientos seis, un legado apostólico con don Diego obispo de Osma, y doce abades de la órden de Cister, para que procurasen de reducirlos á la union de la Iglesia católica romana, si pudiesen ser atraidos con amonestaciones caritativas, pero entre todos resplandecia la santidad y religion de aquel santo varon y gran siervo de Dios. Mas no bastó por su grande infidelidad y pertinacia á moverlos de su error, su santidad y doctrina,ántes comenzaron á defender su opinion con las armas, y publicóse contra ellos cruzada, y fué elegido por capitan del ejército de la Iglesia, de comun consentimiento de los legados apostólicos y de los barones y caballeros alemanes, franceses, ingleses, éitalianos, que á esta guerra habian con currido, Simon conde de Monforte, y porque desta guerra resultó la ida del rey de Aragon á defender la tierra de don Ramon conde de Tolosa su cuñado, referiré en

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suma lo que á esto procedió, segun se contiene en las historias de aquellos tiempos. Era el conde de Tolosa hijo del conde don Ramon el tercero, y de Costanza hija del rey Luis de Francia, y nieto del conde don Alonso Jordan conde de Tolosa y de San Gil, de quien se hace mencion en estos anales, y casó primera vez en vida de su padre con doña Beatriz hermana de Trencabello vizconde de Beses, y hubo della una hija, que casó con el rey don Sancho de Navarra el Encerrado, de la cual se apartó despues, y segunda vez casó el conde de Tolosa con Juana hermana de Ricardo rey de Inglaterra, que habia sido casada con Guillelmo rey de Sicilia, y della hubo á don Ramon, que fué el último conde de Tolosa, y tercera vez casó con la infanta doña Leonor, hermana del rey de Aragon. Mas como toda la guerra se moviese contra las tierras del conde de Tolosa, el rey de Aragon por el deudo que tenia con él y con su hijo, que estaba casado con otra

hermana suya, llamada la infanta doña Sancha, envió

á requerir y exhortar al conde Simon de Monforte, que no hiciese daño niguerra en la tierra de su cuñado, y aunque el conde era muy obligado al rey de Aragon, por haberle dado por contemplacion del papa la tierra del Carcases y Beses, con todo su señorío en feudo, y le habia hecho homenaje por él, no quiso cesar de hacer la guerra contra el conde de Tolosa, y el rey envió sobre ello sus embajadores al papa, y no pudiendo sufrir que se hiciese guerra en las tierras y estado que era de su hermana, mandó juntar sus huestes para ir á su socorro. El que mas largamente escribe lo que en esto pasó, es fray Bernardo Guido de la órden de los predicadores, inquisidor de la herética pravedad en el reino de Francia, en la historia que compuso de los pontífices, que se dedicó al papa Juan veinte y dos, aunque dél difieren mucho el arzobispo don Rodrigo y la historia del rey don Jaime. Este autor escribe , que en el año de mil doscientos y nueve el ejército de la Iglesia que se habia juntado contra los herejes de Albi, Tolosa y Carcasona, en las tierras que estaban sujetas al conde de Tolosa, lo primero que acometió fué la ciudad de Beses, á la cual se enviaron por órden y comision de los legados, ciertos religiosos que llevaban lista de los que estaban infamados y convencidos de aquel herror y herejía, para que, ó los echasen de la ciudad óse saliesen los católicos, y no lo queriendo cumplir, fué la ciudad entrada por combate, y murieron siete mil personas que perseveraron en su pertinacia, y los mas fueron presos en la iglesia de Santa Magdalena , y en el mismo dia de su festividad, adonde cuarenta y dos años ántes los vecinos de aquella ciudad habian muerto al vizconde Trencabello su señor con grande crueldad, y alevosamente hirieron al obispo que se puso en defenderle. Luego se rindió Carcasona, y salieron los vecinos della en camisa, y la ejecucion se hizo como en tal caso se requeria rigurosamente á fuego y á sangre. Entónces segun este autor escribe, se trató por los legados y barones que estaban en el ejército de la Iglesia, que el conde Simon de Monforte tuviese el gobierno de aquellos estados que iban ganando, y se lo dió cargo de general del ejército, y en el año siguiente de mil doscientos y diez se puso cerco á un castillo fortisimo llamado el castillo de Minerva: y despues de diversos combates y de grandes fatigas que allí padecieron, fué entrado y quemaron mas de ciento y cuarenta personas que persistieron en su obstinacion y no se quisieron reducir. En el año siguiente se ganaron

