Imágenes de página
PDF

los que siendo descomulgados, hubiesen intervenido en los oficios divinos, ó hubiesen violado á Sabiendas el entredicho, y recibido órdenes, y ministrado con ellas, de tal manera, que con seguridad de sus conciencias pudiesen quedar con sus dignidades y beneficios. Para esta relajacion y dispensacion se habia de dar comision á quien el papa ordenase, que fuese prelado en estos reinos, para que con autoridad de la Iglesia mas brevemente se efectuase. Tambien se ofreció por parte del rey Carlos, que procuraria, que la sede apostólica recibiese en su clemencia y buena gracia al rey de Aragon, y al infante don Fadrique, y á la reina su madre, y á todos sus fautores y secuaces, y les perdonaria las ofensas y daños que dellos habian recibido, y que se entregarian al rey los privilegios é instrumentos de las donaciones y concesiones que se habian hecho por la sede apostólica en favor del rey Filipo de Francia, y de Carlos su hijo, de los reinos y señoríos de Aragon y Valencia, y del condado de Barcelona. El rey de Aragon por otra parte habia de mandar restituir al rey Carlos, á Luis, Roberto y Ramon Berenguer sus hijos, y á todos los que estaban en rehenes, y los prisioneros de cualquiera condicion que fuesen, que estuviesen en sus reinos de España, ó en la isla de Sicilia. Con esto quedaba ácargo del rey Carlos que procuraria con la sede apostólica, que admitiese á todos los sicilianos y naturales del reino, y de las islas adyacentes, que públicamente habian servido en las guerras pasadas contra la Iglesia, y que se enviaria nuncio especial á la isla de Sicilia, para que quitase el entredicho, y absolviese á los que estaban ligados con sentencia de excomunion y suspension, por razon ó causa de aquella guerra, y lo mismo se concediese á los que habian por ella incurrido en pena de irregularidad, exceptuando algunos prelados y personas eclesiásticas señaladas, que el papa tuviese por bien de exceptuar por sus notables excesos. Concordóse, que los que estaban desterrados del reino y de la isla de Sicilia, fuesen restituidos desta manera, que aquellos que fueron echados ántes de la guerra de sus estados y tierras, si habian por cualquiera via vuelto á ellos, fuesen amparados, y si despues que se movió la guerrafhabian sido públicos valedores del rey de Aragon, y habian entrado en la sucesion de sus estados ó tierras, y heredamientos, que tenian ántes de su destierro, y en esta sazon los poseian, quedasen con ellos, como ántes los tenian, y no los perjudicasen las ofensas por los cuales habian sido desterrados, hora fuesen cometidas en tiempo del emperador Federico ó de Manfredo ó Conradino, ántes fuesen perdonados , y si algunos dellos no quisiesen quedar en la isla de Sicilia ó en el reino, pudiesen vender sus estados y tierras, y heredamientos, ó dejarlos á quien por bien tuviesen. Solamente se exceptuó que en caso que despues de las vistas, que se tuvieron últimamente entre estos príncipes entre el collado de Panizas y Junquera, á donde se habia puesto la tregua, que aun duraba, hubiese algunos dellos desterrados que hubiesen ocupado algunas fuerzas ó castillos ó otros bienes, no pudiesen por causa desta concordia retenerlos. Absolvia, y daba por libre el rey Carlos al rey de Aragon de los treinta mil marcos de plata , que su hermano el rey don Alonso habia recibido, y por otra parte el rey de Aragon daba por libre y quito al rey Carlos y al rey de Inglaterra, y á las otras personas de la Proenza, que se habían obligado al rey don Alonso, por ra

