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capitan, que dejase aquellos navíos y volviese la ropa á los mercaderes, pues los habia hallado en su puerto: diciendo que tambien lo debia hacer por su respeto y honor, hallándose él presente. A esto respondió Francés de Perellós, que aquellos eran enemigos del rey su señor, y los podia tomar de buena guerra: y que si el rey de Castilla se ensañaba mucho dello, él habia de dar cuenta al rey de Aragon su señor, y no á otro ninguno; y viendo el rey su descortesía, tornó á enviar con aquel caballero á requerirle que los dejase, diciendo que si no lo hacia, mandaria prender cuantos mercaderes catalanes habia en Sevilla, y que fuesen ocupados sus bienes y no lo quiso hacer y tomó las mercaderías que entendió que podia llevar en las galeras, y lo demás se lanzó en la mar á vista del rey, muy cerca de donde estaba y pasó mas adelante de Cádiz por el rio de Guadalquivir arriba bien cuatro leguas, robando lo que halló, y de allí prosiguió su viaje y llegando á la costa de Galicia hizo tambien daño en algunos puertos. Tuvo deste desacato é injuria el rey de Castilla como era razon, gran sentimiento y creyendo que aquel capitan lo hubiese hecho con órden y consentimiento del rey de Aragon, envió luego un su canciller á Sevilla, y mandó prender á todos los mercaderes catalanes que allí se hallaban, y secrestarles sus bienes y otro dia á gran furia partió para Sevilla, y mandó ponerlos en prision y venderles sus bienes. Refiere don Pero Lopez de Ayala en su historia, que los que eran privados del rey de Castilla, porque el rey hacia ménos cuenta dellos que solia, y por verle en necesidad, le agravaron mas este caso, exagerando que habia sido hecho en grande mengua y afrenta suya y que debía enviar á requerir al rey de Aragon, que le mandase entregar aquel caballero, para castigarle ó le desafiase y que el rey como era mancebo en edad de veinte y tres años, y de gran corazon, y muy guerrero, lo tuvo por muy buen consejo, y así❘ lo hizo y fué lo que se siguió á mayor culpa del rey de Castilla, y de los suyos. Porque como quiera que Francés de Perellós, aunque fuera un corsario, usó en lo que hizo de gran descortesía, teniendo tan poca reverencia y respeto á un rey tan poderoso, hallándose | presente no obstante esto, la prision que se mandó hacer de los mercaderes catalanes, y la ocupacion de sus bienes, pareció generalmente muy injusta, pues estaban debajo del seguro y salvaguarda real, y de la paz que habia entre los reyes y así por bien liviana causa, como el rey de Castilla estaba muy indignado contra el rey de Aragon, con esta ocasion rompió la guerra la cual es muy cierto que procuró entonces el rey evitar cuanto pudo, por estar muy revuelto en la que tenia con genoveses.

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CAP. II. Del requerimiento que se hizo al rey de parte del rey de Castilla, el cual le mandó desafiar.

Por mas justificarse el rey de Castilla, y dar á entender que le sobraban muchas razones para hacer la guerra al rey de Aragon, como contra declarado enemigo, envió un alcalde de su corte, que se decia Gil Velazquez de Segovia al rey, para que declarase muchas cosas, en que se habia mostrado contravenir á la paz que tenian, y haberle hecho obras de enemigo y que así con justa causa procedia á tomar satisfaccion y enmienda que se le debia. Este alcalde llegó á Barcelona á donde el rey estaba, dando órden en la expedicion de la armada que enviaba á Cerdeña y explicando públicamente su embajada, hizo un largo discurso de