la ciudad de Albi y otros muchos lugares, de donde primero tuvo orígen esta pestilencia, y ántes que llegase la gente de guerra, se rindieron al conde, y siendo recibidos con gran misericordia, despues se rebelaran y fueron castigando como convenia, los principales con gran ejemplo. Entróse por fuerza de armas un lugar y castillo muy fuerte, que está en la diócesi de Tolosa , llamado Vauro, á donde fué ahorcado el capitan de la gente de guerra que en él estaba que era un caballero muy principal, llamado Aimerique, señor de Monreal y Lauriaco, y fueron degollados ochenta caballeros de los mas principales, y fué empozada y cubierta de piedras Geralda, que era señora de aquel castillo, y hermana de Aimerico, y fueron quemados mas de trescientos, y toda la otra gente fué admitida á la misericordia de la Iglesia , conforme á las condiciones con que se entregó el lugar. Desta manera fueron combatiendo y ganando muchos lugares y castillos de aquel condado, y se hizo guerra cruel contra el conde de Fox, y contra Roger Bernardo su hijo que favorecian al conde de Tolosa. Procedíase con muy riguroso castigo y estrago, no solamente contra los que eran culpados y convencidos del crímen desta herejía , pero generalmente el conde Simon de Monforte tentaba de ocupar todos los lugares de aquel estado con esperanza que habia de ser remunerado en él, en premio de lo que habia servido á la sede apostólica en esta guerra. En el año de mil doscientos y once por el mes de julio, el conde con el ejército de la Iglesia puso cerco contra la ciudad de Tolosa, estando dentro el conde y los condes de Fox y Comenje, y mucha gente muy principal, y despues de diversos reencuentros y escaramuzas se levantó el ejército y pasó ha hacer guerra en los lugares y castillos del conde de Fox. Vencida la batalla de Ubeda, entendiendo el rey de Aragon el daño y estrago grande que se hacia con color desta empresa que habia tomado el conde de Monforte en los lugares y tierras de Carcasona y Beses, que eran de su señorío, que fueron dados en feudo por el príncipe don Ramon Berenguer su abuelo y por el rey don Alonso su padre, y que no se ponia remedio en ello, puesto que muchas veces con grande instancia lo habia suplicado al papa, por lo que tocaba á su derecho, dejando aparte el deudo que con el conde tenia, se partió para allá, y estuvo en la ciudad de Tolosa en principio del mes de febrero del año de la Natividad de mil doscientos y trece. Fueron con el rey don Nuño Sanchez su primo, don Jimeno Cornel, don Garcia Romeu, don Guillen de Cervera, don Guillen Ramon de Moncada, senescal de Cataluña, don Guillen de Cervellon, don Guillen de Perexens y Berenguer de Peramola, pero no se detuvo mucho entónces, y volviose para Rosellon, y estuvo en Perpiñan, hasta veinte y seis de marzo, y de allí se entró en Cataluña, para ordenar de pasar en socorro del estado del conde de Tolosa, y estuvo en Lérida á veinte y dos del mes de mayo siguiente, y parece por memorias auténticas de aquellos tiempos, que estaba en Lascabarreá veinte y cinco del mes de agosto del mismo año, que fué poco ántes de la batalla. Allí se hallaron con él don Sancho de Antillon, don Blasco de Alagon, don Rodrigo de Lizana y don Guillen de Alcalá, y segun se colige, tenia repartidos sus ricos hombres y gente por diversos lugares que estaban en la obediencia del conde. Lo que fray Bernardo Guido escribe, que pasó despues, es, que teniendo el rey don Pedro ayuntado gran ejército de aragoneses y catalanes, y hallándose con él los condes de Tolosa, Fox y Comenje, y el pueblo de Tolosa, que todos eran, segun este autor afirma , hasta en número de cien mil hombres, un dia que fué martes á once de setiembre del año de mil, doscientos y trece movió de Tolosa el ejército, y fué á cercar el castillo llamado Maurel, que está en la ribera de la Garona junto de aquella ciudad, el cual habia mandado fortificar el conde Simon de Monforte, para tener en él gente de guarnicion contra la ciudad de Tolosa. Teniendo desto aviso el conde, partió para allá por mandado del legado en su socorro con la gente que pudo juntar , y con siete obispos y tres abades, y con ellos el santo varon Domingo, y otro dia siguiente, que fué miércoles, segun este autor refiere, se entró el conde Simon de Monforte dentro á vista del rey, y procurando aquelos prelados que el rey tuviese el respeto que tenia á la Iglesia, no quiso desistir de su propósito, sabiendo que aquellos condes estaban descomulgados con graves censuras, siendo fautores de los herejes, y otro dia jueves, determinó el conde de salir contra el rey, no teniendo consigo entre los caballeros y gente de caballo que se recogieron en el castillo , mas que ochocientos y hasta mil peones. El rey entónces salió al encuentro con su ejército, llevando ordenados sus escuadrones, y el conde y los suyos se ordenaron en