zon de la deliberacion que se hizo de la persona del rey Carlos, cuando le sacaron de la prision, porque habian prometido, que volveria á ella. Quedó acordado, que hubiese buena y firme paz entre el rey de Aragon y el rey de Francia, y Carlos su hermano, por sí y sus descendientes y valedores, y volviesen sus vasallos á su primer comercio, como usaban dél ántes que se rompiese la guerra. Pero por parte de los embajadores del rey de Aragon fué exceptuado y prostestado que en caso que algunos ricos hombres y caballeros de sus reinos y tierras fuésen á servir y “ayudará los enemigos del rey de Francia, ó de Carlos su hermano, por esta causa no se pudiese decir ni pretender, que el rey de Aragon, venia contra lo tratado desta paz, porque afirmaba el rey, que era costumbre de España general, que él ni los otros príncipes della no podian prohibir á los ricos hombres y caballeros, que no saliesen de sus reinos, á servir á quien quisiesen, pero cuando en él fuése, ofregia que lo prohibiria y castigaria á los que lo contrario hiciesen, como mejor pudiese, segun la costumbre de la tierra. Allende de estas condiciones, el rey Carlos habia de procurar que se absolviesen y quitasen cualesquier homenajes y obligaciones y sacramentos, que se hubiesen hecho por los naturales del rey de Aragon, al rey Filipo de Francia y á Carlos su hijo, ó á otras cualesquiera personas, por causa ó razon de las donaciones, ó concesiones que se habian hecho por la Iglesia, y que las donaciones y agenaciones que se hallase haber hecho el rey Filipo, ó su hijo en estos reinos, á cualesquiera persona, se revocasen y fuesen inválidas y de ningun momento, y el rey de Aragon y sus valedores quedasen libres de cualquiera demanda que se intentase, por razon de las expensas y gastos que el rey Filipo de Francia, y Carlos su hermano, ó el rey su padre hubiesen hecho, por ocasion de la ejecucion de la sentencia, que fué dada por la sede apostólica, en tiempo del papa Martin, contra el rey don Pedro, sobre la deposicion y privacion de sus reinos. Cuanto á lo que tocaba á la restitucion que se pretendia, se debia hacer del reino de Mallorca , y de las islas de lbiza y Menorca, al rey don Jaime, no se concluyó cosa alguna, porque los embajadores del rey de Aragon dijeron, que no llevaban poder para tratar desto; pero el papa habia tratado y movido tal plática, que se dió esperanza que se efectuaria la concordia. Para mayor cautela Bartolomé de Capua protonotario y maestre racional del rey Carlos, juró en ánima del rey su señor, por su mandado, y los embajadores de Aragon en la del rey, en virtud del poder que tenian, hicieron el mismo juramento, en privado consistorio del papa á cinco dias del mes de junio deste año, en que prometian de guardar y cumplir lo capitulado. Mas no embargante que los embajadores del rey de Aragon se escusaron de entender y asistir en lo que tocaba á la concordia, se habia de tratar con el rey de Mallorca, que los de Francia afirmaban, que no era la intencion del rey su señor, que el rey de Mallorca quedase despojado de su reino, porque desde el principio de la guerra, él y el rey Filipo su padre, habian tomado á su cargo de ampararle y defenderle, y porque el tratado de la paz no se impidiese, el papa ordenó los medios de la concordia, y los propuso á veinte y dos del mes de junio deste año, y tomó á su cargo de tratar con el rey de Aragon el negocio de la restitucion, que se debia de hacer

al rey de Mallorca su tio, y las condiciones fueron estas. El rey de Aragon habia de restituir al rey don Jaime su tio el reino de Mallorca, y las islas adyacentes, con los lugares y castillos que le habian sido ocupados desde el principio de la guerra, y habia de ser entregado en la posesion de todo ello, de la misma manera que él lo poseyó y tuvo, de tal suerte, que por esta razon no se adquiriese mas derecho por el rey de Aragon, ni le perdiese del que ántes tenia. Quedó exceptuado, que los moros que habian sido echados por mandado del rey de Aragon, ó por sus oficiales de la isla de Menorca no volviesen á ella, y los que fuesen sospechosos de los antiguos habitadores al rey de Mallorca , por razon de las guerras pasadas, se echasen hasta en cierto número , que se habia de arbitrar y moderar por el legado apostólico, con facultad que pudiesen vender las posesiones y heredamientos, para lo cual se habia de señalar cierto término. Tambien se concordó que las donaciones que se babian hecho por el rey don Alonso ó por el rey don Jaime su hermano, ó por sus lugartenientes y ministros en aquellas islas, fuesen de ningun momento. Declaróse, que como quiera que por la sentencia que fué promulgada contra el rey don Pedro por la Iglesia, fueron absueltos todos los de su servicio del sacramento de fidelidad y homenaje, á que le eran obligados, y ahora el rey de Aragon por beneficio de restitucion se restituia en todo el derecho que por la misma sentencia se le habia quitado, y las cosas volvian al primer estado; los reyes de Aragon y Mallorca en la restitucion de aquel reino é islas, se hiciesen el uno al otro el reconocimiento, y prestasen las firmezas y homenajes, segun el modo y forma que se contenian en el instrumento público de la concordia y condiciones asentadas entre el mismo rey de Mallorca y el rey don Pedro su hermano, y fuesen restituidos los lugares y castillos que despues de haberse principiado la guerra se habian ocupado por el rey de Mallorca, ó los suyos de la corona de Aragon y Cataluña, ó de sus vasallos y valedores. Estas condiciones puso el papa al rey de Aragon, exhortándole, que atendido, que eran conformes á derecho y equidad, y de la concordia se seguia general tranquilidad y paz en la cristiandad, por evitar los daños y escándalos que se podian seguir por reverencia de la sede apostólica y suya las firmase y cumpliese, como confiaba de su magnánimo y real corazon. El rey que habia deliberado de renunciar el reino de Sicilia por amor de la paz y union de la Iglesia, fácilmente por contemplacion del papa y por el propincuo deudo que tenia con el rey de Mallorca, condescendió en la restitucion de las islas, y comenzó luego á ordenar, como se pudiese poner en ejecucion , dando equivalencia á los barones y caballeros, á quien él y el rey don Alonso su hermano habian heredado por medio y provision de don Guillen de Moncada señor de Fraga, que era en aquella sazon procurador general por el rey de Aragon en la isla de Mallorca. Quedó proveido que se enviase por legado á los confines de Cataluña para el cumplimiento de esta concordia, Guillermo cardenal de san Clemente, que el autor de la historia general de Aragon, llama Guillen de Ferreras; y á veinte y siete del mes de junio ratificó el papa esta paz con su bula. Tres dias ántes en el dia de san Juan Bautista dió el papa por sueltos y libres los homenajes Y juramentos que el rey y el infante don Pedro su hermano y los ricos hombres de Aragon habian hecho, Para que el matrimonio que se habia concertado entre