las quejas que el rey de Castilla tenia del rey y dijo que despues que con él puso su amistad, para le ayudar y hacer obras de amigo, viéndose el rey de Castilla muy acosado de los suyos, por el grande levantamiento y alborozo que se hizo en su reino, por algunos grandes dél, y por algunas ciudades y villas, y habiendo gran hambre en toda la tierra, señaladamente en la Andalucía, de manera que llegaba la fanega de trigo á valer en ella á ciento y veinte maravedís; y habiendo ordenado la ciudad de Sevilla, y los lugares de la costa que se llevase provision por mar de pan, se armaron galeras en el señorío del rey de Aragon y fuéron á hacer guerra á los naturales del rey de Castilla; publicando que la hacian contra genoveses: y desbarataron la armada del rey de Castilla á la boca de Guadalquivir, y rescataron diversos navíos y gran número de prisioneros y por los grandes robos y daños que hacian estos corsarios, se fuéron á descargar mas de sesenta navíos cargados de trigo á Lisboa, y al reino de Portugal, que no osaron ir á Sevilla. Afirmaba que fué tan grande el daño que recibió el rey de Castilla por esta causa y su reino, que estuvo en punto de perderse la Andalucía, y murieron mas de cien mil personas de hambre. Otra queja era, que siendo Alcañiz y las encomiendas de la orden de Calatrava, sujetas al maestre de la orden, y reconociendo siempre á los maestres que fueron nombrados en Castilla por los reyes sus predecesores, y obedeciéndolos así como á sus maestres y superiores, siendo elegido por maestre don Diego García de Padilla, por mandamiento del rey de Castilla, y habiendo sido confirmada su eleccion, porque él tenia poder para ello, el rey de Aragon no le permitió que se apoderase de las encomiendas que su orden tenia en este reino y se habia dado la encomienda de Alcañiz à don Pedro Muñiz de Godoy, comendador de Caracuel, que no amaba el servicio del rey de Castilla, y se había venido para Aragon; y no quiso consentir que el maestre don Diego García de Padilla fuese obedecido por maestre en su reino, como los otros que hasta entonces lo habian sido, señaladamente, segun lo fué don Juan Nuñez de Prado su predecesor. Que lo mismo se habia hecho con don Fadrique su hermano, maestre de la orden de Santiago en la encomienda de Montalvan, y en todo lo que la orden tenia en estos reinos, que no consentia hacerle el reconocimiento y obediencia que se acostumbraba, como á maestre y superior. Despues vino á referir este alcalde que Gonzalo Mejía, comendador mayor de Castilla, y Gomez Carrilio, habian hecho grandes levantamientos y alborozos contra el rey su señor, alzándose con sus castillos, y hurtándolos y llevando moros á su reino, y robando con ellos lo que hallaban y poniendo fuego en su tierra: y que Peralonso de Aljofrin y el obispo de Sigüenza, le alteraron la ciudad de Toledo, y se alzaron con ella, siendo Peralonso su oficial y vasallo y teniendo las llaves de la una puerta de la ciudad, acogió por ella al conde don Enrique y al maestre den Fadrique su hermano, que andaban como entonces se decia, desnaturados del rey, y á Pedro Estevanez, quien el rey habia dado por traidor: y le hicieron guerra en sus reinos y le robaron el tesoro que tenia en aquella ciudad, que era mas de veinte cuentos: y que todos se acogieron al reino de Aragon, y el rey no los quiso echar de su tierra, aunque fué requerido. Tras esto, exajeró el caso que cometió Francés de Perellós, capitan de sus galeras: concluyendo, que el rey le mandase entregar al capi

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tan, porque se hiciese dél justicia y á los caballeros | Zacosta, baile general de Cataluña, hubo muy gran

de diversidad en los pareceres : porque algunos decian, que el rey enviase una muy principal embajada, para que se satisfaciese al rey de Castilla, de manera, que con honra del rey cesase la guerra: pero otros hubo que decian, que aquella carta del rey de Castilia era desafio, y que seria grande mengua y deshonor del rey de enviar semejante mensajería y que por ventura el rey de Castilla no la querria aceptar, porque era príncipe de gran soberbia: mayormente, que antes que el desafio se presentase al rey, habia mandado hacer la guerra por las fronteras del reino de Murcia y por las de Molina y así siguió el rey su parecer y aceptó el de

CAP. III. Como se comenzó la guerra entre los reyes de
Castilla y Aragon.

Ántes del desafío, es cierto, que el rey de Castilla mandó armar ciertas galeras, y las envió para que hiciesen guerra en las costas del reino de Valencia y á las islas de Iviza y Mallorca y Menorca, y segun se refiere en la historia que compuso don Pedro Lopez de Ayala, que trata largamente destos hechos, fué preso por los capitanes del rey de Aragon un caballero del reino de Castilla, que decian Gomez Perez de Por