tres partes, y segun este autor escribe, movieron con

tanto ímpetu, que del primer encuentro echaron á los del rey del campo, y revolviendo para el escuadron, á donde el rey peleaba, porque conocieron sus estandartes, acometieron contra él tan bravamente, que fué allí el rey muerto, y muchos de los ricos hombres que con él iban de Aragon, y fueron allí los suyos vencidos; lo cual se acabó muy en breve, porque casi sin aguardar que se comenzase la batalla, los condes volvieron las espaldas y huyeron con grande infamia y vergüenza, con muchos que los siguieron, y otros se anegaron en el rio, y la mayor parte fué muerta en el alcance, que serian hasta veinte mil. Esto es lo que se refiere en aquella historia. El arzobispo don Rodrigo dice, que el rey con algunos pocos que pudo juntar de Aragon, y con mayor número de catalanes, y con los condes de Tolosa y Fox, y otros grandes de la Francia gótica, dió batalla á los franceses junto al castillo de Murel, y que el rey y los aragoneses, que fueron solos los que varonilmente persistieron en la batalla, quedaron muertos en el campo, y volvieron huyendo los condes de Tolosa y Fox con algunos catalanes; y que murieron allí con el rey de los ricos hombres de Aragon, Aznar Pardo, y Pedro Pardo, su hijo, don Gomez de Luna y don Miguel de Luesia, y muchos otros de los mas principales del reino de Aragon; y que el rey que siempre fué muy católico príncipe, no se movió á ir á esta guerra, por dar favor á los herejes, sino por la obligacion que tenia á defender al conde y amparar sus estados, Mas en la historia del rey don Jaime, se cuenta muy diferentemente, y por ser muy digno de memoria, conviene que se ponga en este lugar; porque de lo que escriben tan notables autores, mejor se pueda colegir la suma de la verdad. Allí se escribe, que teniendo el conde Simon de Monforte á Carcasona y Beses, y lo que habia ganado en el condado de Tolosa, trató de confederarse con el rey don Pedro, y pidióle, que le entregase al infante don Jaime su hijo, que era muy niño, ofreciendo, que le pondria en mejor custodia que otro y tendria cuidado dél ; y segun se contiene en una historia antigua de Cataluña, cuyo autor no se nombra, y fué de aquel tiempo del rey don Jaime, se