el rey y la infanta doña Isabel, hija del rey don Sancho ;

de Castilla se cumpliese, y atendido que eran parientes en tercer grado, lo dió por disuelto, y declaró ser contraido contra derecho y ser inválido. Esto fué en lo público, lo que se declaró de las condiciones de la paz, pero en lo secreto se añadió, que el rey de Aragon renunciase el derecho del reino de Sicilia, por las islas de Cerdeña y Córcega, de las cuales el papa le habia de hacer donacion. Entre los reyes de Francia y Aragon tambien hubo otra inteligencia secreta, y por ella se concordaron, que no permitiesen estar en sus reinos á ninguno de los barones ó caballeros que se saliesen de sus tierras, y ofreció el rey de Aragon al de Francia, que para la guerra que le habia movido el rey de lnglaterra le enviaria en su socorro cuarenta galeras armadas con su almirante y con sus capitanes bien en órden, con esta condicion, que el rey de Francia pagase por el sueldo de la tercera parte del año, cuarenta mil libras de moneda de torneses, y si las quisiese tener en su servicio por otros dos meses, lo pudiese hacer, pagando treinta mil, y á la misma razon todo el tiempo que las tuviese. Declarábase, que en cada galera fuésen diez marineros y otros tantos proheres y treinta ballesteros y de otra gente armada, de manera que en cada galera fuesen ciento y ochenta soldados, compensando el número segun las galeras fuesen mayores ó menores. Las villas y castillos que se ganasen en esta guerra por la gente de la armada, habian de ser del rey de Francia, y las presas y sacos de los bienes muebles que se hubiesen en la maró en isla se habian de partir por medio entre ambos reyes, y exceptuóse que en caso que el almirante del rey de Aragon prendiese al rey de Inglaterra , en ausencia del de Francia, quedase prisionero del almirante del rey de Aragon. Todo lo que se ganase en tierra firme habia de ser del rey de Francia, y dello se habia de partir con los que anduviesen á corso, y se hubiesen hallado en la presa, segun era costumbre. Quedó asentado, que el rey de Francia hiciese saber al rey de Castilla como á su valedor, la conclusion desta paz, y le exhortase y requiriese, que él por su parte la mandase guardar, y Si lo rehusase de hacer el rey de Francia no fuese en su ayuda, si emprendiese de mover guerra al rey de Aragon, y que las fortalezas que se hubiesen nuevamente labrado, despues que se rompió la guerra por el rey de Francia ó los suyos, se mandasen derribar. Habian los nuestros en la guerra pasada, desamparado el val de Aran, y habíanse apoderado dél los franceses, y tenian en guarnicion los castillos, y tratando que se restituyesen, no se concordaron los embajadores destos príncipes, y dióse un medio por el papa, que se cometiese al legado, para que recibiese informacion de como se habia desamparado y ocupado aquel valle, y constando por la informacion que habia sido ocupado despues del rompimiento de la guerra, fuese restituido al rey de Aragon, reservando su derecho al rey de Francia, y en caso que la probanza fuese dudosa, y no constase haberle desamparado los nuestros, se restitu. yese la posesion al rey de Francia , reservando el derecho al rey de Aragon sobre la propiedad. En esto consintieron los embajadores, con tal condicion, que la posesion del valle se secrestase, y pusiese en poder del papa, ó del legado, ó de otra persona en nombre de la Iglesia, y el papa procuró, que se entregase al cardenal. Sobre los medios destas paces, como en cosa que tanto importaba á la corona de Aragon, mandó el rey