sus naturales, que habian cometido grandes delitos contra él: señaladamente aquel Peralonso de Aljofrin, que le habia de dar cuenta de grandes sumas de dineros que por él habia cobrado. Respondió a estas demandas el rey muy justificadamente, como aquel que entendia, que no era buena sazon esta de romper la guerra contra el rey de Castilla: y dijo, que se nombrasen los capitanes y galeras, que se decia habian hecho guerra en las costas de la Andalucía, estando él en Cerdeña, que por ventura serian algunos que habian armado en sus reinos contra genoveses, con quien él tenia guerra: porque él estaba aparejado de mandar castigar á los malhechores, como era obligado,safío, y respondió al rey de Castilla que no le tuviese por satisfacer al rey, con quien estaba en buena paz de allí adelante por amigo. y segun la concordia que entre ellos habia. Cuanto á lo de las encomiendas de la orden de Calatrava, respondió, que los comendadores y frailes de Calatrava, que estaban en Alcañiz, pretendían, que segun su orden, habian elegido en Maestre á don Fernandez y que lo podian hacer, segun Dios y su regla, porque los comendadores y frailes que estaban en Castilla estaban descomulgados y que aquellos eran negocios de bienes eclesiásticos, cuyo conocimiento pertenecia al papa: y que sobre ellos pendia el pleito en la curia romana entre los comendadores y el maestre: y que en ello no se podia él entremeter con buena conciencia y así, porras, que despues fué prior de San Juan y se dió por el parte del rey, no se ponia al maestre embarazo ninguno, no embargante, que como segun la costumbre antigua se debiese prestar fidelidad y homenaje, por los castillos que tenía la orden, el gobernador habia tomado las fuerzas á su mano, hasta que se prestase el juramento de fidelidad. En lo que tocaba á Gonzalo Mejía y á Gomez Carrillo, el rey respondió, que segun la concordia que entre ellos habia, los mandaria salir de sus reinos: y cuanto al obispo de Sigüenza, que no le podia prender por ser persona eclesiástica y que á Peralonso de Aljofrin, él lo mandaria prender y entregar al rey de Castilla, segun las convenciones que entre ellos habia, si pudiese ser ballado en sus reinos. Finalmente, en lo que tocaba al caso que cometió Francés de Perellós, el rey se justificaba, diciendo que le pesaba, que ningun caballero su natural hubiese dado ocasion de deservir y ofender al rey de Castilla, y que aquel capitan no estaba en sus reinos, pero viniendo, le oiria y mandaria hacer justicia de manera, que el rey de Castilla se tuviese por contento. Pero no se satisfaciendo el alcalde de sus respuestas, dijo, que pues así era, que el rey no cumplia con lo que era obligado á la paz y amistad que tenia con el rey su señor, que de allí adelante no podria escusar de no sentirse dello, ni dejar de satisfacer á sí mismo, en tal manera, que se entendiese, que hacia sobre ello lo que debia. Con esto se despidió el alcalde, y otro dia mandó el rey salir de su corte á Gonzalo Mejía, y á Gomez Carrillo y se fuéron á Francia: y volvió el rey de Castilla á enviar con un mensajero suyo una carta al rey, en la cual se repetian las mismas quejas y al fin della le desafiaba, diciendo, que pusiese otro amigo en su lugar y de allí adelante no lo tuviese por amigo: porque queria volver en aquellas cosas por sí mismo como á su honor con venia. Esta carta recibió el rey, estando en Perpiñan á cuatro del mes de setiembre y comunicada con los de su consejo, que eran, don Pedro de Fenollet, vizconde de Illa, don Bernardo de Cabrera, don Bernardo de So, Mateo Mercer, Ferrer de Manresa, Berenguer Dolms, Jaime de Ezfar, Pedro

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maestre de Montesa, que estaba preso en Castilla. Comenzóse la guerra á gran furia por el reino de Murcia y por las fronteras de Castilla, contra el reino de Valencia y contra el de Aragon, mandando secrestar los bienes á todos los mercaderes que estaban en aquellos reinos, antes de ser publicada la guerra y don Diego García de Padilla, maestre de Calatrava, con las buestes de Murcia, entró en el reino de Valencia y combatió á Chinosa y Montnover y los ganaron por fuerza de armas y talaron y quemaron todos sus términos. Tambien los de Requena, con sus pendones tendidos y con formado ejército, combatieron el lugar de Sieteaguas, que es del reino de Valencia, y los de Molina entraron en Aragon, corriendo y talando los lugares y aldeas de Daroca y quemaron dos que se dicen, Ojosnegres y Blancas y otros lugares de aquella comarca, y corrieron el campo de Gallocanta, que está en la frontera de Molina y el término de Fuset y toda aquella tierra, que está poblada de diversas aldeas de Calatayud. Luego que el rey tuvo noticia del furioso rompimiento de la guerra y que se habia pregonado en todos los reinos y señoríos de Castilla á fuego y á sangre, nombró sus principales capitanes para la defensa de la frontera de Aragon, que fueron el conde don Lope de Luna, don Blasco de Alagon, don Pedro de Luna, don Juan Martinez de Luna, don Pedro Fernandez señor de Ijar, Jordan Perez de Urries, regente el oficio de la gobernacion: y porque Jordan Perez era caballero mancebo y de poca experiencia, proveyó el rey que se comunicasen y dispusiesen las cosas de la guerra con consejo de Miguel Perez Zapata, que era caballero muy anciano y de gran uso en las cosas de guerra, y de mucha prudencia, y con el parecer de Juan Lopez de Sese, justicia de Aragon, y de don Miguel de Gurrea, y de Pedro Jordan de Urries, baile general, y de don Lope de Gurrea, camarero mayor del rey, y de Lope de Gurrea, señor de Gurrea. Nombró tambien por capitanes generales del reiño de Valencia á don Alonso, conde de Denia su primo, allende del rio Jucar, y á don Pedro de Ejerica desta parte, y fué cargando la

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