habían confederado, de tal manera, que cuando se en tregó el infante al conde de Monforte, fué para que le tuviese en su poder y casase con una hija suya, y le diese con ella todo el estado que habia conquistado en esta guerra. Estando el infante en su poder, los naturales de aquellos condados, tuvieron recurso al rey de Aragon, para persuadirle, que se hiciese señor de aquella tierra, pues estaba en su mano, si los quisiese tomará su poder debajo de su señorío; y como el rey era muy piadoso, ofrecióles, que los recibiria debajo de su amparo. Ellos con engañosas razones , lo que por una parte ofrecian de palabra, lo desviaban por la obra, y no le entregaban los castillos que se le habían de rendir con escusarse, que de sus personas, Y de ellos podria siempre hacer á su voluntad, y no guardaban lo que le prometian; y como sabian que el rey era demasiadamente dado á mujeres, entreteníanle con sus mujeres y hijas, las mas hermosas que habia, y por aquel camino, segun el rey su hijo decia, que lo entendió de don Guillen de Cervera y de don Arnao de Castelbo, y de don Dalmao de Crexel, le apartaban de su buen propósito, y hacíanle mudar á lo que ellos querian. Sucedió despues, segun se escribe en historia, que el conde de Monforte se puso en Murel con hasta mil de caballo, y el rey don Pedro fué sobre él, y púsose junto de aquel castillo, y estaban con el de Aragon, don Miguel de Luesia, don Blasco de Alagon, don Rodrigo de Lizana, don Ladron, don Gomez de Luna, don Miguel de Rada, don Guillen de Pueyo, don Aznar Pardo y otros caballeros de la casa del rey, de cuyos nombres se dice en aquella historia, que el rey don Jaime no se acordaba, mas de que referian los que se hallaron en la batalla, que si no fué don Gomez de Luna y don Miguel de Rada y don Aznar Pardo y algunos otros caballeros de la casa del rey, que murieron con él, los demás le desampararon y se salieron huyendo. De Cataluña refiere que se hallaron don Dalmao de Crexel, Ugo de Mataplana, Guillen Duerta, Bernardo de Castelbisbal, y que huyeron con los otros; y decia el rey don Jaime que supo por cierto que don Nuño Sanchez y don Guillen de Moncada, hijo de don Guillen Ramon de Moncada, y de doña Guillelma de Castelvell, que casó con la vizcondesa de Bearne, no estuvieron en la batalla,ántes enviaron un mensajero al rey, para que los esperase, y eligiendo el rey ántes el consejo mas acelerado que el seguro, estuvo muy firme y constante peleando como aquel que no pensaba ser vencido sino con la muerte, y ningun peligro dejaron de acometer él y aquellos ricos hombres que con él quedaban, cuanto se podia esperar del mayor esfuerzo y valor de sus corazones en aquella afrenta, y falleciendo á todos ellos las fuerzas, fueron muertos. Afírmase por cosa cierta en esta historia, en nombre del rey don Jaime, que ántes de la batalla, el conde Simon de Monforte se quiso poner en poder del rey su padre, para cumplir su mandamiento, y que no le quiso recibir, y entónces vista aquella determinacion del rey, el conde y los suyos recibieron el cuerpo de nuestro Señor, y se determinaron de morir en el campo, y salieron en un tropel muy cerrado, y los del rey no supieron ordenar su batalla, ni mover juntos, y acometia cada uno de los ricos hombres por sí, y fueron vencidos. Fué esta batalla un jueves á trece del mes de setiembre, Vigilia de la exaltacion de la Cruz, y entregóse el cuerpo del rey á los caballeros del Hospital; á cuya órden dió muchas villas y lugares, que le trujeron al monasterio de Jijena, á donde estaba enterrada la reina doña Sancha su madre. Fué este príncipe muy valeroso y de gran cortesía y mesura, y el primero de los reyes de Aragon, que mereció el renombre de Católico.

CAP. LXIV–Que los ricos hombres dejaron el señorio que tenian en feudo en las principales ciudades del reino, y se cometió la jurisdiccion al justicia de Aragon.