juntar cortes en Barcelona; para que se confirmasen,

y segun se afirmó, se aprobaron en ellas, puesto que algunos entendian, que el rey habia sido engañado, y seguia mal consejo, porque dejaba lo que tenia, que era cosa tan importante, por recibir de otro lo que se le pronetia, y se habia de conquistar por las armas. Mas si por el suceso se hubiese de juzgar, parece haber sido el rey de Aragon el que ménos se pudo llamará engaño, pues dejaba el reino de Sicilia en poder de su hermano, y de gente tan enemiga de la casa y nacion de Francia, y acrecentaba en su corona el reino de Cerdeña, que ambas cosas se poseyeron y poseen por sus sucesores, hasta nuestros tiempos. Desta manera se fueron concordando las diferencias y guerras que entre estos príncipes habian durado tanto tiempo , y esperábase universalmente una muy cierta y perpetua paz, porque todos estaban muy fatigados y cansados de las guerras pasadas, mas por otra, parte se suscitaron nuevas causas y ocasiones de no ménos cruel y sangrienta guerra, por la restitucion de la isla de Sicilia, y lo que fué mas de doler, "entre nuestra misma nacion.

CAr. XI–De la embajada que el rey envió á la reina doña Maria de Castilla, sobre la separacion del matrimonio, que se habia tratado con la infanta doña Isabel su hija.

Concluida que fué la paz entre estos príncipes, como se ha referido estando el rey don Jaime en Barcelona por el mes de agosto deste año, envió á la reina de Castilla un religioso de la órden de los frailes menores, llamado fray Domingo de Jaca, y á Simon de Azor, para que le notificasen, que como quiera que en las paces que con el rey don Sancho su marido habia firmado, se concertó el matrimonio entre él y la infanta doña Isabel su hija, con esperanza que el papa vendria en ellos, y se les concederia la dispensacion, no se habia podido conseguir por él, ni por el rey de Castilla, ántes el papa Celestino, habia prohibido que se efectuase, declarando ser ningunas las obligaciones que por él se habian hecho, y le amonestó sobre la separacion del matrimonio. Por estas causas y por obedecerá los mandamientos apostólicos, y por procurar lo que tocaba al bien y pacífico estado de sus reinos, decia el rey, que no podia sino desatar el matrimonio. Estos embajadores en presencia del rey don Fernando su hijo, revocaron la concordia y condiciones della, y pidieron en nombre del rey que quedasen libres las rehenes y castillos que se habian entregado en Aragon en tercería, en nombre de la infanta doña Isabel, con condicion, que en caso que el matrimonio no se efectuase, fuésen suyos, y esto se pidió en nombre del rey, pues no quedaba por su parte que aquello no se cumpliese. Eran los castillos que se habian puesto en tercería, en el reino de Aragon por esta causa, el de Borja, Somet, Hariza, Uncastillo, Rueda y Daroca, y habíanse entregado á don Lope Ferrench de Luna, para que los tuviese por la infanta doña Isabel, y tambien el castillo de Verdejo, que se entregó con la misma condicion á Diego Perez de Escoron. En caso que no se diesen por libres estos castillos pedian los embajadores que la reina mandase entregar al rey de Aragon, los que en su nombre se habian puesto en tercería en sus reinos, debajo de homenaje por conservacion de su decreto, y los que tenian estos castillos eran don Juan Alonso de Haro, que tenia los castillos de Cervera, Alfaro y Agreda, Garci Lopez de Saavedra, el castillo de Atienza, Tel Gutierrez el castillo de Arcos, Rodrigo Martinez de Guadalajara, el castillo de Hita,

