Las veladas de San Petersburgo: o coloquios sobre el gobierno temporal de la providencia

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Imprenta de La Esperanza, á cargo de Antonio Perez Dubrull, 1863 - 454 páginas
 

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Página 71 - Es ladrón, es cruel, el desenvuelto de costumbres; pero lo es de una manera distinta que nosotros. Para ser criminales nosotros nos sobreponemos a nuestra naturaleza; el salvaje la sigue, tiene el deseo del crimen y no sus remordimientos. Mientras que el hijo mata a su padre para eximirle de las molestias de la vejez, la mujer destruye en su propio seno el fruto de sus brutales amores para libertarse de las fatigas de la lactancia. Arranca los sangrientos cabellos de su enemigo vivo todavía; lo...
Página 39 - Al despertar al día siguiente, piensa en cosas completamente distintas de lo que ha hecho la víspera. ¿Es un hombre? Sí: Dios le recibe en sus templos y le permite orar. No es criminal; y eso, no obstante, ninguna lengua se per. mite jamás decir que es virtuoso, honrado, amable, etcétera. Ningún elogio moral puede convenirle, porque todos suponen relaciones con los hombres y él no las tiene.
Página 221 - For general ideas come not into the mind by sensation or reflection, but are the creatures or inventions of the understanding, as I think I have shown...
Página 70 - ... para coger el fruto, desunce el buey que los misioneros acaban de entregarle, y lo guisa, sirviéndole de leña la madera del arado; desde hace más de tres siglos nos contempla sin haber querido tomar nada de nosotros, excepto la pólvora para matar a sus semejantes, y el aguardiente para matarse a sí mismo; no ha imaginado jamás el fabricar estas cosas; descansa en nuestra avaricia, que no le faltará jamás. Así como las substancias más abyectas y violentas son, sin embargo, suceptibles...
Página 70 - ... su alma, sino hasta en la forma exterior de su cuerpo. Es un niño deforme, robusto y feroz, en quien la llama de la inteligencia no arroja sino una luz pálida e intermitente. Una mano terrible que pesa sobre esas razas sacrificadas borra en ellas los dos caracteres distintivos de nuestra grandeza: la previsión y la perfectibilidad. El salvaje corta el árbol para coger el fruto, desunce el buey que los misioneros acaban de entregarle, y lo guisa, sirviéndole de leña la madera del arado;...
Página 235 - ¡Qué de argumentos podrán aducirse para probar que la soberanía viene del pueblo! Sin embargo no hay nada de eso. La soberanía siempre se toma, jamás se da, y otra teoría bien fundada demuestra que esto debe ser así".
Página 55 - Juan Jacobo Rousseau, dice, uno de los sofistas más peligrosos de su siglo, y, sin embargo, el más destituido de verdadera ciencia, de sagacidad y, sobre todo, de profundidad, con una profundidad aparente, que está toda en las palabras...
Página 94 - No hay tal vez un solo hombre verdaderamente religioso en Europa (hablo de la clase instruida) que no espere en este momento algo extraordinario: ahora bien, decidme, señores, ¿creéis que este acuerdo de todos los hombres pueda ser menospreciado?".
Página 70 - ... lo puso en razón, diciéndole con entereza religiosa, que no estaba sin escrúpulo de la fuerza que se hizo a los de Zempoala, porque se compadecían mal la violencia y el Evangelio; y aquello en la sustancia era derribar los altares, y dejar los ídolos en el corazón, y que la empresa de reducir aquellas gentes pedía más tiempo y más suavidad, porque no era buen camino para darles a conocer su engaño malquistar con torcedores la verdad.
Página 95 - La cuestión del origen de las ideas es la misma que la del origen de la palabra; porque el pensamiento y la palabra son dos magníficos sinónimos".

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