Hubo en tiempo deste príncipe gran mudanza en el estado del reino, perdiendo los ricos hombres la mayor parte de la preeminencia y jurisdiccion que tenian; la cual se fué adquiriendo á la jurisdiccion del justicia de Aragon. Esto fué, que por dejar los ricos hombres estados á sus sucesores por patrimonio y juro de heredad, perdiendo la preeminencia que tenian, siendo señores en todos los feudos que llamaba honores, y aunque aquellos se trocaban muy fácilmente, como al rey parecia; pero no se podian repartir sino entre ellos mismos, y despues de su muerte entre sus hijos y parientes mas cercanos, que sucedian de los primeros conquistadores; y eran los mas principales, y de mayor nobleza, á quien llamaron ricos hombres. Estos tenian el señorío en todas las principales ciudades y villas del reino, como se iban ganando de los infieles, y se repartian entre ellos las rentas, para que las distribuyesen entre los caballeros que ordinariamente se acaudillaban por los ricos hombres, y se llamaban sus vasallos, aunque estaba en su mano despedirse, y seguir al rico hombre que quisiesen; y aquel sueldo y beneficio militar que llevaba el caballero, del rico hombre, se llamó en Aragon honor. Por aquella órden ninguna cosa podia hacer el rey en paz, ni en guerra, que no fuese por acuerdo y consejo de sus ricos hombres; y aunque su principal jurisdiccion, era ser como capitanes de las ciudades, y villas que tenian en honor, y estos cargos se mudaban ordinariamente; pero tenia á su mano toda la caballería de su reino, y los caballeros con poder seguirá quien mejor les estuviese, eran mas estimados y favorecidos, y siempre era preferido el mas valeroso. Con esto estaban las cosas de la guerra muy en órden, y podian mas las armas; y los ricos hombres eran los principales en el consejo, y por quien se gobernaba todo, y llamarse señores en las principales ciudades del reino, tenia orígen de los tiempos antiguos en el imperio romano, que llamaban señores, no solamente á los mas ancianos, pero á los que eran mayores en señorío. Pero como lo de Cataluña, y lo que hoy se llama Aragon, se hubiese ganado de los moros, y la conquista se fuese estrechando por los reyes de Castilla, y por nuestras fronteras, atendian los ricos hombres mas á dejar estado á sus descendientes por patrimonio y juro de heredad, que á conservarse en la preeminencia que tuvieron sus antecesores en la paz y la guerra, y curaron poco de la jurisdiccion y señorío que tenian sus honores, porque aquello era mas administracion y cargo de gobierno, y procuraron de heredarse en las rentas que eran feudales, y de honor, para dejarlas perpetuamente á sus sucesores, y el rey tomóá su mano la jurisdiccion ordinaria y extraordinaria. Esto se introdujo desde el principio de su reinado, y cuando tomó los honores á su mano en las primeras cortes que tuvo en Daroca, para repartirlas entre los ricos hombres, como era costumbre, pareciendo que era mas autoridad de su jurisdiccion real quitarles el señorío que tenian en las principales ciudades del reino, que como está dicho, no era otro, que gobierno y de

justicia, repartió las mas de aquellas rentas entre los ricos hombres, y dióselas por juro de heredad; y de setecientas caballerías que habia en aquel tiempo en el reino, ó se dieron por el rey, ó se enagenaron y vendieron, que no quedaron sino ciento y treinta. Con esto, como los ricos hombres comenzaron á atender á lo particular, fueron perdiendo de su autoridad y preeminencia, y se fué cada dia mas fundando la jurisdiccion del justicia de Aragon, que en el tiempo de las guerras pasadas, y en la conquista de los moros, no podia tener tanta fuerza y autoridad como en tiempo de paz. Llamábanle entónces el justicia mayor, y nó de Aragon, y desde que era nombrado y proveido por el rey, no se acostumbraba revocar del cargo que tenia, sino por muy justa causa , ó culpa, que mereciese pena, y solia juzgar en presencia del rey, ó por órden suya, estando ausente, y para cualquiera sentencia definitiva ó interlocutoria, el rey y todos los demás barones (debajo de cuyo nombre se entendian los obispos, y los caudillos de los caballeros, que llamaban ricos hombres) que se hallaban en corte presentes, deliberaban sobre la tal sentencia en general, y declarábase lo que el rey y la mayor parte de los barones determinaban, para que el justicia mayor del reino lo pronunciase. Desta sentencia se podia apelar para el rey, y siendo por él determinado, ó por otro por su mandado, si el rey queria, podia haber recurso de aquella segunda sentencia á su persona real por via de suplicacion, y si era causa, que tocaba al rey, no habia de asistir al consejo. De manera que lo que quedaba á los ricos hombres era esta autoridad de ser, no solo del consejo del rey en todos los negocios que se ofrecian, pero principalmente todas las ciudades, y villas del reino, así mayores como menores, se les señalaban para el sueldo de los caballeros, que eran sus vasallos, y ellos nombraban en las ciudades los zalmedinas, que eran jueces ordinarios, y en las villas sus bailes, y cuanto se iba disminuyendo de las caballerías, iban perdiendo en su jurisdiccion, y llamaban entónces villas mayores á Calatayud, Daroca, Teruel, Ejea, Borja, Barbastro, Uncastillo. Despues desta ju– risdiccion real, que estaba fundada con esta órden, habia otra de grande autoridad, que era la del mayordomo del rey y del reino, que tenia en el consejo y juzgado, despues del rey el principal lugar, y podia conocer de todas las causas y querellas, así de los infanzones, como de los otros, salvo en ciertos casos del estado de los infanzones, que se reservaban al conocimiento del rey. Pero siempre el mayordomo, en lo que juzgaba, tomaba por su acompañado al justicia mayor del reino, ó otro juez de los que estaban puestos por el rey en las ciudades y villas reales, y tenia esta preeminencia, que en cualquiera ciudad óvilla, á donde se hallaba el mayordomo, habia de cesar el juicio y determinacion de las causas, si él lo mandaba. Conservóse en este reino mas que en otro de España, desde lo muy antiguo el nombre de infanzones, que señalaba nobleza de muy gran linaje, y tuvo principio del nombre de los infanzones, como escribe Vidal de Cañellas, obispo de Huesca, que fué el mas grave autor que hubo en todo este reino, en declarar sus leyes cuando se establecieron en tiempo del rey don Jaime el primero, que son las primeras que se hallan deste tiempo. Este autor, que es tan grave, escribe, que así como á los hijos de los reyes en su niñez y primeros años, era costumbre en España de llamar los infantes, y aun