Sancho Diaz de Bustamante, el castillo de Cartagena, Nicolás Perez de Murcia, el castillo de Alicante, Pedro Ruiz de San Ciprian Orihuela y Juan Fernandez de Bañares el castillo de Montagudo. Juntamente con esto tratando el rey de se irá ver con el rey Carlos, que venia con el legado á Rosellon, para que se solemnizasen las bodas con doña Blanca, como estaba tratado, desde Figueras en principio del mes de octubre deste año, envió á mandar al obispo de Lérida, y á don Rui Jimenez de Luna, y á don Atho de Foces y á don Lope Ferrench de Luna, que desde Tortosa acompañasen á la infanta doña Isabel hasta Daroca, para que de allí se llevase á Castilla, pero despues el rey deliberó de sobreseer en ella hasta su venida al reino de Aragon.

CAP. XII.-De lo que pasó el papa Bonifacio con el infante don Fadrique, al tiempo que se declaró y capituló la paz.

Luego que fué el papa Bonifacio promovido al pontificado, el infante don Fadrique envióá Manfredo Lanza, y á Roger de Jeremía, para que de su parte significasen que ninguna cosa deseaba mas que ser recibido por obediente hijo de la Iglesia como católico prín. cipe, y que la misma voluntad tenia que el rey su hermano, de estar debajo del amparo y buena gracia de la sede apostólica, porque el papa ántes de ser elegido al pontificado, le habia enviado á rogar que se fuése á ver con él á Iscla, por cosas que sumamente concernian á su honra y provecho. Sucediendo luego la eleccion, envió el infante destos embajadores para congratularle de su promocion y pedirle le notificase su voluntad, y el papa por el mes de marzo pasado le envió con Bernardo de Camerino á pedir muy encarecidamente, que se fuése á ver con él, y llevase consigo áJuan de Proxita y al almirante Roger de Lauria, y envióles salvo conducto para que el infante y estos barones y otros del reino de Sicilia con poder bastante fuésen á tratar de la paz con promesa, que seria para grande honor y acrecentamiento del infante. Mas los Sicilianos que estaban muy atentos á todos estos tratados, procuraron de estorbar esta ida, señaladamente los regidores de la ciudad de Palermo, y escribieron una muy discreta carta con diversas razones que inducian á que el infante no se confiase tan lijeramente, pero entendiendo que el rey su hermano holgaba dello, quiso obedecer el mandamiento del papa por entender lo que se movia en aquellas pláticas, y en las largas promesas que se hacian, y partió con las galeras de Sicilia muy bien acompañado. Salió el papa á la playa romana á cierto lugar, á donde habian de ser las vistas, y deteniéndose el infante creyendo que no iria, partióse el papa de allí, y dende á pocos dias salió el infante en tierra muy acompañado de los suyos, y alcanzó al papa á cuatro millas de Velitre que iba á Anania, y allí en el campo recibió al infante con grandes muestras de benevolencia y con gran alegría, quedande espantado de su gentil disposicion y gran lozanía, y de su seso y prudencia siendo tan mozo, y de la excelente apostura de su persona, en que se aventajaba entre todos los otros, y como iba el infante vestido de algunas piezas de arnés, le dijo el papa, como condoliéndose dél, que era la causa que casi desde su niñez se aficionaba tanto á las armas, y volviéndose para el almirante que estaba junto, le preguntó si era él aquel tan cruel adversario y enemigo de la Iglesia que habia quitado la vida á tanta multitud de gentes, y el almirante sin mucha ceremonia le respondió: padre santo, ello es hecho á grande cargo y culpa de vuestros predecesores y vuestra. Acabadas estas y otras pláticas, el papa se desvió solo con el infante á un lugar apartado, y estuvieron mas de una hora juntos, y por mandado del papa el infante llamó á aquellos principales de su consejo, que iban con él, y entónces el papa les dijo así: señores sicilianos, vosotros sois mis vasallos porque la isla de Sicilia es del directo dominio de la Iglesia, y de lo que hicistes, yo os tengo por legítimamente escusados en parte, porque segun yo entónces dije al rey Carlos, yo no me maravillaba de lo que los sicilianos hicieron, sino porque no lo hicieron ántes. Despues elegistes por vuestros señores á éstos, volviendo la cabeza al infante, que ni lo son, ni lo pueden ser, ni lo deben ser, porque el reino es de la Iglesia. Pero el señor don Jaime me ha rogado por sus embajadores que yo proveyese en lo que toca al buen estado de la isla y vuestro, y esto haré yo de muy buena voluntad, y no ejecutaré en vosotros justicia ni parte ninguna de rigor ó severidad, pero usaré de clemencia y misericordia, y pondré vuestras cosas en toda seguridad de manera, que ni vosotros ni vuestros sucesores puedan temerse jamás. Partiéndose despues destas palabras el infante del papa, dejó por sus embajadores á Juan de Proxita, y á Manfredo Lanza, para que tratasen de los medios que el papa propuso, y en su presencia en público declaró el papa, que la paz se habia firmado y concluido entre el rey Carlos y don Jaime de Aragon, y don Fadrique su hermano y la Iglesia, con voluntad del rey de Francia, señalando que habia de restituirse la isla de Sicilia. Lo que se trató con aquellos embajadores del infante don Fadrique fué, que el papa y el rey Carlos prometieron al infante, porque cediese el derecho que pretendia en la isla de Sicilia, de casarle con madama Catalina, hija de Filipo y nieta de Balduino, postrer emperador de Constantinopla, de la casa de Francia, sobrina del rey Carlos el segundo, y que pretendia ser sucesora legítima en el imperio de Romanía, ofreciéndole que con sus tesoros y gente de guerra podria sojuzgar aquel imperio, porque algunos años ántes habia muerto el emperador Paleólogo, y habia sucedido en su lugar en el imperio de Constantinopla Andrónico su hijo, que no mostraba tener aquella aficion á la union de la Iglesia como su padre, y prometian el papa y el rey Carlos al infante don Fadrique, para ayudar á la conquista del imperio ciento y treinta mil onzas de oro en cuatro años. Volviendo el infante para Sicilia, estando con su armada en Iscla , vinieron allí don Gilabert de Cruillas y Guillen Durfort, que eran idos de parte del rey de Aragon á entender en la paz, para persuadirle á ella, y estando en Melazo el infante con la reina Su madre, llegaron Juan de Proxita y Manfredo Lanza con la promesa de aquel matrimonio y el infante era muy contento de aceptar el partido, si se cumplira lo que se le prometia, con esta voluntad volvió á la isla de Sicilia, quedando concertados, que dentro de cierto término se le respondiese por los que eran parte, que aquel matrimonio se hiciese, y no se le envió la respuesta y aquello no se efectuó, áñtes aquella princesa casó despues con Cárlos de Valois, hermano del rey de Francia, muerta su primera mujer, y hubieron una hija que tambien se llamó Catalina, que casó con Filipo hijo del rey Carlos, que fué príncie de Taranto. Pero el papa, concluida la paz, y siendo aceptada por los príncipes á veinte y tres del

