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eiada curiosidad; pero yo no me curo, porque la tengo por buena y necesaria.

Marcio. ¿Luégo ésta es la causa que os mueve á señalar los acentos como haceis? Ya.ldÉs. Esta mesma.

Mabcio. Pues yo os certifico que esta de los acentos es una de las principales con que yo venía armado contra vos; y paréceme lo que sobre esto decís tan bien, que no puedo dejar de aprobarlo, aunque hasta aquí me parecia cosa bien demasiada.

YaldÉs. Huélgome de haberos satisfecho ántes que me lo preguntásedes.

Marcio. Y ¿querríades que todos usasen este señalar de acentos en el escribir?

ValdÉs. Sí querría, á lo ménos los que escriben libros de importancia, y los que escriben cartas familiares á personas que no son naturales de Castilla, porque á poca costa les enseñarían cómo han de leer lo que les escriben.

Marcio. ¿Teneis alguna regla cierta para esto de los acentos?

ValdÉs. Ninguna tengo que salga siempre verdadera. Es bien verdad que por la mayor parte los verbos que tienen el acento en la última, son de terceras personas, ó de pretérito, como amó, ó de futuro, como enseñará.

Marcio. ¿Habeis notado alguna otra regla que pertenezca al acento?

ValdÉs. Ninguna, porque ya sabeis que las lenguas vulgares de ninguna manera se pueden reducir á reglas de tal suerte que por ellas se pueda aprender; y siendo la castellana mezclada de tantas otras, podeis pensar si puede ser ninguno bastante á reducirla á reglas ; y porque me habeis preguntado de la gramática, y pertenece tambien á ella saber juntar el pronombre con el nombre, quiero que sepais que la lengua castellana siempre quiere el pronombre delante del nombre, si no es cuando el nombre está en vocativo, que entónces el pronombre sigue al nombre; dé manera que, hablando bien, habeis de decir mi señor y mi señora, mi padre y mi madre, cuando está en nominativo; pero si estos nombres están en vocativo, habeis de decir señor mio y señora mia, padre mio y madre mia. Mas quiero sepais que si estando estos nombres en vocativo poneis ántes el pronombre que el nombre, haceis que la cortesía sea mucho menor; y de aquí es que hay muy gran diferencia en escribir á una dama señora mía ó mi señora, porque luégo que de industria os apartais del propio estilo de la lengua en que hablais ó escribís, mostrais tener por inferior á la persona que hablais ó á quien escribís.

Mabcio. ¿Teneis que esa regla sea siempre verdadera?

ValdÉs. Yo por tal la osaría vender; bien puede ser que tenga alguna excepcion, de que yo no me acuerde.

Torres. Mirad cómo hablais, porque excepcion, pues yo no lo entiendo, no es vocablo puro castellano.

ValdÉs. Teneis razon; pero pues me haceis hablar en esta materia, en que no he visto cómo otros castellanos han hablado, es menester que sufrais me aproveche de los vocablos que más á propósito me parecerán, obligándome yo á declararos los que no entendiéredes; y así digo que tener excepcion una regla, es tener algunas cosas que salen de aquella órden que la regla pone.

Torres. Ya lo entiendo, y soy contento á sufriros el uso destos vocablos; pero con la condicion que decís.

ValdÉs. Tambien pertenece á la gramática el saber juntar el pronombre con el verbo, en lo cual veo un cierto uso, no sé de dónde sea nacido, y es que muchos dicen poneldo, envialdo, porque el poned y enviad es el verbo, y el lo es pronombre (1). No sé qué sea la causa por que lo mezclan

(1) Esta figura de diccion, llamada metátesis ó transposicion, se desta manera. Yo, aunque todo se puede decir sin condenar ni reprehender nada, todavía tengo por mejor que el verbo vaya por sí y el pronombre por sí; y por esto digo Al mozo malo, ponedle la mesa y enciadlo al mandado. La mesma razon hay en decir ayudarte por ayudaráte; yo siempre digo Ayúdate, y ayudaráte Dios, Lo mesmo es sacarte ó sacar áte, como diciendo Cria cuervo, y sacar ate el ojo.

Torres. ¿Qué me mandaréis, y diré que con lo que habeis dicho estoy ya un poco aficionado á la gramática y me va ya pareciendo bien?

ValdÉs. ¿Qué? Lo que dicen las viejas en mi tierra: Un corre verás, y otro que te hallarás, porque veais en cuánto tengo que os parezca mal ó bien.

Torres. Vos me habeis respondido como yo merecia; proseguid adelante.

ValdÉs. No tengo más que proseguir, ni vosotros os podréis quejar que no os he dicho hartas gramatiquerías.

Marcio. No, que no nos quejamos de lo dicho; pero quejarémonos si no nos decís más.

ValdÉs. Quejáos cuanto quisiéredes, que á mí no se me ofrece otra cosa que deciros.

