Obras de d. Francisco de Quevedo Villegas ...

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J. Ibarra, impresor de Cámara de S.M., 1772
 

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Página 107 - No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice, nunca se ha de decir lo que se siente?
Página 67 - Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía. Salíme al campo ; vi que el sol bebía los arroyos del hielo desatados ; y del monte quejosos los ganados, que con sombras hurtó su luz al día. Entré en mi casa ; vi que, amancillada, de anciana habitación era despojos ; mi báculo más corvo y menos fuerte. Vencida de la edad sentí mi espada, y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo...
Página 110 - Baco el camino los brindis mal seguros. El rostro macilento, el cuerpo flaco, eran recuerdo del trabajo honroso, y honra y provecho andaban en un saco. Pudo sin miedo un español velloso llamar a los tudescos "bacanales", y al holandés "hereje y alevoso".
Página 263 - Pues que da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero es don Dinero. Son sus padres principales, y es de nobles descendiente, porque en las venas de Oriente todas las sangres son reales; y pues es quien hace iguales al duque y al ganadero, poderoso caballero es don Dinero.
Página 107 - ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Hoy sin miedo que libre escandalice, puede hablar el ingenio, asegurado de que mayor poder le atemorice. En otros siglos pudo ser pecado severo estudio y la verdad desnuda, y romper el silencio el bien hablado.
Página 413 - Dos maravedís de luna alumbraban a la tierra, que por ser yo el que nacía, no quiso que un cuarto fuera. Nací tarde, porque el sol tuvo de verme vergüenza, en una noche templada entre clara y entre yema. Un miércoles con un martes tuvieron grande revuelta, sobre que ninguno quiso que en sus términos naciera.
Página 343 - Bermejazo platero de las cumbres, a cuya luz se espulga la canalla: la ninfa Dafne, que se afufa y calla, si la quieres gozar, paga y no alumbres.
Página 225 - No me aflige morir: no he rehusado acabar de vivir, ni he pretendido halagar esta muerte, que ha nacido a un tiempo con la vida y el cuidado.
Página 482 - Fortunilla, Fortunilla, cotorrerica de fama, pues con todos los nacidos te echas y te levantas; bestia de noria, que, ciega, con los arcaduces andas, y en vaciándolos, los llenas y en llenándolos, los vacias...
Página 49 - Un godo, que una cueva en la montaña guardó, pudo cobrar las dos Castillas; del Betis y Genil las dos orillas, los herederos de tan grande hazaña. A Navarra te dio justicia y maña, y un casamiento, en Aragón, las sillas con que a Sicilia y Ñapóles humillas, ya quien Milán espléndida acompaña.

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