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á los plenipotenciarios reunidos en Verona (12 de setiembre, 1822), en la cual pedia por conclusion, que el primer paso por ahora fuese el de restablecer las cosas en el estado que tenian el 9 de marzo de 1820. Después, decia, por disposicion de VV. MM. y con su intervencion, será oida la voz verdadera de la nacion. Y por último pedia alguna fuerza armada, por si la necesitaba para auxiliar sus providencias. Ya ántes habia enviado la misma Regencia, á la cual ciertamente no se podria lachar de inactiva, comisionados á cada una de las córtes de la Santa Alianza, los cuales fueron recibidos por la de Rusia con muestras de cordialidad y simpatías: y en cuanto á la de Francia, baste decir que consiguió negociar un empréstito de ocho millones de francos, siendo el primer negociador el conocido y célebre Mr. Ouvrard. Pero sus diputados no fueron admitidos en las conferencias de Verona.

A pesar de la enemiga con que los gobiernos de la Santa Alianza miraban las libertades españolas, ni los aliados, ni el ministro mismo de Francia Mr. de Villéle estaban por que se declarase la guerra á España. Austria y Prusia no la querian. Villéle en sus instrucciones sobre el asunto, se limitaba á decir: «No

del rey fue en 1.° de Junio (4832), tonio.—Las otras fueron de enero

dirigida a! marqués de Mataflo- y marzo de 23, como veremos

rida por conducto de don José Vi- mas adelante.—Papeles de la

llar Frontin, secretario de las Regencia, Legajo núm. S5. encomiendas del Infante don An

»estamos resueltos á declarar á España la guerra.... »La opinion de nuestros plenipotenciarios sobre la •cuestion de saber lo que conviene hacer al Congre»so respecto de España, será que siendo la Francia »Ia única potencia qne debe operar con sus tropas, • tambien será la sola que juzgue de la necesidad de tal medida (,).» Pero declaráronse partidarios de la guerra, primeramente el conde de Montmorency, revolucionario en su juventud, y en su edad madura celosísimo monárquico; y después el vizconde de Chateaubriand, hombre de florido ingénio como literato y escritor, no del más sólido criterio como político, que en su poética imaginacion veia en la guerra de España una buena ocasion de adquirir las glorias militares de que carecia y necesitaba el blanco pendon de los Borbones. Esta idea le habia preocupado mucho tiempo hacia, y de haberla acariciado y trabajado hasta realizarla hace él alarde en sus escritos, como de cosa de que habia de resultarle gloria y fama póstuma.

Y aunque él queria hacer de Fernando un rey tolerante, templado y prudente, tál como las circunstancias del siglo y del mundo, y las especiales del pueblo español exigian, aun para esto creia indispensable devolverle el lleno de su dominacion, y sustituir el principio monárquico al popular, siendo el

(1) Congreso de Verona, tomo I , núm. XX.

pueblo el que recibiera la forma de gobierno de mano y por la voluntad del rey, al modo del sistema que en Francia regía. Para esto halló un auxiliar poderoso en el emperador Alejandro de Rusia, que soberbio y orgulloso, de veleidoso carácter, tan resuelto absolutista ahora, como antes habia blasonado de liberal, gustaba aparecer como el regulador de las cosas de Europa. Montmorency, injusto siempre con España, presentaba al Congreso la cuestion de una manera hipócrita, como si fuese nuestra nacion la que provocaba y amenazaba invadir la Francia, y suponiendo á ésta en la necesidad de sostener una guerra defensiva, cuando sabia y le constaba de sobra que trabajada España por la guerra civil en los campos, en lucha los partidos políticos en las poblaciones, enemigas entre sí las sociedades secretas, y en desacuerdo el rey y los constitucionales, no estaba en disposicion de invadir otras naciones, sino en el caso de aspirar á ser respetada por ellas en su independencia y en todo lo que á su gobierno interior pertenecia.

Para precisar las cuestiones, el plenipotenciario francés en Verona hizo á los de las otras cuatro potencias las preguntas siguientes (20 de octubre, 1822): —1.a En el caso deque la Francia se viese en la necesidad de retirar su ministro de Madrid, y de corlar todas las relaciones diplomáticas con España, ¿están dispuestas las altas potencias á adoptar las mismas medidas, y á retirar sus respectivos ministros? t

—2.a En el caso deque estallase la guerra entre Francia y España, ¿bajo qué forma, y"con qué hechos suministrarian las altas potencias á la Francia aquel auxilio moral que daria á sus medidas el peso y la autoridad de la alianza, é inspirarla un temor saludable á todos los revolucionarios de todos los paises?— 3.a ¿Cuál es, finalmente, la intencion delas altas potencias acerca de la estension y forma de los auxilios efectivos fsecours matériels) que estuviesen en disposicion de suministrar á la Francia, en el caso de que ésta exigiese la intervencion activa, por creerla' necesaria?

El 30 de octubre (1822) se leyeron las contestaciones de los aliados á las tres preguntas. Las potencias continentales manifestaban que obrarian de acuerdo con Francia, y que le prestarian todo el apoyo y auxilio que necesitase: el tiempo, modo y forma de este auxilio se determinaria en un tratado particular. Muy diferente fué la contestacion de la Gran Bretaña. «Sin reproducir, decia, los principios que el gobier»no de S. M. Británica ha considerado como base de »su conducta relativamente á los asuntos de otros »paises, considera que de cualquier modo que se des»apruebe el orígen de la revolucion española, cual»quier mejora que pudiera desearse en el sistema es>pañol, para bien de la misma España, debe buscar»se mas bien en las medidas que se adopten en la »misma nacion que no en el estranjero, y particularTomo xxvui. 7

•mente en la confianza que al pueblo español puede »inspirarle el carácter de su rey. Considera que una

• intervencion con el objeto de dar auxilio á un rao

• narca que ocupa su trono, para destruir lo que ya

• está establecido, ó para promover el establecimiento

• de cualquier otra forma de gobierno ó Constitucion,

• particularmente siendo por la fuerza, solo servirá •para poner á aquel monarca en una posicion falsa, »é impedirle buscar aquellas medidas de mejora que •podian estar á su alcance. Tál intervencion siempre •le ha parecido al gobierno británico que seria tomar »sobre sí una responsabilidad innecesaria, que con

• siderando todas las circunstancias, debe poner en •riesgo al rey de España, y esponer á la potencia ó •potencias que interviniesen al ludibrio, al riesgo •cierto, y á desastres posibles, á gastos inmen»sos, y resultados desagradables que dejasen falli»das sus esperanzas.» Estendíase en otras análogas consideraciones, y concluia por oponerse á todo proyecto de hostilidad ó de intervencion en España (,).

A pesar de esto los ministros de las potencias continentales continuaron deliberando sobre el modo como habia de realizarse la intervencion, y resultado de estas conferencias fué el tratado secreto que se celebró el 22 de noviembre (1822) entre los plenipoten

(4) Memorandum Contesta- Mr. Canniny: Varona 5 de nocion del duque de Weilington á viembie de 4821.

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