Marcio. Segun eso, ¿no debeis de haber leido el arte de la gramática castellana, que diz que compuso nuestro Antonio de Lebrija para las damas de la serenísima reina doña Isabel, de inmortal memoria?

ValdÉs. Así es verdad, que no lo he leido.

Marcio. ¿Por qué?

ValdÉs. Porque nunca pensé tener necesidad dél, y porque nunca lo he oido alabar. Y en esto podeis ver cómo fué recebido, y cómo era provechoso, que segun entiendo, no fué imprimido más de una vez.

comete siempre que se altera el orden de las letras que componen una palabra. Hoy se usa en algunas, como cantinela y cantilena; pero en lo antiguo era muy frecuente, como se observa en los autores de obras de otras épocas, y sobre todo en los refranes.

Torres. No importa; basta lo dicho cuanto á lo que pertenece á la gramática: mejor haréis en demandarle lo que pertenece al poner en los vocablos más unas letras que otras.

ValdÉs. ¿De qué os reís?

Marcio. Riome de ver cuán contra vuestra voluntad os hacemos hablar en estas niñerías, y huélgome de considerar la paciencia con que las tratais.

ValdÉs. Dejad hacer, que áun algun día yo me reiré de vosotros, ó mal mandarán las manos.

Marcio. A vuestro placer: siempre me precié de tomar fiado; agora me decid: ¿porqué unas veces escribís a con h y otras sin ella?

ValdÉs. Por hacer diferencia de cuándo es verbo ó cuándo preposicion; y así, siempre que es verbo, lo escribo con h, y digo Quien buen vecino, buen maitino, y tambien Quien asnos /ta perdido, cencerros se le antojan; y cuando es preposicion escríbola sin h, diciendo A buen callar llaman Sancho, y tambien A carne de lobo, salsa de perro, y A perro viejo, no cuz cuz; pero muy mejor veréis la diferencia que hay en el escribir a sin h ó con ella, en este refran: Quien lengua há, á Roma va; y para que veais mejor lo que importa escribir a sin aspiracion ó con ella, mirad este refran, que dice Quien no aventura, no gana, el cual algunos no entienden por hallar escrita la primera a ó el aventura con aspiracion, porque piensan ser razon que quiere decir: quien no tiene ventura, no gana, en lo cual ya veis vosotros el engaño que reciben.

Torres. Esto está bien dicho; pero ¿cómo hará quien no sabe conocer cuándo es verbo ó cuándo es preposicion?

ValdÉs. Si no sabe latin, tendrá alguna dificultad, aunque no mucha si tiene un poco de discrecion; si sabe latin, no terná ninguna, porque él mesmo se lo enseñará. Bien es

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verdad que hay algunos que aunque saben latín, son tan descuidados en el escribhyque ninguna diferencia hacen en escribir de una manera ó de otra; y todavía es mi opinion que la ignorancia de la lengua latina que en los tiempos pasados ha habido en España, ha sido muy principal causa para la negligencia que habemos tenido en escribir bien la lengua castellana (1).

Mabcio. Sin falta debe ser así; mas he notado en nuestras cartas que en algunos vocablos poneis a al principio y otras no, diciendo cevadado y acevadado, sentado y asentado , dónde y adónde, llegado y allegado, ruga y arruga, vezado y avezado (2).

ValdÉs. Si habeis mirado en ello, hallaréis que pongo a cuando el vocablo que precede acaba en consonante, y no la pongo cuando acaba en vocal; y así diciendo este refran, la pongo, diciendo Haz lo que tu amo te manda, y siéntate con él á la mesa, y no asiéntate. Tambien éste El abad, de donde canta, de allí yanta, y no de adonde; pero si no precede vocal, veréis que siempre pongo la a, como aquí:

(1) Ésta es una gran verdad, hoy quizás más cierta que en la época en que era enunciada por el autor. Cuando se conoce bien el latín, y se leen y estudian nuestros buenos hablistas castellanos, se observa que casi todas sus principales bellezas de diccion son hijas, sabiéndolo ellos 6 ignorándolo, de la lengua latina. La libertad que campea en su lenguaje, su armonía y rotundidad, y los licencias que osan, no son generalmente otra cosa que traslaciones ó imitaciones en castellano, de lo que era propio y peculiar del latín. Al contrario, la esclavitud del moderno castellano, su falta de vigor y de armonía, provienen indudablemente en gran parte de la sustitucion que se ha hecho en nuestros tiempos del frances por el latín.

(2) Cuando se añade la letra a á ciertas palabras, se comete la fi<t n- .i de diccion, llamada prótesis por los gramáticos. Antiguamente so usaba con más frecuencia que ahora, áun entre personas cultas. El nao,/it* et norma loqvendi, como dice Horacio, la sostiene en ciertas voces, habiéndola desterrado de otras, y hasta ha hecho variar por este apéndice inicial el significado de algunas.

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