mes de junio, envióá la isla de Sicilia dos religiosos de la orden de los frailes menores, que el uno era fray Leonardo ministro provincial de Romanía, y fray Alaman de Balneoregio, para que exhortasen á los pueblos y estados de aquella isla, que saliesen de las tinieblas y miseria en que estaban fuera de la obediencia de la Iglesia , y para que suspendiesen las sentencias de entredicho, que estaba promulgado en aquel reino , y las de excomunion hasta la fiesta de la Natividad del año siguiente, porque en este medio se habia de cumplir lo mas sustancial de la concordia, y el papa decia, que habia de tomará su mano la isla de Sicilia , para gobernarla, y mandar reformar los abusos que se habian introducido ántes de su rebelion, y por sus letras amonestaba el papa á los sicilianos, que atendido, que con grande benignidad y clemencia los admitia la Iglesia, desistiesen de cualquiera novedad, que pudiese estorbar aquella paz tan universal, y para ganar mejor la gracia de la sede apostólica socorriesen con algun número competente de galeras, para la guarda y defensa del reino de Chipre, que tenia grande necesidad de ser socorrido contra los infieles, porque se habia nombrado por almirante de aquella armada Roger de Lauria. Mas no pudieran ser recibidos los tranceses peor, si fueran á la conquista de aquella isla, que lo fueron cstos religiosos, los cuales arribaron con una galera á Melazo,á donde el infante estaba, y por ser el lugar pequeño y estar á la marina se pudieron escapar del furor del pueblo.

CAP. XIII—De la embajada que los sicilianos enviaron al rey sobre la conclusion de la paz.