que no alcanzasen la dignidad de rey, se quedaban con aquel nombre, y de allí se siguió que los que por razon de su orígen merecian ser reyes y no lo podian ser, no lo siendo, se llamasen infantes, como leemos de los de Lara y Carrion, que por ser del mas alto linaje que habia en Castilla y suceder de los reyes, los llamaron infantes, y por esta causa á los que sucedian de tales linajes y casas. afirma este autor, que por la costumbre de España llamaron infanzones, como descendientes de infantes, y corrompido el vocablo se dijeron ermunios, como libres y exentos de todo género de servicio, y despues quedó este nombre á todos los que gozaban desta franqueza, diferenciándolos de los que pechaban, que llamaron en este reino de signo servicio, y fueron despues en Aragon los infanzones el mismo estado y condicion de gente, que allá en Cataluña llamaron hombres de paraje y en el reino de Castilla y Leon hijos dalgo. Por este camino todo lo que se fué adquiriendo en particular por los ricos hombres, lo iban perdiendo los caballeros y la gente de guerra, con quien ellos eran obligados á repartir las rentas desus honores, que llamaban caballerías, y se fué cada dia mas fundando la jurisdiccion del justicia de Aragon, cuando mas se iban asentando las cosas del reino, y se sobreseía en las armas, y se tuvo aquel magistrado como muro y defensa contra toda opresion y fuerza , así de los reyes, como de los ricos hombres, que dieron autoridad y fuerzas á este magistrado, para impedir que no se hiciese violencia ni agravio ninguno. Porque como juzgaban, que los que podian suceder de allí adelante en el reino, no serian siempre tales, ni tan excelentes príncipes como los que se elegian con acuerdo y voluntad de todos, y temian, que con ambicion é insolencia quebrantarian todos sus fueros y costumbres, atendieron con suma diligencia á establecer y fundar ley, que tuviese perpétuamente vigor y fuerzas, y hablase con una misma voz, á quien obedeciesen todos generalmente sin eximir á ninguno, porque ni el uso de muy luengos siglos, que suele ser el enmendador y reformador de las leyes, pudiese derogarla, y ordenaron que este magistrado estuviese tan atado y constreñido á resistir á toda fuerza é injusticia, con remedios jurídicos y necesarios, que no le hallaron otro nombre mas conveniente que el de la misma justicia, porque fuese amparo y defensa de todos. Los que han tratado del orígen deste magistrado, le comparan á la tribunicia potestad de la república romana, y á los eforos del reino de Lacedemonia, porque tiene con ellos harta semejanza, y por su causa se refrena y modera el pueblo, y como en la guerra al capitan siempre se le representa que va á su riesgo y corre el mayor peligro, y los soldados no tienen tanta cuenta con lo que aventuran, de la misma manera el pueblo incitado y revuelto, faltándole caudillo, no considera los peligros, y lijeramente se arroja, y no solo no huye las ocasiones, pero busca las mayores dificultades ; mas estando debajo de maestro como de ayo, casi siempre es semejante al que le rige, y así los que instituyeron este magistrado, tuvieron gran cuenta con que no fuese sedicioso este oficio, como lo fué el de los tribunos del pueblo romano, que eran los caudillos de todas las revueltas y deliberaciones del pueblo, y se proveyó que el justicia de Aragon fuese caballero y se nombrase por el rey, y nó por votos ni ambicion popular, y fué tanto mas necesario remedio, cuanto eran en aquellos tiempos mas poderosos los ricos hombres, que no quedaron tan