Con la nueva de ser firmada la paz entre el rey de Aragon y la Iglesia y el rey Carlos, los sicilianos que tenian aborrecido el yugo y dominio francés por lo último de todas sus miserias y trabajos, juntaron parlamento general del reino y deliberaron de enviar sus embajadores al rey de Aragon para que tuviese por bien de revocar ó reformar aquella concordia, que era segun decian, para él muy afrentosa y para ellos muy perjudicial, y se encaminase de manera que aquella isla no saliese de su dominio ni de sus sucesores. Pedian, si así lo determinase de cumplir, como lo habia diversas veces prometido cuando en los años pasados se trataba de la paz, y habia ofrecido que nunca permitiria que saliese aquel reino de su corona, para mayor sosiego de sus ánimos, que estaban por esta causa muy alterados, hiciese pleito homenaje y prometiese en pública corte que nunca dividiria de su corona la isla de Sicilia con las islas á ella adyacentes, y que lo mismo jurasen el infante don Pedro su hermano y cincuenta de los mas principales barones de Aragon y Cataluña Valencia, y los síndicos de las ciudades de Zaragoza, y Valencia y Lérida, y que se obligasen de no hacer guerra por esta causa contra los sicilianos. Procuraban tambien, que el rey les enviase uno de los hijos del rey Carlos y la mitad de las rehenes que estaban en Cataluña, para que estuviesen en su poder dentro de la isla, hasta que la paz se concluyese con voluntad de las partes, quedando la isla de Sicilia en la corona de Aragon. Querian que los castillos y fuerzas de la isla que estaban en poder de los alcaides del rey, se entregasen á personas naturales del reino, para en caso que el rey determinase desamparar la isla estuviesen por ellos, y que hasta que la paz se concordase, quedando el rey con aquel reino, se suspendiese el matrimonio que se habia tratado entre él y la hija del rey Carlos, y que los ricos hombres y caballeros aragoneses y catalanes que tenian estados en aquella isla, prestasen juramento á los sicilianos, que en caso que la paz se hubiese concluido como se publicaba, dejando el rey de Aragon á la Iglesia la isla si quisiesen quedar en ella, fuesen libres de la fidelidad y naturaleza que debian al rey, y pudiesen procurar el bien y libertad de aquella tierra siendo moradores della, y si quisiesen volverse á su patria dejasen las villas y castillos que allá tenian. Los embajadores fueron Gualterio de Fisaula, Pedro de Filosofo de Palermo, Santoro Bisala, Cataldo Ruso y Gualterio Bonifacio de Mecina.

CAP. XIV–Que el rey Carlos y el cardenal de San Clemente legado apostólico vinieron con la reina doña Blanca y salió el rey á recibirla y se celebraron sus bodas en Villabeltran, y del requerimiento que hicieron al rey los embajadores de la isla de Sicilia.

El rey Carlos y el cardenal de San Clemente, con diversos señores napolitanos y de la Proenza, y grande acompañamiento de caballeros que venian en su corte, trujeron á la infanta doña Blanca, de la villa de Mompeller á Perpiñan. Antes que allí llegasen el rey con el infante don Pedro su hermano y con grande corte de los ricos hombres y caballeros de Aragon y Cataluña, era partido de Barcelona para Girona, de donde envióá Bernardo de Sarriá su tesorero y de su consejo y muy privado, á Perpiñan, con poderes para confirmar y ratificar las condiciones de la paz y el matrimonio, y de allí pasó el rey á Figueras, y llevaba consigo á los hijos del rey Carlos y á los caballeros que con ellos se habian puesto en rehenes para entregarlos. El rey Carlos y el legado con la infanta vinieron á Peralada, y el rey de Aragon con su corte se aposentó en Peralada y Cabañas, y en el monasterio de San Feliu, y fué deliberado que las bodas se celebrasen en Villabeltran. En este medio falleció el legado en Perpiñan y murió en muy breves dias, y fué enterrado en el monasterio de los frailes menores de aquella villa, y el papa cometió á los arzobispos de Ambrún y Alerat las veces del legado. Tambien en el mismo tiempo, segun escribe el autor de la historia general de Aragon, adoleció el rey en llegando á Girona y en todo este intérvalo los embajadores del rey de Sicilia siguieron al rey hasta Peralada, y él los habia entretenido con buenas palabras, cerca de lo que por parte de la isla de Sicilia se le requeria, sobre la renunciacion que se afirmaba que habia de hacer de aquel reino, y sucedió así que un sábado á veinte y nueve de octubre deste año, estando en Villabeltran en la mayor fiesta de las bodas, les dió la final respuesta y dijo, que en el tratado de la paz él dejaba y cedia la isla y reino de Sicilia y Calabria á la Iglesia romana y al rey Carlos su suegro, renunciando todo el derecho que en aquellos estados tenia. Desto se turbaron tanto, como si oyeran sentencia de muerte, y delante de gran muchedumbre de ricos hombres y caballeros dijeron, que atendido que el rey los desamparaba tan inhumanamente, ellos en nombre de todos los sicilianos se eximian del señorío y naturaleza que le debian y se reputaban ser legítimamente libres y exentos y absueltos de cualquiera sacramento de fidelidad y homenaje que le hubiesen prestado, por el cual hasta entónces le fuesen obligados como á señor natural, y protestaron, que por el mismo caso les fuese lícito de elegir y buscar rey y señor á su voluntad y alvedrío, segun les conviniese, y

TOMO IV.

requirieron con grande instancia, que las fortalezas y castillos que estaban en poder de los alcaides que el rey habia puesto, se les entregasen, para que ellos pudiesen proveer en su buena custodia y defensa y se volviesen al estado en que estaban, cuando recibieron por su rey y señor al rey don Pedro su padre. Esta protestacion les fué por el rey admitida, y della se testificaron instrumentos públicos. Aquel mismo dia Cataldo Ruso, uno de los embajadores, que era elocuente en su lengua, movió con grandes exclamaciones y lágrimas á mucha piedad á los que estaban presentes, diciendo ante todos, que revolviesen en su memoria, sijamás se oyó, que un rey hubiese dejado á los mas fieles vasallos que tenia, en manos y poder de sus enemigos, y continuó su plática, diciendo así. Para que se sacó y libró por nosotros aquel reino del poder y servidumbre del tirano y se ha defendido por tan luengo tiempo de su yugo, si despues de le haber cobrado, le desamparamos y siendo dos los vencedores desde entónces, tan gloriosamente defendida nuestra patria, nos hará mas daño y estrago nuestra buena fortuna, que pudo hacer la contraria, cuando estábamos sin caudillo en punto de ser perdidos? Que nos prestan tantas victorias alcanzadas de nuestros enemigos por mar y por tierra, con grande alabanza de la nacion catalana y nuestra y haber ganado toda Calabria y sojuzgado la mayor parte de Basilicata y conquistado tan grande de Pulla, si tras todos estos sucesos habíamos de llamará los franceses, gente soberbia y cruel, para ponerlos en nuestras casas en la posesion primera de sus abominaciones y torpezas, para que perpetuamente por todas vias venguen la sangre de los suyos, de que están aun las paredes teñidas? No parecerá verdaderamente ínclito príncipe á los que despues vinieren que dejaste la posesion de un reino tan abundante y rico siendo vencedor, sino que siendo vencido la perdiste, ó que tuviste tan contrario el cielo, que tal imaginacion puso en tu pensamiento y se verá manifiestamente, que á la postre los franceses con su perseverancia y porfía, han cobrado lo que catalanes y sicilianos en tanta prosperidad y conformidad no han podido sustentar, ni defender. Si con tanta prosperidad no te persuades á llevar adelante tan buena fortuna y no la sigues, teniéndola tan probada, quieres tentar nuevo camino, disminuyendo y menoscabando tu corona y estado, teniendo tan conformadas y ordenadas las cosas de aquel reino y tan fundadas con tantas victorias, que parece que aunque se conspiren sus natu

"rales, no se puede ya trasferir en ageno y extraño se

ñorío. Cuán iéjos os veo serenísimo príncipe de imitar lo que de uno de los antiguos reyes de Sicilia se refiere, que solia decir que aquél habia de dejar el reino que le traian ya arrastrando, y no el que estaba á caballo con la lanza y escudo en las manos, significando, que no se debe dejar de reinar hasta la postrera fortuna, y que mientras está un príncipe en su libertad, no desista de proseguir su derecho en el reino. Pero no sigamos ejemplos tiránicos é injustos, téngase cuenta con la igualdad y justicia , y estemos á derecho en lo que nos persuade la razon. ¿Tuvo Carlos mas fundamento y causa de ocupar con las armas el reino de Sicilia y Pulla, Capua y Calabria, que los sicilianos de salir de su yugo y opresion , tomando por rey al que mas derecho tenia, y le competia desde los primeros conquistadores, y de aquellos que le ganaron de los infieles? () por ventura el papa Nicolao tercio tuvo ménos poder de concederle al invictísimo rey don Pedro, que Clemen

[ocr errors]
« AnteriorContinuar »