contentos con lo que se les daba, que no lo pretendiesen todo, y así de aquí adelante los reyes tuvieron cuenta con hacer nuevos estados, y dar gran lugar á los caballeros que eran de su casa y sus privados, que por esta causa llamaron mesnaderos, á quien se dieron rentas, para que ellos las repartiesen entre los caballeros que les pareciesen, y se llamaron caballerías de mesnada; aunque esto fué con gran sentimiento de los ricos hombres, que pretendian que no se podian repartir sino entre ellos.

CAP. LXV.-De la diferencia que hubo entre la reina doña Maria y don Guillen de Mompeller su hermano, sobre el señorio de Mompeller.

La reina doña María mujer del rey don Pedro, en esta sazon estaba en Roma, á donde había ido por la causa del divorcio, y despues que tuvo sentencia en su favor, se detuvo por razon de un pleito que le habia movido Guillen de Mompeller su hermano, al cual hubo el señor de Mompeller en doña Inés hija de un rico hombre de Castilla, con la cual se casó, siendo viva su primera mujer, hija del emperador de Constantinopla, madre de la reina, y pretendia que debia suceder en el señorío de Mompeller á su padre por ser varon. Este pleito se trató ante el papa Inocencio, y la reina defendia su derecho, diciendo ser su hermano bastardo, nacido de matrimonio no legítimo, y así fué declarado por decretal del papa, por la cual fueron dados los hijos del señor de Mompeller y de doña Inés por bastardos y nacidos en adulterio. Eran los hijos del señor de Mompeller, Guillen de Mompeller y don Bernardo Guillen, y á don Bernardo Guillen dió el rey don Jaime gran estado en su reino, y le casó con doña Jusiana, hija de Ponce Ugo, hermano del conde de Ampurias, que por caute de la madre era del linaje de Entenza. Tuvo otro hijo el señor de Mompeller, que se crió en casa del rey don Pedro y se llamó Ramon de Mompeller, y creo que es éste el que en la historia del rey don Jaime se dice que le llamaban Tortoseta.

CAP. LXVI.-De la embajada que los ricos hombres de Aragon y Calaluña enviaron al papa y de la venida del legado apostólico á Cataluña y como fue jurado el infante por los catalanes y aragoneses en cortes.

Despues de la batalla, en la cual murió el rey don Pedro, don Nuño Sanchez y don Guillen de Moncada, don Guillen vizconde de Cardona, padre de don Ramon Folch, y los ricos hombres de Cataluña y Aragon, que allí se hallaron, comenzaron á acaudillar sus gentes, y hacer guerra al conde de Monforte desde Narbona y de otros lugares de aquella comarca, y de parte del reino de Aragon y Cataluña, enviaron á don Jimeno Cornel, á don Guillen de Cervera y al maestre del Temple, y á un caballero que se crió en la casa del rey don Pedro, á quien él habia hecho mucha merced, que se llamaba don Pedro Ahones, para suplicar al papa mandase les fuese entregado el infante, pues era su rey y señor natural, que al tiempo de la muerte del rey su padre estaba en Carcasona, á donde el conde Simon de Monforte le mandaba criar; y si el conde no le quisiese dar, don Pedro Ahones desafiase al conde, y le reptase de traidor en nombre de toda la tierra. Fué tambien enviado, segun el arzobispo don Rodrigo escribe al papa, para solicitar se entregase la persona del infante á los suyos, Hispan obispo de Albarracin, que en este hecho

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